3. ¿Origen cananeo?
3. ¿Origen cananeo?
Otros autores reconocen la antigüedad del sábado y lo inverosímil de un préstamo directo de Babilonia, pero se dejan impresionar por la semejanza de los nombres y por las hemerologías babilónicas, cuya Jradición hacen remontar muy atrás. Así estiman que el sábado llegó a Israel por intermedio de los cananeos, de quienes lo recibirían al instalarse en Palestina.
Esta hipótesis no responde suficientemente a las objeciones que se han hecho contra la primera teoría: no explica la diferencia entre el sábado y el sapattu, entre el sábado y los días nefastos de Babilonia, ni tampoco explica cómo un sistema ligado al mes lunar llegó a desligarse de él. Si se admite que estos cambios poco verosímiles fueron efectuados por los cananeos, habría que probar que éstos conocieron la semana y el sábado. Ahora bien, los documentos no dan ningún testimonio de ello, sea que se trate de las inscripciones fenicias o de los textos más antiguos que provienen de Ras Samra. Es cierto que en los poemas de Řas Samra existe la notación de períodos de siete días o de siete años, pero estos períodos no forman parte de un ciclo continuo y el séptimo día no está marcado con ninguna de las características del sábado. Según todo lo que sabemos hasta ahora, el sistema de la semana era extraño a los cananeos y, en la época de Nehemías, los comerciantes fenicios no observaban el sábado, Neh 13:16. El sábado no habría sido un signo distintivo de la alianza entre Yahveh e Israel, Ez20:12.Ez20:20; Éx31:12-17, si hubiese sido observado por los babilonios en la tierra de la cautividad o por los cananeos en Palestina.
4. ¿Origen quenita?
Todavía nos vemos en la precisión de buscar un origen del sábado anterior a la instalación en Canaán. La Biblia no contiene en ninguna parte un relato de la institución del sábado: el episodio de las codornices, Éx 16:22-30, supone que preexistía a la legislación del Sinaí y el relato de la creación lo hace remontar a los orígenes del mundo, Gén2:2-3. Los israelitas pensaban, pues, que el sábado era anterior a la aceptación del yahvismo, pero, como por otra parte está ligado indisolublemente al yahvismo, hay que concluir que fue recibido por los israelitas al mismo tiempo que éste.
Aquí se nos presenta la hipótesis quenita, que sirve a algunosa utores para explicar incluso el origen del yahvismo: Moisés recibió la revelación de Yahveh en un país habitado por los quenitas, que estaban emparentados con los madianitas, Núm 10:29 y Jue 1:16, que continuaron en relación con Israel, Jue1:16; Jue4:11.Jue4:17; 1Sam 15:6, y con quienes se relacionaba a los rekabitas, aquellos yahvistas intransigentes, 1Cr 2:55 y Ez4:12.² Ahora bien, «quenita» puede significar «herrero, forjador», y la explotación antigua de las minas del Sinaí justifica su presencia en esta región y los contactos que tuvieron con los israelitas en el desierto. Si buscamos ahora qué trabajo particular estaba prohibido el día del sábado, no hallamos sino una sola indicación en los textos considerados como antiguos: «No encenderéis fuego el día del sábado en ninguna de vuestras viviendas», Éx35:3. Se suele relacionar con esto el episodio de Núm15:32-36, en que se lapida a un hombre por haber recogido leña para el fuego en día de sábado. Para los herreros la prohibición de encender fuego significa la interrupción de su trabajo ordinario. Finalmente, en una época tardía y fuera de Israel, el séptimo día de la semana era el día de Saturno, el planeta sombrío, día en que el fuego de las fraguas podía parecer nefasto. Ahora bien, un texto difícil y corrompido de Am 5:26 parece hacer alusión a un culto que los israelitas rindieron en el desierto a Keván, que es nombre asirio de Saturno.
La hipótesis es ingeniosa y frágil: es imprudente atribuir demasiadas cosas a los quenitas, de quienes no sabemos apenas nada, de quienes sobre todo no sabemos si en realidad eran forjadores, si conocían la semana y si veneraban a Saturno. Lo cierto es que el sábado se remonta a los orígenes del yahvismo y que quizá le sea anterior; pero, sea cual sea su origen, en Israel adquirió valor religioso. Esto es lo que vamos a mostrar ahora.
