Capítulo V SUCESIÓN Y HERENCIA
Capítulo V
SUCESIÓN Y HERENCIA
La antigüedad israelita no conoció el testamento escrito. Sin embargo, el padre, antes de morir, «ponía orden en casa», 2Sam 17:23; 2Re 20:1 = Is 38:1, es decir, que? arreglaba oralmente la distribución de los bienes que dejaba, cf. Dt 21:16; .Eclo 14:13; 33:24 Sólo dos textos legislativos, Dt 21:15-17 y Núm 27:1-11, con el complemento de Núm 36:6-9, tienen relación con la herencia y sólo disponen sobre casos particulares; es necesario completarlos con las informaciones incidentales que dan las narraciones bíblicas, a veces difíciles de interpretar.
La regla fundamental es que sólo los hijos varones tienen derecho a la herencia. Entre ellos, el mayor tiene una posición privilegiada 1 y recibe doble parte de los bienes paternos, Dt21:17; cf. metafóricamente 2Re2:9. La misma disposición vuelve a encontrarse en las leyes asirías y en Nuzu y en Mari. La ley protege el derecho del hijo mayor prohibiendo al padre favorecer al hijo de la mujer preferida, con detrimento de los derechos del primogénito que haya tenido de una mujer menos amada, Dt 21:15-17. Esta ley condena retrospectivamente a Abraham que despide a Ismael, Gén 21:10s, y a David que prefirió a Salomón en lugar de Adonías, 1Re1:17, cf. 1Re2:15. Es posible que sólo se repartiesen los bienes muebles y que, para guardar intacto el patrimonio familiar, la casa y las tierras se atribuyeran al primogénito o quedasen indivisas; así podría explicarse el texto de Dt 25:5 sobre los hermanos que «viven juntos».
En la antigua época israelita, como generalmente en los códigos de Mesopotamia, los hijos de las concubinas esclavas no tenían parte en la herencia, excepto si por adopción habían sido asimilados a los hijos de las esposas libres. Sara no quiere que Ismael, el hijo de la esclava, herede con su hijo Isaac, Gén 21:10, y de hecho Abraham dejará sus bienes a Isaac y sólo hará regalos a los hijos de sus concubinas, Gén 25:5-6. Pero Sara simula olvidar que había declarado que los hijos de Agar serían reconocidos como suyos, Gén16:2,: Ismael tenía, pues, derecho a la herencia y Abraham no lo despide sino de mala gana, Gén 21:11. Los hijos de las esclavas Bilhá y Zilpa se colocan en la misma categoría que los de Raquel y de Lía, Gén 49:1-28, y comparten lo mismo que ellos la tierra de Canaán, que es la sucesión de Jacob. Pero es que habían sido adoptados por Raquel o por Lía, Gén 30:3-13. El uso posterior parece haber sido menos estricto. A veces se invoca el caso de Jefté, excluido de la herencia paterna por sus hermanastros, Jue11:2, pero Jefté era hijo ilegítimo, hijo de una prostituta, no de una concubina.
Las hijas no heredan, a no ser a falta de herederos varones. Este punto del derecho está determinado a propósito de las hijas de Selofehad, Núm 27:1-8, pero a condición de que se casen dentro de un clan de la tribu de su padre, para evitar que el patrimonio familiar pase a alguna otra tribu, Núm 36:1-9. Para aplicar esta ley, las hijas de Eleazar se casan con sus primos, 1Cr23:22, y probablemente a esta «ley de Moisés» hace alusión .Tob 7:11
Existe una excepción notable: las tres hijas de Job reciben su parte de la herencia en compañía de sus siete hermanos, Job 42:13-15. Quizá sea esto expresión de un uso más tardío, puesto que el libro de Job es posterior a la cautividad; o bien se creía entonces que en la época patriarcal, en la que se situaba el relato, el padre disponía libremente de su sucesión y se quería expresar con ello la enorme riqueza de Job y la felicidad ideal de una familia en la que todos los hijos eran tratados por igual.
Si un hombre muere sin dejar hijos ni hijas, los bienes pasan a sus consanguíneos varones de la línea paterna y exactamente en este orden: sus hermanos, los hermanos de su padre, su pariente más próximo en el clan, Núm 27:9-11. En cuanto a la viuda, no tenía el menor derecho a la herencia, contrariamente a las leyes babilónicas y a las costumbres de Nuzu, que estipulan que la viuda tiene una parte, o por lo menos que conserva lo que aportó al matrimonio y los dones que le haya hecho su marido. Los contratos de Elefantina prevén que una viuda sin hijos puede heredar de su marido. En Israel, si la viuda no tenía hijos, volvía a casa de su padre, Gén38:11; Lev 22:13; Rut 1:8, o quedaba ligada a la familia de su marido con un matrimonio por levirato Si tenía hijos adultos, éstos debían proveer a su mantenimiento. Si los hijos eran todavía jóvenes, es posible que la viuda administrara como tutora la herencia que les correspondía, y así se explicaría 2Re 8:3-6. El dinero que poseía la madre de Mikayehú, Jue17:1-4, era quizá su propiedad personal, distinta de la sucesión de su marido. El caso de Noemí, que pone a la venta una tierra que había pertenecido a su marido difunto, Rt4:3.9, es difícil de explicar; hay por lo menos que notar que, según Rut 4:9, la tierra es considerada como propiedad también de sus dos hijos, Kilyón y Mahlón, también difuntos, y Noemí parece actuar como la guardiana de sus derechos. Judit había recibido de su marido toda una fortuna. mobiliaria e inmobiliaria, .Jdt 8:7 de la que ella dispone libremente a su muerte, ,Jdt 16:24 pero el relato es de una época en que la costumbre se había mitigado y preparaba el reconocimiento de los derechos de la viuda, que sancionará la ley judía.
De la historia de Nabot, 1Re 21:15, se ha concluido a veces que los bienes de los condenados a muerte recaían en el rey; pero aquí puede tratarse sencillamente de una confiscación arbitraria. Algunos textos tardíos indican que el padre podía, mucho antes de su muerte, dar anticipos de herencia, ; Tob 8,21; Eclo 33,20-24
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