194º El maestro, el discípulo, el camello y la oración.
Un maestro viajaba con un discípulo suyo montados sobre un camello. Llegaron a un hotel y el dueño le encargó de cuidar del camello para que nadie lo robara. Pero el discípulo, que se caía del sueño, pensó que podía encargar a Dios para que vigilara sobre el camello. Antes de acostarse rezó a Dios diciéndole: "Por favor, cuida tu el camello, yo tengo demasiado sueño para hacerlo. Te lo confío, vigílalo tú.
La mañana siguiente, el camello había desaparecido. “¿Dónde está el camello?” le preguntó el maestro. “No lo sé” contestó el discípulo. Tienes que preguntárselo a Dios. Anoche lo dejé en sus manos porque estaba demasiado cansado. No es culpa mía que se haya escapado o haya sido robado. Yo he pedido a Dios que lo vigilara. Es Dios el responsable de todo esto. ¿No me dices siempre, maestro, que tengo que confiar en Dios con todo mi corazón?”
“Tienes que confiar en Dios con toda tu alma, le contestó el maestro, pero también ata el camello, porque "Dios no tiene otras manos que las tuyas”.
Esta breve parábola nos dice que Dios no interviene si no tomamos nosotros nuestras responsabilidades. Un viejo refrán dice: "A Dios rogando y con el mazo dando" Este dicho popular traduce con términos muy concretos, la necesidad de hacer todo lo que podemos para que Dios actúe en y a través de nosotros. "Somos colaboradores de Dios" ( 1Co 3:9)
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