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Lucas 9

Santa Biblia Martín Nieto

1Reunió a los doce, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios y de curar enfermedades,

2y los envió a predicar el reino de Dios y a curar a los enfermos.

3Les dijo: "No llevéis nada para el camino: ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni dos túnicas.

4Quedaos en la casa donde entréis hasta que dejéis aquel lugar.

5Y si no os reciben, al salir de aquel pueblo, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos".

6Fueron y recorrieron las aldeas, anunciando la buena nueva y haciendo curaciones por todas partes.

7El virrey Herodes se enteró de todas estas cosas y estaba desconcertado, porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos,

8otros que había aparecido Elías y otros que uno de los antiguos profetas había vuelto a la vida.

9Pero Herodes decía: "A Juan yo le corté la cabeza; ¿quién es éste de quien oigo tales cosas?". Y buscaba verlo.

10Jesús se fue con ellos a un lugar retirado en dirección a un pueblo llamado Betsaida.

11La gente, al saberlo, lo siguió. Él los recibió bien, les habló sobre el reino de Dios y curó a los que lo necesitaban.

12Al caer el día se le acercaron los doce y le dijeron: "Despídelos para que vayan a las aldeas y caseríos del contorno a buscar alojamiento y comida, pues aquí estamos en descampado".

13Pero Jesús les dijo: "Dadles vosotros de comer". Ellos le dijeron: "No tenemos más que cinco panes y dos peces. ¡A no ser que vayamos a comprar alimentos para toda esta gente!".

14Pues eran unos cinco mil hombres. Jesús dijo a sus discípulos: "Decidles que se sienten en grupos de cincuenta".

15Así lo hicieron, y dijeron que se sentaran todos.

16Jesús tomó los cinco panes y los dos peces, alzó los ojos al cielo, los bendijo, los partió y se los dio a los discípulos para que se los distribuyeran a la gente.

17Y todos comieron hasta hartarse. Y se recogieron doce canastos llenos de las sobras.

18Un día que Jesús estaba orando en un lugar retirado y sus discípulos se encontraban con él, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?".

19Ellos le dijeron: "Unos que Juan el Bautista, otros que Elías y otros que uno de los antiguos profetas resucitado".

20Él les dijo: "Y vosotros, ¿quién decís que soy?". Pedro tomó la palabra y dijo: "El mesías de Dios".

21Y les ordenó que no se lo dijeran a nadie.

22Jesús añadió que el hijo del hombre tenía que padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los maestros de la ley, ser matado y resucitar al tercer día.

23Y les decía a todos: "El que quiera venir en pos de mí niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame.

24Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero quien pierda la vida por mí, la salvará.

25¿Qué le vale al hombre ganar el mundo entero si se pierde o se destruye a sí mismo?

26Porque si alguien se avergüenza de mí y de mi doctrina, el hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con su gloria y con la del Padre y los santos ángeles.

27Os aseguro que hay algunos entre los aquí presentes que no morirán antes que venga el reino de Dios".

28Unos ocho días después Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y Santiago y los llevó al monte a orar.

29Mientras él oraba, cambió el aspecto de su rostro y sus vestidos se volvieron de una blancura resplandeciente.

30Dos hombres, de improviso, se pusieron a hablar con él. Eran Moisés y Elías,

31que aparecieron con un resplandor glorioso y hablaban con él de su muerte, que iba a tener lugar en Jerusalén.

32Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero lograron mantenerse despiertos y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él.

33Cuando éstos se alejaban de Jesús, Pedro dijo: "Maestro, ¡qué bien se está aquí! Hagamos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías". No sabía lo que decía.

34Mientras él estaba diciendo esto, vino una nube y los cubrió. Al entrar en la nube, los discípulos se asustaron.

35Y una voz desde la nube dijo: "Éste es mi hijo, el elegido, escuchadlo".

36Tan pronto como cesó la voz, Jesús se quedó solo. Los discípulos guardaron silencio, y a nadie contaron por entonces lo que habían visto.

37Al día siguiente, al bajar del monte, la gente vino a su encuentro.

38Y, de pronto, un hombre de entre la gente gritó: "Maestro, por favor, mira a mi hijo, el único que tengo.

39Un espíritu maligno se apodera de él, y de repente se pone a gritar; lo retuerce entre espumarajos y a duras penas se aleja de él, dejándolo extenuado.

40He pedido a tus discípulos que lo echasen, y no han podido".

41Jesús respondió: "¡Gente incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros? ¿Hasta cuándo tendré que soportaros? Tráeme aquí a tu hijo".

42Y mientras el muchacho se acercaba, el demonio lo tiró por tierra y lo retorció violentamente. Jesús increpó al espíritu impuro, curó al muchacho y lo devolvió a su padre.

43Y todos se quedaron atónitos ante la grandeza de Dios.

44"Grabaos bien estas palabras: El hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres".

45Pero ellos no entendían esta expresión; era para ellos tan oscura, que no podían entenderla; pero no se atrevían a decirle que se la aclarara.

46Los discípulos se pusieron a discutir sobre quién de ellos sería el más grande.

47Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, tomó un niño, lo puso a su lado

48y les dijo: "El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí, y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado; porque el más pequeño entre todos vosotros, ése es el más grande".

49Juan dijo a Jesús: "Maestro, hemos visto a uno que echaba los demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no anda con nosotros".

50Jesús le dijo: "No se lo impidáis, porque el que no está contra vosotros está a vuestro favor".

51Al llegar el tiempo de su partida de este mundo, resolvió ir a Jerusalén,

52y envió mensajeros por delante. Éstos entraron en una aldea de samaritanos para prepararle alojamiento.

53Pero los samaritanos no lo recibieron porque iba camino de Jerusalén.

54Al ver esto, los discípulos Santiago y Juan dijeron: "Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?".

55Jesús se volvió hacia ellos y los reprendió.

56Y se fueron a otra aldea.

57Mientras iban de camino, uno le dijo: "Te seguiré adondequiera que vayas".

58Jesús le dijo: "Las raposas tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza".

59Dijo a otro: "Sígueme". Y él respondió: "Señor, déjame antes ir a enterrar a mi padre".

60Y le contestó: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ven a anunciar el reino de Dios".

61Un tercero dijo a Jesús: "Yo te seguiré, Señor, pero permíteme que me despida antes de mi familia".

62Y Jesús le dijo: "El que pone la mano en el arado y mira atrás no es apto para el reino de Dios".

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