Aspectos sociales de la bioética
Francisco Maglio (Argentina), Asociación Argentina de Medicina Antropológica
Sociedad
La bioética (ética aplicada a la vida) no debe circunscribirse a lo discursivo; debe ser, además, un instrumento para mejorar la calidad de vida de la gente, promoviendo y defendiendo los Derechos Humanos fundamentados en la dignidad de las personas. De no ser así, es una bioética vana. La bioética tampoco debe circunscribirse al área médica; debe ser abarcativa de todos los espacios de la vida social. Veamos, entonces, las áreas de incumbencia de la bioética en la problemática latinoamericana, resaltando en cada una de ellas los aspectos más conflictivos.
Economía. América Latina es una de las regiones del mundo de mayor injusticia en la distribución de la riqueza: el 10% más rico concentra el 58% de la riqueza; el 10% más pobre, solamente el 1,8%; 150 millones viven con 2 dólares por día, y de ellos el 75% son aborígenes. En el caso concreto de Argentina más de la mitad de los adolescentes vive con menos de un dólar estadounidense diario. La deuda externa es una de las más importantes causas del atraso de la región: en los últimos 20 años se pagaron 1,4 billones de dólares en servicios de la deuda, lo cual representó 5 veces la deuda original, pero aún se debe 3 veces más. Unilateralmente la banca acreedora aumentó en la década de los setenta la tasa de interés del 6 al 20% anual.
Ecología y tierra cultivable. Por tala indiscriminada sin políticas oficiales de reforestación se ha perdido el 70% de los bosques. La introducción de semillas transgénicas se ha realizado sin cumplir adecuadamente los tres requisitos del principio bioético de precaución: a) que no dañe la salud de las personas; b) que no altere el equilibrio ambiental; c) que no profundice las diferencias sociales. El ejemplo más representativo de ello es el cultivo masivo de soja transgénica sin rotación de cultivos, lo que ocasiona daños irreparables: a) el consumo casi exclusivo (más de una vez por semana) ocasiona en los niños anemia ferropénica e hipocalcemia al impedir la absorción de calcio; b) empobrece el suelo de fertilizantes, debiendo usar agroquímicos que son muy costosos y que favorecen el efecto invernadero. Por otra parte, los
De allí que en gran medida la batalla que libra la concepción neoliberal y neopragmática de la bioética es una batalla por el significado. Y es por esto que la bioética latinoamericana está obligada a la discusión crítica de los términos que forman parte de la bioética como campo normativo. [J. C. T.]
herbicidas que se utilizan, especialmente el glifosato (alergénico y potencialmente cancerígeno), están en manos de un monopolio transnacional; c) desaparición del pequeño productor con incremento de grandes corporaciones. En Argentina en los últimos 10 años han desaparecido cuatrocientos mil pequeños productores que engrosaron la lista de “nuevos pobres”. Se han profundizado (y legitimado) las diferencias sociales en la alimentación. El 40% de la tierra cultivable está en manos del 7% de la población. Aumentan los latifundios improductivos a expensas de microproductores productivos. Hay inexistencia o casi inexistencia de políticas de reformas agrarias.
Agua y nutrición. El acceso al agua pura es un derecho humano básico pero 1.500 millones de personas en todo el mundo carecen de agua potable. El agua contaminada ocasiona 25 muertes por día. El 80% del agua potable está privatizada y la mitad en manos de tres empresas. En Latinoamérica se encuentra la segunda reserva mundial de agua suficiente para abastecer a toda la población mundial durante 200 años: es el acuífero “guaraní” que abarca una superficie de 1.200.000 km² entre Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, cuyo epicentro es la llamada Triple Frontera. En América Latina hay 55 millones de niños desnutridos con déficit intelectual casi irreversible: el 10% por desnutrición aguda; el 20% por desnutrición crónica; el 30% por subalimentación. Y esto curre en una de las regiones de mayor producción de alimentos para el resto del mundo. Esto es inadmisible.
Educación. En América Latina el 30% es analfabeto y el 25% analfabeto funcional. Resulta demostrativo correlacionar la distribución de la riqueza y la educación: el 10% más rico tiene 12 años de educación; el 10% más pobre tiene solamente 2 años. En Brasil demostraron la relación entre pobreza y educación, estudiando la incidencia de retardo del crecimiento en menores de cinco años en familias de igual situación de pobreza según los años de estudio del padre, y la conclusión fue: con diez años de estudio el retardo del crecimiento fue del 3,94%; con dos años de estudio el retraso fue del 19,4%.
Salud. Los datos son más que elocuentes: mortalidad infantil evitable de 100 casos por hora. Mortalidad que sería evitable con el 5% de la producción
mundial de granos, o con el 4% del gasto mundial en armas. Enfermedades endémicas controlables pero no controladas: Chagas, dengue, cólera, parasitosis intestinal, etc. Acceso restringido a la atención sanitaria. Déficit en atención primaria de la salud, que se convierte en atención “primitiva” de la salud. Corrupción: gasto desproporcionado en tecnología más que en recursos humanos de salud por causa política y económica. El 90% del presupuesto en investigación biomédica es para el 10% de patologías no prevalentes en la región y sí para el primer mundo. Aplicación del “doble estándar”: un estándar moral para el mundo desarrollado que privilegia la autonomía, el consentimiento informado y el acceso a los mejores procedimientos comprobados y otro “estándar moral” para el tercer mundo, donde la sumisión hace inexistente la autonomía y limita el cuidado a los escasos recursos disponibles. En estas condiciones el consentimiento informado se convierte en “convencimiento interesado”.
