193º El OJO DEL CARPINTERO.
Había una vez, hace mucho tiempo, en un pequeño pueblo, el taller de un carpintero. Un día, mientras el carpintero estaba ausente, todas las herramientas se reunieron en asamblea extraordinaria.
La reunión duró mucho tiempo y la discusión fue muy animada, a veces agresiva. Alguien tomó la palabra y dijo: “Tenemos que echar de nuestro grupo la sierra. Muerde demasiado y hace demasiado ruido con sus dientes. Posee el carácter más hiriente del mundo.
Otro tomó la palabra y dijo: ”No podemos soportar a nuestro hermano Cepillo; . Un carácter cortante y pela todo lo que toca”.
Nuestro hermano Martillo, protestó un tercero, tiene un carácter pesado y violento. Es un tipo que pega fuerte, como un patotero. Su fuerza de golpear sin parar nos revienta y nos pone nerviosos a todos; fuera de nuestra sociedad!.
“¿Y los clavos? ¿Se puede vivir con gente tan puntiaguda como ellos? Que se vayan. Y también la lija y la escofina. Vivir con ellos es un continuo tormento. Y echamos también el papel de vidrio cuya única razón de ser es la de rasguñar al prójimo. Y echamos sobre todo la tenaza que, si te agarra, no te deja sin arrancarte la piel”.
Así discutían todas y siempre más animosamente las herramientas del carpintero. Hablaban todas a la vez. El martillo quería echar a la lija y al cepillo, y estos querían a su vez expulsar a los clavos y al martillo y así sucesivamente.
Al termino de la asamblea todos habían sido expulsados por todos. La reunión fue de improviso interrumpida por elcarpintero que volvió a su trabajo Todas las herramientas volvieron a su lugar.
Aquel hombre entonces agarró una tabla de madera y la serrucho con la sierra “mordaz”; la cepilló con el cepillo que pela todo lo que toca; la hermana hacha que hiere cruelmente, la hermana escofina con su lengua áspera y el hermano papel de vidrio que rasguña y rasca, entraron en acción uno tras otro. El carpintero agarró luego los hermanos clavos y el martillo, que golpea y pega, y terminó su obra. Se sirvió de todas sus herramientas que tenían un mal carácter para fabricar una cuna; una estupenda cuna para recibir a su hijo que estaba por nacer; para recibir la vida.
Es ésta una parábola moderna que expresa la grande y misteriosa verdad, que S. Pablo llamó "Cuerpo místico" de Jesucristo. La Iglesia, animada por el Espíritu Santo, es como un cuerpo del cual Cristo es la cabeza. Cada uno de nosotros somos miembro de este cuerpo y por eso tenemos una particular e insustituible vocación y servicio para el bien de todos.
Dios nos mira con los ojos del carpintero, ojos capaces de descubrir las cualidades positivas y negativas de cada uno de nosotros. Y, aunque llenos de defectos, Dios se sirve de todos nosotros para comunicar la vida. No tenemos que despreciarnos recíprocamente ni pensar que los demás no sirven para nada y que el mundo sería mejor sin la presencia molesta de esto o de aquello. Todos podemos ser útiles para construir un mundo mejor.
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