Agricultura y agrotecnologías
Eduardo Freyre Roach (Cuba), Universidad Agraria de La Habana
Medio ambiente
Bioética y agrotecnologías. Van Rensselaer Potter, al referirse a la bioética como “puente al futuro” y “ciencia de la supervivencia”, sugirió que la Tierra no se considere como una propiedad cuya relación con la misma sea estrictamente económica y en términos de privilegios, sino que implique más bien deberes y obligaciones. Durante los años noventa, aludiendo a la “bioética global y profunda”, postula la necesidad de una ética de la preocupación por los menos privilegiados. Así tematiza la problemática de la sustentabilidad de la agricultura, la pesca y los recursos agroforestales. Este conjunto de pautas potterianas alude a los desafíos bioéticos de las agrotecnologías. El uso de productos agroquímicos en la fertilización de los suelos y en el control fitosanitario de las plagas, y también en la atención médico-veterinaria y zootécnico-pecuaria del ganado, constituye un pilar fundamental del modelo de desarrollo agrario denominado Revolución Verde. Estas agrotecnologías ofrecieron a los agricultores la posibilidad de aumentar los rendimientos agrícolas por unidad de hectárea, y se les atribuye un papel decisivo en la disminución del hambre en
el mundo. Sin embargo, desde principios de los sesenta, en que Rachel Carson publicó su impactante libro Silent Spring, se vienen reportando sus riesgos para los cultivos, el ganado y toda la biodiversidad. El uso indiscriminado de sustancias agroquímicas provoca contaminación ambiental, toxicidad, alergias y disrupción endocrina, y compromete con ello la sexualidad, la reproducción y la inteligencia. Hoy en día se libra una importante contienda mundial contra los plaguicidas químicos organoclorados (Aldrin, DDT, Dieldrin, Heptacloro, Toxafeno, Mirex y Clordano), que conforman la lista de contaminantes orgánicos persistentes (COP) o “docena sucia”, que han sido prohibidos. Existe una intensa contienda internacional que insta a los gobiernos y a la ciudadanía a desautorizar su producción y uso, y a que se almacenen o destruyan de forma segura.
Agricultura de precisión. Ha sido recurrente en la agricultura moderna el empleo de la mecanización y la automatización de los procesos sobre la base del uso de fuentes de energía fósil como el petróleo, el gas y el carbón, que si bien contribuyen a elevar los rendimientos agrícolas, pueden ocasionar compactación de los suelos y contaminación del medio ambiente. Se habla hoy en día de la llamada “agricultura de precisión”, que no es más que el empleo de las computadoras y la informática en las labores agrícolas mecanizadas o automatizadas, para detectar con exactitud las condiciones edafoclimáticas y biológicas para llevar a cabo las labores de fertilización de los suelos, siembra y recogida de la cosecha. Con esta agrotecnología es posible, por ejemplo, saber dónde cultivar mejor, cuáles son las variaciones de los factores naturales, cómo se comporta la cosecha y cuál es la dosis óptima de insumos que se necesitan para llevar a cabo una producción agrícola con buenos rendimientos, productividad y rentabilidad. Además de considerar los beneficios que se le atribuyen a la agricultura de precisión, también se plantea el problema de la distribución justa de sus beneficios, por cuanto este es un paquete tecnológico muy caro y de difícil acceso para los que no tienen solvencia. Se teme que esta agrotecnología agudice las asimetrías entre los agricultores y que se preste al espionaje con fines mercantiles.
Ingeniería genética y transgénicos. Actualmente está adquiriendo relevancia la aplicación en la agricultura de los avances de la biotecnología y la ingeniería genética, como la recombinación de ADN, la transgénesis y la clonación, que ofrecen la posibilidad de contar con variedades mejoradas, adaptables o tolerantes a factores adversos. En la agrobiotecnología transgénica se cifran nuevas esperanzas relacionadas fundamentalmente con el aumento de la cantidad y calidad nutritiva y medicinal de los
alimentos de origen vegetal o animal, así como con la posibilidad de producir macro y microorganismos que absorban y degraden sustancias contaminantes. Se espera que este avance de la ingeniería genética ofrezca la posibilidad de rescatar y conservar recursos agrogenéticos en perspectiva de extinción. Empero, hay temores de que, dado el vacío de conocimiento que existe sobre las consecuencias colaterales de la ubicación del transgén de una célula donante en el código genético de una célula receptora, la liberación a gran escala de esos organismos genéticamente modificados (OGM) o transgénicos provoque efectos tóxicos y alergénicos, disrupción endocrina y comprometimiento de la biodiversidad.
