Las cosas necesarias para hacer una buena confesión son cinco:
Los Mandamientos
76. Las cosas necesarias para hacer una buena confesión son cinco:
EXAMEN DE CONCIENCIA, DOLOR DE LOS PECADOS, PROPÓSITO DE LA ENMIENDA, DECIR LOS PECADOS AL CONFESOR Y CUMPLIR LA PENITENCIA.
76,1. Quien ha tenido la desgracia de pecar gravemente, si quiere salvarse, no tiene más remedio que confesarse para que se le perdonen sus pecados, pues el sacramento de la penitencia ha sido instituido por Cristo para perdonar los pecados cometidos después del bautismo.
Es cierto que con el acto de perfecta contrición, puede uno recobrar la gracia, pero para esto hay que tener, además, el propósito firme de confesar «después estos pecados, aunque estén ya perdonados; pues Jesucristo ha querido someter al sacramento de la confesión todos los pecados graves.
«Por voluntad de Cristo, la Iglesia posee el poder de perdonar los pecados de los bautizados, y ella lo ejerce de modo habitual en el sacramento de la penitencia por medio de los obispos y de los presbíteros»
Este sacramento se llama también de la Reconciliación, pues nos reconcilia con Dios y con la Comunidad Cristiana de la cual el pecador se separa vitalmente, al perder la gracia por el pecado grave.
No vivas nunca en pecado. Si tienes la desgracia de caer, ese mismo día haz un acto de contrición perfecta, y luego confiésate cuanto antes. No lo dejes para después.
El que se confiesa a menudo no es porque tenga muchos pecados, sino para no tenerlos. El que se lava de tarde en tarde, estará más sucio que el que se lava a menudo.
Hoy mucha gente va al psiquiatra. Es posible que el psiquiatra cure; pero, desde luego, no perdona. Y muchos para tener paz necesitan sentirse perdonados.
Es como una herida con pus. Hay que limpiarla para que se cure.
Cuando uno se siente perdonado, tiene paz.
Arrepentirse de lo malo que hayamos hecho, y pedir perdón a Dios es lo único que nos da paz.
Y Dios perdona todo y del todo, si le pedimos perdón.
Para eso ha hecho la confesión.
«Es dogma de fe que cuando Dios perdona, perdona de veras. (...) Si pensáramos otra cosa, cometeríamos un pecado mortal».
La misericordia de Dios es infinita. Dice la Biblia: «Como el viento norte borra las nubes del cielo, así mi misericordia borra los pecados de tu alma».
Y en otro sitio: «Cogeré tus pecados y los lanzaré al fondo del mar para que nunca más vuelvan a salir a flote».
Pero también su justicia es infinita, y por lo tanto no puede perdonar a quien no se arrepiente. Esto sería una monstruosidad que Dios no puede hacer 7.
Esta doctrina la expresa así el P. Jesús María Granero, S.I.: «Dios no olvida aquello de lo que no le has pedido perdón; pero no recuerda aquello que una vez te perdonó».
76,2. Pío XII en la Encíclica Mystici Corporis habla de los valores de la confesión frecuente diciendo que «aumenta el recto conocimiento de uno mismo, crece la humildad cristiana, se desarraiga la maldad de las costumbres, se pone un dique a la pereza y negligencia espiritual, y se aumenta la gracia por la misma fuerza del sacramento».
Y el Concilio Vaticano II habla de «la confesión sacramental frecuente que, preparada por el examen de conciencia cotidiano, tanto ayuda a la necesaria conversión del corazón».
Al recuperar el estado de gracia por la confesión bien hecha, se recuperan también todos los méritos perdidos por el pecado mortal.
76,3. Quien vive en pecado grave es muy fácil que se condene por tres razones:
1) Porque después es muy posible que le falte la voluntad de confesarse, como le falta ahora.
2) Porque, aun suponiendo que no le falte esta voluntad, es posible que le sorprenda la muerte sin tiempo para confesarse.
3) Finalmente, quien descuida la confesión, y va amontonando pecados y pecados, cada vez encontrará más dificultades para romper.
Un hilo se rompe mucho mejor que una maroma.
Para arrepentirse sería entonces necesario un golpe de gracia prodigioso; y esta gracia sobreabundante Dios no suele concederla a quien se obstina en el mal.
Jesucristo se lo advierte así a los que quieren jugar con Dios: «Me buscaréis y no me encontraréis, y moriréis en vuestro pecado».
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