5. La antigüedad del sábado
El sábado hebdomadario es ciertamente muy antiguo en Israel. Se halla en el código elohísta de la alianza, Éx 23:12, y en el código yahvista, Éx 34:21, en las dos redacciones del decálogo, Dt 5:12-14 y Éx 20:8-10, finalmente, en el código sacerdotal, Éx 31:12-17, es decir, en todas las tradiciones del Pentateuco y con las misma calificaciones: un día séptimo, en el que se descansa después de seis días de trabajo. Los dos códigos de la alianza nos trasladan a los principios de la instalación en Canaán, y el decálogo, en su forma primitiva, se remonta a la época mosaica. Con motivos diferentes, de los que volveremos a hablar, la descripción del sábado se encuentra en las dos redacciones del decálogo y no hay la menor razón de suponer que las dos veces hubiese sido añadida a la forma primitiva. El sábado hebdomadario se remonta, pues, a la fundación del yahvismo.
¿Hay que inquirir todavía más lejos? Ninguna de las teorías propuestas para hacerlo proceder de Mesopotamia, de Canaán o de los quenitas ha aportado argumentos suficientes, y si la hipótesis quenita ha podido parecer la menos improbable, es quizá porque no tenía que contar con una documentación extrabíblica que le fuese contradictoria. Evidentemente, es posible que el sábado tenga su origen fuera de Israel, pero no hay manera de probarlo.
De todos modos hay que renunciar a derivar el sábado de las fases de la luna, que son inconciliables con las semanas de siete días superpuestas a meses lunares de 29 días, 12 horas y una fracción. El sábado se explica más bien por una costumbre casi universal de reservar días de reposo, de fiesta o de mercado, que recurren con intervalos regulares, como los romanos tenían las nundinae cada nueve días, como las mujeres lolos de la China del sudoeste se abstienen de coser y de lavar cada seis días, etc. Los motivos de la elección son muy variables, pero generalmente son religiosos, y estos días reservados implican ciertas observancias y ciertos entredichos
6. Valor religioso
Sea cual sea su origen, el sábado ha adquirido un significadc particular que lo convierte en institución propiamente israelita. Esta particularidad no es su periodicidad, ni la cesación del trabajo, ni los entredichos que implica; todo esto se puede hallar más o menos en otras partes. Lo que caracteriza el sábado es que está santificado por su relación con el Dios de la alianza y que es un elemento de esta alianza. El día «tabú» de otras religiones resulta ser un día «consagrado a Yahveh», un diezmo del tiempo, como los primogénitos del ganado y las primicias de la cosecha son un diezmo del trabajo de los otros días. Por eso el sábado aparece como una cláusula de los diferentes pactos de la alianza:¹ el pacto primitivo del Sinaí, que es el decálogo; el pacto de la confederación de las tribus, que es el código de la alianza, Éx 23:12 y su paralelo, Éx34:21. El sábado no está mencionado, como tampoco la neomenia, en el código del Deuteronomio, Dt 12-26, probablemente porque éste solamente retuvo las fiestas en las que había que acudir al santuario único. Pero aparece en la ley de santidad, Lev 19:3.Lv3:30; Lv23:3; Lv26:2, y en el código sacerdotal, Éx 31:12-17; Núm 28:9-10.
