Salmos 9
Biblia del Peregrino (1993) ›1Al maestro de coro, con la melodía alamut. Salmo de David.
2Te doy gracias, Señor, de todo corazón contando todas tus maravillas;
3quiero festejarte y agasajarte tañendo en tu honor, Altísimo.
4Porque mis enemigos retrocedieron, tropezaron y perecieron en tu presencia.
5Pronunciaste sentencia en mi favor, sentado en el tribunal, juez justo.
6Reprendiste a los paganos, destruiste al malvado borrando su apellido para siempre.
7Ellos perecieron, se acabó su recuerdo; redujiste sus ciudades a ruinas perpetuas.
8El Señor reina eternamente, dispone el tribunal para juzgar.
9El juzga el orbe con justicia y rige las naciones con rectitud.
10Sea el Señor alcázar del oprimido, alcázar en momentos de peligro;
11y confíen en ti los que reconocen tu nombre, porque no abandonas a los que te buscan, Señor.
12Tañed para el Señor que reina en Sión, narrad sus hazañas a los pueblos,
13pues el que venga la sangre se acuerda de ellos, no olvida la querella de los desgraciados.
14¡Piedad, Señor! mira mi desgracia, tú que levantas del portal de la Muerte,
15para que pueda contar tus proezas y celebrar tu victoria en las puertas de Sión.
16Se han hundido los paganos en la fosa que hicieron, en la red que escondieron su pie quedó prendido.
17Apareció el Señor para hacer justicia, y en su propia acción se enredó el malvado.
18Márchense al Abismo los malvados, los paganos que olvidan a Dios.
19pues no se olvida para siempre del pobre, su esperanza nunca se frustrará.
20Levántate, Señor, no se insolente el hombre, sean juzgados los paganos en tu presencia;
21Infúndeles, Señor, tu terror, y aprendan los paganos que no son más que hombres.