2. El sacrificio, ¿medio mágico de unión con la divinidad?
2. El sacrificio, ¿medio mágico de unión con la divinidad?
En dos formas se ha presentado esta explicación:
a) El hombre se une con la divinidad comiendo una víctima divina. Esta teoría tiene por presupuesto el totemismo: hay ciertoparentesco entre los hombres de la tribu y el dios de la tribu, que es el antepasado de todos y cuya vida circula por el animal que se le consagra, el tótem. El sacrificio tiene como finalidad robustecer este parentesco, participar de la vida del dios comiendo su animal sagrado. Esta idea se considera como esencial en el sacrificio de los antiguos árabes, entre quienes tenían especial importancia los vínculos de la sangre. El sacrificio israelita seria una forma más avanzada de este sacrificio: el creyente se ha convertido en el colono del dios propietario, subdito del dios rey, a cuya mesa se sienta, pero la idea original sería la misma. Es una cosa que no se ha demostrado. Por lo demás se ha pasado ya la boga del totemismo, se reconoce ya como un fenómeno religioso aberrante, donde, además, la manducación del animal tótem es excepcional y no tiene por fin procurar la unión con el dios. Para descubrir esta ¡dea en los antiguos árabes hay que recurrir al relato compuesto por san Nílo, y entre los israelitas no se pueden discernir vestigios de totemismo primitivo.
b) Ia unión con la divinidad se efectúa mediante la victima que representa al oferente. La víctima es el sustituto del oferente que, por la imposición de las manos, le ha transferido a la vez su pecado y su principio vital. El principio vital está en la sangre. Por la inmolación, los pecados se quitan y se libera el principio vital. Los diferentes ritos de la sangre, unción del altar, efusión al pie del altar, aspersiones, ponen el principio vital de la víctima, es decir, del oferente cuyo sustituto es, en contacto con la divinidad y establecen o restablecen el vínculo entre Dios y su fiel. En la hipótesis precedente, la manducación de la víctima era el elemento esencial, mientras aquí lo es la inmolación y el uso que se hace de la sangre, de ló que la comida sagrada no es más que un complemento. En las dos hipótesis el verdadero sacrificio es un sacrificio sangriento.
Es muy exacto que los ritos de la sangre tienen por objeto aproximar lo más posible a Dios la parte de la víctima que le corresponde propiamente, por creerse que contiene la vida. Pero estos ritos no ponen la vida del oferente en contacto con la vida de Dios.
Ya demostramos anteriormente ¹ que el rito de la imposición de las manos no significaba el traspaso de la vida o de las faltas del oferente a la víctima, sino que expresaba solamente que la víctima era propia del oferente y era presentada en su nombre.
3. El sacrificio, ¿comida del dios?
Otros autores responden a estas teorías: la realidad es mucho más sencilla. El sacrificio es una comida ofrecida a Dios, al que se concibe a la manera humana, que tiene necesidad de comer, que se regocija con el buen olor de la carne. El altar es la «mesa de Dios», los panes de oblación son los «panes de Dios». Por eso se prepara el sacrificio como una comida: se le añade una ofrenda de sal, de pasteles y de vino. Estos autores reconocen que en los textos del Levítico y en el culto posterior a la cautividad, estas expresiones concretas no eran sino metáforas, pero son reminiscencia de una concepción antigua, materialista y antropomorfista.
En realidad, entre algunos vecinos de Israel, en Mesopotamia, el sacrificio tenía un carácter muy marcado de comida del dios,² y los banquetes que los dioses se ofrecen mutuamente en los poemas de Ras Samra indican que los cananeos tenían, si no la misma concepción del sacrificio, al menos la misma idea de las necesidades nutritivas de los dioses.
Pero nosotros nos ocuparemos de Israel. Los términos que parecen asimilar el sacrificio a una comida ofrecida a Dios no se encuentran, salvo las excepciones de que volveremos a hablar, sino en textos recientes, y se nos concede que no se tomaban en sentido literal. Pero ¿qué decir de los textos antiguos? En Gén 8:12, «Yahveh aspiró el agradable olor» del sacrificio de Noé; la expresión llegará a ser técnica y será despojada de su sentido concreto en los rituales recientes, pero en el texto del Génesis es un eco del relato babilónico del diluvio, con el que tiene tantos contactos el relato bíblico. Antes hemos citado el texto: «Los dioses aspiran el olor, los dioses aspiran el buen olor, los dioses acudieron como moscas alrededor del sacrificio»³. Nótese con qué discreción se adapta. En el apólogo de Yotam en que los árboles tratan de procurarse un rey, se habla del aceite «que honra a los dioses y a los hombres», Jue 9:9.Jue9:13, pero esta antigua fábula quizá no sea una composición israelita y puede compararse a Sal 104:15, que se inspira en ella, pero omite a los dioses y no habla ya sino de los hombres, a quienes el vino regocija el corazón y el aceite hace brillar el rostro. Los dos relatos antiguos de los sacrificios de Gedeón, Jue 6:18-22, y de Manoah, Jue13:15-20 rechazan ya la idea de que Yahveh puede alimentarse con sacrificios: Gedeón y Manoah quieren ofrecer una comida de hospitalidad al ángel de Yahveh, al que han reconocido, pero en los dos casos esta comida se transforma en un holocausto, cf. Jue13:16: «Aun cuando insistieras en ello, no comería de tu comida.» Sólo se da un caso en el que el antropomorfismo se lleva hasta el extremo: la historia de los tres misteriosos huéspedes de Abraham, entre los cuales se ocultaba Yahveh: para estos tres «hombres», Abraham preparó una comida y «ellos comieron», Gén 18:8. Pero no se trata de un sacrificio.
No obstante, hay que reconocer que la comida sacrificial que acompañaba al zebah y que la ofrenda de tortas, aceite y vino que se llevaba al altar — préstamo probable del ritual cananeo — contribuía a dar al sacrificio el aspecto de una comida en que tomaba parte Yahveh, y la religión popular pudo comprenderlo así. El Sal 50:12-13 protesta contra esta idea:
Si hambre tuviese, no te lo diría,
porque mío es el mundo y cuanto en él se encierra.
¿Acaso comeré la carne de los toros
o sangre beberé de los cabritos?
El cántico de Moisés pregunta dónde están los dioses de losegipcios «que comían la grasa de sus sacrificios, que bebían la sangre de sus libaciones», Dt 32:38. A pesar de estas influencias extranjeras y de estas desviaciones, hay que decir, sin embargo, que la noción de comida ofrecida a la divinidad no es una explicación suficiente del sacrificio israelita.
El efecto común de las teorías que hemos examinado consiste en descuidar el significado propiamente religioso del sacrificio y suponer en Israel una concepción demasiado grosera de la divinidad y de las relaciones del hombre con ella.
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