1. El templo de Salomón
1. El templo de Salomón
Del cuarto al undécimo año de su reinado, Salomón estuvo ocupado en la construcción del templo, 1Re6:37-38, cf. 1Re6:1. A consecuencia de un tratado comercial concluido con el rey de Tiro, Hiram, 1Re5:15-26, la madera de construcción fue transportada del Líbano, mientras las piedras fueron extraídas de las canteras próximas a Jerusalén, 1Re5:29-31. Los israelitas, constreñidos a prestaciones personales, suministraron el grueso de la mano de obra, 1Re5:20-23.1Re5:27-30, pero los obreros especializados, leñadores en el Líbano, marineros para el transporte marítimo, carpinteros y albañiles en Jerusalén, eran fenicios, 1Re5:20, 1Re5:32. Fue también un fenicio, aunque nacido de madre israelita, el que en el valle del Jordán moldeó las dos columnas y los objetos de bronce, 1Re 7:13-47.
La descripción del templo y de su ajuar se halla en 1Re6, 1Re7 de la que 2Cr3, 2Cr4 da una versión abreviada con algunas variantes. Esta descripción es muy difícil de interpretar: es cierto que se remonta a un documento contemporáneo, poco más o menos, de la construcción y que el redactor final conoció todavía el templo en pie, pero este redactor no tenía las preocupaciones de un arquitecto o de un arqueólogo y omitió elementos que son esenciales para una reconstrucción, por ejemplo, el espesor de los muros, la disposición de la fachada, el sistema de techado. Además, el texto abunda en términos técnicos, ha sido desfigurado por los copistas que no lo comprendían mejor que nosotros y ha sido sobrecargado con glosas destinadas a realzar el esplendor del edificio. Finalmente, de esta gloriosa construcción no queda ni una sola piedra visible.
Solamente podemos guiarnos por una exégesis que con frecuencia es incierta y por las comparaciones que permite la arqueología de Palestina y de los países vecinos. No tiene nada de sorprendente que las diferentes reconstituciones que con frecuencia se han intentado difieran notablemente entre sí, como la que aquí se propone no pretende tampoco ser definitiva.
a) Los edificios. El templo era una construcción larga, abierta por uno de sus lados cortos. Se dividía interiormente en tres partes: un vestíbulo llamado ulam, de una raíz que significa «estar delante», una sala de culto llamada hékal, que tiene en hebreo como en fenicio, el doble sentido de «palacio» y de «templo»¹ y que más tarde se denominó el santo, finalmente el debir, poco más o menos la «trascámara», que luego se llamó el santo de los santos; era el sector reservado de Yahveh, donde reposaba el arca de la alianza.
Se dan las medidas de la obra construida, sin contar los muros. El templo tenía una anchura uniforme se 20 codos; de la longitud, 10 codos correspondían al ulam, 40 codos al hêkal y 20 codos al debir. No se mencionan las paredes divisorias; las había ciertamente entre el ulam y el hêkal, pero cabe preguntarse si existían entre el hékal y el debir. En efecto, el hékal y el debir son tratados como una unidad, 1Re6:2: constituyen propiamente la «casa», el templo, y miden juntos 60 codos de largo; luego se concreta que el debir tenía 20 codos y el hékal 40 codos, 1Re 6:16-17. Si hubiese habido un verdadero muro de separación, la longitud total hubiese sido de 60 codos más el espesor del muro. Los detalles relativos al debir parecen confirmar esta conclusión; el texto tiene sus taras, pero con una ligera corrección se obtiene un sentido excelente, 1Re6:16: Salomón «construyó los veinte codos a partir del fondo del templo con tablas de cedro desde el suelo hasta las vigas, y (estos veinte codos) fueron separados del templo para el debir». Estas tablas no son el revestimiento de madera de los muros principales, del que se ha hecho mención en el versículo precedente y que existía tanto en el hékal como en el debir. La hipótesis puede hallar apoyo en los textos posteriores: en la tienda del desierto, cuya descripción se inspira en el templo de Jerusalén,² el santo de los santos no estaba separado del santo más que por un velo, Éx 26:33, el templo de Ezequiel no lleva en este lugar más que un muro relativamente delgado, Ez 41:3; en el templo de Herodes, la Mišná sólo se acuerda de cortinas entre el santo y el santo de los santos, y Josefo, cuya descripción merece más confianza, no habla sino de un velo, Bell. 5, 5, 5.
