Progreso científico y desarrollo social
Carlos R. Gherardi (Argentina), Universidad de Buenos Aires
Investigación en salud
La investigación científica. El desarrollo del conocimiento científico ha tenido un aumento exponencial en el último siglo y, dentro de él, quizá el segmento biológico ha sido el más importante habiendo prestado sustento a la mayoría de los avances que la medicina puede exhibir en las últimas décadas. La biología molecular marcó en
mercado del medicamento, por lo que la satisfacción de las necesidades en salud es sólo un fin secundario. De allí que la mercantilización globalizada de la investigación, para lograr ser socialmente eficaz, ha elaborado un discurso enmascarador que en modo inverso pone como fin primario el beneficio social y como fin secundario el lucro. Se trata de una acción estratégica solapada en la que se pretende hacer creer a los demás que la investigación financiada por la industria se mueve dentro de los supuestos de un diálogo que pueda conducir al entendimiento –en el sentido moral de este término– cuando en realidad se trata de la defensa de intereses particulares. Es un engaño consciente y a veces una manipulación cuya falsedad se articula por muy diferentes tácticas y cuya comprensión crítica exige analizar la trama compleja que permite sostener ese engaño. El objeto –dicho en términos epistemológicos– de esa disputa por el significado es el cuerpo de los individuos incluidos en las investigaciones y el de aquellos que finalmente accederán o no al producto comercial derivado de esa investigación. El significado de esos cuerpos será la forma mercancía en las investigaciones, entendidas con finalidad mercantil (v. Plasmaféresis: la sangre como mercancía); en modo opuesto, el significado de esos cuerpos será la forma dignidad en las investigaciones, entendidas con finalidad moral. El resultado en incesante cambio del conflicto permanente entre esas dos formas es la sustancia de la ética de la investigación. Miles de personas que participan en investigaciones son simples medios para los intereses de otros; eso significa que se está violando su dignidad. ¿Qué se puede hacer desde la bioética latinoamericana ante esta problemática? La respuesta procedimental es el desarrollo de sistemas nacionales de revisión ética y protección de los derechos humanos en las investigaciones biomédicas (v. Sistemas de revisión ética). La respuesta sustantiva es la construcción de un nuevo consenso internacional de justicia global frente a la cosificación de los seres humanos por las megacorporaciones globales gobiernoacademia-industria de los países ricos. [J. C. T.]
verdad un hito en la investigación científica para la comprensión de muchos fenómenos fisiológicos y patológicos, y posibilitó hasta su aplicación metodológica por los beneficios en la fabricación de muchas drogas, sobre todo antígenos y anticuerpos. El anuncio al mundo de la decodificación del genoma humano y la celebración de este evento como una victoria para toda la humanidad sólo fueron posibles por la defensa de una ética de la
investigación basada en la libre y universal disponibilidad del conocimiento a través de su difusión en publicaciones científicas, en contraposición al interés económico y al intento cierto del registro de la marca o patente del ADN, un patrimonio universal de la especie humana. El impacto de este avance científico en la medicina permitió en cincuenta años tal vez un progreso superior al ocurrido desde la época hipocrática y sus beneficios son palpables en la prevención y control de muchas enfermedades antes incurables, en el abordaje cotidiano de prácticas de alta complejidad y en el considerable aumento en la expectativa de vida de la población que tiene asegurado su derecho a la salud. Sin embargo, este incremento en el sustento científico de la práctica médica ha puesto en evidencia dos problemas centrales que se relacionan íntimamente con la naturaleza íntima de la medicina y las condiciones de la vida del hombre en su comunidad.
Medicina y ciencia. El conocimiento científico no ha influido de modo terminante en la precisión del acto médico que siempre oscila entre la incertidumbre y la probabilidad. La práctica de la medicina es un arte destinado a lograr la curación o el alivio del paciente, y las disciplinas duras sobre las que se asienta su conocimiento como ciencia se basan en postulados ciertos que se constituyen en leyes y verdades perdurables. La práctica de la medicina, que resume e integra el conocimiento científico junto al adiestramiento técnico y la comprensión humana, se acerca al arte por su singularidad (atiende a un paciente), por la presencia constante de su componente creador y por explorar siempre el mundo íntimo de la persona. De la ciencia, toma la objetividad de su conocimiento y el fundamento de sus acciones. De ambos, ciencia y arte, comparte la imaginación indispensable que siempre debe estar presente para establecer el diagnóstico e indicar el tratamiento. La mejor comprensión de los fenómenos involucrados en cada enfermedad ha estrechado el margen de incertidumbre a la hora del juicio clínico, aunque las nuevas disponibilidades de acciones posibles conspiran contra ello porque se suman variadas opciones en cada caso. Cuando muchos avances de la ciencia permiten una mayor comprensión de los fenómenos biológicos sin obtenerse obligatoriamente una respuesta en la eficacia terapéutica, el apotegma “Curar sin entender es sospechoso, comprender sin curar es virtuoso” constituye un peligroso desvío de las metas de la medicina.
