4. Los santuarios en tierra de Israel antes de la construcción del templo
4. Los santuarios en tierra de Israel antes de la construcción del templo
Hemos visto ; que los lugares de culto cuya fundación estaba atribuida a los patriarcas, aparecen apenas en los relatos concernientes a Israel instalado en Canaán. Los textos, en cambio ponen de relieve otros santuarios.
a) Guilgal. Las menciones de Guilgal desparramadas por el Antiguo Testamento, habían sido distribuidas por los críticos entre varias localidades diferentes. Trabajos recientes localizan a todas ellas en un punto en los alrededores de Jericó, lo cual ofrece alguna dificultad en cuanto al Guilgal de la historia de Elias, 2Re2:1; 2Re4:38, que se debería más bien buscar en la montaña de Efraím. Sea de ello lo que fuere, el santuario de los comienzos de Israel es el Guilgal que Jos 4:19 localiza al este de Jericó, es decir, entre Jericó y el Jordán, en un punto que no es posible precisar. El lugar de culto estaba señalado con un círculo de piedras, Jos4:20, del que tomaba el nombre Este nombre, dado la primera vez sin comentario, parece ser preisraelita e indicar un santuario ya existente; la explicación del nombre en Jos5:9 es evidentemente secundaria. Si la aparición del «jefe del ejército de Yahveh» a Josué, que recibe orden de descalzarse porque «el lugar es santo», Jos 5:13-15, se sitúa en Guilgal mismo, tendremos la teofanía ordinaria en la fundación de un santuario. Esto es posible; no obstante, este episodio no es sino un resto de una tradición independiente y está puesto en conexión no con Guilgal, sino con Jericó. De todos modos, es cierto que Guilgal fue un santuario importante a raíz de la conquista: según la tradición, se había detenido allí el arca después del paso del Jordán, Jos4:19; Jos7:6, allí había tenido lugar la circuncisión del pueblo, Jos 5:2-9, la primera pascua en Canaán y la cesación del maná, Jos 5:10-12. Allí se celebraba, pues, la entrada en la tierra prometida y el fin de la peregrinación por el desierto, y allí se recitaban los recuerdos de las primeras etapas de la conquista, Jos2-10. En Guilgal acudieron los gabaonitas para solicitar la alianza de Israel, Jos9:6: en el marco del santuario hay que situar el juramento de Yahveh que garantizaba el pacto, Jos 9:19.
Por el hecho de haber un santuario en Guilgal, allí acudía Samuel para juzgar a Israel, como acudía a Betel y a Mispá, 1Sam 7:16, y la historia de Saúl pone de relieve su importancia, según una de las tradiciones sobre la institución de la monarquía, 1Sam 11:15, Saúl fue proclamado rey en Guilgal «delante de Yahveh», con acompañamiento de sacrificios. Pero también en Guilgal fue donde Samuel pronunció el anatema contra Saúl, según las dos tradiciones de 1Sm 13:7-15; cf. 1Sa10:8, y de 1Sm 15:12-33, y las dos veces en un contexto cultual: Saúl ofrece sacrificios, y allí mismo degüella Samuel a Agag «delante de Yahveh.» Finalmente, también a Guilgal acude Judá para acoger a David que regresa de Transjordania, e Israel y Judá se disputan el rey cerca del santuario donde había sido proclamado el primer rey, Saúl, 2Sa 19:16.2Sa19:41.
