Libertad y necesidad
Ubaldo González Pérez (Cuba), Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana
Libertad
Necesidad. Su acepción más general es como categoría filosófica. Vista así, estamos frente a la “necesidad como concepto”, que se puede desplazar desde la expresión singular, a la particular y hasta la general. Representa lo que tiene que ocurrir en determinadas condiciones, lo que determina los pasos esenciales en el desarrollo de la naturaleza o la sociedad. Es lo determinado desde la esencia interna del fenómeno. Responde a la necesidad lo que no puede suceder, o lo que no puede dejar de suceder, o lo que tiene que suceder, que es lo imposible que suceda de otra manera. Aristóteles, el primero en tratar la necesidad, determinó su más aceptada definición: “Lo que no puede no ser, o que no puede ser”. En la ética, la necesidad se expresa como consecuencia de la capacidad de los procesos afectivos para otorgar sentido a la experiencia y a los actos, valorarlos como positivos, negativos o neutros, permitiendo valorar el bien y el mal, evidenciando la unidad y complementación de lo cognoscitivo y lo afectivo en la psiquis y la personalidad humanas. La necesidad interactúa con otras categorías, la casualidad y la libertad, formando parejas que se alternan y complementan, una a través de la otra, que permiten conocer en qué condiciones se manifiesta el desarrollo de un fenómeno en la naturaleza, la sociedad o en la conciencia.
Casualidad. Se fundamenta en la interacción externa con multitud de fenómenos, permitiendo variedad de opciones, que hace posible la forma casual de ocurrencia del fenómeno. Las propiedades no esenciales del proceso, la diversidad y las particularidades de las interacciones externas determinan el
las personas se vuelve una reducción pragmática del proceso verdadero de la construcción libre del individuo o la comunidad. Si el sentido positivo de la libertad para poder fijar sus propios fines implica la libertad en su sentido negativo de actuar sin coacciones, no puede decirse lo mismo de su inversa. El ser autónomo tal y como lo ha entendido la bioética angloamericana de los principios éticos no implica el ser libre porque una elección puntual puede no solo no agregar nada sino incluso ser contraria a la libertad. Es por eso que la dignidad de la persona humana, entendida como el lugar que cada ser humano merece ocupar por el solo hecho de ser persona, no puede dejar de ser el verdadero fundamento del respeto por las personas o del respeto por la autonomía, entendido ahora como respeto de su libertad fundamental. [J. C. T.]
aspecto casual de su desarrollo momentáneo o transitorio, mientras que la necesidad expresa el movimiento y evolución constante del fenómeno hacia nuevas formas cualitativas de existencia. La cadena causal o derrotero del fenómeno es la resultante de la interacción entre las propiedades o esencias internas (necesarias) con las no esenciales externas (casuales). En ética, absolutizar lo necesario conduce a un determinismo mecanicista que resta al hombre su posibilidad de elección, de modificar acontecimientos para evitar desgracias o conquistar necesidades, se le niega la libertad, se le priva de la necesidad y posibilidad de realizar sus actos morales, concibiéndolo de forma pasiva, indefenso, conduce al fatalismo moral. Tomar lo casual y absolutizar el libre arbitrio conduce a un voluntarismo moral, en el cual el hombre hace planes de forma ingenua y arbitraria, triunfalista, de espaldas al conocimiento y al pronóstico científico, tira por la borda la experiencia de la humanidad, desprecia el contexto, la personalidad es vista como autónoma en sus decisiones con relación a determinantes y circunstancias objetivas. El logro de la libertad es posible por la forma en que interactúan las circunstancias objetivas y el conocimiento acumulado, con la capacidad de valorar y decidir, con conocimiento de causa, de la persona.
