Desarrollo y dependencia
José Portillo (Uruguay), Asociación Latinoamericana de Medicina Social
Desarrollo humano y educación
Desarrollo y subdesarrollo. El desarrollo económico es el proceso de crecimiento de una economía, a lo largo del cual se aplican nuevas tecnologías y se producen transformaciones sociales, con la consecuencia de una mejor distribución de la riqueza y del ingreso. Las teorías económicas liberal y neoliberal han enfatizado en el crecimiento económico sobre los aspectos distributivos y las mejoras sociales y han defendido el rol del mercado en el crecimiento económico. El subdesarrollo sería la situación de los países menos avanzados, que se caracteriza entre otras cosas por tener un bajo ingreso por habitante, un reducido nivel de ahorro y una escasa dotación tecnológica. A ello se agregan altos índices de analfabetismo, elevado peso relativo de la agricultura, elevadas tasas de desempleo, grandes diferencias en la distribución interna del ingreso y elevada tasa de crecimiento de la población. La escasez de capital físico y de capital humano (cantidad de conocimientos técnicos y calificaciones que posee la población trabajadora, procedentes de la educación formal y de la formación en el trabajo) y las relaciones internacionales de dependencia condicionan el subdesarrollo.
El subdesarrollo como ausencia de desarrollo. La teoría del desarrollo señala que, para lograr el desarrollo, determinada sociedad alcanza, con la adopción de normas de comportamiento, actitudes y valores identificados con la racionalidad económica moderna, caracterizada por la búsqueda de la máxima productividad, la generación de ahorro y la creación de inversiones que llevasen a la acumulación permanente de los individuos y, en consecuencia, de toda la sociedad. En la primera mitad del siglo XX se insistió en el llamado modelo de sustitución de importaciones, consistente en el remplazo de parte de las importaciones por producción nacional, con el objetivo de propiciar la puesta en marcha de un proceso de industrialización endógeno. Más o menos contemporáneos, otros autores (Baran) entendieron que la economía socialista (estatización de los grandes medios de producción) permitiría una mejor gestión del excedente económico con la consiguiente mejor
claro. Enseñar las virtudes políticas es algo más que razonable: se trata casi de un sentido común. Enseñar bioética atendiendo a estas preocupaciones puede ser algo más que un discurso hueco, aunque exista el peligro de que lo sea. Puede ser una forma legítima de persecución de la virtud. [J. C. T.]
distribución de la renta y un crecimiento económico más rápido y equilibrado. Las teorías señaladas tienen en común la visión del subdesarrollo como ausencia de desarrollo.
Desarrollo y teoría de la dependencia. La teoría de la dependencia (T. Dos Santos), en sus diferentes variantes, señala por el contrario que el subdesarrollo está conectado con la expansión de los países industrializados; desarrollo y subdesarrollo son aspectos diferentes de un mismo proceso universal. El subdesarrollo no es una primera condición de un proceso evolucionista y la dependencia no sólo es un fenómeno externo, sino también interno (político, social, cultural, ideológico). La tendencia actual y creciente a la exclusión social, como resultado del aumento de la concentración económica y de la desigualdad social, parece confirmar esta propuesta teórica, sobre todo en América Latina. Para estos autores, el desarrollo del capitalismo dependiente no asegura mayor generación de mano de obra que en el pasado y, muy por el contrario, parece que la tendencia al desempleo abierto y encubierto tiende a ser mayor. Solo una gran inversión en tecnología de punta, con alto grado de educación, permitiría eludir la dependencia (Irlanda, Finlandia, Costa Rica). Los países centrales captan los excedentes económicos de los países periféricos y dependientes en parte por el intercambio comercial desigual, pero se agrava por el pago de intereses, royalties, servicios técnicos y remesas de utilidades abiertas o disfrazadas.