Guilgal desaparece luego de los relatos bíblicos, si bien el santuario siguió siendo frecuentado. No poseemos detalles sobre el culto que por entonces se celebraba allí, pero los profetas condenan a Guilgal al mismo tiempo que a Betel, Os4:15; Am4:4; Am5:5; cf. Os12:12. En Os9:15, la «malicia» de Guilgal consiste en el hecho de haber sido allí Saúl proclamado rey; Oseas es hostil a la monarquía, cf. Os8:4. Una censura velada de Guilgal se halla quizá en Jue 3:19.Jue3:26: los «ídolos que están cerca de Guilgal» se habrán de referir a las massebôt del santuario, que había venido a ser objeto de un culto sospechoso.
b) Silo. Durante la época de los jueces, Guilgal fue eclipsado por Siló, que se convirtió entonces en el santuario central de la confederación de las tribus. Los orígenes del mismo son oscuros. El libro de Josué presenta a Siló como lugar de reunión de las tribus, Jos18:1; Jos21:2; Jos22:9.Jos22:12, dice que allí se echó a suertes «delante de Yahveh» el territorio de siete tribus, Jos18:8, e incluso que estaba erigida allí la tienda de reunión, Jos18:1; Jos19:51. Es muy dudoso ⁹ que la tienda haya estado alguna vez en Siló, pero no tardó en existir allí un santuario. Cada año se celebraba en Siló una fiesta de peregrinación, un hâg, donde rondas de muchachas bailaban en las viñas, Jue21:19-21. Cada año también Elqaná, padre de Samuel, subía a Siló para sacrificar en honor de Yahveh Sabaot, 1Sam1:3. El centro del culto era entonces un santuario construido, una «casa de Yahveh», 1Sa1:7.1Sm 1:24; 1Sa3:15, un hêkâl, «palacio», de Yahveh, 1Sa3:3, una «casa de Dios», Jue 18:31, en una palabra, el primer templo de Yahveh, y el arca estaba depositada allí, 1Sa 3:3.
En Siló fue, a lo que parece, donde Yahveh fue llamado por primera vez «Sabaot que tiene su sede sobre los querubines». En efecto, el nombre de Yahveh Sabaot aparece por primera vez en 1Sa1:3, y la expresión «que tiene su sede sobre los querubines», por primera vez en la historia de la conducción del arca desde Siló al combate contra los filisteos, 1Sa 4:4. ¿Había allí, en la época preisraelita, una divinidad que llevase el nombre de Sabaot y que se representase llevada por los querubines? Es posible, pero no se puede probar. En todo caso, la aplicación de este título a Yahveh ponía de relieve su majestad y su dominio supremo, dado que, sea cual fuere el significado exacto de Sabaot, el nombre incluye la idea del poder.
En la coyuntura en que llegamos así a conocer, no sólo por alusiones, el santuario de Siló — en tiempos de Samuel —, está ya en vísperas de desaparecer: el arca fue capturada por los filisteos en Afeq, 1Sa 4:1-11, y es muy probable que su victoria los condujese hasta Siló, que sería saqueada. Las excavaciones de seilün, emplazamiento actual de Siló indican una destrucción de la ciudad a mediados del siglo IX, seguida de un largo período de abandono, o por lo menos de decadencia. Jeremías da esta ruina como lección a las gentes de Jerusalén, demasiado confiadas en que Dios no abandonaría su templo, Jer 7:12-24; Jer26:6-9, y su eco resuena todavía en Sal78:60. Era por entonces alrededor del 1050 a.C., pero medio siglo más tarde recuperaba David el arca y Jerusalén tomaba la sucesión de Siló.
c) Mispá de Benjamín. En la historia del crimen de Guibeá los israelitas se reúnen delante de Yahveh en Mispá, donde pronuncian un juramento solemne, Jue20:1-3; Jue21:1.Jue21:5-8. Era evidentemente un santuario. Vuelve a aparecer en la historia de Samuel y de Saúl: se celebran reuniones en Mispá, se invoca a Yahveh, se derrama agua delante de Yahveh en rito de súplica, se ofrece un sacrificio a Yahveh, 1Sa 7:5-12. En Mispá, como en los dos santuarios de Betel y de Guilgal, Samuel juzga a Israel, 1Sa 7:16.
