Mateo 8
Nueva Biblia de Jerusalén (1998) ›1III.Predicación del Reino de los Cielos 1.SECCIÓN NARRATIVA: DIEZ MILAGROS Curación | Mc 1:40-45 ; | Lc 5:12-16 ; Nm 12:10-13 de un leproso. Cuando bajó del monte, fue siguiéndole una gran Ex 34:29 (LXX) muchedumbre.
2En esto, un leproso se acercó y se postró ante él, diciendo: «Señor, si quieres puedes limpiarme.»
3Él Mt 11:5 ; Mt 8:15 ; Mt 9:25 ; Mt 14:36 ; Lc 17:14 extendió la mano, le tocó y dijo: «Quiero, queda limpio.» Y al instante quedó limpio de su lepra 8:3 Jesús manifiesta con sus milagros su poder sobre la naturaleza, Mt 8:23-27 ; Mt 14:22-23p , especialmente sobre la enfermedad, Mt 8:1-5 , Mt 8:14 ; Mt 9:1-8 , Mt 9:20 , Mt 9:27 ; Mt 14:34-36 ; Mt 15:30 ; Mt 20:29-34 y p; Mc 7:32-37 ; Mc 8:22-26 ; Lc 14:1-6 ; Lc 17:11-19 ; Jn 5:1-16 ; Jn 9:1-41 , sobre la muerte, Mt 9:23-26p ; Lc 7:11-17 ; Jn 11:1-44 , y sobre los demonios, Mt 8:29+ . Los milagros de Jesús, diferentes por su simplicidad de los maravillosos prodigios del helenismo y del judaísmo rabínico, se distinguen sobre todo por su significación espiritual y simbólica: anuncian los castigos, Mt 21:18-22p , y los dones de la era mesiánica, Mt 11:5+ ; Mt 14:13-21 ; Mt 15:32-39p ; Lc 5:4-11 ; Jn 2:1-11 ; Jn 21:4-14 , e inauguran el triunfo del Espíritu sobre el imperio de Satán, Mt 8:29+ , y las fuerzas del Mal, pecados, Mt 9:2+ , y enfermedades, Mt 8:17+ . Realizados a veces por compasión, Mt 20:34 ; Mc 1:41 ; Lc 7:13 , se destinan sobre todo a confirmar la fe, Mt 8:10+ ; Jn 2:11+ . Por eso Jesús los realiza en casos especiales, exigiendo el secreto de los favorecidos, Mc 1:34+ , y reservándose el ofrecer más tarde el decisivo milagro de su propia resurrección, Mt 12:39-40 . Jesús comunica este poder de curación a sus apóstoles al enviarlos a predicar el Reino, Mt 10:1 , Mt 10:8 ; por eso Mt antepone a las consignas de la misión, 10 , una serie de diez milagros, 8-9 , como señales del misionero, Mc 16:17 ; Hch 2:22 ; ver Hch 1:8+ . .
4Y Jesús le dice: «Mira, Mc 1:34+ no se lo digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda Lv 14:1-32 que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio.»
5Curación del | Lc 7:1-10 ; | Jn 4:46-53 criado de un centurión. Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión y le rogó
6diciendo: «Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos.»
7Dícele Jesús: «Yo iré a curarle.»
8Replicó el centurión: «Señor, no Lc 5:8 ; Sal 33:9 ; Sal 107:20 ; Ba 3:33-35 soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano.
9Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: “Vete”, y va; y a otro: “Ven”, y viene; y a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace.»
10Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe 8:10 Esta fe que Jesús exige desde el comienzo de su actividad, Mc 1:15 , y que constantemente exigirá, es un impulso de confianza y de abandono, por el cual el hombre renuncia a apoyarse en sus pensamientos y sus fuerzas, para abandonarse a la palabra y al poder de aquel en quien cree, Lc 1:20 ; Lc 1:45 ; Mt 21:25 , Mt 21:32 . Jesús la exige en especial con ocasión de sus milagros, Mt 8:13 ; Mt 9:2 , Mt 9:22 , Mt 9:28 ; Mt 15:28 ; Mc 5:36 ; Mc 10:52 ; Lc 17:19 , que más que actos de misericordia son señales de su misión y del Reino, Mt 8:3+ ; ver Jn 2:11+ ; por eso no puede realizarlos si no encuentra esta fe que debe darles su verdadero sentido, Mt 12:38-39 ; Mt 13:58 ; Mt 16:1-4 . La fe, que exige un sacrificio del espíritu y de todo el ser, es un acto difícil de humildad, Mt 18:6 , al que muchos se resisten, especialmente en Israel, Mt 8:10 ; Mt 15:28 ; Mt 27:42 ; Lc 18:8 , o no lo hacen más que a medias, Mc 9:24 ; Lc 8:13 . Los mismos discípulos son tardos en creer, Mt 8:26 ; Mt 14:31 ; Mt 16:8 ; Mt 17:20 , aun después de la Resurrección, Mt 28:17 ; Mc 16:11-14 ; Lc 24:11 , Lc 24:25 , Lc 24:41 . La más sincera fe de su jefe, la «Piedra», Mt 16:16-18 , vacilará ante el escándalo de la Pasión, Mt 26:69-75p , pero luego saldrá triunfante, Lc 22:32 . La fe, cuando es fuerte, obra maravillas, Mt 17:20 ; Mt 21:21 ; Mc 16:17 , lo consigue todo, Mt 21:22 ; Mc 9:23 , especialmente la remisión de los pecados, Mt 9:2 ; Lc 7:50 , y la salvación, para la cual es condición indispensable, Lc 8:12 ; Mc 16:16 ; ver Hch 3:16+ . tan grande.
