Lucas 7
Santa Biblia Martín Nieto ›1Cuando terminó de hablar a la gente, entró en Cafarnaún.
2Un oficial, que tenía un criado que estaba muriéndose,
3oyó hablar de Jesús, y mandó unos ancianos de los judíos a rogarle que fuese a curar a su criado.
4Ellos se acercaron a Jesús y le suplicaron con insistencia, diciendo: "Merece que se lo concedas,
5porque ama a nuestro pueblo y nos ha edificado una sinagoga".
6Jesús se puso en camino con ellos. No estaban lejos de la casa, cuando el oficial mandó unos amigos a decirle: "Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres en mi casa.
7Por eso ni me he atrevido a ir yo personalmente. Di una palabra, y mi criado se curará.
8Porque yo, que soy hombre sujeto al mando, tengo a mis órdenes soldados, y digo a éste: Vete, y va; y a otro: Ven, y viene; y a mi criado: Haz esto, y lo hace".
9Al oírlo, quedó admirado y dijo a los que lo seguían: "Os aseguro que ni en Israel he encontrado una fe como ésta".
10Cuando los enviados regresaron a casa, encontraron curado al criado.
11Después fue a un pueblo llamado Naín, acompañado de sus discípulos y de mucha gente.
12Al llegar a la puerta de la ciudad, se encontró con que llevaban a enterrar un muerto, hijo único de una madre viuda; la acompañaba todo el pueblo.
13El Señor, al verla, se compadeció de ella y le dijo: "No llores".
14Luego se acercó y tocó el féretro; los que lo llevaban se detuvieron; él dijo: "Joven, yo te lo mando: Levántate".
15El muerto se sentó y comenzó a hablar; y él se lo entregó a su madre.
16Todos quedaron sobrecogidos y alababan a Dios, diciendo: "Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo".
17Y este suceso se propagó por toda Judea y por toda aquella comarca.
18Los discípulos de Juan le contaron todo esto. Juan llamó a dos de ellos y
19los mandó al Señor a preguntarle: "¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?".
20Ellos se presentaron a Jesús y le dijeron: "¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?".
21En aquel momento Jesús curó a muchos de sus enfermedades, dolencias y espíritus malignos, y dio la vista a muchos ciegos.
22Y les respondió: "Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia el evangelio a los pobres.
23¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!".
24Cuando los mensajeros de Juan se fueron, comenzó a hablar de él a las gentes: "¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña movida por el viento?
25¿Qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido lujosamente? Los que visten lujosamente y viven con regalo están en los palacios de los reyes.
26Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, yo os lo aseguro; y más que un profeta.
27Él es de quien está escrito: Yo envío delante de ti a mi mensajero para que te prepare el camino.
28Os aseguro que no hay hombre alguno más grande que Juan; pero el más pequeño en el reino de Dios es más grande que él".
29Todo el pueblo que lo escuchó, incluso los publicanos, hicieron justicia a Dios recibiendo el bautismo de Juan.
30Pero los fariseos y los doctores de la ley frustraron el plan de Dios para con ellos, no haciéndose bautizar por él.
31"¿A qué compararé esta generación? ¿A quién se parece?
32Se parece a esos chiquillos sentados en la plaza, que se gritan unos a otros: Os hemos tocado la flauta y no habéis bailado. Hemos cantado lamentaciones y no habéis llorado.
33Porque ha venido Juan, el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis: Tiene un demonio.
34Ha venido el hijo del hombre, que come y bebe, y decís: Éste es un comilón y un borracho.
35Pero la sabiduría ha sido justificada por todos sus discípulos".
36Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús fue a su casa y se puso a la mesa.
37Había en la ciudad una mujer pecadora, la cual, al enterarse de que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, se presentó allí con un vaso de alabastro lleno de perfume,
38se puso detrás de él a sus pies, y, llorando, comenzó a regarlos con sus lágrimas y a enjugarlos con los cabellos de su cabeza, los besaba y ungía con el perfume.
39El fariseo que le había invitado, al verlo, se decía: "Si éste fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que lo toca. ¡Una pecadora!".
40Jesús manifestó: "Simón, tengo que decirte una cosa". Y él: "Maestro, di".
41"Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía diez veces más que el otro.
42Como no podían pagarle, se lo perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?".
43Simón respondió: "Supongo que aquel a quien perdonó más". Jesús le dijo: "Has juzgado bien".
44Y, volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: "¿Ves a esta mujer? Yo entré en tu casa y no me diste agua para los pies; ella, en cambio, ha bañado mis pies con sus lágrimas y los ha enjugado con sus cabellos.
45Tú no me diste el beso; pero ella, desde que entró, no ha cesado de besar mis pies.
46Tú no me pusiste ungüento en la cabeza, y ésta ha ungido mis pies con perfume.
47Por lo cual te digo que si ama mucho es porque se le han perdonado sus muchos pecados. Al que se le perdona poco ama poco".
48Y dijo a la mujer: "Tus pecados te son perdonados".
49Los invitados comenzaron a decirse: "¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?".
50Él dijo a la mujer: "Tu fe te ha salvado; vete en paz".