Lucas 18
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1Les propuso una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer * :
2«Había en un pueblo un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres.
3Había en aquel mismo pueblo una viuda que acudió a él y le dijo: ‘¡Hazme justicia contra mi adversario!’
4Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres,
5como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que deje de importunarme de una vez.’»
6Y añadió el Señor: «Ya oís lo que dijo el juez injusto.
7¿No hará entonces Dios justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche? ¿Les hará esperar * ?
8Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?»
9Dijo la siguiente parábola a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás:
10«Dos hombres subieron al templo a orar: uno fariseo y otro publicano.
11El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: ‘¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres: rapaz, injusto y adúltero; ni tampoco como este publicano.
12Ayuno dos veces por semana y doy el diezmo de todas mis ganancias.’
13En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho y decía: ‘¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!’
14Os digo que éste regresó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se ensalce será humillado, y el que se humille será ensalzado.»
15Le presentaban también a los niños pequeños, para que los tocara; pero los discípulos, al verlo, les reñían.
16Mas Jesús llamó a los niños y dijo: «Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis; porque de los que son como éstos es el Reino de Dios.
17Os aseguro que el que no acoja el Reino de Dios como un niño no entrará en él.»
18Uno de los principales le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para tener en herencia vida eterna?»
19Le dijo Jesús: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo Dios.
20Ya sabes los mandamientos: No cometas adulterio, no mates, no robes, no levantes falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre .»
21Él respondió: «Todo eso lo he guardado desde mi juventud.»
22Al oírlo, Jesús le dijo: «Aún te falta una cosa: vende todo cuanto tienes y repártelo entre los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos. Luego, ven y sígueme.»
23Al oír esto, se puso muy triste, porque era muy rico.
24Al verlo [tan triste], Jesús dijo: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!
25Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el Reino de Dios.»
26Los que lo oyeron, dijeron: «¿Quién se podrá salvar entonces?»
27Respondió: «Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios.»
28Dijo entonces Pedro: «Ya lo ves, nosotros hemos dejado nuestras cosas y te hemos seguido.»
29Él les respondió: «Os aseguro que nadie que haya dejado casa, mujer, hermanos, padres o hijos por el Reino de Dios,
30quedará sin recibir * mucho más al presente y vida eterna en el mundo venidero.»
31Tomando consigo a los Doce, les dijo: «Ya veis que subimos a Jerusalén, donde se cumplirá todo lo que los profetas * escribieron sobre el Hijo del hombre:
32lo entregarán a los paganos y será objeto de burlas, insultado y escupido;
33y después de azotarle lo matarán. Y al tercer día resucitará.»
34Ellos no comprendieron nada de esto; no captaban el sentido de estas palabras ni entendían lo que decía.
35Cuando se acercaba a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna.
36Al oír que pasaba gente, preguntó de qué se trataba.
37Cuando le informaron que pasaba Jesús el Nazoreo,
38empezó a decir a gritos: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!»
39Los que iban delante le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!»
40Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando se acercó, le preguntó:
41«¿Qué quieres que haga por ti?» Él dijo: «¡Señor, quiero ver!»
42Jesús le dijo: «Recobra la vista. Tu fe te ha salvado.»
43Al instante recobró la vista y le seguía alabando a Dios. El resto de la gente, al verlo, alabó también a Dios.