Atención clínica y contexto social
Jorge Otero Morales (Cuba), Facultad de Ciencias Médicas Finlay-Albarrán
Bienestar › Atención de la salud
La clínica y el enfermo como particular concreto. Clínica viene del latín clin ce; y este del griego , de , que significa cama o lecho. Si asumimos que la imagen que simboliza a un enfermo es la de un individuo en cama, es factible aceptar, desde el punto de vista etimológico, que clínica es un término referido al enfermo. En correspondencia con su etimología, la Real Academia Española le asigna al vocablo tres acepciones: ejercicio práctico de la medicina relacionado con la observación del paciente y su tratamiento; conjunto de manifestaciones de una enfermedad; y establecimiento sanitario donde se diagnostica y trata a un paciente. Clínica distingue, por tanto, desde el punto de vista lingüístico: actos, hechos e instituciones vinculados propiamente con el enfermo, es decir, el ente real, concreto e individual donde se manifiesta, produce y origina la enfermedad. Esta vinculación de clínica a acciones que tienen como objeto un enfermo en particular y la enfermedad que este sufre concretamente, como ente individual, es lo que ha permitido contraponer este vocablo al de patología, término que suele emplearse en el ámbito médico como sinónimo de entidad nosológica y de especie morbosa, por cuanto significa la enfermedad en su concepción científica, es decir, como especie o entidad abstracta y universal en la cual solo suelen delinearse aquellas manifestaciones, hechos o situaciones que se presentan con regularidad en un conjunto determinado de enfermos (Gracia, 2001). Esta distinción entre la clínica como expresión del hecho concreto y singular, y de la patología como la concepción abstracta y universal de la existencia de este hecho en un conjunto de enfermos, resulta esencial para comprender el valor que tiene la utilización del vocablo clínica como adjetivo. Así, cuando nos referimos a la ética clínica o la farmacología clínica, lo que se quiere realmente significar con estos términos es que el quehacer ético y farmacológico en estos casos está orientado a solventar situaciones concretas y particularizadas del paciente y no situaciones universales y abstractas de
la ciencia correspondiente. Por ello el término clínico ya implica por sí mismo una concepción metodológica.
La atención clínica según el contexto social del sistema de salud. En correspondencia con lo expuesto es dable definir inicialmente el concepto de atención clínica como aquella atención médica que tiene como objeto el enfermo propiamente dicho, es decir, el ente como tal que sufre el proceso de enfermedad, y cuyo fin es solventar situaciones diagnósticas y terapéuticas en relación con el proceso de enfermedad que este sufre concretamente. Esta concepción de atención clínica suele armonizar bien con el sentido lato que en la práctica cotidiana del lenguaje se le dispensa al término desde hace años y puede temporizar, por demás, también muy bien, en el contexto social de una medicina netamente hospitalaria, curativa, personalista y especializada, propia de la segunda mitad del siglo pasado y que todavía subsiste en muchos países en vías de desarrollo. Sin embargo, en el contexto social de países donde el sistema de salud se sustenta en la atención primaria, la definición expuesta puede resultar un tanto inapropiada, ya que en este contexto las acciones, en aras de promocionar la salud y prevenir las enfermedades, no están solo orientadas al individuo enfermo, sino también al paciente supuestamente sano e incluso a la familia y a la comunidad. Para contemporizar con la existencia de ambos contextos sociales es preferible definir atención clínica como la atención profesional, médica o sanitaria, que tiene como objeto el individuo, la familia y la comunidad, y cuyo fin es solventar las situaciones de salud que se presentan, empleando con este propósito una metodología afín a la clínica. Debemos aclarar que la definición expuesta no contraviene la esencia del término clínica, pues este sigue significando ese quehacer que tiene como objeto el caso concreto, solo que ahora caso no es únicamente el enfermo, sino también el individuo aparentemente sano, la familia y la comunidad. Esta concepción de la clínica, en la cual caso puede ser también la comunidad propiamente dicha, si se le enfoca como una unidad existencial concreta y singular, es lo que hizo posible que a mitad del pasado siglo surgiera la epidemiología clínica, orientada al diagnóstico y al tratamiento de las situaciones de salud que afectan concretamente a una comunidad. Por último, valga significar que cuando nos referimos a la atención clínica no solo nos estamos refiriendo a la atención técnica, sino también a la atención ética. De ahí que, en el contexto de la atención primaria, la ética clínica no solo está obligada a considerar situaciones que atañen al individuo, sino también a la familia y a la comunidad.
Referencias P. Laín Entralgo, Antropología médica para clínicos, Barcelona, Salvat, 1984. - D. Gracia, Procedimientos de decisión en ética clínica, Madrid, Eudema, 1991. - D. Gracia, “La deliberación moral: el método de la ética clínica”, en Medicina clínica, Barcelona, 117: 18-23, 2001. - D. Gracia y J. Júdez, Ética en la práctica clínica, Madrid, Fundación de Ciencias de la Salud, Editorial Triacastela, 2004.
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