19 De las Verdades eternas se arguye la inmortalid
DE LAS VERDADES ETERNAS SE ARGUYE LA INMORTALIDAD DEL ALMA
33. R.– ¿Qué necesidad, pues, tenemos ya de investigar más sobre el arte de la dialéctica? Porque ya sea que las figuras geométricas estén en la verdad, o la verdad en ellas, nadie duda de que se contienen en nuestra alma o en nuestra inteligencia, y, por tanto, se concluye necesariamente que en ella está la verdad. Y si por una parte toda disciplina está en nuestro ánimo adherida inseparablemente a él y por otra no puede morir la verdad, ¿por qué dudamos de la vida imperecedera del alma sin duda influidos por no sé qué familiaridad con la muerte? ¿Acaso aquellas líneas o un cuadrado, o esfera, imitan algo extraño para ser verdaderas?
A.– De ningún modo puedo creer tal cosa, pues habría que suponer que una línea no es una longitud sin latitud ni la circunferencia una curva cerrada cuyos puntos equidistan del centro.
R.– Entonces, ¿por qué dudamos? Donde están ellas, ¿no está la verdad?
A.– Dios me libre del disparate de negarlo.
R.– ¿Acaso, pues, la disciplina no está en el alma?
A.– ¿Quién ha dicho tal cosa?
R.– ¿Y acaso puede, pereciendo un sujeto, permanecer lo que se halla con él?
A.– ¿Y cuándo se me persuade a mí de tal afirmación?
R.– Luego ¿debe fenecer la verdad?
A.– No es posible eso.
R.– Pues entonces es inmortal el alma; ríndete ya a tus razones, cree a la verdad, porque ella clama que habita en ti y es inmortal, y no puede derrocársele de su sede con la muerte del cuerpo. Aléjate ya de tu propia sombra, entra dentro de ti mismo; no debes temer ninguna muerte en ti, sino el olvido de que eres inmortal.
A.– Oigo, me reanimo, comienzo a retornar en mí. Pero antes, te ruego, resuélveme la dificultad propuesta ya: cómo en el alma de los indoctos, que también debe gozar del mismo privilegio de inmortalidad, está la verdad de las disciplinas.
R.– Esa dificultad pide la redacción de otro volumen, si se ha de discutir ampliamente; ahora veo que te conviene pasar revista a la conclusión a que hemos llegado, pues si no te acometen dudas sobre las afirmaciones hechas, hemos cosechado mucho fruto y con no poca seguridad podemos seguir adelante.
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