En la forma primitiva del decálogo, el precepto del sábado se daba sin comentario. Luego se explicó por motivos que varían según dos ambientes de ideas y que se reflejan en las redacciones ampliadas del decálogo:
1) En Dt 5:14b-15 se pone de relieve el aspecto humano y social: el hombre, su servidor y su servidora deben poder reposar. aspecto que aparece también en Éx23:12. El sábado, no obstante, se relaciona con la historia de la salud: «Te acordarás de que viviste en servidumbre en el país de Egipto y que Yahveh, tu Dios, te sacó de allí con mano fuerte y con el brazo tendido; por eso Yahveh, tu Dios, te ha ordenado guardar el día del sábado», Dt 5:15. Este recuerdo de la miseria de Egipto aparece de nuevo en Dt 6:20-25, cf. Dt10:19, se recuerda a propósito de las leyes sociales de Dt 24:18-22; se halla también en el código de la alianza, Éx 22:20; Ex23:9, y en la ley de santidad, Lev 19:34. Pero en el Deuteronomio hay más que esto: las grandes obras de Dios liberaron a Israel, Dt 5:15, y le condujeron a la tierra prometida, Dt 6:23, donde encontró la menûhah, el «lugar de reposo» después de las pruebas de Egipto y del desierto, Dt12:9; cf. Sal95:11. Como recuerdo de esto, el israelita debe descansar el día del sábado.
2) Éx 20:11 añade al mandamiento primitivo: «Porque en seis días Yahveh hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que contienen, pero el séptimo día reposó; por eso Yahveh bendijo el día del sábado y lo consagró.» Es la observación de un redactor que se inspira en el relato sacerdotal de la creación: la obra creadora se reparte entre los seis días de la semana y el séptimo día Dios «descansó después de toda la obra que había hecho. Dios bendijo el séptimo día y lo santificó», Gén2:2-3. La relación entre la creación y el sábado está desarrollada en la ley de Éx 31:12-17, que es también de tradición sacerdotal: el sábado es un «signo perpetuo» entre Yahveh y su pueblo, una «alianza inquebrantable». Después de los seis días de trabajo, es un día de reposo consagrado a Yahveh, «porque en seis días hizo Yahveh el cielo y la tierra, pero el séptimo día descansó y se rehízo». Este holgar de Dios después de la creación no es un antropomorfismo, sino la expresión de una idea teológica: la creación es el primer acto de la historia de la salud; cuando queda completa, hace Dios una pausa y puede concluir una alianza con su criatura, así como la cesación del diluvio hace posible la alianza de Dios con Noé, de la que es signo el arco iris, Gén9:8-17. El «signo» de la alianza de la creación es el sábado observado por el hombre, cf. Ez20:12.Ez20:20, a imagen del primer sábado del mundo en que Dios cesó de trabajar.
Las dos motivaciones tienen, pues, relación con la alianza, pero mientras el Deuteronomio considera el pueblo de la alianza, los textos sacerdotales insisten en el Dios de la alianza. Su postura es más teológica y, por consiguiente, subrayan el carácter religioso del sábado que es «para Yahveh», Lev 23:3; el «sábado de Yahveh», Lev 23:28; el día «consagrado a Yahveh», Éx 31:15; que Dios mismo «consagró», Éx 20:11. Dado que el sábado es sagrado y dado que es signo de la alianza, su observancia es prenda de salud, Is 58:13-14, cf. Is56:2; Jer17:19-27 (posterior a la cautividad), su profanación implica para el particular la exclusión de la comunidad, Éx31:14; Ex35:2; Núm 15:32-36, y para el pueblo, el castigo de Dios, Ez 20:13; Neh 13:17-18.
7. Evolución del sábado
Esta interpretación teológica sólo lentamente se fue desarrollando. En los antiguos textos históricos y proféticos, el sábado es un día de reposo, una fiesta jubilosa, Is1:13; Os 2:13, en la que se iba al santuario (ibid.), en que se visitaba a un «hombre de Dios», 2Re 4:23. Se interrumpían los grandes trabajos ordinarios, Éx20:9-10 y Dt5:13-14; Éx23:12 y Ex34:21, como también las transacciones comerciales, Am 8:5, pero se podían hacer pequeños viajes, 2Re 4:23, y era el día del relevo de la guardia en el palacio y en el templo, 2Re 11:5-8.
