4. La evolución histórica
4. La evolución histórica
No obstante, si se comparan entre sí estos textos, resalta entre ellos cierta falta de unidad. Se ha señalado la incertidumbre acerca de la fecha y el motivo de la elección de los levitas para el servicio del santuario. La genealogía de Éx 6:16-25 no es homogénea y la de Núm 26:57-58 opone dos reparticiones diferentes de los clanes levíticos. Las genealogías de Ex 6-1Cr6 combinan y armonizan informaciones diversas. Por otra parte, estos datos contenidos en textos de redacción tardía concuerdan sólo imperfectamente con lo que dicen textos más antiguos, y hay que concluir que se ha hecho remontar a los orígenes del pueblo el derecho exclusivo de toda una tribu a las funciones cultuales y el papel dominante del sacerdocio de Jerusalén, dos prerrogativas que no se adquirieron sino tras una larga historia.
a) Sacerdotes no levíticos. En la época de los jueces y al principio de la monarquía, no todos los sacerdotes eran «levitas». El efraimita Miká instala a su propio hijo, Jue 17:5. También Samuel es efraimita de origen, 1Sam 1:1, y sin embargo está adscrito al santuario de Siló y lleva el mandil de los sacerdotes, ISam 2:18, ofrece sacrificios, 1Sa 7:9; 1Sa9:13; 1Sa10:8; sólo en época tardía Samuel y sus antepasados fueron incorporados a una genealogía levítica, 1Cr 6:18-23. Abinadab es un hombre de Quirgat-Yearsim, pero a su hijo Eleazar se le establece como sacerdote del arca, ISam 7:1. Entre los grandes oficiales de David se menciona como sacerdotes a los mismos hijos de David, es decir, de la tribu de Judá, 2Sam 8:18, y a Ira el Yairita, de un clan de Manasés, 2Sam 20:26; a pesar de 1Cr 18:17, no hay la menor razón de pensar que kohen tenga aquí otro sentido, sino el de «sacerdote».
El caso de Jeroboam i es particular: según 1Re12:31; 1Re13:33 (cf. 2Re17:32); 2Cr13:9, debió de instalar en su santuario real de Betel a sacerdotes que no eran hijos de Leví. Los ejemplos que acabamos de presentar muestran la posibilidad de que Jeroboam escogiera efectivamente sacerdotes que no fueran levitas, cuestión que volverá a plantearse a propósito del mismo templo de Jerusalén.² Pero estos textos son de redacción deuteronomista y de procedencia judea y condenan un santuario rival y detestado: ¿no tratarían de denigrar a Jeroboam, a Betel y a su sacerdocio? Porque también había levitas en los otros santuarios del reino del norte, cf. Dt18:6 y 2Re23:9, y los había en el otro santuario real instituido por Jeroboam, el de Dan, Jue18:30.
Este santuario se remonta a la época de la migración danita, cuya historia es tan instructiva para la historia del sacerdocio, Jue 17-Jue18: Miká instaló a su hijo como sacerdote, pero cuando pasa por allí un levita, inmediatamente lo contrata y dice: «Ahora sé que Yahveh me favorecerá, pues tengo a este levita como sacerdote», Jue17:13. Este levita es Yehonatán, hijo de Guersom, hijo de Moisés, Jue 18:30. No hay ninguna razón para poner en duda esta noticia que se halla en un relato antiguo y que escandalizó a los masoretas, quienes, añadiendo una letra, quisieron leer «Manasés» en lugar de «Moisés». Como tampoco hay razón para negar la ascendencia levítica de Moisés, que se afirma en Éx2:1, de tradición elohísta, y explicitada por la tradición sacerdotal, Éx 6:20; Núm 26:59, y por el cronista, 1Cr 6:1-3; 1Cr23:13.
