7. Los artesanos
7. Los artesanos
Al lado de los obreros, el desarrollo de la vida urbana y la evolución económica multiplicaron el número de los artesanos independientes. El Antiguo Testamento menciona muchos gremios de artesanos: molineros, panaderos, tejedores, barberos, alfareros, bataneros, cerrajeros, joyeros, etc. Un término más general, haras, designa al obrero que trabaja la madera, la piedra, sobre todo los metales, al herrero, fundidor o cincelador. Se trabajaba en régimen de taller familiar; el padre transmitía el oficio a su hijo y a veces tenía a su servicio obreros, esclavos o asalariados.
Como en las ciudades orientales modernas, los artesanos de una misma profesión vivían y trabajaban agrupados en calles o barrios determinados. O bien una aldea se especializaba en una industria determinada. Estas agrupaciones respondían a condiciones de geografía económica: la proximidad de las materias primas, minerales, tierra arcillosa, lana de los ganados, o la presencia de medios de producción, agua, combustible o la orientación favorable para la ventilación de los hornos, etc. Estas agrupaciones se fundaban también en la tradición, pues las profesiones eran generalmente hereditarias. Así, por ejemplo, sabemos que se fabricaban tejidos en Bet-ASbea, al sur de Judea, 1Cr 4:21, que los benjaminitas trabajaban la madera o el metal en la región de Lod y de Ono, Neh 11:35. Las excavaciones revelan que el tejido y la tintorería eran oficios florecientes en Debir, la actual tell beit-mirsim. En Jerusalén había una calle de los panaderos, Jer 37:21, un campo del batanero, Is 7:3, la puerta de los tiestos, cerca de la que trabajaban los alfareros, Jer 19:1s, un barrio de los orfebres, Neh3:31-32. Esta especialización se acentuó todavía en las épocas grecorromana y rabínica.
Poco a poco estos obreros que trabajaban unos al lado de otros se organizaron en corporaciones. Esto consta claramente después de la cautividad, cuando las corporaciones de oficios, modelándose conforme a la organización familiar de que, por otra parte, habían nacido, se denominan familias o clanes, mîspahót.⁵ Hay en Bet-Ašbea la mispahót de productores de byssus, 1Cr4:21. El jefe de la corporación se llama «padre», como Joab, «padre» del valle de los artesanos,1Cr 4:14; los oficiales se llaman «hijos»; Uzziel es «hijo» de los Qrfebres, Neh3:8, es decir, oficial orfebre, como Malkiyyá de la misma corporación, Neh 3:31, como Hananyá, oficial perfumista, Neh3:8. En el judaismo estas agrupaciones obtendrán un estatuto legal, harán reglamentos que protejan a sus miembros, tendrán a veces sus propios lugares de oración: se habla de la sinagoga de los tejedores en Jerusalén. El influjo de las organizaciones profesionales del mundo grecorromano debió de acelerar esta evolución, pero los textos que hemos citado y los paralelos más antiguos de Mesopotamia indican que las corporaciones tienen origen más antiguo.
Se puede remontar hasta la época monárquica si se admite que ciertos signos grabados con frecuencia en las vasijas, cuando no designan al propietario de la pieza, son marcas de fábrica, no de un taller de familia, sino de una corporación. Es muy difícil decidirlo, pero de todos modos una cosa es cierta: que, anteriormente a la cautividad, las empresas importantes estaban en manos del rey. La fundición de Esyón Guéber bajo Salomón era una manufactura de Estado, que las excavaciones han sacado a luz. Según 1Cr 4:23, los alfareros de Netayim y de Guedera trabajaban en un taller real. De estos talleres provienen los jarros que llevan una estampilla oficial, que certificaba sin duda su capacidad
8. Los comerciantes
Los israelitas comenzaron muy tarde a dedicarse a los negocios. El comercio con el exterior, el comercio en gran escala, era monopolio real. Con la cooperación de Hiram, rey de Tiro, Salomón armó una flota en el mar Rojo, 1Re 9:26-28; 1Re10:11.1Re10:22, que iba a cambiar los productos de la fundición de Esyón Guéber con el oro y las riquezas de Arabia. Una tentativa análoga, bajo Josafat, acabó en un fracaso, 1Re 22:49-50. Salomón traficaba también con los caravaneros, 1Re10:15. Hacía también comercio de tránsito: sus enviados compraban caballos en Cilicia, carros en Egipto y revendían los unos y los otros, 1Re10:28-29, pero esta interpretación del texto es dudosa. Acab concluyó con BenHadad un tratado comercial según el cual podía establecer bazares en Damasco, como el rey sirio los tenía en Samaría, 1Re20:34. Se trata todavía de una empresa real. Así sucedía en todo el próximo oriente antiguo. Los corresponsales de Salomón eran el rey de Tiro, 1Re 5:15-26; 1Re9:27; 1Re10:11-14, y la reina de Sabá, 1Re 10:1-13. Y la tradición era antigua. En el II milenio antes de nuestra era, y luego bajo Hamurabi, los reyes de Mesopotamia tenían sus caravanas; en la época de Amarna, los reyes de Babilonia, de Chipre y de otras partes tenían mercaderes a su servicio; en el siglo XI a.C. la historia egipcia de Wen-Amón nos informa que el príncipe de Tanis tenía una flota de comercio y que el rey de Biblos llevaba registro de los negocios que hacía con el faraón.
En Israel, los particulares sólo se dedicaban a operaciones locales. En la plaza de la ciudad o de la aldea, donde se celebraba el mercado, 2Re7:1, los artesanos vendían sus productos y los campesinos el producto de su campo o de su ganado. Estas permutas, de volumen limitado, se hacían directamente del productor al consumidor, sin intermediarios, y no existía una clase de comerciantes. El verdadero negocio estaba en manos de extranjeros, muy especialmente fenicios, que eran los corredores de todo oriente, cf. Is23:2.⁸ ; Ez27, y también asirios, según Nah 3:16. Todavía después de la cautividad, se ve a los judíos llevar a Jerusalén los productos agrícolas, y a los tirios vender las mercancías de importación, Neh13:15-16. Los primeros comerciantes israelitas que conocemos son quizá los que, bajo Nehemías, trabajan en la restauración de las murallas, Neh 3:32; pero todavía es posible que sean tirios que, según Neh 13:16, vivían en la ciudad.
Esta situación se refleja en el vocabulario: «cananeo» significa «comerciante» en Job 40:30; Prov 31:24; Zac 14:21. Otros términos designan al comerciante como «el que circula» o con una raíz que tiene afinidad con «caminar». Son extranjeros, caravaneros como los madianitas de Gén 37:28, o mercaderes ambulantes que recorrían el país colocando su pacotilla importada y comprando, para exportarlos, productos locales.
En la diàspora fue donde, por necesidad, los judíos se hicieron comerciantes. En Babilonia, descendientes de los desterrados que no se habían unido a los que regresaban, figuran como agentes o clientes de grandes firmas comerciales. En Egipto, en la época helenística, los papiros señalan que algunos eran negociantes, banqueros o corredores. Los judíos de Palestina siguieron poco a poco este movimiento, pero los sabios, como más tarde los rabinos, no los miraban con buenos ojos. El Sirácida dice que, sin duda, los beneficios comerciales son legítimos, ,Eclo 42:5 pero hace notar también que un comerciante no podrá permanecer sin pecado, .Eclo 26:29; 27:2
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