Después de la destrucción del templo y durante la cautividad, cuando no se podían celebrar las otras fiestas, creció la importancia del sábado; entonces fue cuando vino a ser signo distintivo de la alianza, cf. Ezequiel y los textos sacerdotales antes citados. El judaismo posterior a la cautividad llamó al sábado día «delicioso y venerable», Is58:13; en el templo se ofrecían sacrificios especiales,⁴ pero los individuos estaban sujetos a severas observancias: no se podían tratar negocios ni hacer viajes, Is 58:13, ni llevar fardos ni introducirlos en Jerusalén, ni llevarse nada de casa ni hacer ningún trabajo, Jer 17:21-22, que es una adición a la colección de las profecías de Jeremías. Estas prescripciones se observaban mal cuando Nehemías regresó para su segunda misión: el día del sábado se pisaba en el lagar, se llevaban a Jerusalén los productos del campo, los comerciantes fenicios iban a vender su mercancía, Neh 13:15-16. Para evitar estas violaciones, Nehemías hizo cerrar las puertas de Jerusalén, Neh 13:19-22, y la comunidad se comprometió a respetar en adelante la ley del sábado, Neh 10:32.
Las reglas se fueron haciendo cada vez más rigurosas. Bajo los Macabeos, un grupo de judíos consintió ser exterminado por los sirios antes que violar el reposo sabático defendiéndose, 1Mac 2:32-38, cf. 2Mac 6:11; 1Mac 15:1-3. Matatías decidió que los judíos podían defenderse si se los atacaba un día de sábado, 1Mac 2:39-41; cf. 1Mac 9:43-49, pero, según 2Mac 8:25-28, los judíos de Nicanor, victoriosos, interrumpieron la persecución del enemigo al iniciarse el sábado y difirieron para el día siguiente la repartición del botín. En ,el grupo judío que adoptó un calendario fundado en la semana,⁵ el sábado tomó un relieve particular: el libro de los Jubileos 50:8-12, prohibe en tal día usar del matrimonio, encender el fuego, preparar los alimentos; el documento de Damasco, XIII, que proviene de la secta de Qumrán, presenta una serie de doce prohibiciones y, según Josefo, Bell. 2, 8, 9, los esenios «se abstienen de trabajar el sábado más rigurosamente que ningún judío; no sólo preparan los alimentos la víspera, para no encender fuego en dicho día, sino que, además, no se permiten mover un utensilio cualquiera ni evacuar el vientre».
Por su parte, los fariseos de la época del Nuevo Testamento prohibían trasportar un lecho, Jn 5:10; curar a un enfermo, Mc 3:2; Lc13:14; coger algunas espigas, Mt12:2; ir más lejos de lo que permitía el «camino del sábado», cf. Hch 1:12, una distancia de dos mil pasos o codos. Jesús no condenó el sábado en cuanto tal, Lc4:16; Mt 24:20; pero desechó las interpretaciones estrechas que se le habían dado. Proclamó que la obligación del sábado cedía ante el precepto del amor al prójimo, Mc 3:4; Lc13:15-16, que «el sábado había sido hecho para el hombre y no el hombre para el sábado», Mc2:27. Los rabinos del siglo II de nuestra era dejaron una fórmula análoga glosando así Éx 31:14: «A vosotros se os ha dado el sábado, que no habéis sido vosotros dados al sábado», pero no aceptaban derogaciones sino en caso de peligro de muerte o de una urgencia muy especial. Finalmente, la Mišná codificó los treinta y nueve trabajos prohibidos el día del sábado, y la lista fue todavía complicándose en lo sucesivo.
Jesús, habiendo dicho que «el Hijo del hombre es señor del sábado», Mr 2:28, podía abolir el sábado y así lo abolió, como la nueva alianza que aportaba abrogaba la antigua alianza, cuyo signo era el sábado. No hay continuidad entre el sábado judío y el domingo cristiano. El uno clausuraba la semana, el otro abre la semana de los tiempos nuevos con la conmemoración de la resurrección y de las apariciones de Cristo resucitado y en la expectativa de su último retorno. Sin embargo, el domingo significa el cumplimiento de las promesas cuya figura era el sábado. Como las otras promesas del Antiguo Testamento, éstas se realizan no ya en una institución, sino en la persona de Cristo, en quien se cumple toda la ley. El domingo es el «día del Señor», quien aligera la carga, Mt 11:28, por quien, en quien y con quien entramos en el reposo mismo de Dios, Heb 4:1-11.
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