Así pues, desde la época de los jueces se prefería tener por sacerdote a un levita, y el único levita del que se nos da entonces la genealogía, desciende de Moisés y, por Moisés, de Leví. En la primera mitad del siglo VIII, a más tardar, la tribu sacerdotal de Leví existe incontestablemente y tiene el monopolio del sacerdocio, Dt 33:8-11. Como las otras tribus de Israel3, también la tribu de Leví debió de incorporarse elementos extranjeros, pero esta incorporación se hizo en un tronco ya existente.
b) Sacerdotes levitas. Los libros de los Reyes se interesan sólo por el sacerdocio de Jerusalén, que será estudiado más adelante Fuera del reproche hecho a Jeroboam y que ya hemos dicho que quizá no sea fundado, estos libros no mencionan ni una sola vez a los levitas; para oir hablar de ellos bajo la monarquía, hay que abrir el Deuteronomio. Es todavía opinión común que este libro establece la equivalencia entre sacerdotes y levitas, atribuyendo a los unos y a los otros las mismas funciones. La tribu de Leví en conjunto fue puesta aparte para llevar el arca, para servir a Dios y bendecir al pueblo, Dt 10:8, sus miembros son llamados «los sacerdotes, los levitas», Dt17:9.Dt17:18; Dt18:1; Dt21:5; Dt24:8; Dt31:9. El texto de Dt 18:1 debe traducirse así: «los sacerdotes levitas, toda la tribu de Leví», en oposición, y difícilmente puede significar: «los sacerdotes levitas y toda la tribu de Leví», haciendo distinción entre levitas que son sacerdotes y otros que no lo son. Desde luego, hay textos en que aparece «sacerdote» solo o «levita» solo, pero comparando estos textos resulta evidente que las voces están empleadas como sinónimas; así, en Dt 31:9, son los sacerdotes, los levitas, los que llevan el arca, y en Dt 31:25, son los levitas; Dt18:6-7 prevé que un levita que vaya al santuario central podrá ejercer en él las funciones de sacerdote con todos sus hermanos levitas.
Sin embargo, dentro del mismo Deuteronomio se puede reconocer cierta distinción. Recientemente se ha sostenido que los «sacerdotes levitas» eran los que prestaban servicio en el santuario central; esto es verdad por lo regular, pero no se aplica a Dt 21:5, donde los sacerdotes levitas son los de cualquier ciudad cerca de la cual se ha cometido un asesinato y, por el contrario, en Dt 18:7, que se refiere explícitamente al santuario central, hubiera sido de esperar «sacerdotes levitas» en vez de «levitas». Así pues, la terminología del Deuteronomio no es rigurosa y sugiere que todos los levitas podían ejercer las funciones sacerdotales. Pero todos los levitas no las ejercían efectivamente, dado que eran demasiado numerosos para poder ocuparse todos. Estos levitas, al no prestar el servicio del altar, no disfrutaban tampoco de sus emolumentos, Dt18:1-4, y como no había territorio asignado a su tribu, no disponían de ingresos. Por eso, el Deuteronomio encomienda a la caridad de los israelitas como al extranjero, al huérfano, a la viuda y a todos los que carecían de medios estables de subsistencia, también «al levita cue habita en tus puertas», Dt 12:12.Dt12:18-19; Dt14:27-29; Dt16:11-14; Dt26:11-13. Sin embargo, todo levita conserva sus derechos sacerdotales y, si se presenta en el santuario central, no sólo puede oficiar, sino que recibe también su parte igual a la de sus hermanos levitas adscritos al santuario, Dt 18:6-7.
Estas prescripciones no son la codificación de la reforma de Josías. Son anteriores a ella y no parece que fueran enteramente aplicadas en el momento de la reforma, cf. 2Re 23:9: «Sin embargo, los sacerdotes de los lugares altos no podían subir al altar de Yahveh en Jerusalén, sino que comían los panes sin levadura en medio de sus hermanos.» Estos «sacerdotes de los lugares altos» son levitas, y el clero de Jerusalén, celoso de sus privilegios, les prohibe participar en el culto; la mención de los panes sin levadura parece explicarse como referencia a la gran pascua que puso el sello a la reforma, 2Re 23:21-23; en lugar de aplicarles Dt 18:6-7, se siguió la regla de Dt 12:11-12.