Interacción entre libertad y ética. La posibilidad de existencia libre del hombre está dada por su capacidad para decidir con conocimiento de causa y posibilidad de acceso a la satisfacción de sus necesidades. En el primer estadio de la cultura de la humanidad, las fuerzas de la naturaleza y la economía actuaban sobre el hombre de forma ciega para este y la libertad solo llegaba a “elegir entre opciones dadas por ese orden natural”. Una vez que el
desarrollo histórico de la conciencia social del hombre le permitió percatarse del efecto transformador de su actividad sobre la realidad y sobre él mismo (periodo renacentista, utopistas), la libertad avanza a un nuevo estadio, elección con conocimiento de causa o de la necesidad. Cuando los grupos progresistas y los menos corruptos, porque viven de su trabajo y no del ajeno, toman conciencia de la posibilidad de las mayorías de existir para sí mediante la restauración de la estructura económica, jurídica y moral de la sociedad, logrando justicia distributiva, equidad y educación para ejercerla como responsabilidad del Estado en un nuevo orden económico-social y moral, se engendra una nueva etapa de progreso moral. Aparece una nueva forma de existencia de la libertad como “actividad que permite al hombre conocer causas y necesidades, valorar y priorizar opciones y disponer de equidad de acceso a soluciones”. Después de esta conquista del pensamiento social y moral de la sociedad, continuar definiendo la libertad solo como derecho del individuo a elegir, al margen de las responsabilidades del Estado con su educación, sus derechos, la distribución de bienes y la equidad, constituye una postura retrógrada y engañosa. La existencia libre del hombre hay que educarla, para apropiarse del conocimiento y de los valores que le permitan evaluar causas, soluciones, posibilidades, prioridades y conocer la equidad de acceso conscientemente, porque sin ella puede elegirse lo dañino (sedentarismo, drogas, agresiones ambientales). Sin educación que transforme al hombre de especie en ser social y moral, no se puede hablar de hombre, de moral ni de libertad, mucho menos en este periodo de globalización llamado “sociedad de la información” que plantea como conquista la construcción de “nuevas tecnologías de la educación”. La libertad descansa en un potencial positivo, no en la fuerza de huir o evitar lo malo, porque el hombre hace valer su verdadera individualidad y la conquista activa de sus necesidades. Los actos humanos son necesarios, pero acompañados de la posibilidad de su conciencia, de su creatividad y de la valoración de sus actos. La moral es resultado de la actividad valorativa, se construye sobre el análisis de la experiencia de la actividad histórica, concreta y personal; resulta imposible aplicar una moral universal y abstracta que ignore circunstancias y consecuencias. Progreso social y progreso moral son conceptos más allá de expresiones genéricas de crecimiento, evolución y desarrollo. Deben expresar un proceso inmanente, generado por propiedades esenciales internas que determinan la necesidad y mueven el desarrollo de lo inferior a lo superior, de lo simple a lo complejo, que hacen evolucionar las relaciones de propiedad hacia la socialización progresiva, y la ley hacia los objetivos del derecho y el incremento de la equidad, basado
en el principio de justicia. Por tanto, no habrá progreso moral sin progreso social correspondiente, y viceversa. El objetivo primario de la actividad humana es la satisfacción de sus necesidades, desde la supervivencia hasta su placer, garantizando la armonía del equilibrio y evolución biológica, psíquica, de su progreso social y moral, con el ecosistema. Desconocer las necesidades, las opciones y la ini3quidad en el acceso a su satisfacción, implica la constricción de su libertad. La libertad reducida a derecho o autonomía para elegir es una falacia semántica, un metasentido del término libertad, manipulado ideológicamente por las minorías con poder económico y político. Prédicas morales guiando decisiones concretas basadas en principios universales y abstractos, desconociendo especificidades de contextos, no buscan soluciones sino divertimentos metodológicos o apariencias de observancia moral. Cuando la sociedad alcanza un desarrollo institucional, una estructuración del Estado como subsistema autorregulador, la conciencia del conocimiento y la moral acumulados así con la posibilidad de modificar la cultura y a sí misma, adquiere la necesidad de educar a los hombres para que sean libres como expresión de progreso moral, o asume las consecuencias de su autodestrucción. Parece que esta tesis relampagueó en las conciencias del Grupo de Roma y de Potter cuando lanzaron sus llamados de alerta para detener el holocausto generado por el desarrollismo del mercado y su divorcio entre el conocimiento y la moral.