En los antiguos templos orientales, la cella estaba realzada, o, por lo menos, una plataforma más o menos alta, un podium, sostenía el símbolo del culto. Aunque el texto no habla de ello, parece que también en Jerusalén el debir estaba a nivel superior al del hékal. Según las medidas que se indican, el debir formaba un cubo perfecto se 20 codos de lado, IRe 6:20, pero la altura del hékal era se 30 codos, según el hebreo; de 25 codos, según la antigua versión griega y la recensión de Luciano, 1Re 6:2. Esta diferencia de 10 o de 5 codos se ha explicado suponiendo que el techo del debir era más bajo que el del hékal, como en el caso de la celia de algunos templos egipcios, o bien que había una pieza encima del debir. Las dos soluciones son improbables y vale más admitir que el piso del debir era más elevado que el del hékal y que se subía a él por una escalera. Según el hebreo, este podium tendría 10 codos de alto, medida que rebasa todas las analogías conocidas, pero si se acepta la cifra del griego, resultarían sólo cinco codos, cosa que no es excesiva.
Delante del vestíbulo se alzaban dos columnas de bronce, 1Re 7:15-22.1Re7:41-42. Tenían 18 codos de alto y estaban rematadas por capiteles de 5 codos, igualmente de bronce. Estas columnas no parecen haber sostenido el dintel del vestíbulo, sino más bien se levantaban aisladas delante de él, a cada lado de la entrada. Recientemente se las ha interpretado como flameros inmensos; pero es mucho más verosímil que continuaran la tradición de las estelas o massebóí de los antiguos santuarios cananeos. No faltan analogías fenicias, y se pueden recordar los dos pilares de Heliópolis mencionados por Luciano, De Dea Syria, § 28, las dos estelas del templo de Heracles en Tiro, de que habla Heródoto, 2,44, los dos pilares que decoran un relieve de los alrededores de Tiro y, en una época más próxima al templo de Salomón, un modelo de santuario en terracota procedente de Idalion en Chipre, y dos modelos análogos descubiertos recientemente, uno en Transjordania y el otro en tell el-far'ah, cerca de Naplusa. Los nombres dados a las dos columnas, yâkîn y bo'az, son dos enigmas: se han explicado como formando una frase, «establecerá con fuerza», o como las primeras palabras de oráculos regios cuya continuación se sobreentiende, «Yahveh establecerá...; en la fuerza de Yahveh...», o como dos nombres dinásticos, bo'az: el Booz del libro de Rut, antepasado de David; yâkîn: ¿un antepasado de Betsabé? Estos nombres no vuelven a aparecer en ninguna parte y no hay nada que asegure que estaban grabados en las columnas; se dice que les fueron dados por el artífice tirio que las fabricó y las erigió, y quizás expresen sencillamente su satisfacción ante las obras maestras acabadas: yâkîn (o mejor yákûn, forma fenicia conservada por la versión griega) «es sólida», y bo'az (quizá con vocalización fenicia), «con fuerza».
Había una construcción que rodeaba tres lados del templo y que está descrita en 1Re 6:5-10. Aparece como un edificio de tres pisos poco elevados, adosados a los muros del debir y del hékal, pero que dejan libres los del ulam. Se le llama unas veces yâsîa• en singular, y otras selâôt, un plural, cuyo singular significa cada uno de los tres pisos. Las dos palabras no son sinónimas y parecen indicar que el texto combina noticias sobre dos estados sucesivos de esta construcción. Según el sentido de la raíz, la yásia' era una construcción baja, una planta baja que rodeaba los tres lados del templo. No tenía más que 5 codos de altura y era el equivalente de las salas bajas que flanqueaban ciertos templos de Egipto y de Mesopotamia; como éstas, servía de dependencia del santuario y de depósito para las ofrendas. Construida al mismo tiempo que el templo, estaba en conexión con éste, 1Re6:10. Sucedió que esta construcción no bastó ya para los fines a que se había destinado; entonces se le añadieron dos pisos, en una o dos veces. El nombre de yásia', que significaba una cosa baja, no le convenía ya, y así se llamó al conjunto selâôt, cuyo singular significa la costilla humana, el lado de un objeto o de un edificio, en este caso cada uno de los pisos que flanqueaban el templo. Como los dos pisos superiores de esta construcción lateral son aditamentos, no están ligados al templo, como lo está la yásia', sino que sus vigas descansan sobre entrantes preexistentes del muro, y así su anchura aumenta un codo por piso, 1Re6:6. La entrada de la yásia' estaba en el ángulo derecho del templo, evidentemente al exterior. Cuando se añadieron los pisos se pusieron los lûlim. Las versiones antiguas y muchas modernas ven en ellos escaleras de caracol; es más probable que, atendiendo al significado de la palabra en hebreo rabínico, fueran sencillamente escotillones por los que se comunicaban estos pisos que tenían el cielo bajo y servían de depósitos.
