Capítulo XVI EL SÁBADO
Capítulo XVI
EL SÁBADO
La semana quedó ya estudiada entre las divisiones del tiempo¹ pero entonces reservamos para el estudio de las instituciones religiosas lo que atañe a la santificación del séptimo día de la semana, el sábado.
1. Nombre y etimología
Nuestra palabra «sábado» deriva del hebreo šabbât, a través del latín. Entre los hebreos, este sustantivo se usa únicamente en la lengua religiosa, para designar el séptimo día de la semana (frecuentemente), la semana entera, Lev23:15 (caso único y dudoso), y por extensión el año sabático que recurre cada siete años, Lev 25:2.Lev25:8.Lev25:34-35.Lev 25:43. Una forma alargada, śabbâtôn, designa ciertos días de fiesta y de reposo, que no caen necesariamente en día de sábado.
Autores antiguos, Teófilo de Antioquía y Lactancio, hacían derivar la palabra de šeba, «siete», pero el valor del 'ain como consonante fuerte hace imposible esta derivación. Algunos modernos han corregido la hipótesis suponiendo un paso por el acádico, donde no se pronunciaba el 'ain, y šibittu significaba «septenario, siete» y donde šapattu, que designa, como veremos, el día del plenilunio, sería una forma dual: «dos veces siete». La última idea que se ha propuesto en este sentido es que una forma acádica supuesta šabatâni, «dos veces siete», habría dado origen al hebreo šabbâtôn, abreviado luego en šabbât. Pero es muy poco verosímil, como luego diremos, que la institución hebraica se tomase de Mesopotamia, y además sabbátón es una forma secundaria con relación a sabbát, y no lo contrario.
Lo más sencillo es relacionar la palabra con el verbo hebreo šâbat, que se emplea con frecuencia en sentido de «cesar de trabajar, reposarse» y que en tal caso será un denominativo de šabbât y podría traducirse por «sabatizar», pero cuyo sentido primero es, independientemente de la institución del sábado, «cesar, pararse» en Gén8:22; Jos5:12, etc.; en la forma activa, el verbo significa «detener, hacer cesar», Éx5:5; Is13:11; Jer7:34, etc. La Biblia misma propone esta etimología en Gén2:2-3. Queda sin embargo la dificultad de que el sustantivo šabbât no responde a las leyes de la formación nominal si, partiendo de un verbo sábat, tiene un sentido estativo de «día en que se cesa de trabajar»; más bien sería de esperar sebet; la forma šabbât debería significar «el día que detiene, que señala un límite, que divide», y ya estudiaremos si no era éste el sentido primero.
2. ¿Origen babilónico?
Todavía es mayor la incertidumbre respecto al origen de la institución misma. Se ha buscado en dirección de Mesopotamia. Ciertos textos babilónicos, hemerologías, designan como días «nefastos» el 7.°, 14.°, (19.°), 21.°, 28.° del mes, y los textos dicen, con variaciones, que en tales días «el pastor de los pueblos (el rey) no debe comer carne cocida ni pan cocido, no debe cambiarse los vestidos ni ponerse vestidos limpios, no debe ofrecer sacrificios, montar en su carro ni ejercer la soberanía. El sacerdote no debe proferir oráculos, el médico no debe tocar al enfermo. Es un día que no conviene para hacer ninguna acción deseable». Por otra parte, hay una palabra acádica, šapattu, que designa el día de mitad del mes, el del plenilunio, que es un «día de apaciguamiento del corazón (para los dioses)», un día propicio.
Ahora bien, en algunos textos del Antiguo Testamento, el sábado se pone en paralelo con la luna nueva, como dos días feriados, 2Re 4:23; Is1:13; 66:23; Os 2:13; Am 8:5. En estos textos podría, pues, šabbât designar la luna llena y, de hecho, el Sal 81:4 emplea de la misma manera la palabra rara kese', «luna llena»: «Tocad el cuerno en la luna nueva, en la luna llena, el día de nuestra fiesta.» Se añade que las dos principales fiestas de Israel, la pascua y los tabernáculos, se celebraban en la luna llena del primer y del séptimo mes y que, más tarde, la fiesta de los purim se fijará en la luna llena del duodécimo mes.
