Investigación médica básica
Alina Alerm González (Cuba), Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana
Investigación en salud
Investigación médica básica. Se entiende por investigaciones médicas básicas aquellas que poseen como objeto de estudio particularidades de las estructuras, el funcionamiento y los comportamientos del organismo de los humanos y sus alteraciones, y están encaminadas a obtener conocimientos, pero no a producir metodologías, tecnologías, ni a intervenir directamente en el hombre. Constituyen una de
las clasificaciones de la ciencia. La ciencia es una forma de la conciencia social, un estilo de pensamiento y de acción en la que tenemos que distinguir entre el “trabajo, la investigación, y su producto final: el conocimiento” (Bunge, 1966). La investigación como trabajo con el que se obtiene un producto intelectual está determinada por la estructura económico-social en la que se desarrolla, recibe la influencia de otras formas de la conciencia social y de lo que ella misma ha creado, pues posee entre sus características esenciales un sistema autocorrector. Sin embargo, en la actualidad persisten debates entre quienes la consideran totalmente desinteresada, imparcial, sin que obedezca a presiones externas o al margen de compromisos ideológicos y morales, y los que consideramos que forma parte de una concepción del mundo predominante, que obedece a una ideología, se ajusta a la moralidad de una época y está sometida a una actividad valorativa general en relación con su jerarquización o su uso. La manera de entender la credibilidad de la búsqueda y validación de la verdad ha cambiado de un contexto individual de los investigadores a una exigencia de validación a través del consenso de la intersubjetividad de la comunidad científica. La investigación y sus resultados se hacen creíbles y respetables una vez conocidos, declarados válidos y aprobados por la comunidad científica y por el grupo sociocultural en la que se difundirán y aplicarán (Bacallao, 2002). La ciencia, como manifestación del quehacer humano, al ser valorada por la sociedad como un buen o mal proceder, adquiere una connotación ética. Esta actividad es compleja por sus objetos de estudio, métodos, objetivos y alcances. Se le denomina ciencia formal si su objeto de estudio son aspectos del conocimiento que no se encuentran en la realidad, estudian ideas, sus interrelaciones y ordenamiento y la forma en que el hombre la procesa en su actividad psíquica; y ciencia factual si estudia hechos que ocurren en el mundo, acuden a esa realidad y apelan a la experiencia para realizar investigaciones. Por sus objetivos y alcance se denomina “pura” cuando tiene como objetivo incrementar el conocimiento o aumentar nuestro bienestar y poder; y “aplicada” si tiene como objetivo la aplicación práctica de los resultados obtenidos con los mismos métodos de la ciencia “pura”. Tiene valoración diferente en cuanto a los buenos procederes que debe caracterizarla, y en cuanto a las consideraciones éticas a las que la somete la comunidad científica y la sociedad. En la investigación “pura”, básica o fundamental, los investigadores buscan nuevas leyes naturales, tratan de entender mejor el mundo y su evolución. Las investigaciones médicas básicas se encaminan a enriquecer o modificar el cuerpo de teorías y leyes científicas
acerca del organismo, pero, por ser creaciones humanas con repercusiones en las personas, en la naturaleza y en la sociedad, forman parte del interés social y deben ser valoradas socialmente como buen o mal proceder.
