3. El nombre de coronación
3. El nombre de coronación
En la coronación del faraón se le proclamaba mencionando sus títulos completos, se pronunciaban cinco nombres, de los cuales los dos últimos eran los nombres de advenimiento y de nacimiento, cada uno de los cuales encerraba la escritura en un cartucho. En la antigua Mesopotamia, un texto de coronación en Uruk dice que la diosa Istar quita al rey su nombre de bajeza y lo llama por su nombre de dominación; sin embargo, el ritual real asirio no habla de cambio de nombre y no hay que buscar demasiado sentido en expresiones como la de Asurbanipal en sus inscripciones: «Asur y Sin han pronunciado mi nombre para el poder.» Probablemente no es esto sino una manera de expresar la predestinación por Dios, como cuando un texto babilónico dice a propósito de Ciro: «Marduk ha pronunciado su nombre, Ciro de Ansán, y ha designado su nombre para la realeza sobre el universo.» No está, pues, demostrado que los reyes de Asiría tomaran un nuevo nombre con ocasión de la coronación. Es cierto que Asaradón recibió un nuevo nombre cuando vino a ser príncipe heredero, pero este nombre no fue apenas usado bajo su reinado. Quedan tres casos más claros: Teglat-Falasar m tomó el nombre de Púlu cuando vino a ser rey de Babilonia, cf. el Pul de la Biblia, 2Re15:19;1Cr5:26. Asimismo Salmanasar v reinó en Babilonia con el nombre de Ululay. Asurbanipal se hace llamar Kandelanu en Babilonia. Quizá se conformasen en esto a una costumbre de la Baja Mesopotamia. Diversos reyes hititas son conocidos con dos nombres, pero como el uno y el otro se emplean en los textos oficiales que datan de su reinado, no son los nombres de nacimiento y de coronación.
En Israel, los títulos mesiánicos dados al niño, probablemente el Emmanuel, cuyo nacimiento se anuncia en Is9:5, se ha tratado de relacionarlos con los cinco nombres del protocolo egipcio: se hallan, en efecto, cuatro nombres dobles y quizá vestigios de un quinto. Es muy verosímil una imitación literaria de la costumbre egipcia, pero de ello no se puede concluir que los reyes de Israel recibieran semejantes títulos con ocasión de su advenimiento al trono.
Por el contrario, existen dos testimonios ciertos de cambio de nombre. Elyaquim, establecido por el faraón, recibe el nombre de Yoyaquim, 2Re23:34, y Matanyá, instituido por el rey de Babilonia, recibe el nombre de Sedecías, 2Re24:17. Los dos casos se asemejan por la intervención de un soberano extranjero y se oponen al de Yoyaquín, que reina entre estos dos reyes, sin que intervenga su soberano y sin que se haga mención de cambio de nombre. Así pues, este cambio de nombre podría ser la afirmación de vínculos de vasallaje; sin embargo, en tal caso sería de prever que el faraón diese a su vasallo un nombre egipcio, cf. Gén41:45, y que el rey de Bahilonia diese al suyo un nombre babilónico, cf. Dan1:7. Todo lo contrario: estos dos reyes reciben nombres tan hebreos y yahvistas como los que llevaban antes. Es, pues, posible que el cambio sea un uso israelita aceptado por el soberano extranjero.
Los reyes de Judá — no se halla nada análogo en el reino del norte— recibirían, pues, un nombre de coronación o de reinado, conclusión que parece estar confirmada por otros textos. Fuera de expresiones generales, 2Sam7:9; 1Cr17:8, literalmente: «Yo te procuraré un [gran] nombre», que tienen su equivalente en Egipto, existen hechos significativos. Vamos a comenzar por los más probantes. Al hijo y sucesor de Josías se le llama Yoacaz en 2Re23:30-31.2Re23:34, pero Jer 22:11 lo llama Salum, y la lista de los hijos de Josías en 1Cr 3:15 no conoce a ningún Yoacaz, pero cita a un Salum: ¿no sería éste su nombre de nacimiento y Yoacaz su nombre de reinado? Sabemos que el sucesor de Amasias lleva ora el nombre de Ozías, ora el de Azarías en los relatos de 2Re14:21-2Re15:34, pero los profetas lo llaman siempre Ozías, Is1:1; Is6:1; Is7:1; Os1:1; Am1:1; Zac14:5, como lo hace también siempre 2Cr26 en el relato de su reinado; sin embargo, en la genealogía de 1Cr3:12 es llamado Azarías. Se puede sacar la conclusión de que Azarías era el nombre de nacimiento y Ozías el nombre de coronación. Según 2Sam12:24-25, el hijo de David y de Betsabé recibe de su madre el nombre de Salomón y del profeta Natán el nombre de Yedidya. Es curioso que este segundo nombre no vuelva a aparecer nunca después: ¿sería el nombre de nacimiento, suplantado por el nombre de reinado? Todavía es más conjetural considerar el nombre de David como nombre de coronación, de hecho un título real del primer rey de Israel, cuyo nombre de nacimiento habría sido Elhanán, aquel Elhanán que mató a Goliat según 2Sam 21:19 y que sería el mismo que Baalhanan, que reinó en Edom después de cierto Saúl, según Gén 36:38-39.