De aquí se suele concluir que el antiguo Israel no conocía más que el sábado de mitad de mes, con carácter de fiesta jubilosa. Ezequiel sería quien por primera vez introdujo la nueva idea de un día de reposo después de los seis días de trabajo, Ez 46:1, y quien hizo del sábado hebdomadario el signo de la alianza con Yahveh, Ez20:12.Ez20:20. En esto le habría guiado la determinación babilónica de los días 7, 14, 21 y 28 del mes, los días «nefastos», modelo que habría dado al sábado israelita el carácter de día afectado por ciertos entredichos. Pero, para evitar la contaminación de los cultos astrales, los sábados judíos habrían sido separados de las fases de la luna y se habrían contado indefinidamente cada siete días, determinando así un sistema continuo de semanas independientes de los meses lunares.
Esta teoría tropieza con graves objeciones. El 7, 14, etc., de las hemerologías babilónicas son días «nefastos», carácter que no tuvo jamás el sábado israelita, aun cuando las reglas posteriores multiplicaron el número de acciones que no se podían hacer; sólo hay una semejanza exterior con el texto que antes hemos citado. Viceversa, el šapattu acádico es simplemente el día de la luna llena, la mitad del mes, y nada indica que fuese día de reposo en que cesara el trabajo; incluso sirve para fijar el plazo de transacciones financieras. Los días «nefastos» del mes no se llaman nunca šapattu, y las hemerologías y los almanaques muestran mucha confusión en la determinación de estos días nefastos. Es difícil imaginar cómo el šapattu, día propicio, pudiera desviarse de su sentido para aplicarse a los días nefastos y cómo éstos se hubieran podido desligar de las fases de la luna para convertirse en el sábado hebdomadario de los judíos. Uno de los partidarios de esta tesis se ve en la precisión de admitir que «los hebreos parecen haber tomado esta palabra debido a una total incomprensión del calendario babilónico». Lo cual equivale a reconocer la gran debilidad de la solución propuesta.
Los textos bíblicos en que se menciona el sábado junto con la luna nueva no significan necesariamente que el sábado señale la luna llena: por lo menos en Is 66:23, escrito después de la cautividad, se trata ciertamente del sábado hebdomadario; en este texto y en todos los demás, la conexión del sábado con la luna nueva se explica suficientemente por el carácter festivo que estos días tenían en común y por recurrir regular y frecuentemente. El Sal 81:4 no puede alegarse como confirmación: se refiere a la fiesta de los tabernáculos, que es «nuestra fiesta»; en la neomenia del séptimo mes se tocaba el cuerno, Lev 23:24, y en la luna llena, el 15, se comenzaba la fiesta, Lev 23:34.
No se puede negar la semejanza entre la palabra hebrea šabbât y la acádica šapattu y hasta quizás estén emparentadas, pero esto se puede explicar sin que los israelitas la hubiesen tomado en préstamo: según el sentido fundamental de la raíz sb/pt en acádico y en hebreo, el acádico sapattu puede significar el día que señala un término a la mitad del mes, que divide el mes en dos, y el hebreo šabbât pudo haber significado originariamente el día que señala un término que divide las semanas; habría cierta coincidencia de sentido debida a una etimología común. En todo caso hay que reconocer que el sábado israelita es independiente del calendario babilónico y del calendario lunar en general.
Finalmente, esta teoría supone una historia que está en contradicción con los textos. Ezequiel no inventó el sábado; no lo presenta como una novedad, antes reprocha a los israelitas el no haberle sido fieles, Ez20:13; Ez22:26; Ez23:38. Más adelante demostraremos que el sábado es una institución muy antigua en Israel, muy anterior a la adopción del calendario babilónico, que tuvo lugar poco antes de la cautividad.
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