Necesidad como categoría filosófica y como categoría ética. La necesidad se expresa en el movimiento y desarrollo de las manifestaciones del mundo material, en la sociedad, en el hombre y en su actividad cognoscitiva y valorativa, y por tanto en la moral y en la ética. Su realización permite pasar al siguiente estadio de evolución, alcanzar el equilibrio o la nueva cualidad. Puede confundirse con la causalidad cuando no se considera la contextualización y complejidad de las condiciones; ello exige a la ética relatividad en los análisis para la comprensión de la moral en diferentes lugares, culturas, épocas y situaciones de excepción. Necesidad y casualidad son categorías dialécticas que se complementan constantemente; es la unidad de lo que resulta imposible de otra forma y la posibilidad o elección en respuesta al contexto. Para entender las diferencias entre la necesidad como categoría filosófica y como categoría de la ética y de las ciencias particulares, debe considerarse que en la naturaleza el contexto de la necesidad es la conformación material orgánica o inorgánica; en la sociedad está conformado por la estructura económico-jurídica, la cultura material y espiritual, la ideología, la actividad social, las individualidades humanas y la especificidad situacional. La
necesidad en la biología se delimita y valora como lo que falta, lo que tiene que suceder o no suceder para la complementación de un proceso biológico, su equilibrio o para el siguiente paso de la evolución. Es identificada con la carencia o la presencia de lo que atenta contra el equilibrio, y su expresión en la conducta del animal desencadena actividad para su satisfacción, determinada por conductas heredadas o formadas en el intercambio con el medio natural. En la actividad de la psiquis humana socializada, la necesidad amplía su existencia por el aprendizaje, la apropiación de la cultura y las iniciativas individuales. Incorpora y socializa sus necesidades, incluso las biológicas y heredadas, respondiendo a necesidades sociales, condicionándolas socialmente y legitimándolas dentro de la moral vigente. Estas necesidades poseen relatividad cultural e individual, que se cumplen en la interacción de necesidades e intereses con las valoraciones morales. La necesidad de una conducta moral en el hombre comienza por presión externa (premio-castigo-indiferencia-curiosidad), adquiere sentido personal, se incorpora a la personalidad, modela una forma de expresión y se transforma en presión interna, como imperativo moral interno. La necesidad determina la regularidad desde la esencia interna de los fenómenos, aunque la contextualización y la complejidad la modelen desde fuera. Las opciones de un paso en la concatenación de los fenómenos es lo casual, pero el elemento desencadenante del paso específico es la necesidad. Necesidad y casualidad potenciales se mueven juntas hasta que se delimitan y separan, para repetir este movimiento. Toda comunidad para existir y desarrollarse tiende a un orden, en el cual la moral es un componente; el surgimiento y evolución de ese orden es la necesidad y las diferencias de los sentidos, significados y comportamientos como imperativo de ese orden moral, modelado por cada cultura, lugar y época, es el componente casual transitorio de ese orden moral. El surgimiento de la bioética evidencia la necesidad de renovación del orden moral y de las disciplinas particulares que lo estudien o apliquen y adviertan de sus tendencias y formas de propiciar su evolución, protegiendo los mejores valores de la cultura, así como los peligros que el desarrollo moral debe enfrentar. Las condiciones de excepción expresan lo casual, que en ética se enfrentan como mal menor, como en el caso de salvar la vida de una madre a través de un aborto terapéutico. Las regularidades en el desarrollo de los fenómenos, su estudio y conocimiento por la ciencia y su enunciado como ley, son posibles gracias a la existencia de la necesidad y la esencia interna que la expresa. Los principios de la bioética constituyen una necesidad para el entendimiento y el orden de la comunidad internacional, posibilitando
