138º Le pregunto a Dios: ¿Puedo ayudarte en algo?
En una obra del escritor brasileño Pedro Bloch encuentro un diálogo con un niño que me deja literalmente conmovido. -¿Rezas a Dios? - pregunta Bloch- " Sí, cada noche - contesta el pequeño -. "¿Y qué le pides?" " Nada. Le pregunto si puedo ayudarle en algo. "
¿Qué habrá pensado Dios al oír a este chiquillo que no va a El, como la mayoría de los mayores, pidiéndole dinero, salud, amor o abrumándole de quejas, de protestas por lo mal que marcha el mundo, sino que, lo que hace es simplemente ofrecerse a echarle una mano. "Le pregunto si puedo ayudarle en algo".
¿Es teológicamente correcta esta petición? ¿Qué va a necesitar Dios, el Omnipotente?
Y, sin embargo, qué profunda fue la intuición del chico. Porque, lo mejor de Dios, no es que sea omnipotente, sino que no lo sea demasiado y que El haya querido 'necesitar' de los hombres.
Por eso es tan desconcertante ver que la mayoría de los hombres en vez de felicitarse por la suerte de poder colaborar en la obra de Dios, se pasan la vida mirando hacia el cielo para pedirle que Dios baje para resolver personalmente lo que era tarea nuestra.
Con la Iglesia ocurre casi lo mismo. No hay cristiano que una vez al día no se queje de las cosas que hace o deja de hacer la Iglesia, entendiendo por 'Iglesia' el papa y los obispos. "Si el Papa vendiera las riquezas del Vaticano, ya no habría hambre en el mundo". etc. Pero, ¿cuantos le dan una mano a la Iglesia? ¿Cuántos se sienten responsable de la evangelización?
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