Si bien la posición de los levitas tal como la describe el Deuteronomio no fue resultado de la reforma de Tosías, hay, sin embargo, que relacionarla con un movimiento de centralización del culto, y así volvemos a encontrar aquí el problema que se planteó a propósito de la ley deuteronómica del santuario único.⁵ O quizá también esta desigualdad de condición entre los levitas ministros del santuario y los levitas dispersos por las tribus sea un aspecto del proyecto de reforma elaborado por los levitas del norte en provecho del santuario donde prestaban servicio, o quizá sea reflejo de la reforma proyectada por Ezequías. Sin embargo, la cuestión del sacerdocio es más general y así se puede proponer una tercera solución: antes de toda reforma o de todo proyecto de reforma que tendiese a reservar a un solo lugar el ejercicio del culto legítimo, hubo en los dos reinos de Israel y de Judá un movimiento que atraía a los fieles hacia los grandes santuarios del Estado, Jerusalén o Betel. Los santuarios locales subsistían, pero su clero se resentía de esta concurrencia, sus ingresos habían disminuido, muchos de sus miembros habían perdido su empleo, quedando disponibles para un sacerdocio eventual, pero reducidos por el momento a la situación de extranjeros residentes, de gerím, como los describe el Deuteronomio. Así se habría establecido una distinción de hecho, pero no de derecho, entre los sacerdotes de los grandes santuarios (o del santuario único en las tentativas de reforma) y los sacerdotes de provincias.
c) Sacerdotes y levitas. La distinción entre sacerdotes y levitas, que estaba, pues, latente en el Deuteronomio, se hace explícita en Ezequiel. El texto esencial es Ez 44:6-31. Los israelitas pecaron introduciendo a incircuncisos en el servicio del templo; es una alusión a los esclavos públicos del templo, los «descendientes de los esclavos de Salomón», cf. Esd 2:55-58, los «donados», n'tirüm, cuyo origen, según Esdras, se remonta hasta David.⁶ Éstos, dice el profeta, serán sustituidos por los levitas que han ayudado a Israel en su idolatría y que, en castigo, serán excluidos de las funciones propiamente sacerdotales y relegados a los oficios inferiores: degollarán las víctimas y estarán al servicio del pueblo, Ez 44:6-14. Evidentemente no se trata de sacerdotes de los ídolos, a los que Ezequiel no hubiese podido asignar ningún puesto en el templo, sino que se trata de levitas que habían prestado servicio en los pequeños santuarios donde se celebraba un culto más o menos puro, aquellos levitas de provincias del Deuteronomio, a los que la reforma de Josías llama «sacerdotes de los lugares altos» y los excluye del altar, 2Re23:9. El eco de esta reforma y de los incidentes que provocó se percibe netamente en Ezequiel, y la violencia del tono indica que no se está todavía muy lejos de aquellas luchas. Sin embargo, la situación de los levitas queda regularizada así: quedan integrados en el clero, pero en rango inferior.
Ezequiel les opone los sacerdotes levitas, cosa que recuerda así el Deuteronomio. A éstos, les quedan reservadas las funciones sacerdotales: sólo ellos pueden acercarse a Yahveh, ofrecer la grasa y la sangre, entrar en el santuario. A causa de esta proximidad a las cosas santas están sujetos a especiales reglas de pureza, Ez 44:15-31. Son llamados los hijos de Sadoq, en Ez 44:15, pero también en Ez40:46; Ez43:19; Ez48:11, es decir, que representan el sacerdocio del templo de Jerusalén. Aquí también Ezequiel consagra la reforma de Josías.