la expresión de valores y derechos de los estados y de las mayorías, siempre que se adecuen a las condiciones concretas donde se apliquen. La correlación de fuerzas a favor de naciones que reúnen poder productivo, comercial, militar, financiero y de los medios de difusión hace que la aplicación de los principios se manipule y oriente a imperativos abstractos, hacia problemas puntuales regionales, de autonomía de minorías o individuos, y se dejan las manos libres a los círculos de poder. Se ha construido un discurso abstracto y desvirtuado, con términos de atractivo universal como libertad, derechos humanos, diálogo, bienestar, felicidad, autonomía, desarrollo y otros, que aun fuera de contexto dan apariencia de entendimiento, respeto y altruismo. Pero pregúntese a los decisores del poder si quisieran disfrutar, con exquisita equidad, la libertad, los derechos, la autonomía y el bienestar de las comunidades del altiplano de los Andes. El tratamiento, interpretación o aplicación de los principios de la bioética permitirá la expresión de valores y derechos de toda la sociedad o solo de una parte de ella. Para un aprovechamiento universal, y contextualizado, deberán aplicarse con dominio de las expresiones singulares en conflictos y diálogos. Tratados como abstracciones fuera de contexto, hacen que la bioética pierda valor y universalidad. La autonomía en la sociedad liberal, que centra su atención en la capacidad de elección como libre arbitrio aislada de los determinantes económicos, sociales y psicológicos, conduce a una concepción de autonomía sin el límite de la prioridad de las mayorías o principios morales de mayor nivel, y puede conducir al individualismo o a la condición de suprasocial (absoluta), por haber dado más importancia a la posibilidad de decidir que al resultado humanitario o moral de la decisión. La bioética nació como una ética particular en un periodo de “globalización” que acumuló problemas de alta peligrosidad para la supervivencia humana; para proteger a la sociedad y al individuo, deberá contribuir con cada sociedad a alcanzar el grado de soberanía y desarrollo que permite la cultura actual, que transforme a los individuos humanos en seres sociales, alfabetizados, alimentados, con vivienda, higiene, protección de su salud, empleo y seguridad social, para que puedan ocupar sus espacios con participación social y equidad en los diálogos éticos. Esa debe ser la meta de la bioética, de sus principios y su metodología, así como de los que se auxilian de ella para contribuir con el progreso humano. Si la bioética promueve equidad y participación social de las mayorías, su divulgación y práctica estimularán libertad y necesidad de moralización social, de entendimiento humanizador; de lo contrario, podría reducírsele a opio paliativo de los males de la globalización. Salvémosla.
Referencias Dámaso Gómez. “¿Justicia o injusticia social?”. Capítulo de texto Ciencias Sociales de la carrera de medicina. Proyecto Policlínico Universitario. Universidad Médica de La Habana. 2005. - José R. Acosta (ed.). “El gen egoísta del mundo global”, en Bioética para la sustentabilidad, La Habana, Publicaciones Acuario-Centro Félix Varela, 2002. - Ariel Barreras. “Construcción de una teoría ética”, en Bioética para la sustentabilidad, óp. cit. - C. Maldonado. Visiones sobre la complejidad, Bogotá, Ediciones El Bosque, 1999. - Miguel Suazo. “Pérdida de la identidad en la juventud a través de la globalización y su impacto en los sistemas y jerarquías de valores”, en Bioética para la sustentabilidad, óp. cit. - Diego Gracia. Fundamentación y enseñanza de la bioética, Bogotá, Editorial El Búho, 1998. - Julio Carranza. “Cultura y desarrollo. Algunas consideraciones para el debate”, en Bioética para la sustentabilidad, óp. cit. - Volnei Garrafa y Dora Porto. “Bioética, poder e injusticia: por una ética de intervención”, en Bioética para la sustentabilidad, óp. cit. - Ubaldo González. “Ubicación de la ética, la bioética y la ética médica en el campo del conocimiento”. Ensayo presentado a debate en la Cátedra de Ética y Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana. Abril 2002; Rev Cub de Salud Pública, 28, No. 3, 2002.
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