Desarrollo neoliberal de los noventa. El llamado Consenso de Washington, producido por los organismos internacionales de crédito, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, formuló una serie de recomendaciones para los países dependientes que a lo largo de la década del 90 contribuyeron a agravar la situación de dependencia. Las medidas sugeridas fueron la estabilidad macroeconómica (control de la inflación, disminución del déficit presupuestario), reforma financiera y estímulo de la competencia (promoviendo el libre comercio, facilitando la privatización y forjando políticas de competencia). Estas políticas contribuyeron al aumento de la pobreza sin crecimiento económico sostenido. Para algunos
Diccionario Latinoaméricano de Bioética
autores (Stiglitz), estas medidas deben acompañarse de una participación del Estado, que permita corregir las insuficiencias del mercado y ampliar las metas del desarrollo. La clave para reconciliar el crecimiento económico con el desarrollo social consiste en la habilidad de la política para diseñar un proyecto democrático que genere un sistema de regulación razonable y justo de las esferas pública y privada. Algunos autores (Barkin) proponen, para el caso de América Latina, nuevas estrategias para el desarrollo rural sostenible, basadas en la participación popular, la autosuficiencia alimentaria y la regeneración ambiental. Para otros teóricos contemporáneos (Sen), el desarrollo exige fundamentalmente la eliminación de las principales fuentes de privación de libertad: la pobreza, la tiranía, la escasez de oportunidades económicas, las privaciones sociales, la falta de políticas de protección social adecuadas y suficientes. La contribución del mecanismo de mercado al crecimiento económico es importante, pero solo cuando se reconoce la absoluta libertad para participar en ese juego de intercambio. La extrema pobreza contribuye a coartar la libertad. Se necesitarían cinco tipos de libertades: libertades políticas, de los servicios económicos, de las oportunidades sociales, de las garantías de transparencia y de la seguridad protectora. La cuestión de la desigualdad se puede apreciar mejor si se tiene en cuenta no solo la distribución de la renta, sino la distribución de libertades y de las capacidades fundamentales. Para corregir las insuficiencias del mercado y para que este funcione mejor, es necesaria la intervención de las instituciones que proveen servicios que no se venden, por ejemplo la educación y la salud pública.
Las Naciones Unidas y el desarrollo. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo ha creado un índice para medir y comparar a todos los países en sus logros en su capacidad para mejorar la calidad de vida de sus habitantes. El índice de desarrollo humano (IDH) es una medida sinóptica del desarrollo humano. Mide el progreso medio de un país en tres aspectos básicos del desarrollo humano: 1. Disfrutar de una vida larga y saludable, lo que se mide a través de la esperanza de vida al nacer; 2. Disponer de educación, lo que se mide a través de la tasa de alfabetización de adultos y la tasa bruta combinada de matriculación de primaria, secundaria y terciaria; 3. Tener un nivel de vida digno, lo que se mide a través del PBI per cápita (en dólares con paridad de poder adquisitivo). Se crea un índice para cada componente y el IDH es el promedio de los índices de los componentes. Este índice permite ordenar a todos los países del mundo y evaluar anualmente los avances más o menos acelerados. El valor 1 es el máximo. Los países industrializados tienen un
índice promedio de 0,935, mientras que América Latina y el Caribe tienen un índice de 0,777. Los países menos adelantados tienen un índice de 0,446. (Las cifras corresponden al Informe de 2004). En septiembre de 2000 se reunieron, en la sede de las Naciones Unidas, 147 jefes de Estado y de gobierno para considerar los problemas más acuciantes de la humanidad, en particular el subdesarrollo y sus consecuencias. Se reconocieron ocho grandes objetivos: 1. Erradicar la extrema pobreza y el hambre; 2. Lograr la educación primaria universal; 3. Promover la equidad de género y el fortalecimiento social de la mujer; 4. Reducir la mortalidad de los niños menores de 5 años; 5. Mejorar la salud materna; 6. Combatir el VIH/sida, la malaria y otras enfermedades infecciosas; 7. Asegurar un ambiente sustentable; 8. Crear un modelo global de desarrollo socio-económico. Se fijaron varias metas cuantitativas para evaluar periódicamente los logros. Los pobres resultados obtenidos hasta el presente hacen dudar seriamente de alcanzar los resultados previstos para 2015. Algunos autores (Attaran) lanzan fuertes críticas metodológicas a las medidas realizadas por el sistema de agencias de Naciones Unidas, lo cual agrava aún más los escasos logros obtenidos.
Referencias A. Attaran. An immeasurable crisis? A criticism of the millennium developement goals and why they cannot be measured, PLoS Med 2 (10):e318, 2005. - V. Beker y F. Mochón. Economía. Elementos de micro y macroeconomía, Madrid, McGraw-Hill, 1994. - T. Dos Santos. La teoría de la dependencia. Balance y perspectivas, Barcelona, Plaza y Janés, 2002. - B. Kliksberg (comp.). Ética y desarrollo. La relación marginada, Buenos Aires, El Ateneo, 2002. - Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Informe sobre Desarrollo Humano. La libertad cultural en el mundo diverso de hoy, 2004. - A. Sen. Desarrollo y libertad, Barcelona, Planeta, 1999.
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