177º ¿Quiere Dios que uno muera en lugar de otro?
Eran los días de la enfermedad contagiosa, el cólera. Esta plaga extendía con rapidez mortal por las llanuras del norte de la India. La gente moría callada, resignada, apagada... y el problema no era cómo salvar a los vivos sino cómo incinerar a los muertos, tantos eran diseminados por todos lados. Un cierto Mallikí cuenta que a una tía suya le alcanzó el cólera. Toda la familia se reunió a su alrededor y su hermana hizo en aquel momento esta oración : "Señor, mi hermana tiene dos hijos pequeños que sufrirán mucho si su madre muere. En cambio mis hijos son ya mayores y no me necesitan. Salva a mi hermana y toma mi vida en cambio" Y justamente eso fue lo que sucedió: la tía mejoró y pronto estuvo fuera de peligro.
Al mismo tiempo la madre de Mallikí contrajo los síntomas, enfermó y murió en pocos días. La heroica muerte de su madre impresionó tan vivamente a Mallikí que éste decidió consagrar su vida al servicio de los demás. El recuerdo de su madre le sirvió de inspiración constante en su noble trabajo.
Lo que hay, sin lugar a dudas, es fe profunda, amor desinteresado y sacrificio supremo.
Pero, en todo esto, hay un concepto de Dios que no corresponde con tan nobles sentimientos y que, de hecho, desentona. Dios aparece como un tirano cruel, a quien sólo interesa conseguir la víctima del día, sea quien sea. Una vida humana ha de ser sacrificada. Es algo semejante a lo que ocurría en los campos de concentración nazi, donde las autoridades aceptaban el canje de víctimas con tal que el número fuera el mismo. Si Dios hubiera escuchado en realidad la emocionante oración de aquella heroica mujer, ¿no podía haber salvado a las dos hermanas como recompensa a su generosidad, llevando así la alegría a las dos familias? La cruda imagen que se desprende de este hecho es la de un Dios a quien sólo le importa su cuota de víctimas.
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