La descripción del edificio lateral indica que el muro del templo se estrechaba tres veces un codo. Estos entrantes tenían una razón técnica: así se aligeraban las partes altas del muro asegurando al mismo tiempo su estabilidad. La destrucción de las partes altas en los edificios examinados en las excavaciones de Palestina y en Siria nos priva de una confirmación arqueológica, pero en beisân se han encontrado modelos de santuarios en terracota, en los que tales entrantes se indican claramente. En Egipto se obtenía el mismo resultado dando un releje muy pronunciado a la cara de los grandes muros.
En cuanto a la modalidad de la construcción, se puede utilizar un informe que poseemos, relativo a los muros de los patios del templo y del palacio, 1Re6:36; 1Re7:12: tenían tres hiladas de piedras de talla y una de maderos de cedro. Es verosímil que los mismos muros del templo estuvieran fabricados de la misma manera, pues cuando se trata de reconstruirlo después del destierro, el edicto de Ciro ordena que haya tres hiladas de piedras y una hilada de madera, Esd6:4. Según numerosos paralelos descubiertos por las excavaciones del Oriente próximo, estos maderos son ciertamente una armazón que asegura la cohesión del muro. En ciertos casos esta armazón de vigas se inserta en un muro enteramente de piedras y en otros casos comienza encima de un zócalo de piedras y contiene una superestructura de ladrillos. Este procedimiento está bien documentado en Troya y parece haberse seguido en las construcciones salomónicas de Meguiddó; veremos que se encuentra en los santuarios en que el templo de Salomón tiene sus mejores analogías.
Es, por consiguiente, posible que el templo estuviese construido con ladrillos sobre un zócalo de piedras, y el maderamen de cedro que revestía los muros, 1Re 6:15, serviría para ocultar los ladrillos; tampoco en este punto faltan paralelos.
Un texto relativo al palacio, ofrece quizá el nombre técnico de esta armazón de madera que garantizaba la estabilidad de los ladrillos. Se dice, 1Re 7:9, que todos los edificios regios estaban construidos con piedras escogidas «desde los cimientos hasta las tepâhôt». Las versiones antiguas tradujeron al poco más o menos, y los comentaristas modernos han hecho conjeturas: almenas de la terraza o consolas que sostenían las vigas de la techumbre. Pero no cabe duda de que la palabra es un empleo metafórico de tepah, la «palma de la mano». Ahora bien, en asirio, el equivalente tappu significa a la vez «suela del pie» y «tabla o viga». Tres cartas de El-Amarna contienen esta frase: «El ladrillo puede deslizarse de debajo de sus tappáti, pero yo no me deslizaré de debajo de los pies del rey, mi señor.» Se ha traducido tappáti por «compañeros», pero el sentido parece claro: los reyezuelos de Canaán protestan que no se moverán de debajo de los pies del faraón ni siquiera como los ladrillos de un muro bajo las maderas que los contienen. En estas cartas, tappáti representa el conjunto de la armazón como tepáhót en 1Re 7:9, texto que habrá de significar que los muros tienen un hermoso aparejo de piedras hasta la armazón de madera que está insertada en la superestructura de ladrillos; sería el equivalente de las tres hiladas de piedras bajo una hilada de maderos de cedro en 1Re 6:36; 1Re7:12; Esd 6:4.
Según el uso de los santuarios semíticos,³ el templo se elevaba en medio de un atrio al que se llamaba patio interior, 1Re 6:36, por oposición al gran patio, 1Re 7:12, cuyo muro encerraba a la vez el templo y el palacio. Éste comprendía también un patio interior, 1Re7:8, cuyo muro norte era común con el atrio del templo. Se pasaba directamente del dominio del rey al dominio de Dios, proximidad que más tarde excitará la indignación de Ezequiel: «La casa de Israel, ellos y sus reyes, no volverán ya a mancillar mi santo nombre... estableciendo un muro común entre ellos y yo», dice Dios, Ez 43:7-8.
