3. El arca de la alianza
3. El arca de la alianza
Según Éx 26:33;Ex 40:21, la tienda estaba destinada a albergar el arca del testimonio, ârôn hâ-edût Este «testimonio» o «ley solemne» lo constituyen las dos «tablas del testimonio», las tablas de la ley, recibidas de Dios, Éx31:18, y depositadas en el arca, Éx25:16;Ex 40:20. Por esta razón la tienda que contiene el arca será llamada la tienda del testimonio, Núm9:15; Nm17:22; Nm18:2. La descripción de este objeto sagrado nos la ofrece Éx 25:10-22; Ex37:1-9. Es una caja de madera de acacia de 1,25 m de largo, por 0,75 m de alto y ancho, chapeada de oro y provista de anillas por donde pasan las barras destinadas a su transporte. Sobre el arca se halla colocada una chapa de oro del mismo tamaño, el kapporet, que se suele traducir por «propiciatorio», según el sentido de la raíz verbal y el papel que desempeña este elemento el día de las expiaciones, yôm hakkippurîm, Lev16. En los extremos del kapporet hay dos figuras de querubín que lo protegen con sus alas extendidas.
Según Dt 10:1-5, Moisés fabricó por orden de Yahveh un arca de madera de acacia y puso en ellas las dos tablas de piedra en las que Yahveh había escrito el decálogo. Según Dt 10:8, el transporte de esta caja estaba confiado a los levitas, y se llama arca de la alianza, ârôn habbêrît, por contener las «tablas de la alianza» que Yahveh había concluido con su pueblo, Dt 9:9. La «segunda ley» del Deuteronomio será colocada también «al lado del arca de la alianza de Yahveh», Dt 31:9.Dt 31:26.
Según Núm 10:33-36, el arca de la alianza precede la marcha de los israelitas a la salida del Sinaí y marca las etapas. Cuando el arca parte se grita: «Levántate, Yahveh, y sean dispersados tus enemigos...», y cuando se para: «Vuelve, Yahveh, hacia las multitudes de los millares de Israel.» Según Núm 14:44, cuando los israelitas atacaron a los cananeos contra la orden de Moisés y quedaron derrotados, el arca de la alianza no abandonó el campo.
Tales son las únicas noticias explícitas que, a propósito del arca, dan los relatos del Pentateuco, y es evidente que provienen de diferentes tradiciones. Los textos del Éxodo pertenecen a la tradición sacerdotal y, como la descripción de la tienda, están influidos por el recuerdo del templo de Salomón, en cuyo santo de los santos el arca reposa bajo las alas de los querubines, 1Re8:6. La tradición del Deuteronomio no describe el arca ni la pone en relación con la tienda. Algunos autores han concluido que estos textos habían referido a la permanencia en el desierto un objeto de culto que no había sido adoptado (de los cananeos [!]) sino después de la instalación de los israelitas en Palestina. Hay dos consideraciones que son fatales para esta teoría: el pasaje de Núm 10:33-36 (excepto el v.34 que es interpolado) es ciertamente antiguo y asocia el arca con los desplazamientos del desierto: además el arca, con su misma función de guía, está ligada inseparablemente con los recuerdos sobre la entrada en la tierra prometida, Jos 3-Jos6.