Si no disponemos de testimonios más numerosos y más claros.⁴ Los salmos de entronizaciónserá porque el nombre de reinado, el único oficial, borró casi siempre y completamente el uso y el recuerdo del nombre de nacimiento. Pero en ningún caso salimos del terreno de la hipótesis. Resulta verosímil, pero no lo sabemos de cierto, que los reyes de Judá recibieran un nuevo nombre con ocasión de su advenimiento al trono.
4. Los salmos de entronización.
La coronación del rey iba acompañada de manifestaciones populares. Además del grito de «¡Viva el rey!», se lanzaban clamores, se tocaba la flauta y la trompeta, 1Re1:40; 2Re11:13-14. Esta música y estos clamores sostenían evidentemente, como en las manifestaciones públicas del Oriente moderno, cantos que glorificaban al nuevo soberano. Así pues, algunos de los salmos «reales» podrían haber sido compuestos y cantados en esta circunstancia solemne cual ninguna, como el Sal45 fue compuesto para una boda principesca. La cuestión se plantea sobre todo acerca de los salmos Sal2 y Sal110 que parecen hacer alusión a los ritos de la entronización.
En el Sal2, como respuesta a los príncipes de la tierra que conspiran contra Yahveh y su ungido, v.2, Yahveh afirma que Él mismo es quien lo ha establecido como rey en Sión, v.6. El rey (o el cantor) explica luego el decreto, hóq, de Yahveh: en este día de su consagración lo adopta por hijo y le promete el dominio sobre toda la tierra, vv. 7-9. Luego los reyes le prestan homenaje, v.12. Nos encontramos, pues, con la unción, el «decreto», que es el equivalente del «testimonio» otorgado a Joás, 2Re11:12, y de la «alianza» concluida con el linaje de David, 2Sam7:8-16, y finalmente con el homenaje. La supuesta rebelión de estos reyes vasallos se explica al pasar de un reinado a otro y tiene su paralelo en el combate ficticio que se representaba a Egipto con ocasión de las fiestas de la coronación. Más adelante hablaremos de la adopción.³
En el Sal110 Yahveh hace que David se siente a su diestra, v. 1; le asegura el cetro del poder, v.2; declara que lo ha engendrado, v.3 (según el griego, texto corrompido y discutido): lo establece sacerdote según el orden de Melquisedec, v.4; el rey da muerte a sus enemigos, es «árbitro de las naciones», vv.5-6. También aquí se reconoce la entronización, la investidura, las promesas y, probablemente, la adopción. Más adelante discutiremos la alusión al sacerdocio de Melquisedec.⁴
Estos dos salmos tienen, pues, afinidad y podrían muy bien adaptarse a una fiesta de consagración. Se objeta a esto que el Nuevo Testamento los utiliza y que una parte de la tradición judía y toda la tradición cristiana los interpretan como salmos mesiánicos. Se hace notar que el salmista no puede prometer el imperio universal a un rey humano del pequeño reino de Judá y, sobre todo, que no puede llamarlo hijo de Yahveh. Sin embargo, en todo esto no hay nada que desborde las expresiones del estilo de corte y la noción que se formaban de su rey los israelitas. En cuanto al primer punto, y sin decir nada de los otros ambientes orientales en los que abundan los paralelos, basta recordar el «salmo de David», 2Sam22 = Sal18, donde el rey canta sus victorias sobre todos sus enemigos en términos semejantes a los de los Sal2 y Sal110, las expresiones del epitalamio real, Sal45, que tiene también alusiones a la consagración, los parabienes expresados al advenimiento de Salomón, 1Re1:37.1Re1:47. En cuanto a la apelación de «hijo», se encuentra en la profecía de Natán, 2Sam7:14, que concierne primeramente al rey humano descendiente de David, como lo indican los versículos siguientes, 14b-15. Por lo demás, los términos se aplican explícitamente a Salomón en 1Cr 17:13, 1Cr 22:10;1Cr 28:6.
Los dos aspectos, dominación universal y adopción divina, se reúnen en el comentario que hace de esta profecía el Sal 89:20-38.
Otros salmos, aun cuando no contienen referencias a las ceremonias de la consagración, podrían haberse cantado en esta ocasión: el Sal72, que pide reine el rey con justicia y anuncia que dominará hasta las extremidades de la tierra, y el Sal101, que hace el retrato del príncipe virtuoso.
Se ha supuesto que los Sal2, Sal72 y Sal110, en primer lugar salmos reales, habían sido modificados después de la cautividad en sentido mesiánico, pero es muy difícil de determinar cuáles fueran estos retoques. Más razonable es admitir que estos salmos, como la profecía de Natán y como otros textos del mesianismo real, son bivalentes desde su misma composición: cada rey del linaje davídico es imagen y anuncio del rey ideal del porvenir. Y, desde luego, ninguno de estos reyes respondió plenamente a este ideal, pero al momento de su entronización, a cada renovación de esta alianza davídica, se expresaba la misma esperanza, con fe en que un día se realizaría. Así pues, todos estos textos son mesiánicos, puesto que contienen el anuncio y la esperanza de la salud procurada por un elegido de Dios.
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