Requerimientos éticos de las investigaciones médicas básicas. Para Lolas (2000), estas investigaciones poseen como únicos requerimientos éticos los relacionados con la validez de los resultados, la propiedad e idoneidad de los métodos e instrumentos empleados, la exactitud de las mediciones, el ajuste a la estricta verdad sin falsificación deliberada de los datos, sin adulteración de registros u omisión de fuentes de información, la apropiación indebida del trabajo o de resultados de otros investigadores, el uso inadecuado y abuso de animales de experimentación o incluso de los seres humanos. Pero esta forma de ver el compromiso ético obvia problemas de legitimidad derivados del hecho que la ciencia, sea cual fuere su objetivo y alcance, puede tener en un plazo de tiempo impredecible aplicaciones indebidas de sus resultados, subordinarse al poder económico, político o militar de las minorías en contra de las mayorías desposeídas, sin olvidar los efectos sobre el ecosistema o la enajenación mental que pondría en crisis la posibilidad de subsistencia de los seres humanos del futuro. Las investigaciones médicas básicas deben someterse a un control ético con participación social, que analice las posibles consecuencias basado en un pronóstico a largo plazo. No faltarán dilemas éticos alrededor de conflictos de intereses entre las motivaciones de los investigadores, las necesidades de la sociedad, la disponibilidad de recursos, las presiones de las instituciones donde se realizan, de los grupos de poder que sustentan a las transnacionales y la posibilidad de distribuir equitativamente las aplicaciones beneficiosas que se derivarían a largo o mediano plazos. Los temas más investigados son los que afectan a sectores con mejor nivel de vida, en detrimento de las enfermedades de países pobres con elevadas morbilidad y mortalidad. Se estima que 90% del presupuesto anual mundial para las investigaciones médicas se dedica a enfermedades que afectan al 10% de la población (Commission on Health Research for Development, 1999). Esta dimensión ética, relacionada con la selección de los problemas para las investigaciones básicas, requiere consenso dentro de la comunidad científica, con participación social, para equilibrar las investigaciones sin coartar la iniciativa creadora de los científicos, afectar su autonomía, ni lesionar su curiosidad natural. La curiosidad intelectual es la fuente de la mayoría de los conocimientos científicos y, según Bunge, “el hombre es el único ser problematizador, el único que puede sentir la necesidad y el gusto de añadir
dificultades a las que ya le plantea el medio natural y el social y que tiene la capacidad de ‘percibir novedad’ y ‘ver’ nuevos problemas e inventarlos”, (Bunge, 1966). Pero el conocimiento por el conocimiento no se justifica, y para otorgar fondos limitados, la justificación y propósitos de la investigación deberán responder a problemas de alta prioridad para las mayorías o, al menos, un grupo social necesitado. Cuando las desigualdades sociales se incrementan en países con economías de mercado, la evolución del modo de pensar en la ética de la investigación se mueve de acuerdo con los modos históricos de interacción entre países desarrollados y los que eufemísticamente están en vías de desarrollo (Penchaszadeh, 2002), porque estos estudian problemas del primer mundo y los que tienen continúan sin prioridad. Consorcios que evaden impuestos crean fundaciones que financian investigaciones sobre temas prefijados, importantes para el país que paga, pero no para el del investigador. La reducción de los presupuestos para la investigación en universidades lo favorece, pues para sobrevivir como academia venden su fuerza “intelectual” a poderosos financistas interesados en temas muchas veces ajenos a las necesidades de las mayorías. La ciencia concomita con problemas de desigualdad social, donde el impacto a largo plazo de los resultados de los descubrimientos científicos no se distribuye igualmente, porque la aplicación del progreso y la justicia distributiva de los bienes y los derechos depende de la estructura económica y social. Las iniquidades en salud no pueden desvincularse de las investigaciones médicas básicas, porque estas dan soporte teórico para la prevención de enfermedades, y muchos diagnósticos y tratamientos se basan en resultados que se obtuvieron en investigaciones básicas.
Los fines, las consecuencias, las circunstancias. El juicio moral, favorable o no para las investigaciones médicas básicas, dependerá de que se distinga entre fines objetivos y subjetivos, que son los propósitos. Cada vez más aceleradamente, los conocimientos obtenidos en investigaciones básicas son marco conceptual de investigaciones aplicadas que pueden incumplir principios éticos porque atentan contra la salud y la integridad de las personas, inducen conductas eugenésicas y discriminatorias, y violen el principio de la justicia, lo que obliga a establecer normas. Pero deben meditarse las bases para un compromiso ético entre los científicos en previsión de esas consecuencias, y tener en cuenta –según apunta Gracia (1998)– que con un sistema de principios, sea el que fuere, no se pueden solucionar a priori todos los problemas morales. Las circunstancias aportan un toque particular al debate ético en relación con los fines y las consecuencias, pues cualquier enfoque, por
ser producto de juicios valorativos de seres humanos, está sujeto a cambios que dependen de las ideas que predominan en sus instituciones, en el contexto de su sociedad y de su cultura y, a su vez, dependen del carácter intrínseco de cada sociedad, determinado por las relaciones de propiedad y por el sistema jurídico. La rigidez de los principios morales se rompe en ocasiones frente a la fuerza de la realidad (Gracia, 1998), pero las justificaciones de excepciones basadas en las circunstancias podrían abrir brechas para revestir de moralidad consecuencias de investigaciones básicas que a todas luces no son éticas, aunque se intente ampararlas desde otro principio de rango superior. Por tanto, la humanidad deberá exigir que sean sometidas a debate por la sociedad, participando la comunidad científica e incluso organizaciones multinacionales, pero con criterio propio y no manipuladas por grupos de poder de naciones que mantienen la hegemonía mundial.