11Y os Ba 4:37 ; | Lc 13:28-29 digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa 8:11 Desde Is 25:6 ; Is 55:1-2 ; Sal 22:27 [ Sal 22:26 ], etc. , el Judaísmo describe con frecuencia las alegrías de la era mesiánica con la imagen de un banquete: ver Mt 22:2-14 ; Mt 26:29 ; Lc 14:15 ; Ap 3:20 ; Ap 19:9 . con Abrahán, Rm 11:11 Isaac y Jacob en el reino de los Cielos,
12mientras que los hijos del Reino 8:12 (a) Es decir, los judíos, herederos naturales de las promesas. Los que no hayan creído en el Cristo serán suplantados por paganos. serán Jn 8:12+ ; Mt 13:42 ; Mt 13:50 ; Mt 22:13 ; Mt 24:51 ; Mt 25:30 echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes 8:12 (b) Imagen bíblica de la ira y del despecho de los impíos para con los justos, ver Sal 35:16 ; Sal 37:12 ; Sal 112:10 ; Jb 16:9 . En Mateo describe la condenación. .»
13Y dijo Jesús al centurión: «Anda; que te suceda como has Mt 17:18 creído.» Y en aquella hora sanó el criado.
14Curación de la | Mc 1:29-31 ; | Lc 4:38-39 suegra de Pedro. Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste Mt 9:25p ; Mc 9:27 ; Hch 3:7 en cama, con fiebre.
15Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle.
16Numerosas | Mc 1:32-34 ; Lc 4:40-41 curaciones. Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos,
17para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías: Él tomó nuestras Is 53:4 ; Jn 1:29 flaquezas y cargó con nuestras enfermedades 8:17 Para Isaías, el Siervo «toma» sobre sí nuestros dolores por su propio sufrimiento expiador. Mt considera que Jesús los «toma» quitándolos con sus curaciones milagrosas. Esta interpretación, en apariencia forzada, contiene en realidad una profunda verdad teológica: si Jesús, el «Siervo», puede aliviar a los hombres de sus males corporales, que son la consecuencia y la pena del pecado, es porque ha venido a tomar sobre sí la expiación de los pecados. .
18Exigencias | Lc 9:57-60 de la vocación apostólica. Viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre, mandó pasar a la otra orilla 8:18 La orilla oriental del lago Tiberíades. .
19Y un escriba se acercó y le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.»
20Dícele Sal 84:4 [ Sal 84:3 ]; Mt 11:18 ; Sal 8:4 [ Sal 8:3 ]; 2 Co 8:9 Jesús: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre 8:20 «Hijo del hombre» es un semitismo enigmático con dos sentidos: el ordinario es una circunlocución por «hombre», «ser humano», que a menudo equivalía a «yo», como fórmula modesta de automención (piénsese en nuestro «un servidor»), por ej. , Ez 2:1 ; Sal 8:4 [ Sal 8:3 ]. Este es el caso aquí. El otro sentido, el teológico, se basa en Dn 7:13-14 , donde el Hijo de hombre es un título que designa a un ser celeste, trascendental, quizá angélico o incluso divino, al que se le da el Reino de Dios. Este ser celeste adquiere un perfil mayor en los libros apócrifos, 1 Henoc 46-9 etc. y 4 Esdras 13, donde se le identifica con el Mesías. Se trata, pues, de una expresión que se refiere paradójicamente a la humildad y a la exaltación divina, lo que origina cierta confusión y, de otro lado, es una clave cristológica. En el NT la expresión sólo se encuentra en labios de Jesús (4 excepciones: Jn 12:34 ; Hch 7:56 ; Ap 1:13 ; Ap 14:14 ) como automención. En los Sinópticos se refiere: (a) a la vida presente, terrestre de Jesús (por ej. , aquí); (b) a las predicciones de su pasión, muerte y resurrección (por ej. , Mc 8:31 ; Mc 9:31 ; Mc 10:33-34 ); (c) a su venida como Hijo del hombre en un futuro glorioso (por ej. , Mc 8:38 ; Mc 13:26 ; Mc 14:62 y p). no tiene donde reclinar la cabeza.»