Más tarde el atrio del templo fue dividido, o extendido a expensas del gran patio. Bajo Josafat, 2Cr 20:5 habla de un «nuevo atrio»; se nos dice que Manasés erigió altares «en los dos patios de la casa de Yahveh», 2Re21:5, y Jer36:10 menciona un «patio superior», que parece ser lo más alto de la explanada que sostenía al templo, por oposición a un patio inferior. Así comienzan a insinuarse las divisiones del santuario herodiano: atrio de Israel, atrio de las mujeres, atrio de los gentiles.
b) Analogías e influencias. En otros tiempos había tendencia a descubrir influjos egipcios en el templo de Salomón. Pero la concepción arquitectural es totalmente distinta de los templos egipcios: éstos se desarrollan conforme a un plan difuso, detrás de un amplio frontis, con un laberinto de construcciones alrededor de la celIa del dios; el templo de Salomón se compone de tres piezas en hilera con un frontis estrecho. Se ha pensado también en influjos de Asiría y, en efecto, ciertos planos de santuarios asirios tienen bastante semejanza con el templo. Pero hay también diferencias y, sobre todo, Palestina y Asiría están muy distantes entre sí y en la época de Salomón no tenían contactos. Es necesario buscar analogías más próximas.
La división tripartita del templo, en ulam, hêkal y debir, es frecuente. La hallamos, por ejemplo, en el templo de Fosse en tell ed-duweir (Lakís), antes de la instalación de los israelitas en Palestina, y un poco más tarde en los pequeños santuarios de beisán. Pero esta división es bastante natural y en estos casos falta lo que es característico del templo de Jerusalén: la disposición de las tres piezas en hilera en sentido de la longitud del edificio, que tiene anchura constante. Ahora bien, este mismo plano se encuentra en varios santuarios descubiertos recientemente: en Alalah (tell athana) en el norte de Siria, un templo bastante mal conservado del siglo XIII antes de nuestra era; en Hasor en Palestina, un templo de la misma época, cuya estructura se ha conservado mejor; en tell tainat, no lejos de tell athana, un templo del siglo IX a.C. Conviene notar que estas analogías se extienden a los procedimientos de construcción que hemos supuesto en el templo de Jerusalén: estos templos tienen muros de ladrillo con apero de madera, que, por lo menos en Alalah y en Hasor, se alzan sobre un muro de piedras; en Alalah y quizá también en Hasor hay indicios de que un chapeado de madera cubría los muros de ladrillos.
Estos paralelos encuadran cronológicamente el templo de Salomón y provienen de la región sirofenicia, donde hay ciertamente que buscar el modelo. Ya hemos visto que en Jerusalén habían trabajado los fenicios como obreros especializados y que los bronces habían sido fundidos por un artífice de Tiro. Es posible que el arquitecto responsable del plan y de su ejecución fuese del mismo origen; hasta nos vemos inclinados a identificarlo con el superintendente de las grandes obras del rey, el jefe de la azofra, Adoram, que lleva nombre fenicio, 1Re 5:28.
c) Emplazamiento del templo. Según 1Cr 22:1, David, después de haber erigido un altar sobre la era de Arauná, 2Sam 24:18-25, había designado el lugar como la «casa de Yahveh» y el altar como «el altar de los holocaustos de Israel». En este «lugar preparado por David» fue donde Salomón construyó su templo, 2Cr3:1. No queda ninguna duda sobre su emplazamiento general: es la cima rocosa que dominaba al norte la colina del Ofel donde se extendía la ciudad primitiva, que es el mismo sitio donde más tarde se construyó el templo de Zorobabel y luego el de Herodes, y el recinto herodiano está actualmente representado por la explanada de la mezquita de Ornar, el haram eš-šerif. Tampoco hay la menor duda sobre la orientación del templo de Salomón: como el de Ezequiel, Ez 47:1, y como el de Herodes, tenía la entrada mirando hacia el este, cf. por lo demás, 1Re 7:39.
