Capítulo IV LOS HIJOS 1. Estima de los hijos
Capítulo IV
LOS HIJOS
1. Estima de los hijos
Hoy día, en las bodas de los aldeanos o de los beduinos de Palestina, a veces, en el umbral de la puerta de los recién casados o a la entrada de la tienda, se aplasta una granada, cuyos granos simbolizan el gran número de hijos que se les desea.
En el antiguo Israel, tener hijos, muchos hijos, era también un honor anhelado y en este sentido se formulaban votos con ocasión del matrimonio. A Rebeca, al abandonar su familia, se la bendice así: «¡Oh hermana nuestra, ojalá llegues a ser millares de miríadas!», Gén 24:60. A Booz, que toma por esposa a Rut, se le desea que su joven esposa «sea semejante a Raquel y a Lía que, entre las dos, edificaron la casa de Israel», Rt4:11-12. Abraham y luego Isaac reciben la promesa de que su posteridad será numerosa como las estrellas del cielo, (Gén15:5;22:17;26:4.)Dios promete a Agar que tendrá una descendencia innumerable, Gén16:10. Los hijos son «la corona de los ancianos», Prov17:6; los hijos son «retoños del olivo alrededor de la mesa», Sal128:3; «una recompensa, como flechas en la mano del héroe; dichoso el hombre que ha podido llenar con estos dardos su carcaj», Sal127:3-5.
Por el contrario, la esterilidad era considerada como una prueba, Gén16:2;Gn30:2;1Sam1:5, o como un castigo de la mano de Dios, Gén20:18, como una afrenta, de la que Sara, Raquel y Lía tratan de lavarse adoptando al hijo que su marido ha engendrado con su esclava, Gén16:2; Gn30:3.Gn30:9.
De todos estos textos se desprende que se desean sobre todo hijos varones, que perpetúen la raza y el nombre y preserven el patrimonio. Las hijas eran menos estimadas: abandonarán la familia al contraer matrimonio; así no era por su número por lo que se evaluaba la potencia de una casa.
Entre los hijos, el primogénito gozaba de ciertas prerrogativas. Mientras vivía su padre tenía la precedencia entre los hermanos, Gén43:33. A la muerte de su padre recibía doble parte de la herencia, Dt 21:17, y se convertía en el cabeza de la familia. En el caso de dos gemelos, el primogénito era el que veía el primero la luz, Gén 25:24-26; Gn38:27-30: así, aun cuando se vio primero la mano de Zerah, Peres fue el primogénito, cf.1Cr 2:4, porque fue el primero en salir del seno materno. El primogénito podía perder su derecho de primogenitura en castigo de alguna falta grave, como fue el caso de Rubén después de su incesto, Gén35:22; cf. Gn49:3-4;1Cr 5:1, pero podía también enajenarlo, como Esaú que vendió su derecho de primogenitura a Jacob, Gén 25:29-34. Pero la ley protegía al primogénito contra una elección arbitraria por parte de su padre, Dt 21:15-17.
No obstante, hay un tema que se repite con frecuencia en el Antiguo Testamento, el caso del hijo más joven que suplanta a su hermano mayor. Fuera de los casos de Esaú y de Jacob, de Peres y de Zerah, que acabamos de mencionar, se pueden citar otros muchos: Isaac hereda en lugar de Ismael, José es el preferido de su padre, luego Benjamín, Efraím pasa delante de Manasés, David, el más joven entre sus hermanos, es preferido y él, a su vez, transmite el reino a su hijo más joven, Salomón. En estos hechos se ha intentado ver la indicación de una costumbre contraria al derecho de primogenitura, como se observa en algunos pueblos: la herencia y los derechos del padre pasan al último de los hijos. Pero estos casos que se salen de la ley común manifiestan más bien el conflicto entre la costumbre jurídica y el sentimiento que inclinaba el corazón del padre hacia el hijo de sus últimos días, cf. Gén37:3;Gn44:20. La Biblia, sobre todo, hace notar explícitamente que estos casos expresan lo gratuito de las elecciones de Dios, que había aceptado la ofrenda de Abel y desechado la de Caín, su hermano mayor, Gén4:4-5, que «amó a Jacob y aborreció a Esaú», Mal1:2-3; Rom 9:13; cf. Gén 25:23, que designó a David, 1Sam16:12, que otorgó el trono a Salomón, 1Re 2:15.
Como primicias del matrimonio, los primogénitos pertenecían a Dios, pero, a diferencia de los primogénitos del ganado, que eran inmolados, los del hombre eran rescatados, (Éx13:11-15;22:28;34:20), porque el Dios de Israel aborrecía los sacrificios de niños, Lev 20:2-5, etc.; cf. el sacrificio de Isaac, Gén22. Los levitas eran consagrados a Dios como sustitutos de los primogénitos del pueblo, Núm 3:12-13; Nm8:16-18.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.