El arca era, pues, un elemento del culto en el desierto, como la tienda, pero tuvo una historia más larga que ésta. El arca, sin la tienda, está en el campo de Guilgal, Jos 7:6 y cuando Jue 2:1-5 dice que el ángel de Yahveh subió de Guilgal a Bokim, cerca de Betel, se debe sin duda alguna entender de una traslación del arca, Efectivamente, en Betel se encuentra el arca en Jue20:27. Su presencia es señalada en Siquem por Jos 8:33, pero el pasaje es de redacción deuteronomista. En terreno mucho más seguro nos hallamos en Siló, donde reside el arca durante la juventud de Samuel, 1Sam 3:3. De allí fes conducida al combate de Afeq, ISam 4:3s, donde es capturada por los filisteos, 1Sam 4:11. Después de haber permanecido en Asdod, Gat, Eqrón, es devuelta a los filisteos en Bet-Semés y depositada en Quiryat-Yearim, 1Sam 5:1, 1Sa7:1. De allí David la conduce a Jerusalén y la instala en una tienda, 2Sam6. Salomón construye el templo para albergar el arca en su parte más santa, 1Re 6:19; 1Re8:1-9. Después de esto, los libros históricos no vuelven ya a hablar del arca, pero es verosímil que siguiera las vicisitudes del templo y que no desapareciera sino cuando éste fue destruido en 587 a.C., cf. Jer 3:16, que es posterior a esta fecha. Según una tradición apócrifa utilizada por 2Mac 2:4s, Jeremías, antes de la ruina de Jerusalén, habría ocultado el arca en una cueva del monte Nebó juntamente con la tienda (!) y el arca de los perfumes.
Ahora hay que tratar de determinar cuál era el significado religioso del arca. Los textos relativos a ella dejan percibir dos concepciones que según numerosos críticos parecen ser inconciliables: el arca como trono divino y e! arca como receptáculo de la ley.
Según los relatos circunstanciados de 1Sm4-1Sa6; 2Sam6 y 1Re8, el arca es el signo visible de la presencia de Dios. Cuando el arca llega al campo israelita, dicen los filisteos: «Dios ha venido al campo», 1Sam 4:7, y la captura del arca aparece como una pérdida de Dios: la «gloria» ha sido desterrada de Israel, 1Sam4:22. Igualmente en el viejo texto de Núm 10:35, cuando parte el arca, es que se levanta Dios. La traslación del arca por David, 2Sam6, es celebrada en términos análogos en Sal132:8: «Levántate, Yahveh, hacia tu reposo, tú y el arca de tu fuerza.» Cuando se introduce el arca en el templo de Jerusalén, la «gloria de Yahveh» toma posesión del santuario, 1Re 8:11, como había llenado la tienda del desierto el día que fue depositada en ella el arca, según Éx 40:34-35. En las marchas por el desierto, Núm 10:33-36, lo mismo que en las guerras santas, 1Sam4; 2Sam11:11, el arca es el palladium de Israel.⁶ Como signo de la presencia de Yahveh, adquiere el arca un poder temible: los filisteos experimentan duramente sus efectos, 1Sam5, setenta hombres de Bet-Semés son heridos de muerte por no haberse regocijado a la vista del arca, 1Sam 6:19, Uzzá muere por haberla tocado, 2Sam 6:7; según la ley sacerdotal, los levitas no se acercaban a ella sino cuando había sido recubierta por los sacerdotes, Núm4:5.Nm4:15, y la manejaban sin tocarla, por medio de barras que no se separaban de ella jamás, Éx 25:15, cf. 1Re 8:8.
En el relato de la guerra filistea se llama al arca «el arca de Yahveh sabaot, que tiene su asiento sobre los querubines», 1Sm 4:4 y este epíteto que seguramente se aplicó al arca en tiempos de su permanencia en Siló, la acompaña constantemente, 2Sam 6:2; cf. 2Re 19:15 =Is 37:16. En 1Cr 28:2, el arca es el «escabel» de Dios, y seguramente el arca es designada por esta única expresión en Sal 99:5; Sal 132:7; Lam 2:1. Cuando se dice en Is 66:1: «El cielo es mi trono y la tierra mi escabel: ¿qué casa podríais vosotros construirme?», la protesta va seguramente dirigida contra el templo que los judíos quieren construir a su regreso del destierro, pero se refiere directamente