2. El sacrificio entre los antiguos árabes
2. El sacrificio entre los antiguos árabes
Nuestros informes sobre los sacrificios entre los antiguos árabes provienen de fuentes variadas: las supervivencias de prácticas paganas en el islam, las alusiones del Corán y las informaciones contenidas en los raros escritos anteriores al islam, sobre todo las tradiciones recogidas por los autores árabes posteriores, finalmente las inscripciones preislámicas. Estos informes son incompletos e insuficientes: los más recientes deben ser sometidos a severa crítica, los más antiguos, las inscripciones, son muy lacónicos.
Un texto del que se ha hecho mucho caso y que ha servido para describir el sacrificio árabe e incluso para establecer o confirmar una teoría del sacrificio semítico debe decididamente descartarse: es el famoso relato del Pseudo-Nilo, obra de un monje del Sinaí hacia el paso del siglo IV al V de nuestra era. Cuenta que el hijo de san Nilo es hecho prisionero por los sarracenos, que deciden ofrecerlo en sacrificio a la Estrella de la Mañana, como acostumbraban a hacer con los jóvenes hermosos que capturaban. Todo había sido preparado, el altar, la espada, la libación, el incienso, pero los bárbaros se despiertan demasiado tarde, el planeta, cuya presencia era indispensable, no era ya visible y esto salvó al joven. El autor añade que a falta de víctimas humanas los árabes inmolaban una camella: el oficiante le daba muerte y probaba su sangre, luego los asistentes se precipitaban para arrancarle cada uno jirones de carne que comían cruda, y todo, incluso las entrañas, los huesos y los tuétanos, debía desaparecer antes de la salida del sol. No hay casi nada utilizable en esta descripción fantástica, cuyos rasgos están, casi todos, en contradicción con los otros documentos.
Otra dificultad consiste en que no hay una religión, sino religiones árabes preislámicas, que difieren entre sí según las regiones y todas son mal conocidas en cuanto a su ritual. Sólo nos fijaremos aquí en lo que parece estar mejor confirmado.
Acerca de la Arabia septentrional, con la que los israelitas estaban en contacto más directo, tenemos más escasez de informaciones. Se hacían ofrendas a los dioses, una inscripción lijyanita habla quizá de un sacrificio humano, pero su sentido no es cierto. Los safaítas conocían ciertamente los sacrificios sangrientos, pero los que son atestiguados por sus inscripciones se ofrecían fuera de los santuarios, en el lugar de acampamento, con ocasión de un acontecimiento que interesaba a toda la familia.
En cuanto a la Arabia central, a falta de inscripciones, debemos utilizar las noticias que nos dan los autores árabes. Las ofrendas de harina, las libaciones de leche eran conocidas, pero raras. En ciertas ceremonias se cortaban los cabellos y se ofrecían, pero esta oferta más que un sacrificio era un rito de desecración, como el nâzîr israelita, Nm 6:18'. Regularmente se ofrecía lo mejor del botín y las primicias de la cosecha. Estas tribus nómadas y pobres no conocían las ofrendas de incienso y de aromas, pero sacrificaban animales. La víctima no se quema nunca, en todo ni en parte, sobre un altar, así que no hay el equivalente de los sacrificios 'olah y zebah de los israelitas. Ni siquiera hay altar en el sentido del mizbeah hebreo; lo que le corresponde es el nusub o rnansab, que es la massebah de la Biblia: una piedra erguida que puede tener una figura más o menos humana. Esta piedra representa a la divinidad, y el rito sacrificial consiste en degollar la víctima delante de esta piedra y en frotar ésta con la sangre, que corre hasta un foso cavado al pie de la estela. Las víctimas eran animales domésticos, ovejas, bueyes, camellos; la ofrenda de una gacela en lugar de una oveja era considerada como un fraude respecto a la divinidad. La víctima era degollada por el oferente en persona, que comía luego la carne con su familia y con los invitados. Los sacrificios humanos no se ven mencionar explícitamente sino por autores cristianos, cuyo testimonio no es posible verificar.
Las civilizaciones de Arabia del sur estaban mucho más adelantadas y los reinos de Maán, Saba, Qatabán y Hadramaut tenían sus santuarios y su rituales. Se recibían en el templo censos y toda suerte de ofrendas, pero los sacrificios propiamente dichos se hacían en relación con un altar. Había altares de libaciones y altares de perfumes que se mencionan en las inscripciones y que se han hallado en número bastante grande. El uso de aromas de diferentes clases era frecuente en el culto público y en el culto privado. Los sacrificios sangrientos estaban muy difundidos, las víctimas eran sobre todo carneros y toros, pero también piezas de caza, como gacelas y leopardos. No hay ninguna referencia cierta a sacrificios humanos. La inmolación se efectuaba en el altar mismo, que se llama mdbht, equivalente del mizbeah hebreo. Comúnmente se dice que la Arabia del sur conoció el holocausto; esto no es cierto, ni mucho menos. Desde luego, existe una palabra, msrb, que designa un objeto de culto y viene de una raíz que significa «quemar»; pero la única inscripción en que se especifica este msrb habla de un msrb de la mirra y de un msrb de madera olorosa: puede, pues, tratarse de un altar de los perfumes. Existe también un verbo hnr, «quemar, ofrecer un sacrificio quemado»; pero el contexto no habla jamás de víctimas animales, y puede siempre entenderse de una ofrenda de incienso.
Este sistema sacrificial de Arabia, en la medida en que es conocido, ofrece más contactos con Israel que el de Mesopotamia: la importancia de los sacrificios de animales, la identidad de las víctimas, que son ordinariamente animales domésticos, la participación de los oferentes en la carne de las víctimas, el papel de la sangre en Arabia central, el nombre del altar en Arabia meridional y, allí también, la frecuencia de las ofrendas de perfumes. Estos contactos confirman la antigüedad de los ritos israelitas y se explican por una afinidad de origen, por la vida pastoril que los antepasados de los israelitas llevaron y que han guardado los nómadas de Arabia (el sacrificio de animales domésticos es normal entre pastores). Pero no se puede concluir que Israel tomara alguno de estos ritos de los árabes antiguos, además de que en Arabia faltan rasgos esenciales del sistema israelita: la combustión total o parcial de la víctima sobre el altar, que es un rito común a todos los sacrificios israelitas de animales, no existía en Arabia septentrional y central, y la afirmación de que se practicaba en Arabia meridional se basa en un prueba dudosa.
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