17 ¿Hay cosas enteramente falsas 0 verdaderas?
¿HAY COSAS ENTERAMENTE FALSAS O VERDADERAS?
31. A.– Pasa adelante; estoy persuadido ya de esa verdad.
R.– Ahora te pregunto si fuera de las ciencias en que nos instruimos –y entre ellas debe incluirse el deseo mismo y esfuerzo de la sabiduría– podemos hallar alguna cosa tan verdadera que no sea como el Aquiles del teatro, el cual ha de ser en parte falso para que pueda ser verdadero.
A.– Creo que hay muchas cosas de ese género. Esta piedra, por ejemplo, no es objeto de las disciplinas, y, sin embargo, para ser verdadera, no imita a ninguna otra cosa con respecto a la cual sea falsa. Y con ésta acuden al pensamiento un tropel de infinitas cosas.
R.– Admito la observación; pero no te parece que todas ellas están comprendidas en la categoría de los cuerpos?
A.– Opinaría como tú si tuviera certeza de que el vacío no es nada, o creyera que el alma ha de contarse entre las cosas corpóreas, o que Dios es un cuerpo. Si existen todas estas cosas, no son falsas o verdaderas por ningún linaje de imitación.
R.– Muy lejos me quieres llevar, mas procuraré buscar un atajo. Pues una cosa es el vacío y otra la verdad.
A.– Muy grande es su diferencia ciertamente. ¿Qué cosa más vacía que yo mismo, si creo que la verdad es irreal y me pierdo tan afanosamente buscando el vacío? Pues ¿qué deseo hallar sino la verdad?
R.– Luego ya me concedes que no hay cosas verdaderas sino por la verdad.
A.– Tengo ya formulada esa persuasión.
R.– ¿Dudas de que fuera del vacío no hay vacío o de que ciertamente es un cuerpo?
A.– No dudo de ningún modo.
R.– ¿O piensas tal vez que la verdad es realidad corporal?
A.– Tampoco.
R– ¿O cosa inherente a algún cuerpo?
A.– No lo sé; nada se me ocurre a este propósito; pero tú sabes que si existe el vacío, se da donde no hay cuerpo alguno.
R.– Es evidente.
A.– ¿A qué nos detenemos, pues?
R.– ¿Acaso crees que la verdad hizo el vacío o que puede haber algo verdadero donde falta la verdad?
A.– No.
R.– No es, pues, la verdad una manía, ni el vacío puede hacerlo sino la carencia de entidad; por otra parte, es manifiesto que lo que carece de verdad no es verdadero; y absolutamente hablando, el vacío se llama así por su privación de ser. ¿Cómo, pues, puede ser verdadero lo que no es o cómo puede serlo lo que es nada?
A.– Adelante, pues, y dejemos el vacío como una inania.
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