21Otro Gn 50:5 ; Tb 4:3 ; 1 R 19:20 ; Mt 4:20 ; Mt 4:22 ; Mt 10:37p de los discípulos le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre.»
22Dícele Jesús: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos.»
23La tempestad | Mc 4:35-41 ; | Lc 8:22-25 calmada. Subió Mt 14:22-33 a la barca y sus discípulos le siguieron.
24De pronto Jon 1:4 se levantó en el mar una Hch 27:9 tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero él estaba dormido.
25Acercándose ellos le despertaron Mt 14:30 diciendo: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!»
26Díceles: «¿Por qué tenéis miedo, Mt 6:30 ; Mt 8:10+ hombres de poca fe?» Entonces se Mt 14:31 levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. Sal 65:8+ [ Sal 65:7 ]; Sal 89:10 [ Sal 89:9 ]; Sal 107:29
27Y aquellos hombres, maravillados, decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?»
28Los endemoniados | Mc 5:1-20 ; | Lc 8:26-39 gadarenos. Al llegar a la otra orilla, a la región de los Mt 9:33 ; Mt 15:22 ; Mt 17:18 ; Lc 8:2 ; Hch 8:7 ; Hch 10:38 ; Hch 16:17 gadarenos 8:28 (a) Así llamados por la ciudad de Gadara, situada al sudeste del lago. La var. «gerasenos» (Mc, Lc Vulg. de Mt) deriva del nombre de otra ciudad, Gerasa o quizá Corsia; la var. «guerguesenos» proviene de una conjetura de Orígenes. , vinieron a su encuentro dos endemoniados 8:28 (b) Dos endemoniados, en lugar de uno del texto de Mc Lc; igualmente dos ciegos en Jericó, Mt 20:30 , y dos ciegos en Betsaida, Mt 9:27 , milagro que es un calco del anterior. Este desdoblamiento de los personajes puede ser un procedimiento de estilo de Mt. que salían de los sepulcros, y tan furiosos que nadie era capaz de Is 65:4 pasar por aquel camino.
29Y se pusieron a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? Mt 4:3+ ¿Has venido aquí para Lc 4:34 ; St 2:19 atormentarnos antes de tiempo 8:29 Mientras llega el día del Juicio, los demonios gozan de cierta libertad para sus crueldades en la tierra, Ap 9:5 , cosa que realizan con preferencia posesionándose de los hombres, Mt 12:43-45+ . Esta posesión va acompañada con frecuencia de una enfermedad, ya que ésta es, como consecuencia del pecado, Mt 9:2+ , otra manifestación del dominio de Satán, Lc 13:16 . Por eso los exorcismos del Evangelio, que a veces aparecen, como aquí, en su realismo, ver Mt 15:21-28p ; Mc 1:23-28p ; Lc 8:2 , se hacen a menudo a modo de curación, Mt 9:32-34 ; Mt 12:22-24p ; Mt 17:14-18p ; Lc 13:10-17 . Con su poder sobre los demonios, Jesús destruye el imperio de Satán, Mt 12:28 ; Lc 10:17-19 ; ver Lc 4:6 ; Jn 12:31+ , e inaugura el Reino mesiánico, del que es promesa característica el Espíritu Santo, Is 11:2+ ; Jl 3:1 [ Jl 2:28 ]. Si los hombres se niegan a comprenderlo, Mt 12:24-32 , los demonios lo saben bien, aquí y Mc 1:24 ; Mc 3:11 ; Lc 4:41 ; Hch 16:17 ; Hch 19:15 . Jesús comunica a sus discípulos este poder de exorcismo al mismo tiempo que el poder de curaciones milagrosas, Mt 10:1 , Mt 10:8 , que está en conexión con aquél, Mt 8:3+ ; Mt 4:24 ; Mt 8:16 ; Lc 13:32 . ?»
30Había allí a cierta distancia una gran piara de puercos paciendo.
31Y le suplicaban Mt 28:43 los demonios: «Si nos echas, mándanos a la piara de puercos.»
32Él les dijo: «Id.» Saliendo ellos, se fueron a los puercos, y de pronto toda la piara se arrojó al mar precipicio abajo, y perecieron en las aguas 8:32 El relato de semejante modo de acabar con los puercos tendrá, para un auditorio judeocristiano, un doble aspecto, humorístico y utilitario, como la eliminación de las ratas o de los insectos. .
33Los porqueros huyeron, y al llegar a la ciudad lo contaron todo y también lo de los endemoniados.
34Y Mt 21:9 ; Mt 25:1 ; Jn 12:13 ; 1 Ts 4:17 he aquí que toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, en viéndole, le rogaron que se retirase de su territorio. Mt 12:24