En Mispá, en fin, delante de Yahveh, Saúl es designado por las suertes sagradas, primer rey de Israel, según la tradición de 1Sm 10:17-24. Pero, para que vuelva a aparecer Mispá como centro religioso, habrá que esperar hasta la época de los Macabeos: los judíos se reúnen allí, oran, consultan la ley, «porque en otro tiempo había en Mispá un lugar de oración para Israel», 1Mac 3:46-54
Nada se puede concluir sobre la época antigua, de este último texto que se inspira evidentemente en los pasajes de Jue y 1Sa que hemos citado. Incluso se han formulado sospechas sobre el valor de estos textos: en Jue20-Jue21, Betel, donde se hallaba el arca, aparece como un concurrente más serio de Mispá, Jue 20:18, Jue20:26-28; Jue21:2; el retrato de Samuel como juez y liberador en 1Sa7 no proviene de ningún documento antiguo y prepara el relato antimonárquico de la institución de la realeza, al que pertenece 1Sa10:17-24, pero la versión monárquica sitúa en Guilgal la proclamación de Saúl por rey, 1Sa11:15. Con demasiada precipitación se ha concluido que estos textos habían querido conferir títulos de nobleza a Mispá, que a raíz de la ruina de Jerusalén y bajo la égida de Godolías, había sido el centro de la comunidad judía, Jer40-Jer41. Pero estos textos, incluidos en la redacción deuteronomista de los libros históricos, deben de representar una tradición más antigua de los recuerdos ligados con un viejo santuario, así como en Betel y Guilgal se conservaban recuerdos paralelos. Tendríamos un testimonio independiente si se pudiese utilizar con seguridad Os 5:1, que reprocha a los sacerdotes y a los jefes de Israel haber sido para el pueblo «una asechanza en Mispá». Ahora bien, puede ser que se trate de una Mispá de Galaad y, aun tratándose de la Mispá de Benjamín, Oseas piensa quizá solamente en la elección que allí se hizo de Saúl como rey, según 1Sa10. Esto confirmaría por lo menos la antigüedad de esta tradición.
Una nueva cuestión se plantea, una vez admitido que hubiese existido un santuario en Mispá. La Mispá de Godolías, que es también la Mispá de 1Re 15:22, está localizada en tell en-nasbeh, al norte de Jerusalén. Ahora bien, las extensas excavaciones llevadas a cabo en este sitio han mostrado que la ocupación israelita no había sido allí densa sino después de la época de Salomón, y así se siente uno inclinado a buscar en otra parte, aunque evidentemente todavía en Benjamín, la Mispá de los tiempos de los jueces y de Samuel. El nombre es originariamente un nombre común, «el Acecho», y la Biblia conoce varias Mispá o Mispé. No obstante, no hay que dar demasiado valor al argumento negativo tomado de las excavaciones: un santuario puede ser un centro religioso importante sin estar asociado a una instalación urbana, y así tellen-nasbeh pudo ser lugar de culto antes de desarrollarse como ciudad.
d) Gabaón. Sin embargo, si nos resolvemos a disociar de la Mispá de la época monárquica la Mispá de la época de los jueces, se podría identificar la primera con el alto lugar de Gabaón, que era bajo Salomón «el lugar alto más grande».¹⁰ Esta preferencia no se explica sino suponiendo que el santuario tenía un largo pasado, y, sin embargo, nunca había sido nombrado anteriormente. Ahora bien, si este alto lugar se hallaba, como es verosímil, sobre la altura denominada hoy nebi-samwîl, este punto dominante merecía bien el nombre de «el Acecho», mispá, y el recuerdo de Samuel conservado en él respondería a la tradición de 1Sm 7 y 1Sa10.
Hay que asociar a este santuario la historia de los descendientes de Saúl entregados por David para saciar el ansia de venganza de los gabaonitas, 2Sa21:1-14. Según el texto hebreo del v.6, las víctimas son descuartizadas delante de Yahveh «en Guibeá de Saúl, elegido de Yahveh», pero seguramente hay que corregirlo conforme al griego y leer: «en Gabaón, sobre la montaña de Yahveh», cf. v.9. El rito allí ejecutado evoca claramente prácticas cananeas y supone que el culto de Yahveh sucedió allí a un culto anterior. En este santuario debió normalmente ser aplicada en primer lugar la cláusula del pacto concluido con los gabaonitas, que debían cortar madera y llevar agua a la casa de Dios y ser adscritos al altar de Yahveh, Jos 9:23-27.
e) Ofra. Mientras los orígenes de Mipsá y Gabaón continúan en la oscuridad, poseemos informes sobre la fundación de otros dos santuarios del período de los jueces, Ofra y Dan.
