Eficacia tecnológica
Rodolfo Gaeta (Argentina), Universidad de Buenos Aires
Ciencia y tecnología
Técnica y tecnología. En el ámbito de la filosofía de la tecnología, una disciplina que se ha desarrollado en las últimas décadas, se utiliza una serie de términos preexistentes a los que se ha tratado de dotar de un significado más preciso que el sentido propio del lenguaje corriente. Sin embargo, no hay un acuerdo unánime al respecto, además, no siempre los especialistas se atienen a las definiciones que ellos mismos han propuesto. De todos modos, las caracterizaciones más usuales constituyen una guía necesaria para interpretar correctamente los textos en los que se tratan esos temas. El sustantivo técnica se emplea para designar un procedimiento descubierto o ideado para llevar a cabo una tarea dirigida a la obtención de un fin determinado, por lo general la transformación o producción de un objeto, pero no necesariamente una entidad material. Así, hay técnicas para encender fuego, cultivar vegetales y construir casas, pero también las hay para realizar cálculos matemáticos y llevar a cabo tratamientos psicológicos y operaciones quirúrgicas. Una característica de las técnicas reside en el hecho de que determinan conductas reproducibles, esto es, procedimientos que pueden reiterarse cada vez que se intente obtener resultados semejantes a partir de condiciones similares. Conforme a estos rasgos, es obvio que el conjunto de las técnicas, en el sentido general, comprende un enorme abanico de acciones humanas que incluye desde las más sencillas y primitivas hasta las más modernas y complejas. Pero en un sentido restringido, los filósofos de la tecnología suelen reservar la expresión técnica para referirse a los tipos de procedimiento que no requieren conocimientos estrictamente científicos, las antiguas prácticas agrícolas, por ejemplo. Denominan tecnología, en cambio, a las técnicas que son el resultado de la aplicación de las investigaciones científicas, en especial los procedimientos que se enmarcan en procesos industriales; y por ese motivo, mientras la cocción de los alimentos responde a técnicas de trasformación conocidas desde épocas muy remotas, la pasteurización es actualmente un ejemplo de tecnología muy difundido.
Eficacia, eficiencia y efectividad. Hemos dicho que las técnicas y las tecnologías se introducen para alcanzar un propósito determinado, pero ello no implica que la finalidad propuesta se logre de hecho. Por esa razón, cabe preguntarse si una técnica o tecnología produce o no los resultados esperados, y en caso afirmativo se concluye que es eficaz. Debe advertirse, sin embargo, que esta definición, pese a ser muy frecuente, genera una
dificultad, pues, seguramente una técnica podría considerarse eficaz aun cuando fallara en algunas oportunidades. En consecuencia, la definición debería ser complementada con un criterio que permitiera establecer, como signo de la eficacia del procedimiento, el porcentaje mínimo de casos en los cuales se logra el objetivo. Asimismo, en vista de que, en cada caso, el propósito deseado puede cumplirse en mayor o menor medida, se hace necesario fijar el límite que indique tal cumplimiento. En algunos textos, el grado en el que se realiza el resultado se denomina efectividad. Por otra parte, asociado a la eficacia y la efectividad se encuentra el concepto de eficiencia, es decir, la capacidad de alcanzar la finalidad deseada de la manera más conveniente. La idea deriva sobre todo de la termodinámica, en cuyo campo se mide la eficiencia de una máquina como la relación del trabajo realizado por una máquina con el consumo de combustible que emplea para ello, de manera que la máquina será tanto más eficiente cuanto menos insumos derroche para llevar a cabo una determinada tarea. Sin embargo, la aplicación de un criterio económico deberá tener en cuenta la incidencia de múltiples factores; por ejemplo, el costo de adquisición del aparato, la confiabilidad de su funcionamiento, su durabilidad, la facilidad de operación, etc. Los procesos tecnológicos, naturalmente, constituyen un complejo de múltiples factores, y no todos ellos pueden cuantificarse, de modo que la evaluación de la eficacia tecnológica debe extenderse a fin de precisar los valores que han de tenerse en cuenta cuando debe elegirse uno u otro curso de acción; por esa razón debe ponderarse la importancia de las distintas variables que intervienen y el peso de cada una de las consecuencias producidas, sin dejar de lado las consideraciones éticas que marcan los límites de tales decisiones y obligan a descartar opciones que podrían resultar eficaces si no se tuviera en cuenta este aspecto.
Referencias Miguel Ángel Quintanilla, Tecnología: un enfoque filosófico, Buenos Aires, Eudeba, 1991. - Javier Echeverría, “Teletecnologías, espacios de interacción y valores”, Teorema, Vol. XVII Nº 3, 1998.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.