También otros textos indican una distinción en el interior del clero: Ez40:45-46, habla de un cuarto para los «sacerdotes que desempeñan el servicio del templo» y de un cuarto para los «sacerdotes que desempeñan el servicio del altar; éstos son los hijos de Sadoq», Ez45:4-5; se distingue entre el territorio de los sacerdotes que desempeñan el servicio del santuario y el territorio de los levitas que desempeñan el servicio del templo; Ez 46:20-24: se distinguen las cocinas donde los «sacerdotes» guisan los sacrificios por el pecado y las cocinas donde «los que están al servicio del templo guisan los sacrificios para el pueblo», Ez 48:11-14: el territorio que rodea el templo es concedido a los sacerdotes, hijos de Sadoq, que no se habían extraviado como los levitas, a los que se asigna un territorio distinto. Todas estas distinciones se corresponden y concuerdan con la de Ez 44:6-31, donde los levitas son «los que prestan el servicio del templo», v. 11, y los sacerdotes son «los que prestan el servicio del santuario», v. 15. No obstante, es interesante notar que en Ez 40:45-46, a las dos categorías se llama «sacerdotes». Evidentemente, todavía nos hallamos muy cerca del Deuteronomio.
Ezequiel no hace una innovación radical, sino que normaliza una situación que existía hacía largo tiempo y que había sido agravada por la reforma de Josías. Ahora hay que compararle la legislación de los escritos sacerdotales. Se presupone como marco la estancia en el desierto: según Núm 3:6-9, los levitas están puestos al servicio de Aarón y de sus hijos, les son «donados», hacen el servicio de la «morada»: según Núm 8:19, son «donados» a Aarón y a sus hijos para el servicio de la tienda: según Núm 18:1-7, que es el texto principal, los levitas desempeñan el servicio de Aarón y el de la tienda, son «donados», pero Aarón y sus hijos desempeñan las funciones propiamente sacerdotales, el servicio del altar y el del santuario, «todo lo que sucede detrás del velo». El paralelismo es evidente: la morada, la tienda del desierto, equivale aquí al templo de Ezequiel, los levitas son «donados» que sustituyen, como en Ezequiel, a los «donados» que en otro tiempo estaban adscritos al templo. Teniendo presente esta coincidencia, las diferencias son secundarias: la principal consiste en que los Números refieren el sacerdocio a Aarón, mientras Ezequiel llamaba a los sacerdotes «hijos de Sadoq»; más adelante veremos lo que significa este cambio.⁷ Es claro que la redacción de los textos de los Números es posterior a Ezequiel: la exposición es más neta, más tranquila y sin nota polémica, la asimilación de los levitas con los «donados» no se había llevado todavía a cabo al regreso de la cautividad, cf. las listas de Esd2 y Esd8:20, y la ascendencia aarónica de los sacerdotes sólo se señala en pasajes secundarios de los libros de Esdras y de Nehemías, Esd 7:1-5; Neh 10:39; Neh12:47. Por otra parte parece difícil admitir que disposiciones legislativas tales como las de los Números se inspiren en una descripción ideal, como lo es la de Ezequiel. Es más probable que los textos de los Números y los de Ezequiel representan dos corrientes paralelas que dimanan de la misma fuente: la situación creada en Jerusalén por la reforma de Josías, y no es imposible que las leyes de los Números desarrollasen reglas dictadas por los sacerdotes del templo al final de la monarquía.
En todo caso, la posición inferior a que estaban reducidos los levitas, que se distinguen de los sacerdotes, explica que no se mostrasen muy dispuestos a regresar de la cautividad; en la lista de Esd2:40 = Neh7:43, no hay sino 79 levitas frente a 4289 sacerdotes y, en su propia caravana, Esdras cuenta con dificultad 38 levitas, Esd 8:18-19. Más adelante, a propósito del sacerdocio del segundo templo, veremos que los levitas trataron de emanciparse
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