Respecto a Ofra, disponemos de dos relatos de la fundación. Según el uno, Jue6:11-24, el ángel de Yahveh aparece bajo un árbol que pertenece a Joás, padre de Gedeón, cerca de una roca donde Gedeón está trillando el trigo. Gedeón recibe la misión de salvar a Israel de la opresión madianita; Yahveh acoge como un sacrificio presentado sobre la roca, la comida que Gedeón ha preparado ignorando quién es el que le habla. Gedeón levanta un altar al que denomina Yahveh-Salom «Yahveh-Paz». Esta narración es de categoría análoga a las de la época patriarcal y contiene todos los elementos de un hieras logos, del relato que autentica un santuario: el árbol sagrado, la teofanía, el mensaje de salvación, la inauguración del culto sobre la roca altar o sobre el altar.
Otro relato sigue inmediatamente, Jue 6:25-32: Yahveh ordena en sueños a Gedeón la demolición del altar de Baal que pertenece a su padre Joás, y le ordena también que corte la âšerah, que edifique sobre esta cresta un altar a Yahveh y que ofrezca en él un sacrificio con la leña de la âšerah. La ejecución de esta orden excita la cólera de la gente de la ciudad, pero Joás los rechaza: que Baal mismo defienda su causa, si es que es dios, explicación tendenciosa del nombre de Yerubbaal, que debió de llevar también Gedeón. Esta segunda relación recuerda a su vez la historia de Elias en el Carmelo: el culto de Yahveh reemplaza al de Baal, que se ha mostrado impotente para defender sus derechos.
En estas narraciones no se trata de dos santuarios diferentes en Ofra: el árbol grande del primer relato señala ya un lugar de culto y pertenece a Joás como el altar del segundo relato. Es un santuario privado, si se quiere, mas como en tiempo de los patriarcas: es el santuario del clan representado por Joás. Pero había dos tradiciones sobre los comienzos del culto de Yahveh en Ofra: según la una, debió de suceder sin tropiezo a un culto anterior, mientras según la otra debió de suplantar por la fuerza al culto de Baal. La primera tradición parece ser la más antigua: el pueblo no tuvo inmediatamente conciencia de la incompatibilidad entre Yahveh y Baal; conviene notar que Joás, patrón del altar de Baal, lleva un nombre yahvista y que el segundo nombre de Gedeón, Yerubbaal, significa en realidad «que Baal defienda (al portador de su nombre)». La segunda tradición refleja la lucha que se entabló después contra el baalismo.
Estos dos aspectos se descubren en el único episodio que puede asociarse con el santuario de Ofra: Gedeón, después de su victoria contra los madianitas, utiliza parte del botín para elaborar un efod Este efod es aquí un objeto cultual que forma parte del mobiliario de un santuario a la moda de Canaán, cf. Jue17:5. Gedeón, que acaba de rehusar el poder porque sólo Yahveh debe reinar sobre Israel, destinaba este efod al culto de Yahveh, pero el redactor "lo condena como un objeto de idolatría: «Allí, todo Israel se prostituyó», Jue8:22-27. En lo sucesivo no se volvió ya a hablar de este santuario local.
f) Dan. El santuario de Dan tuvo un destino más largo. Su fundación está asociada a la migración de los danitas, cuya historia se refiere en Jue17-Jue18. El relato es interesante para el estudio del sacerdocio israelita, y todavía volveremos a ocuparnos de él;¹² por ahora nos fijamos únicamente en lo que concierne al santuario, o más bien a los dos santuarios asociados: la capilla doméstica de Miká y el santuario tribal de Dan.
