Capítulo XIII VALOR RELIGIOSO DEL SACRIFICIO
Capítulo XIII
VALOR RELIGIOSO DEL SACRIFICIO
Nos hallamos ante la última cuestión: ¿cuál era a los ojos de los israelitas el significado del sacrificio, su valor religioso, y qué lugar ocupaba en la concepción que tenían de las relaciones del hombre con Dios? En esta búsqueda hay que evitar un doble escollo: los historiadores de las religiones tiendan a abusar del método comparativo y a explicar el sacrificio israelita por las prácticas o las ideas de pueblos que tenían otras nociones religiosas, especialmente de los pueblos llamados «primitivos», en los cuales creen hallar el sentido profundo de los ritos. Los teólogos, por el contrario, tienden a interpretar el sacrificio del Antiguo Testamento a través del sacrificio del Nuevo y de las interpretaciones doctrinales que le ha dado el cristianismo. Los unos y los otros descuidan o difuminan lo que puede haber de original en el sacrificio de Israel. Desde luego, hay que tener presente el ambiente en que vivió Israel y también hay que investigar cómo se prolongan y se consuman en el sacrificio de la nueva alianza los sacrificios de la ley antigua; pero hay que comenzar por estudiar en sí misma la noción del sacrificio que se desgaja del Anticuo Testamento. En primer lugar vamos a eliminar varias teorías insuficientes.
1. El sacrificio, ¿don a una divinidad maligna o interesada?
Esta teoría fue expresada de manera especialmente brutal por Renán en su Historia de Israel: «El sacrificio es el error más inveterado. más grave y más difícil de desarraigar entre los que nos dejó el estado de locura que atravesó la humanidad en sus primeras edades. El hombre primitivo (sin distinción de raza) creía que la manera de apaciguar las fuerzas desconocidas que le rodeaban consistía en ganárselas como se gana a los hombres, ofreciéndoles algo. Esto era bastante consecuente, puesto que aquellos dioses cuyo favor se trataba de granjearse eran malignos e interesados... Esta absurdidad chocante, que hubiera debido despejar la primera aparición del sentido común religioso, se había convertido en un acto de sujeción, en una especie de pleito homenaje que la humanidad rendía a la divinidad. La religión patriarcal no supo desentenderse de él. Los profetas del siglo vm antes de Jesucristo fueron los primeros que levantaron la voz contra esta aberración, pero sin llegar todavía a suprimirla.» Es dudoso que una explicación tan material se pueda aplicar a ningún pueblo, por «primitivo» o degradado que se le suponga, y los estudios modernos de etnología religiosa la contradicen. Lo cierto es que no se aplica a ninguna época de la religión de Israel y no se puede citar ni un solo texto que la justifique, ni siquiera de lejos.
Según una teoría menos extremista, el sacrificio es un don interesado que aprovecha a la vez a Dios y al hombre, una especie de contrato do ut des. Es exacto que uno de los fines del sacrificio es la obtención de un beneficio, material o espiritual, que el hombre pide a Dios, y nosotros definiremos finalmente el sacrificio como una ofrenda hecha a Dios, como un don, pero de índole particular. Es también verdad que en toda religión popular, en Israel como en otras partes, esta petición interesada del hombre puede venir a ser el motivo principal del sacrificio y que, por otra parte, en ciertas religiones, el sacrificio parece responder a una necesidad de la divinidad, de lo que volveremos a ocuparnos cuando tratemos del sacrificio concebido como una comida del dios. Pero ésta no pudo ser la noción del sacrificio israelita, dado que la enseñanza constante de la Biblia es que Dios es el señor soberano de todo, del hombre y de todos sus bienes: no tiene necesidad de que se le dé nada, pues puede tomárselo todo
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