3. Las consecuencias de la guerra
3. Las consecuencias de la guerra
Hay «tiempo para la guerra y tiempo para la paz», Eclo 3:8. La palabra sâlôm, paz, empleada en sentido político, no tiene sólo valor negativo, ausencia de guerra, sino que significa que existen buenas relaciones entre dos pueblos, como en otros casos expresa la amistad entre dos individuos, Jue4:17; 1Sam7:14; 1Re5:4; 1Re22:45; cf. Gén34:21;1Cr12:18. Estas relaciones están garantizadas por un pacto o un tratado, bêrit, 1Re5:26, y la ruptura del tratado equivale a entrar en guerra, IRe 15:19-20; cf. Is 33:7-8.
Viceversa, la guerra se termina mediante el restablecimiento de la paz, y esta paz es el fruto de la victoria; volver «en paz» de una campaña es volver victoriosos, Jue8:9; 2Sam19:25.2Sa19:30; 1Re 22:27-28; Jer43:12. La paz es sancionada con la conclusión o la renovación de un tratado. Ben-Hadad, después de haber sido vencido en Afeq, pide la paz a Acab: devolverá las ciudades que ocupaba y los israelitas podrán abrir bazares en Damasco como los tenían los arameos en Samaría. Y Acab concluyó con él un tratado, 1Re20:34. Ben-Hadad había primero enviado mensajeros, 1Re 20:32; son los «mensajeros de paz», Is 33:7. La paz puede ser también propuesta por el vencedor, Jue 21:13. Estas ofertas o demandas de paz pueden hacerse incluso antes de venir a las manos, cuando la superioridad de uno de los adversarios da pocas esperanzas a la otra parte: los gabaonitas solicitan un tratado con Josué y éste les otorga la paz y un tratado, Jos 9:6.Jos9:15. Los habitantes de Yabés piden un tratado a Nahás que ha establecido su campo contra su ciudad, 1Sam11:1. El Deuteronomio prescribe que antes de atacar a una ciudad extranjera, se le ofrezca la paz, Dt 20:10.
En estos tres casos la aceptación de la paz tiene como consecuencia la reducción a servidumbre del más débil. Igualmente el resultado de una guerra victoriosa es la conquista o el vasallaje: David contra Aram, Edom, Moab y Ammón; los asirios contra Israel; Senaquerib, Nekao y Nabucodonosor contra Judá. Al referir estos hechos, los libros históricos de la Biblia no hablan nunca de un tratado impuesto por el vencedor, pero Ez 17:13-21 lo dice claramente a propósito de Sedecías: Nabucodonosor había hecho con él un tratado, berit, reforzado con un juramento imprecatorio, pero Sedecías rompió el tratado incurriendo en perjurio, cf. 2Re 24:17.2Re24:20.⁶ Lo mismo Os 12:2: «Se concluye un berit con Asiria, pero se lleva aceite a Egipto», hace alusión a la politica del último rey de Samaría que, vasallo de Salmanasar, se volvió hacia los egipcios, cf 2Re 17:3-4, Finalmente, Is33:8: «se ha roto el berít», que según ciertos exegetas se debe referir al pacto entre Senaquerib y Ezequías. Cuando no se trataba de una conquista total, estos tratados existieron sin duda alguna, siguiendo el ejemplo de los que ligaban a los reyes hititas o asirios a sus vasallos de Siria, tratados que nos han sido conservados. En efecto, era necesario determinar las obligaciones del vencido convertido en vasallo, y especialmente el tributo que debía pagar. Este tributo se llama por lo regular minhah, «regalo», pero su montante debía ser determinado por el soberano feudal, 2Re18:14; 2Re23:33; 2Cr 27:5, y la suspensión del pago equivalía a una rebelión, 2Re 3:4-5; 2Re17:4.
Las leyes de la guerra eran rudas. Los anales de los reyes de Asiria mencionan como en un estribillo las ciudades destruidas, demolidas y quemadas, niveladas como al paso de un ciclón, reducidas a un montón de escombros. Ésta era también la regla de las guerras bíblicas, desde la época de los jueces hasta la de los Macabeos, sea que se trate de ciudades enemigas atacadas por los israelitas o de ciudades israelitas tomadas"por los invasores, Jue 9:45; Jue20:48; 2Sam17:13; 1Re20:10; 2Re3:25; 2Re8:12; 2Re25:9-10;1Mac5:35;1Mac11:48; 1Mac 16:10. Eran por lo menos desmanteladas, 2Re 14:13.
Pero era necesario que la guerra rentase. Las ciudades conquistadas eran saqueadas antes de ser entregadas a las llamas, 2Sam 8:8; 2Sa12:30; 2Re14:14; 2Re25:13s; IMac 5,28.35, etc.; se entraba a saco en el campo abandonado por el enemigo; 2Re7:16; 1Mac 4:23, se arrebataban los ganados, 1Sam14:32; 1Sa27:9; 1Sa30:20; los cadáveres mismos eran despojados en el campo de batalla, 1Sam31:8; se cogía todo lo que se podía llevar, 2Cr 20:25; cf. Dt20:14. El cebo de la ganancia y de los placeres que permitía el saqueo, 1Sam30:16 excitaba a los combatientes, 2Re3:23; pero había peligro de que el saqueo retardase la explotación de la victoria, 1Sam14:24; 1Mac 4:17-18. Participar en la distribución del botín era un placer como pocos, Is 9:2; Sal 119:162. Era el emolumento de los combatientes, que no- tenían otra paga: Yahveh promete a Nabucodònosor las riquezas de Egipto como salario de sus tropas, Ez 29:19.