Su origen es, podemos decirlo, lo menos legítimo posible: con parte del dinero que Miká robó y devolvió a su madre, hace ésta fabricar un ídolo. Miká lo coloca en un santuario, en una «casa de Dios», con un efod y algunos terafim. Establece a su hijo como sacerdote y contrata por salario a un levita vagabundo. Un clan de danitas que emigra hacia el norte, roba a su paso todo el mobiliario sagrado y se lleva consigo sin dificultad al levita, que encuentra más ventajoso servir a un grupo que a un particular. Miká se lamenta por haber perdido a la vez a su dios y a su sacerdote. Los danitas, una vez llegados a Lais, dan muerte a su tranquila población, cambian el nombre de la ciudad por el de Dan e instalan allí el ídolo de Miká.
Esto no tiene el menor parecido con los relatos de fundación de los santuarios patriarcales y del santuario de Ofra. La iniciativa no proviene de Dios, sino de los hombres, y estos hombres no son simpáticos. Se acumulan las faltas que serán condenadas por la ley y por los profetas: una imagen a la que se llama «dios», un efod sospechoso, terafim, un sacerdote que no es levita. Esto no es un relato de fundación, un hieros logos que legitime un santuario. El lector judío del libro concluía en sentido contrario: es un falso santuario servido por un falso sacerdote, y ésta es sin duda la sensación que quiso dar el redactor al referir esta historia: el primer santuario de Dan no podía tener el menor valor y es seguramente precursor de aquel en que Jeroboam introducirá el segundo becerro de oro, 1Re12:29-30, y que será condenado igualmente que el de Betel, 2Re10:29.
No obstante, el relato trata verdaderamente de un santuario de Yahveh: la madre de Miká consagra a Yahveh el dinero robado, Yahveh bendice a Miká por haberlo restituido, y éste, que en un principio se había contentado con su hijo como sacerdote, es feliz de poderlo reemplazar por un levita, pues sabe que por ello Yahveh le recompensará, los exploradores danitas consultan a Yahveh por medio del efod, y Yahveh les responde; en fin, el santuario de Dan, en el que se ha colocado el ídolo, es servido por Jonatán, nieto de Moisés.
Ni la hipótesis de dos fuentes literarias Jue17-Jue18, ni la de un documento copiosamente interpolado, pueden suprimir la paradoja de un santuario de Yahveh establecido contra todas las reglas del yahvismo. De todos modos, el relato reproduce una tradición antigua, de la que los danitas debían de estar ufanos, pero en la que no pocos elementos nos chocan, como chocaron al redactor del libro: es una historia de un tiempo en que «no había rey en Israel y cada cual hacía lo que le placía», Jue 17:6, cf. Jue18:1. Todavía más netamente que la historia de Ofra, ésta nos permite estimar el peligro que corrió el yahvismo a los primeros contactos de Israel con la población sedentaria de Canaán.
Según Jue18:30, los descendientes de Jonatán siguieron siendo los sacerdotes del santuario de Dan hasta la conquista asiría. El versículo siguiente, Jue18:31, añade que el ídolo de Miká permaneció allí «todo el tiempo que estuvo la casa de Dios en Siló», lo cual puede significar que desapareció cuando este último santuario fue destruido por los filisteos, o bien que opone este culto idolátrico a la verdadera «casa de Dios», la de Siló, todo el tiempo que duró ésta. En cuanto a la renovación de Dan a partir de Jeroboam, hablaremos de ella a propósito de los santuarios concurrentes de Jerusalén¹³
g) Jerusalén. De todos los santuarios de la primera época israelita, el más tardío es el de Jerusalén. Su fundación tuvo lugar bajo David en dos etapas: la instalación del arca y la erección de un altar en el emplazamiento del futuro templo.
