244º Las mujeres son la última obra de Dios, lo mejor que Él hizo.
Transcribo, por su profundidad y belleza, una página de C. Vallés sobre las mujeres.
“Uds. son lo mejor del mundo, la alegría de la creación, la sonrisa de la naturaleza, el calor del hogar, la intuición del saber, la compañía de la ternura, la belleza del ser. Llevan en Uds. la historia de la raza humana, las tradiciones de la tribu, el moldear cuerpos y almas, el inspirar a los que inspiran y regir a los que rigen; el estar presentes en todo sin ser vistas y el ser vistas por todos con la callada envidia y oculta adoración de todo hombre que admira a toda mujer pero no se lo admite ni a sí mismo por temor, timidez y soberbia.
Oh sí. Dios les hizo a Uds. tan bien que pudo quedar por fin satisfecho y descansar tras hacerlas a Uds. Después del hombre, Dios aún pudo crear a la mujer, pero después de la mujer, Dios ya no pudo crear nada más porque se había volcado del todo en su última obra de arte. La mujer es la corona de la creación y toda la creación lo sabe.
Es una interpretación muy interesante del Capítulo 2º del Génesis. Cuando Dios creó a la mujer, puso en marcha una serie de iniciativas para que el hombre (varón) se diera cuenta del valor del regalo que le estaba haciendo. Le hace pasar en revista a todos los animales para que pudiera descubrir que ninguno de ellos habría podido estar a su lado dialogando con él. Le envía un sueño profundo para prepararse la sorpresa y para que la mujer fuera un misterio siempre nuevo para él.
Pero una cosa es saberlo y otra reconocerlo en la práctica. En 20 siglos de cristianismo organizado a la mujer no se le ha dado todavía el puesto de honor que le corresponde.
En eso la sociedad va todavía muy atrás de la realidad, y la Iglesia aún por detrás de la sociedad.
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