6 ¿Qué significa la virginidad de María?
La concepción virginal de Jesús hay que entenderla como una obra del poder de Dios —«para él nada hay imposible» (Luc 1:37)— que escapa a toda comprensión y toda posibilidad humanas. Nada tiene que ver con las representaciones mitológicas paganas en las que un dios se une a una mujer haciendo las veces del varón. En la concepción virginal de Jesús se trata de una obra divina en el seno de María similar a la creación. Esto es imposible de aceptar para el no creyente, como lo era para los judíos y los paganos, entre los que surgieron burdas historias acerca de la concepción de Jesús, como la que la atribuye a un soldado romano llamado Pantheras. En realidad, ese personaje es una ficción literaria sobre la que se inventa una leyenda para hacer burlas a los cristianos. Desde un punto de vista de la ciencia histórica y filológica, el nombre Pantheras (o Pandera) es una parodia corrupta de la palabra parthénos (en griego: virgen). Aquellas gentes, que utilizaban en gran parte del imperio romano de oriente el griego como lengua de comunicación, oían hablar a los cristianos de Jesús como del Hijo de la Virgen (huiós tou parthénou), y cuando querían burlarse de ellos lo llamaba «el hijo de Pantheras». Tales historias en definitiva sólo testimonian que la Iglesia sostenía la virginidad de María, aunque pareciera imposible.
La concepción virginal de Jesús es un signo de que Jesús es verdaderamente Hijo de Dios por naturaleza —de ahí que no tenga un padre humano—, al mismo tiempo que es verdadero hombre nacido de mujer (Gál 4:4). En los pasajes evangélicos con la concepción virginal de Jesús se pone de relieve la absoluta iniciativa de Dios en la historia humana para el advenimiento de la salvación, y que ésta se inserta en la historia misma, como muestran las genealogías de Jesús.
A Jesús, concebido por el Espíritu Santo y sin concurso de varón, se le puede comprender mejor como el nuevo Adán que inaugura una nueva creación a la que pertenece el hombre nuevo redimido por él (1Co 15:47; Jua 3:3-4).
La virginidad de María es además signo de la fe sin sombra de duda y de la entrega plena de la madre de Jesús a la voluntad de Dios. Incluso se ha dicho que, por esa fe, María concibe a Cristo antes en su mente que en su vientre, y que «es más bienaventurada al recibir a Cristo por la fe que al concebir en su seno la carne de Cristo» (San Agustín, Santa virginidad, 3). Siendo virgen y madre, María es también figura de la Iglesia y su más perfecta realización.
GONZALO ARANDA
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