al mueble sagrado del antiguo templo, al arca, que era considerada como el «trono» y el «escabel» de Dios. Es como un eco de Jer 3:16-17. De esta manera hay que entender a Ez 43:7, donde Yahveh retornando a su templo dice: «Aquí está el lugar de mi trono, el lugar donde poso la planta de mis pies.» Se ha querido hacer distinción entre escabel y trono, entre el arca y algún trono que se le habría añadido, precisamente en Siló, y que la habría acompañado en el debir del templo. Esto no parece suficientemente probado: este trono no se ve nunca mencionado como objeto distinto del arca en los textos en prosa y nada indica que en el debir hubiese algo más que el arca y los querubines. Cuando Jer 3:16-17 se consuela por la desaparición del arca anunciando que en lo por venir Jerusalén entera será llamada «el trono de Yahveh», supone esto que el arca podría ser considerada indistintamente como el escabel o como el trono de Yahveh. En la religión de Israel que proscribía las imágenes, este trono estaba vacío, pero esto mismo carece de paralelos. Las religiones de Oriente y de Grecia tenían entre su mobiliario cultual tronos vacíos o sobre los que sólo se figuraba el símbolo del Dios; algunos de aquellos tronos, que provienen de Siria, están flanqueados de esfinges aladas que recuerdan a los querubines. No hay por qué preguntar cómo los querubines y el arca podían servir de trono y de escabel, pues esto equivaldría a preguntar cómo podía Yahveh sentarse allí, y la cuestión hubiese parecido a los israelitas tan absurda como a nosotros mismos: querubines y arca eran el signo inadecuado de la presencia divina, la «sede» de esta presencia. Y cuando esta idea se convierte en imagen a los ojos de los videntes, adopta formas diversas e independientes del arca, un trono para Isaías, Is 6:1,un carro para Ezequiel, Ez10, cf. Ez1.
Según la tradición sacerdotal sobre el culto del desierto, desde lo alto del kapporet, de entre los querubines, Yahveh se encuentra con Moisés y le comunica sus órdenes, Éx 25:22, cf. Ex30:6; Núm 7:89. Este kapporet está colocado sobre el arca, pero es distinto de ella, Éx35:12, está descrito difusamente y parece tener más importancia que el arca misma, Éx 25:17-22; Ex37:6-9. En el ritual del día de las expiaciones, que pertenece a la misma tradición, el sumo sacerdote hace aspersiones de sangre sobre el propiciatorio y delante de él, Lev16:14-15; esto sugiere un objeto más considerable que la simple chapa que cubre el arca en la descripción del culto en el desierto según la misma tradición y, en este ritual de Lev 16, el arca y los querubines no desempeñan papel alguno. Parece legítimo concluir que, en el templo posterior a la cautividad, el kapporet era el sustitutivo del arca, que no se había vuelto a construir, cf. Jer 3:16; esto parece confirmarse por 1Cr 28:11, donde la «sala del kapporet» designa el santo de los santos. Mas este kapporet continuaba la función del arca: era la sede de la presencia divina, Lev 16:2.Lv16:13 y los textos citados al principio de este párrafo. También el kapporet desapareció por fin: según Josefo, Bell. 5, 5, 5, el santo de los santos del templo de Herodes estaba completamente vacío.
Si se deja, pues, aparte el kapporet, parece verosímil que el arca y los querubines representasen el trono de Dios en los santuarios de Siló y de Jerusalén. Pero ¿se puede dar el mismo significado a la simple arca del desierto, de la que estarían descartados los querubines al mismo tiempo que el kapporet que los sostiene? Esto parece posible, pues la más antigua tradición del Pentateuco en Núm10:35-36, presenta el arca asociada a los movimientos de Yahveh, lo cual supone que estaba concebida como soporte de la divinidad invisible, como pedestal, más bien como un trono, si se quiere, si bien la idea religiosa era la misma.