La historia de 1Re 20:39-40 podría indicar que cada cual tenía derecho a su presa: un hombre hace un prisionero que confía a la custodia de un camarada; si éste se lo deja escapar, se pondrá en su lugar o pagará una crecida suma; cf. Jos 7:21; 2Re 7:8, pero en estos dos últimos casos, aunque por razones diferentes, se reprueba esta manera de proceder. Desde época muy antigua era uso reunir y repartir el botín, Jue5:30; cf. Is 9:2; Prov 16:19. Según una ley atribuida a Moisés, las presas se debían repartir por mitades entre los combatientes y el conjunto de la comunidad, y los dos lotes estaban sujetos a una deducción en favor de los levitas, Núm31:26-47. David introdujo la regla de que los hombres encargados de la custodia de los bagajes tuviesen su parte como los combatientes, 1Sam 30:24-25. En las primeras guerras de Israel, el jefe recibía una parte especial que sus hombres le resignaban de buena gana, Jue 8:24-25, quizá también 1Sam 30:20. Más tarde el rey retiene los objetos más preciosos para sí o para el tesoro del santuario, 2Sam8:7-8.2Sa8:11; 2Sa12:30. En un ejército confederado, los aliados tenían derecho a su parte, cf. Gén14:24, parte que se fijaba probablemente mediante un acuerdo precedente, como entre otros pueblos antiguos.
Las personas, lo mismo que las cosas, caían en manos del vencedor. En los libros históricos de la Biblia hay ejemplos de tratos bárbaros infligidos a los vencidos: bajo Josué los cinco reyes cananeos son pisoteados y entregados a la muerte, Jos 10:24-26; a Adoni-Sédeq se le cortan los pulgares de las manos y de los pies, Jue1:6; bajo Gedeón se decapita a los jefes de los madianitas, Jue 7:25; en las razzias del Négueb, David no dejaba en vida a hombre ni mujer, 1Sam 27:9; pasó a cuchillo a todos los amalecitas que cayeron en sus manos, ISam 30:17; mandó dar muerte a dos tercios de los moabitas, 2Sam 8:2; Amasias ejecutó a 10,000 cautivos de Edom, 2Cr25:12; la ley de Dt20:12-13 ordena dar muerte a todos los varones de una ciudad que se haya negado a rendirse. Pero .estos casos son excepcionales y tal ley es teórica.¹⁰ Fuera del herem a que estaban sujetos todos los seres vivos en la guerra santa —que se estudia en el capítulo siguiente—, la matanza de los prisioneros no fue jamás la regla, como tampoco las torturas, de las que los textos y los monumentos asirios ofrecen no pocos ejemplos. El mismo Gedeón hubiese perdonado a Zebah y a Salmunna, si no hubiese tenido que satisfacer la venganza de la sangre, Jue 8:18-21; los reyes de Israel tenían reputación de ser misericordiosos, 1Re 20:31, y no mataban a los prisioneros de guerra, 2Re 6:22 (que no es necesario corregir).
Fuera de las consideraciones humanitarias que estos dos últimos textos no expresan claramente y que Dt20:19 parece excluir (se debe perdonar al árbol de los campos, porque no es un hombre), el interés mismo aconsejaba esta moderación. La comunidad y los particulares sacaban provecho de los vencidos que quedaban en vida: pagaban tributo, estaban sujetos a la prestación personal o venían a ser esclavos del Estado, del templo o de los particulares. Por lo demás, ya hemos dicho en otra parte que la guerra, en Israel como en los otros pueblos antiguos, era una de las fuentes de esclavitud ¹¹ y que probablemente los prisioneros de guerra se convertían en esclavos públicos al servicio del rey o del santuario.¹²
En la anécdota de 1Re 20:39, el combatiente pensaba sin duda guardar a su prisionero como esclavo. Según Jl 4:3, las naciones echaron a suerte al pueblo de Yahveh y vendieron a los muchachos y a las muchachas. Sobre los cautivos de guerra estamos mejor informados. Los soldados de Siserá, si hubiesen salido vencedores, hubiesen podido obtener «una y hasta dos muchachas por cabeza», Jue 5:30. Según Núm31:18.Nm 31:27, después de la campaña de Madián las mujeres vírgenes son repartidas entre los combatientes y el resto del pueblo. La ley de Dt 21:10-14 autoriza a un israelita a tomar como esposa a una cautiva de guerra;¹³ con ello se emancipa de su condición servil, «abandona el vestido de cautiva», puede ser repudiada, pero no puede ser vendida. Lo cual supone que una mujer cautiva es sencillamente esclava, si su dueño no la toma por esposa.
En fin, los asirios y luego los babilonios, por razones políticas, en lugar de la reducción a la esclavitud practicaron la deportación de las poblaciones vencidas. Los israelitas no tuvieron ocasión de imitar este proceder; en cambio, les tocó sufrirlo: los habitantes del reino del norte fueron deportados en masa después de las conquistas de Teglat-Falasar, 2Re15:29, y después de la toma de Samaría, 2Re 17:6; los habitantes de Judá fueron deportados en parte después de los dos sitios de Jerusalén por Nabucodonosor, 2Re24:14s; 2Re25:11; Jer52:27-30. En un principio, su suerte en tierra extranjera no era ciertamente envidiable, pero no eran esclavos.
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