La localización precisa es más difícil. Hacia la mitad del haram eš-šerif, en su punto más elevado, la cúpula de Ornar protege actualmente una protuberancia rocosa, la sahra, la «roca», bajo la cual se abre una gruta. Es cierto que se debe poner al templo en estrecha relación con esta roca, que ha sido siempre objeto de gran veneración. Pero hay dos hipótesis que se enfrentan. Según la opinión actualmente más común, esta roca visible en la actualidad era el basamento del altar de los holocaustos que se hallaba delante del templo, y el templo se elevaba al oeste de la roca sagrada. En las incisiones que se ven en la roca se quieren reconocer los vestigios de la implantación del altar, en la gruta cavada bajo la roca, el lugar donde se evacuaban los restos y las cenizas de los sacrificios, y en un canal que se abre al norte, el canal que servía para el desagüe de la sangre y del agua de los lavatorios. Conforme con la tradición de 1Cr 22:1, se cree que el altar de los holocaustos había conservado la posición del altar de David y se supone que éste se hallaba erigido en el punto más alto de la roca. Pero nada de esto es evidente y, si el templo se levantaba al oeste de la roca, estaba construido sobre el declive de la colina, que es bastante rápido, y el debir debía de estar sostenido por grandes construcciones subterráneas, lo cual no deja de chocar. Por el lado este se halla una nueva dificultad contra este emplazamiento: la escalera que separa el atrio de Israel y el atrio de las mujeres en el templo de Herodes no corresponde a ningún accidente de la roca, mientras el atrio de las mujeres habría estado cortado por una brusca diferencia de nivel.
Por estas razones algunos autores han vuelto a adoptar una opinión antigua y consideran la roca sagrada como el fundamento del debir, el santo de los santos. No importa que rebase las dimensiones del debir, puesto que éste estaba construido sobre la roca y no alrededor de ella, y es normal que la roca sea prominente, si el debir era, como hemos visto, más elevado que el hěkal. En esta hipótesis no hacen falta ya construcciones subterráneas para el debir, la escalera del templo de Herodes se sitúa normalmente al borde de la terraza superior, y ya no hay desnivel que desluzca el atrio de las mujeres. Esta hipótesis tiene también sus inconvenientes: la implantación de los muros del debir sobre la roca parece difícil, no se explica el canal de la gruta y, en fin, en el templo de Herodes el atrio de los gentiles habría quedado reducido a casi nada delante del templo, aunque se extendiese ampliamente al norte y al sur del mismo.
Ambas opiniones se fundan en buenos argumentos y ambas tropiezan también con dificultades. Bien mirado todo, la segunda parece preferible. Halla cierta confirmación en la tradición rabínica según la cual una piedra asomaba en el santo de los santos; se llamaba eben šettiyah, la «piedra de fundamento», y se la consideraba como la piedra de fundamento del mundo. Y cuando Jesús dijo a Pedro: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia», Mt16:18, ¿no hacía alusión a esta roca sobre la cual estaba construido el santuario de la antigua alianza?
d) Ajuar. En el debir estaba depositada el arca de la alianza, que ha quedado estudiada anteriormente a propósito del culto del desierto⁴ Estaba colocada bajo dos grandes figuras de querubines de madera chapeada de oro, que ocupaban toda la anchura del debir y la mitad de su altura, 1Re 6:23-28; 2Cr 3:10-13, cf. 1Re 8:6-7; 2Cr 5:7-8. Eran figuras aladas, animales con cabeza humana, como las esfinges aladas de la iconografía sirofenicia. Pero su nombre, kerúb, viene del acádico, donde el karibu o kuribu es un genio asesor de los grandes dioses e intercesor de los fieles. En el templo, los querubines representaban, con el arca, el trono de Yahveh,⁵ como le sirven de montura en 2Sam22:11 = Sal 18:11, como tiran de su carro en las visiones de Ez1 y Ez10.
En el hékal se hallaba el altar del incienso llamado el altar de cedro en 1Re 6:20-21, el altar de oro en 1Re 7:48, la mesa de los panes de oblación, y diez candelabros, 1Re7:48-49. No se menciona el altar de los sacrificios, pero se debe a una simple omisión, puesto que es mencionado después: es el altar de bronce, 1Re 8:64, que había erigido Salomón, 1Re 9:25. Era una construcción de metal que, según 2Re16:14, estaba colocada delante del templo, al exterior, como lo estará el altar del templo de Herodes.