La bioética como solución. La bioética no debe quedarse en un diagnóstico de la situación; debe arbitrar también las soluciones. De acuerdo con lo expuesto, queda claro que el problema no es la falta de recursos sino la distribución injusta de los mismos. Esta injusticia tiene un hilo conductor: la discriminación, que los poderes hegemónicos quieren que sea “natural” y lo que es natural no se reflexiona, no se problematiza y, en consecuencia, no se cuestiona. La discriminación, en realidad, es una construcción social, producto de relaciones hegemónicas de poder con sentidos de orden moral y funciones de normalidad, disciplinamiento y estigmatización. Por el contrario, el proyecto de “naturalizar” la discriminación tiende a legitimar las injusticias: “pobres hubo siempre” es el eslogan de este proyecto. Si se piensa que el problema es solamente económico, nos quedamos solo en la superficie visible del iceberg. Para visibilizar lo invisible debemos apelar una vez más a la bioética como búsqueda del sentido, del significado, del verdadero “por qué” este es un orden moral: la discriminación como consecuencia de la violación de los Derechos Humanos. Si el problema, entonces, es moral, la solución de fondo estará dada aplicando los principios éticos en la distribución de los recursos. 1. Universalidad. Toda persona, por ser persona, kantianamente tiene dignidad y no precio, es sujeto y no objeto, es un fin en sí mismo y no un medio. La dignidad, basamento y fundamento de los Derechos Humanos, consiste en la no instrumentalización de las personas, por más loables (aparentemente) que sean los objetivos, como es la excusa “cientificista” del doble estándar. 2. Igualdad. Con base en lo anterior todas las personas tienen el mismo derecho a ser tratadas en un pie de igualdad. En el caso de la salud, por
ejemplo, es inaceptable la teoría de los “estándares” mínimos y máximos. No puede haber una salud “para personas muy importantes” y una salud “para los pobres”. 3. Equidad. Este principio señala que en la distribución de los recursos se debe dar algo menos al que de por sí tiene más, para poder dar algo más al que de por sí tiene menos. No se trata de robar a los ricos para dar a los pobres, tipo “Robin Hood”, pero tampoco el “Hood Robin” del neoliberalismo donde los que tienen menos terminan pagando (y enfermándose) más. Si en esta distribución aparece alguna desigualdad, la única éticamente aceptable (siguiendo a Rawls) es aquella que beneficia a los más desposeídos y no a los poderosos. En esta distribución debe evitarse cualquier “focalización” que políticamente tienda a crear un clientelismo cautivo. Asistencialismo sin justicia es humillación. 4. Participación. La comunidad como sujeto colectivo que comparte en “común-unión” necesidades, valores y proyectos, debe participar necesaria y solidariamente en la toma de decisiones. De no ser así, simplemente es una depositaria pasiva de las decisiones de un grupo de mesiánicos, “es retornar a viejas propuestas funcionalistas y materialistas con funciones de control social y legitimación de la subalternidad” (Menéndez, 1998). 5. Solidaridad. Implementada en tres niveles: a) nivel macro: como estrategia política para una redistribución equitativa del ingreso. Los instrumentos idóneos son varios, por ejemplo, un sistema tributario que grave más la renta y la riqueza y menos la producción y el trabajo. Políticas de generación de empleos, de créditos para microemprendimientos, de promoción de la pequeña y mediana empresa, de reforma agraria que privilegie la producción y el trabajo de la tierra y “castigue” los latifundios improductivos, invertir en el tercer sector, el sector social que es el que genera más puestos de trabajo: trescientos empleos por cada millón de dólares invertidos. Esta lista no agota los instrumentos, es solo para ejemplificar las decisiones políticas. b) nivel meso: promocionando y protegiendo las redes sociales con las organizaciones elegidas y constituidas democráticamente, para superar lo reivindicativo y convertirse en el eje central de la transformación sociocultural y económica. El poder político debe respetar los procesos de autogestión y autonomía de dichas organizaciones, evitando cualquier tipo de control ideológico o social. c) nivel micro: incorporando la solidaridad en nuestra cotidianidad. Generar estrategias de oposición a las injusticias sociales desde los mismos sectores marginados, sin copiar estructuras coercitivas del poder, es decir, resistiendo a sus mecanismos de seducción: “Se trata de no enamorarse del poder” (Foucault, 2000). Hacer de la cotidianidad una denuncia de
las injusticias como primer paso a la justicia; una función “profética”: además de confortar a los afligidos, empezar a afligir a los confortados.
Referencias PNUD: http://www.undp.org Informe 2003. - World Health Organization. The World Health Report 2000: Improving Performance. - OPS. La salud en las Américas. Informe OPS, 2002. - I. Lewcowicz. Estado en construcción. Grupo de reflexión rural, Buenos Aires, Editorial Tierra Verde, 2003. - María Luisa Pfeiffer (ed.), Transgénicos: un destino tecnológico para América Latina, Mar del Plata, Ediciones Suárez, 2002. - Eduardo Menéndez. “Participación en salud”, Rosario, Cuadernos Médicos Sociales 73, 1998, pp. 5-22. - M. Foucault. Las redes del poder, Buenos Aires, Almagesto, 2000.
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