Salud integral
Elma Zoboli (Brasil), Universidad de São Paulo
Salud y enfermedad
Cómo se comprende la salud en su totalidad. La salud no equivale a la mera ausencia de enfermedades. La presencia o ausencia de enfermedades es solamente un perfil, una expresión resultante de cómo viven las personas y cómo la sociedad se estructura. La salud o la enfermedad provienen del modo de vivir de las personas, incluyendo su inserción en los momentos de producción y reproducción social. Se puede decir que la salud, más que un estado, es un proceso, proceso saludenfermedad, determinado histórica y socialmente, pues los factores sociales, económicos y históricos no son algo externo o anexo a este proceso; más bien son sus constituyentes y determinantes. Así, la salud es el resultado de un proceso de experiencia vivida por las personas en medio de una compleja tela de relaciones sociales que fluye históricamente según lógicas específicas y distintas en las diferentes sociedades y grupos, aunque con rasgos que son universales, amalgamado por incoherencias, contradicciones, armonía,
desarmonía, equilibrio, desequilibrio, incertidumbre, permanencia, transitoriedad, novedades, encuentros y desencuentros. Esto nos lleva a hablar de salud integral. Pero ¿cómo se comprende el término ‘integral’ en la salud? Integral se relaciona con hólos, adjetivo de la lengua griega cuyo sentido se liga a totalidad, unidad. Así, un entendimiento corriente de la palabra integral es completo, global. Se puede pensar que añadir el adjetivo integral a la expresión salud comprendida en su carácter procesal sea innecesario o redundante. Pero el término integral, con el sentido de global, añadido a la palabra salud, plantea entre otras la cuestión de las relaciones de los seres humanos con la biosfera. Potter, en su obra Global Bioethics (1988), defendió la integración de la bioética médica con la bioética ecológica para la “supervivencia aceptable” de la humanidad. En este sentido, el autor destacó la interrelación de los problemas individuales, sociales y de las poblaciones, como la importancia de las visiones de corto y largo plazo para lograr la salud individual, la supervivencia de las especies, un ambiente salubre y un ecosistema saludable. Así, la salud abarca las relaciones interpersonales, la relación de la persona con la sociedad y las relaciones con toda la comunidad biológica. O sea, añadir integral al término salud plantea, de manera positiva, que el ser humano es parte de una biosfera con la cual mantiene una relación de interdependencia y que esta biosfera es afectada, al modo de lo que ocurre con las personas, por el modo de vivir de las sociedades. Plantea también que el aspecto histórico del proceso salud-enfermedad no se reduce al pasado que explica los cuadros de morbimortalidad presentes, sino que también se extiende hacia el futuro y abarca nuestra responsabilidad con las generaciones futuras.
Cómo se comprende la atención integral de la salud. El concepto de salud integral implica una visión más amplia de las necesidades de salud de las personas y de los grupos, que han de ser cubiertas. Si la salud es comprendida como derecho de la ciudadanía, la atención integral de la salud es tratar, respetar, acoger, atender a las personas, a los ciudadanos en su sufrimiento y alegría, que son, en gran medida, fruto de la correlación entre las potencialidades y las fragilidades consecuentes de su inserción histórico-social. Se debe asegurar a las personas atención a su salud, desde los niveles más simples hasta los más complejos, desde la vertiente individual hasta la colectiva, incluyendo las acciones de atención curativa y de promoción de la salud y comprendiendo la totalidad que conforman los hombres, las mujeres y las colectividades que, en sus singularidades marcadas por la compleja tela de relaciones sociales y ecológicas en que viven, buscan asistencia en los servicios
sanitarios. Asumir la salud integral como principio orientador y organizador de las prácticas sanitarias plantea un desafío para los profesionales y los servicios, pues estos tienen que dirigir su horizonte no solamente hacia el “éxito técnico”, sino también hacia el “suceso práctico”, a medida que se incluye en la comprensión de salud el ámbito de las relaciones (Ayres, 2001). Como toda palabra que expresa una calificación, ‘integral’ y, por consecuencia, salud integral y atención integral a la salud no se presentan solamente como retos a los cuales se llega como punto de culminación de un camino, sino que se presentan como el propio camino que nunca llega a su final puesto que lleva a muchos otros (Xavier y Guimarães, 2004). Esta nueva mirada exige una transformación de la acción hacia el cuidado, o sea que el profesional no actúa más sobre el “otro” como si este fuese un “objeto” de su atención; al revés, interactúa con un “sujeto de relaciones” (Ayres, 2001).