Cuando David conquistó a Jerusalén, y sus primeras victorias sobre los filisteos les sustrajeron el control que todavía podían ejercer sobre el arca depositada en Quiryat-Yearim, David fue a recogerla, 2Sa6. El retorno se hizo a la manera de una procesión religiosa, con aclamaciones toques de cuerno, a la vez que David sacrificaba y danzaba delante del arca. Este trayecto estuvo mezclado con incidentes que manifestaron la santidad, bienhechora o temible, del objeto sagrado, tal como la muerte de Uzzá, la estancia en casa de Obed-Edom y la bendición de la casa, el castigo de Micol. El arca fue por fin colocada en su máqóm, su «lugar santo», bajo la tienda erigida especialmente para ella. Con este relato se deben comparar los Sal 24:7-10 y Sal132: se cantaban en la fiesta aniversaria de esta entrada de Yahveh Sabaot en Sión, donde había escogido su residencia, y esta fiesta influyó probablemente en el aspecto cultual del relato de 2Sm 6. Conclusiones más aventuradas se han sacado de estos textos. Se ha hecho la hipótesis de que esta liturgia del arca había coincidido con la coronación de David como rey de Jerusalén según la moda cananea, que se repetía en la coronación, o en los aniversarios de la coronación de los reyes de Judá, o bien que formaba parte de una fiesta de la entronización de Yahveh. Parece que se quiere leer demasiado entre líneas.
Por el contrario, es cierto que el gesto de David tuvo consecuencias considerables. Ante todo, desde el punto de vista político: poseyendo en la capital que había conquistado personalmente y que no pertenecía al territorio de ninguna de las tribus, el arca que todas las tribus veneraban y que había sido el centro de su culto común, David realzaba su poder sobre todas las fracciones del pueblo y aseguraba su cohesión. Sin embargo, el aspecto religioso es todavía más importante: la renovación del santuario del arca significaba que Jerusalén era la heredera del santuario de Siló bajo los jueces, y de la tienda del desierto. Con el arca se fijaban en Jerusalén las tradiciones religiosas de la confederación de las doce tribus, la historia de la salud, que se extendía desde la salida de Egipto hasta la conquista de la tierra santa: la continuidad del yahvismo quedaba garantizada. Con la llegada del arca es como Jerusalén vino a ser la ciudad santa, valor religioso que eclipsará su importancia política: sobrevivirá al desmembramiento del reino de David e incluso a la pérdida de la independencia nacional.
El segundo paso lo dio David cuando erigió un altar en el lugar donde se había de elevar el templo de Salomón. El relato de 2Cr 24:16-25 combina quizá dos tradiciones que se armonizan y explicitan con el paralelo de 1Cr 21:15,1Cr 22:1 Es un relato de fundación con los elementos esenciales que repetidas veces hemos encontrado: una teofanía, el Ángel de Yahveh aparece a David cerca de la era de Arauná, el jebuseo; un mensaje de salud, la cesación de la plaga; la inauguración del culto, el altar erigido en el lugar de la aparición, y los primeros sacrificios.
