Isaías 56
Biblia del Peregrino (1993) ›1Así dice el Señor: Guardad el derecho, practicad la justicia, que mi salvación está para llegar y se va a revelar mi victoria.
2Dichoso el hombre que obra así, dichoso el mortal que persevera en ello, que guarda el sábado sin profanarlo y guarda su mano de hacer cualquier mal.
3No diga el extranjero que se ha unido al Señor: El Señor me excluirá de su pueblo. No diga el eunuco: Soy un árbol seco.
4Porque así dice el Señor: A los eunucos que guarden mis sábados, que escojan lo que me agrada y perseveren en mi alianza,
5les daré en mi casa y en mis murallas un monumento y un nombre mejores que hijos e hijas; nombre eterno les daré que no se extinguirá.
6A los extranjeros que se hayan unido al Señor, para servirlo, para amar al Señor y ser sus servidores, que guarden el sábado sin profanarlo y perseveren en mi alianza,
7los traeré a mi Monte Santo, los alegraré en mi casa de oración; aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración, y a mi casa la llamarán todos los pueblos: Casa de Oración.
8Oráculo del Señor, que reúne a los dispersos de Israel, y reunirá otros a los ya reunidos.
9Fieras salvajes, venid a comer; fieras todas de la selva:
10que los guardianes están ciegos y no se dan cuenta de nada, son perros mudos incapaces de ladrar, vigilantes tumbados, amigos del dormir,
11son perros con un hambre insaciable, pastores incapaces de comprender; cada cual va por su camino y a su ganancia, sin excepción.
12¡Ea! Voy por vino, emborrachémonos de licor; y mañana lo mismo que hoy, hay provisión abundante.