Progreso científico y desarrollo social. El concepto de desarrollo humano (PNUD) entraña el estudio de la ampliación de las opciones que los pueblos tienen para vivir de acuerdo con sus valores. Significa incluir en el desarrollo, además
de la producción, la esperanza de vida, la medición de la nutrición de los niños, el nivel de alfabetización y escolaridad, la mortalidad materna e infantil, el acceso al agua segura y la sostenibilidad ambiental, el grado de empleo y desigualdad, los problemas de género y muchos factores más que aseguren la vida en un hábitat decente y el mantenimiento posible de una salud buena. En una década de progreso científico como la de 1990, América Latina es el continente en que más creció la distancia entre el ingreso de los ricos respecto de los más pobres y duplicó la “pobreza”, que Kliksberg califica de “innecesaria” porque es hija de la desigualdad, y de “paradojal” porque no se corresponde ni con la riqueza del recurso natural ni tampoco con los niveles del Producto Bruto ni del Producto Bruto per cápita. Esta situación social ha permitido la reaparición de enfermedades cuya incidencia era mínima o directamente habían desaparecido en muchas regiones, como la tuberculosis, el cólera, la malaria, el dengue y otras enfermedades infecciosas. Estamos citando enfermedades que tienen prevención segura o tratamiento cierto, pero cuya reaparición por el hambre, el hacinamiento y el abandono ninguna investigación puede resolver. En el mismo sentido, los índices de desnutrición infantil, que siendo también hija de la pobreza extrema provoca la destrucción de las capacidades neuronales de los niños que tendrán severas disfuncionalidades de todo orden para el resto de sus vidas, tendrán consecuencias inevitables que no podrán ser resueltas por ningún emprendimiento científico. Todos estos graves problemas, que van desde la investigación del conocimiento básico biológico hasta cualquiera de los aspectos que se miden en el desarrollo humano, adolecen de una carencia esencial que es dependiente del desinterés por el destino de la sociedad y la protección de la dignidad humana, del olvido de la afirmación de los valores esenciales del ser humano y de la generación de una cultura individualista y egoísta que nos aleja de la virtud de la solidaridad y del altruísmo. No bastará el ejercicio correcto de la responsabilidad pública de los gobiernos, hoy frecuentemente ausente, de la acción de las organizaciones sociales o de las declaraciones y metas de los organismos internacionales, si todo no se acompaña con la actitud y conducta permanente de cada uno de nosotros para cambiar este ethos contemporáneo que no parece conducirnos al progreso del bienestar a pesar los incuestionable adelantos de la ciencia biomédica. Nos queda la esperanza de la lucha cotidiana de cada uno para apostar a una vida digna para todos que nos proteja de la enfermedad prevenible mas allá de la intervención médica, de creer en la existencia de un concepto de salud más social que biomédico (salud integral), de exigir
normas reguladoras de la investigación que no olviden al hombre como sujeto moral y a la sociedad como custodio de la humanidad, y de luchar por una mayor educación de los niños y los jóvenes como único recurso de cambio para una modificación de la cultura de los años por venir.
Referencias John Sulston, Georgina Ferry. El hilo común de la humanidad. Una historia sobre la ciencia, la política, la ética y el genoma humano, Buenos Aires, Siglo Veintiuno, 2003. - Manuel Medina, Teresa Kwiatkowska (comps.). Ciencia, Tecnología, Naturaleza, Cultura en el siglo XXI, Ed. Anthropos, 2000. - Bernardo Kliksberg. Hacia una economía con rostro humano, 2a ed., México, Fondo de Cultura Económica, 2003.
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