Salud integral, bioética global y el enfoque del cuidado. Potter (1971) propuso la expresión bioética para describir la amalgama de valores éticos y hechos biológicos. Años después de proponer el neologismo, cuando definió la bioética global (1988), el autor reiteró la defensa de la conexión entre todas las formas de vida y llamó la atención sobre nuestra responsabilidad por la supervivencia de la humanidad y la preservación de la biosfera. Rescatando el legado de la ética de la Tierra de Aldo Leopold, Potter afirmó entonces que la ética del cuidado, propuesta en los estudios de psicología moral de Carol Gilligan, en 1982, se presentaba más congruente con su entendimiento de bioética, pues abarca las ideas de interconexión y de responsabilidad mutua. El autor correlacionó la ética del cuidado y la bioética definiendo la bioética global como el resultado lógico del impacto de la visión femenina de la ética sobre la bioética médica y la bioética ecológica. Según Potter, la ética de los individuos o de los principios, dominada por la visión masculina, plantea los problemas morales como conflictos de derechos individuales y, para ser congruente con las ideas de conexión entre todas las formas de vida heredada del legado de Leopold, hace falta la comprensión del problema moral como una ruptura en la red de responsabilidades mutuas, que es más propia de la visión femenina de la ética del cuidado. La ética del cuidado es capaz de comprender mejor el sentido de la vida y de la Tierra, del legado de Leopold, al extender la visión femenina del cuidado, de la responsabilidad mutua y de la interconexión hacia todos los seres vivos, los ecosistemas y la humanidad, especialmente las generaciones futuras. La base de la bioética global radica en la responsabilidad mutua, y no en los derechos individuales. Potter comprendía que la propuesta de la
bioética global basada en la ética del cuidado haría posible no solo modificar el énfasis puesto por la bioética médica en el sobrevivir individual, sino también haría posible fomentar la paz y la preservación de la biosfera. Hace falta a la bioética ampliar sus comprensiones de los valores humanos para incluir el tercer estadio de la ética, en el cual la supervivencia de las especies, de los ecosistemas y de la humanidad es contrabalanceada con los derechos de los individuos. La responsabilidad mutua y la ética del cuidado son las marcas necesarias para la promoción del bienestar y la supervivencia de las especies. En la bioética global, la bioética permanece como lo que fue desde su proposición primera: un sistema moral basado en el conocimiento de los hechos biológicos y de los valores humanos, con la especie humana aceptando su responsabilidad por su propia supervivencia, por los seres vivos, por la Tierra y por la preservación de la biosfera. El reto para la bioética global es la salud integral en todos sus sentidos: de cada hombre, mujer, niño o niña individualmente y también de todas las personas y no solamente para unos pocos privilegiados. Todo esto se halla comprendido en el tercer momento de la ética: la ética de la Tierra. Para la bioética global la salud integral es la “salud personal” (Potter, 1988), o sea la propiedad de una persona responsable, consciente y sensible que es activa en la manutención y en la mejoría de su propia salud mental y condición física, y a la vez se involucra para que esto sea posible para todas las personas, para todos los seres vivos y para la Tierra, con la promoción de una sociedad inclusiva, una biosfera saludable y ambientes salubres.
Referencias José Ricardo Ayres. “Sujeito, intersubjetividade e práticas de saúde”, Ciência & Saúde Coletiva, Vol. 6, Nº 1, 2001, pp. 63-72. - Carol Gillighan. In a different voice: psychological theory and women’s development, 31ª reimpr., Cambridge (Mass.), Harvard University Press, 1998. - Van Rensselaer Potter. Bioethics: Bridge to the future, New Jersey, Prentice-Hall, 1971. - Van Rensselaer Potter. Global Bioethics: building on the Leopold legacy, Michigan, Michigan State University Press, 1988. - Caco Xavier, Cátia Guimarães. “Uma semiótica da integralidade: o signo da integralidade e o papel da comunicação”, en Roseni Pinheiro, Ruben Araújo Mattos (orgs), Cuidado: as fronteiras da integralidade, São Paulo, Hucitec, IMS, UERJ, Abrasco, 2004, pp. 133-155.
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