No obstante, hay otra concepción que se yuxtapone a la precedente. Según Dt 10:5-1, cf. 1Re 8:9, el arca parece haber sido sencillamente un cofre que contenía las tablas del decálogo, por lo cual precisamente se le llama arca de la alianza, berît. Esto no es propio de la tradición deuteronomista, puesto que la tradición sacerdotal emplea una expresión sinónima: el arca del testimonio, 'edût, que en esta tradición es el nombre de la ley depositada en el arca, Éx25:16; Ex40:20. Sin embargo, no hay que oponer las nociones de arca pedestal —o trono— y de arca receptáculo, pues documentos extrabíblicos muestran que ambas nociones son conciliables. Una rúbrica del libro de los Muertos, de Egipto, cap. LXIV, dice: «Este capítulo se encontró en Khnum, en un ladrillo de alabastro, bajo los pies de la majestad de este lugar venerando (el dios Tot), escrito de mano del dios mismo»; espontáneamente se relacionan con esto las tablas del decálogo, escritas por el dedo de Dios y depositadas en el arca, que es el escabel de Yahveh. El descubrimiento del libro de los Muertos bajo los pies de Tot pertenece sin duda a la leyenda, pero responde a un uso señalado por documentos históricos. Los tratados hititas prevén que su texto será depositado en el templo al pie de la imagen divina. Una carta de Ramsés II relativa a su tratado con Hattusil, es muy explícita: «El escrito del juramento (pacto) que he hecho al gran rey, al rey de Hattu, está depositado a los pies del dios Tesup; los grandes dioses serán testigos. El escrito del juramento que el gran rey, el rey de Hattu, me ha hecho, está depositado a los pies del dios Ra; los grandes dioses son testigos.» De la misma manera, el decálogo es el instrumento del pacto entre Yahveh y su pueblo y está depositado en el arca, a los pies de Yahveh.
Queda todavía por esclarecer la relación entre el arca y la tienda. Si se consideran las tradiciones del Pentateuco en el orden probable en que fueron puestas por escrito, se nota que la más antigua habla de la tienda, Éx 33:7-11, y del arca, Núm 10:33-36; Nm14:44, pero sin ponerlas nunca en relación entre sí. El Deuteronomio conoce igualmente el arca, Dt10:1-5; Dt31:25-26, y menciona la tienda, Dt31:14-15, separadamente del arca. Finalmente, la tradición sacerdotal describe juntamente el arca y la tienda como dos elementos conexos del culto del desierto: la tienda alberga el arca que contiene el testimonio, la tienda es la morada de Yahveh que se manifiesta encima del arca, Éx25-Ex26; Ex36-Ex40.
Si se admite que, como hemos tratado de probarlo anteriormente, el arca y la tienda existían ya en el culto del desierto, su manifiesta distinción en las tradiciones más antiguas podría denotar que éstas pertenecían a grupos diferentes entre los antepasados de Israel; la tradición sacerdotal, inspirándose en el estado del templo salomónico, habría unido literariamente los dos objetos del culto, así como históricamente se habían fusionado los dos grupos que las poseían. Parece más verosímil que el arca y la tienda estuviesen realmente coordinadas desde un principio. Si la relación no aparece ya en la tradición más antigua, es porque la redacción final del Pentateuco sólo conservó fragmentos de ésta, omitiendo de ella lo que parecía estar suficientemente expresado según una tradición más reciente. Efectivamente, los pasajes antiguos relativos al arca y a la tienda aparecen como coloquios erráticos, en medio del relato sacerdotal. Un texto concerniente a la tienda, Éx 33:7, suministra quizá la prueba de haber sido desgajado de un contexto que hablaba también del arca: «Moisés tomaba la tienda y la erigía para él fuera del campo.» El pronombre «para él» (en hebreo) puede aplicarse a Moisés o a Yahveh, pero puede referirse también al arca, que en hebreo es de género masculino y que habría sido mencionada inmediatamente antes. Esta interpretación, aceptada por renombrados exegetas, pondría el arca y la tienda de los documentos antiguos en la misma relación que la descripción sacerdotal. Sea lo que fuere de este texto, se puede de todos modos invocar un argumento general: el arca tenía necesidad de resguardo, que en el desierto era normalmente una tienda. La tienda misma debía desde luego servir para recubrir algo: la qubba de los árabes preislámicos, con la que la hemos comparado, contenía símbolos divinos. Parece, pues, que no se debe separar el arca de la tienda, y la descripción sacerdotal del santuario del desierto — por muy influida que esté por el templo de Salomón e incluso por el templo postexílico (por el kapporet)— conserva un recuerdo auténtico.
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