Lucas 19
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1Entró en Jericó e iba cruzando la ciudad.
2Había allí un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico.
3Trataba de ver quién era Jesús, pero, como era bajo de estatura, no podía, pues la gente se lo impedía.
4Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí.
5Cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzó la vista y le dijo: «Zaqueo, baja pronto; conviene que hoy me quede yo en tu casa.»
6Se apresuró a bajar y lo recibió con alegría.
7Al verlo, todos murmuraban: «Ha ido a hospedarse a casa de un pecador.»
8Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más * .»
9Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán * ,
10pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.»
11Mientras la gente escuchaba estas cosas, añadió una parábola. (Estaba él cerca de Jerusalén y creían ellos que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro.)
12Dijo, pues: «Un hombre noble marchó a un país lejano, para recibir la investidura real y regresar * .
13Llamó a diez siervos suyos, les dio sendas minas y les dijo: ‘Negociad hasta que vuelva.’
14Pero sus ciudadanos lo odiaban y enviaron detrás de él una embajada que dijese: ‘No queremos que ése reine sobre nosotros.’
15«Cuando regresó, después de recibir la investidura real, mandó llamar a aquellos siervos suyos a los que había confiado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno.
16Se presentó el primero y dijo: ‘Señor, tu mina ha producido diez minas.’
17Le respondió: ‘¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo insignificante, toma el gobierno de diez ciudades.’
18Vino el segundo y dijo: ‘Tu mina, Señor, ha producido cinco minas.’
19Dijo a éste: ‘Ponte tú también al mando de cinco ciudades.'
20«Vino el otro y dijo: ‘Señor, aquí tienes tu mina, que he tenido guardada en un lienzo.
21Es que tenía miedo de ti, pues eres un hombre severo, que tomas lo que no pusiste y cosechas lo que no sembraste.’
22Le respondió: ‘Por tus propias palabras te juzgo, siervo malo. Si sabías que soy un hombre severo, que tomo lo que no puse y cosecho lo que no sembré,
23¿por qué no colocaste entonces mi dinero en el banco? De ese modo, al volver yo, lo habría cobrado con los intereses.’
24Dijo entonces a los presentes: ‘Quitadle la mina y dádsela al que tiene las diez minas.’
25Le respondieron: ‘Señor, tiene ya diez minas.’
26—’Os digo que a todo el que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.’
27«‘Y a esos enemigos míos, que no querían que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mí.’»
28Dicho esto, marchaba por delante, subiendo a Jerusalén.
29Al aproximarse a Betfagé y Betania, al pie del monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos
30con este encargo: «Id al pueblo que está enfrente; al entrar, encontraréis un pollino atado, sobre el que no ha montado todavía ningún hombre. Desatadlo y traedlo.
31Y si alguien os pregunta: ‘¿Por qué lo desatáis?’, decidle: ‘Porque el Señor lo necesita.’»
32Fueron, pues, los enviados y lo encontraron, tal como les había dicho.
33Cuando desataban el pollino, les dijeron los dueños: «¿Por qué desatáis el pollino?»
34Ellos les contestaron: «Porque el Señor lo necesita.»
35Después de traérselo, echaron sus mantos sobre el pollino e hicieron montar en él a Jesús.
36Mientras él avanzaba, extendían sus mantos por el camino.
37Cerca ya de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, llenos de alegría, se pusieron a alabar a Dios a grandes voces por todos los milagros que habían visto.
38Decían: « ¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas.»
39Algunos de los fariseos que estaban entre la gente le dijeron: «Maestro, reprende a tus discípulos.»
40Respondió: «Os digo que si éstos se callan gritarán las piedras.»
41Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella,
42mientras decía: «¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz * ! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos.
43Porque vendrán días en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes;
44te estrellarán contra el suelo junto con tus hijos que estén dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita * .»
45Entró en el Templo y comenzó a echar fuera a los vendedores,
46diciéndoles: «Está escrito: Mi Casa será Casa de oración . ¡Pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos! »
47Enseñaba todos los días en el Templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y también los notables del pueblo buscaban la forma de matarle,
48pero no veían cómo hacerlo, porque toda la gente le escuchaba, pendiente de sus labios.