Asimismo, en el atrio, al sudeste del templo, 1Re7:39, se hallaba el «mar» de bronce, una gran pila sostenida por doce figuras de toros, 1Re7:23-26. El mejor paralelo es el pilón de piedra que proviene de Amatonte en Chipre; se le podría comparar el depósito (?) llamado apsû en ciertos templos de Mesopotamia. Había diez bases rodadizas que sostenían pilas de bronce y estaban colocadas a la entrada, cinco a la derecha y cinco a la izquierda, 1Re 7:27-39. Tienen analogías en objetos, mucho más pequeños, hallados en Chipre y en Meguiddó. Luego se discutirá el simbolismo atribuido a este material; ante todo hay que pensar en su empleo práctico: 2Cr 4:6 dice que el mar servía para la purificación de los sacerdotes, cf. Éx 30:18-21, las pilas para lavar las víctimas.
e) Carácter. El templo formaba parte de un conjunto que comprendía también el palacio y sus dependencias. Esta asociación de templo y palacio se halla en otras partes de Oriente y fue realizada de dos maneras diferentes. En Egipto, el templo ocupa el mayor espacio, y el palacio que le es anejo no es la residencia ordinaria del faraón: sirve únicamente cuando el soberano va a visitar al dios y a cumplir las ceremonias del culto; evidentemente, no es éste el caso de Jerusalén. En Siria y en Mesopotamia, por el contrario, el templo es un anejo del palacio, como una capilla en la que el rey y sus funcionarios cumplen sus devociones. Éste es en particular el caso del templo de Tainat, que hemos comparado con el templo de Jerusalén.
Por esta razón los exegetas consideran con frecuencia el templo de Salomón como una capilla palatina, como el templo privado del rey y de su casa. Está pared por medio con el palacio, que ocupa una superficie mayor, fue construido por Salomón, en un terreno comprado por David, con los recursos del reino, dotado por el rey y dedicado por el mismo. También sus sucesores harán donativos al templo, 1Re 15:15; 2Re 12:19; pero se surtirán de su tesoro como del tesoro del palacio, IRe 15:18; 2Re12:19; 2Re16:8; 2Re18:15. Harán obras, reparaciones, modificaciones en las construcciones del templo y en su ajuar, 2Re15:35; 2Re16:10-18; 2Re18:16; 2Re23:4s. Tendrán su estrado levantado en el atrio, 2Re11:14; 2Re16:18; 2Re23:36. Por un ordenamiento de Joás, los funcionarios reales vigilarán el aprontamiento y el empleo de las ofrendas de los fieles, 2Re 12:5-17; 2Re22:3-7. En una palabra, el templo de Jerusalén es, lo mismo que el de Betel, un «santuario real», Am 7:13.
Todo esto es exacto, pero no significa que el templo fuese sencillamente una capilla palatina. Las intervenciones del rey se justifican por el derecho de patronato que ejerce como fundador o bienhechor y por los privilegios que le acarrean su carácter sacral y la función que se le reconoce en el culto.⁷ Pero no es un santuario particular del rey, sino, como dice Am 7:13 a propósito del templo de Betel, un «templo del reino», un santuario del Estado, donde el rey, y su pueblo rinden culto público al Dios nacional. Además, el templo de Jerusalén no fue poco a poco adoptando este carácter, sino que lo tuvo desde su fundación. Cuando inmediatamente después de la muerte de Salomón inauguró Jeroboam el culto de Betel, lo hizo explícitamente para impedir que sus súbditos fuesen al templo de Jerusalén, 1Re12:26-33; lo hizo para tener en su reino un santuario para su pueblo, como el de Jerusalén lo había sido para el reino unido, como debía seguir siéndolo, en su idea, para el reino de Judá. Cuando David restituyó el arca a Jerusalén, no era su intención confiscarla para su provecho exclusivo, sino volver a hacer de ella el centro de culto de las tribus, y cuando pensó en edificar un templo, fue para que Yahveh tuviese una «casa», donde se hallase precisamente en su casa, 2Sam7:1-2. Esta «casa» la construyó Salomón y la consagró con «todo Israel», 1Re8:1-5.1Re8:13.1Re8:62-66. Desde luego la política salía ganando no menos que la religión; pero esta proximidad, esta especie de cohabitación de Yahveh y del rey escogido por él para gobernar a su pueblo, expresaba el ideal teocrático de Israel.
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