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Salmos 10

Biblia del Peregrino (1993)

1¿Por qué, Señor, te quedas lejos y te escondes en los momentos de peligro?

2La soberbia del malvado se enardece contra el desgraciado: ¡que se enreden en las intrigas que han tramado!

3¿Por qué se gloría el malvado de su ambición y el codicioso se felicita con insolencia?

4Desprecia al Señor el malvado: ¡No hay Dios que me pida cuentas!

5Sus maquinaciones... retuercen siempre su camino. Ha apartado de su conciencia tus juicios y desafía a todos sus rivales.

6Piensa: No vacilaré jamás, caminaré sin contratiempos.

7Su boca está llena de engaños y fraudes, esconde su lengua maldad y opresión;

8en el corral se agazapa para matar a escondidas al inocente; c sus ojos espían al desgraciado,

9acecha en su escondrijo como león en su guarida, acecha al desgraciado para secuestrarlo, secuestra al desgraciado arrastrándolo en su red.

10El inocente se encorva triturado y cae por la violencia de los perversos.

11Piensa: Dios se ha olvidado, se tapa la cara y ya no ve.

12Levántate, Señor, extiende la mano, no te olvides de los desgraciados.

13¿Por qué ha de despreciar a Dios el malvado pensando que no le pedirá cuentas?

14Pero tú ves las penas y desgracias, los miras para retribuir: de la maldad te encargas tú, tú eres el socorro del huérfano.

15Rómpele el brazo al malvado. Si buscas al malvado, ya no lo encuentras.

16El Señor reina eternamente y los paganos se han marchado de su país.

17Tú escuchaste, Señor, los deseos de los humildes, los animaste prestándoles oído,

18para hacer justicia al huérfano y al oprimido. ¡Que no vuelva a sembrar su terror el hombre hecho de tierra!

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