Los santuarios atribuidos a los patriarcas y ciertos santuarios de la época de los jueces, habían continuado o reemplazado, como ya se ha visto, lugares anteriores de culto. Acerca de Jerusalén, los textos hasta aquí examinados no permiten concluir nada de este género, pero en este caso intervienen otros testimonios. En Sal110:4, el rey de Israel es llamado sacerdote a la manera de Melquisedec.¹⁴ Este Melquisedec no es mencionado en ninguna parte fuera de Gén14:18-20, en relación con Abraham. Es rey de Salem, que es Jerusalén, Sal 76:3, y es al mismo tiempo sacerdote de El-Elyón. Bendice a Abraham por su dios, y Abraham le paga el diezmo. Al poner a Abraham en relación con la futura capital de David, el texto trata de legitimar las relaciones muy antiguas que tenía Israel con Jerusalén y los derechos que el rey y el sacerdocio de Jerusalén tenían sobre Israel, pero al mismo tiempo nos revela el nombre del dios preisraelita que era venerado allí. Efectivamente, El-Elyón era un dios cananeo. Según Filón de Biblos, el panteón fenicio conocía en efecto un «Eliún llamado Altísimo», que era padre de Urano (el cielo) y de Ge (la tierra); ahora bien, en Gén14:19, el nombre de El-Elyón va seguido del epíteto «creador del cielo y de la tierra». Con esto se puede relacionar la inscripción fenicia de Karatepé y una inscripción neopúnica de Leptis Magna, donde se invoca al «creador de la tierra»; el mismo epíteto va adherido al nombre de El en una inscripción y en las téseras de Palmira, y el nombre acompañado del epíteto está transcrito El-Kunirsha en la versión hitita de un mito cananeo. Entre los dioses garantes del tratado arameo de Sfire se encuentra «El o Elyón», que se ha querido interpretar como si designase dos divinidades distintas. Pero El o Elyón de esta inscripción puede significar, lo mismo que El-Elyón de Gén14: «El, que es Elyón.» Es otra manifestación de un dios supremo, como El-Betel, ElOlam, El-Sadday, que hemos encontrado a propósito de los santuarios de los patriarcas. Y, como en estos otros casos, Yahveh ha reemplazado a la antigua divinidad y ha asumido sus títulos: es «el Dios del cielo y el Dios de la tierra» en Gén 24:3; Elyón se convierte en un epíteto de Yahveh, Sal 47:3; o está empleado en paralelismo con Yahveh, Sal 18:14, porque él es «Elyón sobre toda la tierra, muy elevado por encima de todos los dioses», Sal 97:9.
Hasta se ha propuesto ir más lejos, pero el terreno resulta poco seguro. Puesto que Yahveh reemplazó a Elyón, ¿no usurpó también su santuario? Los textos no dicen nada sobre el particular, y más bien sugieren lo contrario: en Gn14 no se trata del santuario de EI-Elyón; sin embargo, existia tal santuario, lo cual se presupone por la presencia de su sacerdote y por el diezmo que paga Abraham. Los relatos de los libros de Samuel insisten en la tienda erigida especialmente por David para recibir el arca, 2Sam6:17, cf. 2Sa7:2, y en el carácter anteriormente profano del lugar donde David erigió el altar: una era para trillar el trigo, que pertenecía a un simple particular, 2Sa24:18-20. Sin embargo, se ha planteado la cuestión de si este silencio y esta insistencia no eran más bien intencionados, con el objeto de velar el hecho de que el templo de Jerusalén hubiese sido construido en el emplazamiento de un santuario pagano. Es más fácil plantear la cuestión que resolverla. Parece por lo menos que la tienda del arca es un recuerdo auténtico y que siguió siendo el centro del culto de Yahveh hasta la construcción del templo, puesto que ella es verosímilmente la «tienda» donde Salomón fue ungido, IRe1:39, la «tienda de Yahveh», donde se refugió Joab, 1Re2:28s. Esta cuestión está relacionada con otra: ¿No heredaría Yahveh el sacerdocio de El-Elyón? En efecto, bajo David aparece, precisamente en Jerusalén, una nueva estirpe sacerdotal, la de Sadoq, Sus orígenes son oscuros y algunos han admitido que Sadoq era el sacerdote de Elyón al momento de la conquista y que fue incorporado por David al servicio de Yahveh. El problema pertenece más bien al estudio del sacerdocio.¹⁵ pero desde ahora se ve que, si no se puede descubrir la continuidad entre el santuario de Elyón y el de Yahveh, se pierde el principal argumento en favor de un origen cananeo del sacerdocio de Sadoq: éste no se pone nunca en relación sino con el arca y la tienda de Yahveh, 2Sa15:25; 1Re 1:39. Sea de ello lo que fuere, Jerusalén adquirió el arca bajo elreinado de David, el arca, símbolo de la presencia divina, y un emplazamiento del culto designado por Yahveh: todo está ya maduro para la obra de Salomón.
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