Los métodos y procedimientos. Un enfoque poco convencional al tratar aspectos éticos de las tecnologías empleadas en las investigaciones básicas es el relacionado con limitaciones para elegir las originadas en países industrializados, que están fuera del alcance de los más pobres por su elevado costo, además de existir monopolización del desarrollo científico-técnico por un reducido número de países y corporaciones trasnacionales. Las barreras que obstaculizan la elección y el acceso a los procedimientos pertinentes para las investigaciones médicas básicas, lejos de disminuir han aumentado, lo cual cierra las oportunidades de lograr investigaciones de avanzada en los países del tercer mundo (Choucri, 1998). Añádanse las graves lagunas tecnológicas de los países pobres, que no tienen capacidad para el desarrollo de esas investigaciones porque carecen de investigadores calificados. Los que logran alcanzar un desempeño destacado, emigran hacia países industrializados donde encuentran un mercado laboral que les permite alcanzar desarrollo profesional y bienestar material. Junto al debate de si las técnicas son éticamente permisivas para usarlas en investigaciones médicas básicas, ya que pueden causar perjuicio a los individuos objeto de la investigación o a los investigadores, la pertinencia de los métodos, la exactitud de las mediciones, la excelencia en la ejecución de procedimientos y otros elementos inherentes a su aplicación y ejecución, deberán analizarse los conflictos globales de las desigualdades de acceso a las tecnologías, que atentan contra el desarrollo equilibrado de la ciencia en el mundo. Las tecnologías de última generación y ciertos procedimientos no han sido aún validadas por el tiempo, importante comprobador de inocuidades o de efectos dañinos a largo plazo, para valorar si un proceder cumple los
requisitos éticos para emplearlo. Afirmar que “se cumplieron los requerimientos del consentimiento informado” para incorporar seres humanos a las investigaciones médicas básicas no legitima el sufrimiento ni el perjuicio a la salud. El debate en torno al consentimiento informado es largo y no es objeto de este acápite, pero el aporte de Núñez de Villavicencio (1997), cuando se refiere a que el consentimiento debe ser educado, porque “no siempre basta con informar al sujeto para que esté debidamente preparado para tomar decisiones, porque educar es mucho más que informar”, es crucial en investigaciones básicas donde estén implicados seres humanos.
Consideraciones finales. Cuando se habla sobre desarrollo humano y su influencia en la investigación, se alude generalmente a sus resultados en términos eufemísticos de beneficencia, sin considerar que los problemas éticos fundamentales se encuentran en la existencia o ausencia de justicia mediante la distribución equitativa de la beneficencia, porque el desarrollo humano no alcanza el verdadero valor moral positivo que se le puede atribuir hasta que no responda a criterios de justicia y de intereses de las mayorías, de contexto y situaciones específicas. Los problemas de justicia en relación con la distribución de los resultados de las investigaciones médicas básicas, aunque sean a largo plazo, tendrían que ocupar un lugar destacado en la identificación de nuevos dilemas éticos, así como entre los problemas sobre los que podría investigar la bioética, porque en el mundo actual, en lo que se refiere a salud humana, lo que resultaría “no ético” sería invertir tiempo y recursos en obtener conocimientos que no aportaran, al menos a largo plazo, aplicaciones que permitieran solucionar los grandes problemas sanitarios de la humanidad, y tener la certeza de que fuesen distribuidos con equidad en todos los conglomerados humanos.
Referencias Mario Bunge. La investigación científica. Su estrategia y su filosofía, Barcelona, Ediciones Ariel, 1966. - Jorge Bacallao. “Neutralidad y compromiso: la presencia de la dimensión ética en el trabajo científico”, en José Acosta Sariego (ed.)., Bioética para la sustentabilidad, La Habana, Centro Félix Varela-Publicaciones Acuario, 2002. - Fernando Lolas. “Ética de la investigación biomédica: aspectos, perspectivas, contextos”, en Bioética y antropología médica, Santiago de Chile, Publicaciones Técnicas Mediterráneo, 2000. - Commission on Health Research for Development. Health Research: Essential Link to Equity in Development, Oxford, Oxford University Press 1999. - Víctor Penchaszadeh. “Ética de las investigaciones biomédicas en un mundo globalizado”, en José Acosta Sariego (ed.), Bioética para la sustentabilidad, La Habana, Centro Félix Varela-Publicaciones Acuario, 2002. - Diego Gracia. Fundamentación y enseñanza de la bioética, Bogotá,
Editorial El Búho, 1998. - N. Choucri. “Red de conocimientos para un ‘salto tecnológico’”. Cooperación Sur, Nº 2, New York, PNUD, 1998. - Fernando Núñez de Villavicencio. “Bioética: el médico, un educador”, en Bioética desde una perspectiva cubana, José Acosta Sariego (ed.), La Habana, Centro Félix Varela, 1997.
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