Agrotecnologías orgánicas. Gran aceptación están recibiendo en los últimos tiempos las agrotecnologías que se emplean en los sistemas de agricultura orgánica, ecológica, natural, biodinámica o de permacultura: los policultivos, el uso de compost orgánico como el humus de lombriz, el control biológico de plagas, la tracción animal y la integración cultivos-ganadería, en fin, alternativas agrotecnológicas que se sustentan en la aplicación de principios agroecológicos. Las agrotecnologías orgánicas buscan el diseño y desarrollo de agroecosistemas sustentados en principios ecológicos, no dependientes de insumos externos y con un alto grado de resiliencia tanto ambiental como socioeconómica. Por lo general se reconoce que esta agrotecnología es una alternativa a las convencionales que colocan el énfasis en los sistemas de monocultivo, la ganadería intensiva y el uso intensivo de insumos químicos, la mecanización y la selección artificial de las variedades de plantas y animales. Empero, a la agrotecnología orgánica también se le atribuyen riesgos. La producción y el uso inadecuado de compost orgánico pueden desencadenar efectos negativos para la salud y el medio ambiente. Se discute mucho sobre la necesidad de que sea más justa la cadena integral de producción, procesamiento y distribución de los productos orgánicos, que sean óptimas y seguras las condiciones de los trabajadores y campesinos que laboran en las plantaciones orgánicas, y que se respete la identidad cultural y los valores de las familias y comunidades campesinas.
Valoración, poder y controversias bioéticas por las agrotecnologías. Ahora bien, la valoración bioética adecuada de las agrotecnologías presupone tener en cuenta no solo sus condicionamientos intelectuales y artefactuales, sino también socioeconómicos, políticos, éticos, jurídicos y culturales. Debemos considerar el ámbito social general y sociotécnico donde se aplican, y, sobre todo, considerar las expectativas y prioridades éticas de quienes las promueven y las patrocinan.
Debe tenerse en cuenta también que las agrotecnologías pueden ser beneficiosas, pero también perjudiciales, lo cual relativamente depende de las intenciones y el grado de los conocimientos que se tengan. Dado este doble efecto, las agrotecnologías no son en principio ni buenas ni malas, pero tampoco neutrales desde el punto de vista ético; por tanto, como toda tecnología, no merecen ni adoración ni repulsión, sino más bien un enfoque oportuno y casuístico de sus aplicaciones e impactos. El desafío bioético fundamental de las múltiples agrotecnologías consiste en maximizar y distribuir de forma justa sus beneficios y minimizar sus riesgos. Actualmente los desafíos bioéticos de las agrotecnologías se ven afectados por el orden socioeconómico, político, científico-tecnológico, jurídico y cultural predominante, promovido por el proyecto de globalización neoliberal, que favorece a las corporaciones transnacionales agroalimentarias como Monsanto, Novartis, Aventis, Syngenta, etc., apoyadas por sus gobiernos y las organizaciones internacionales como el FM, el BM, el BID y la OMC, y legalmente auspiciadas en los marcos de los acuerdos TRIP y los convenios integracionistas como el TLC, los acuerdos bilaterales con los Estados Unidos y el ALCA. La ideología económica y política neoliberal, al poner el acento en el mercado libre, la privatización y la desestatización, hace prevalecer los intereses de lucro productivo y comercial por encima del interés público, lo cual atenta contra las potencialidades benéficas de las agrotecnologías y acrecienta sus riesgos. Este orden coloca a las agrotecnologías al servicio de la industrialización de la agricultura, la urbanización y la proletarización, ocasiona el éxodo rural y empuja al abismo de la muerte la agricultura, los campesinos y la cultura rural. Las ansias de agropoder de las empresas agroalimentarias multinacionales sobre los productos agrícolas y las tecnologías para producirlos –además de apoyarse en teorías económicas como la neoliberal, sociológicas y antropológicas como el funcionalismo que estigmatiza a los campesinos, su modo de vida y su saber agrícola ancestral– se sustentan también en teorías filosóficas como la positivista que apuesta a la sacralización de la ciencia y la tecnología modernas, e inclusive en teorías bioéticas afines a la ideología neoliberal. Este es el caso de Tristram Engelhardt que en su libro da preponderancia a la autonomía y el permiso por encima de la beneficencia, y con ello entiende, a fin de cuentas, que la consecución de un orden igualitario de acceso a las medicinas, al cobijo, a los servicios de salud y los alimentos es inmoral, pues socava la libertad individual y entorpece el progreso científico-tecnológico. Esta concepción aparta a las tecnologías agroalimentarias de su encargo bioético fundamental. En este
contexto cabe discutir entonces el alcance de las agrotecnologías en dependencia de si su desarrollo y aplicaciones responden o no a las expectativas bioéticas de beneficencia, no maleficencia, autonomía y justicia. No hay más que mencionar los debates actuales acerca de los problemas bioéticos que en tal sentido suscita, por ejemplo, la agrobiotecnología transgénica, en los cuales resulta necesario pensar cómo contrarrestar sus efectos perjudiciales y favorecer sus efectos beneficiosos. Se discute mucho cómo el monopolio transnacional sobre los alimentos transgénicos se hace valer por encima de la expectativa de acceso equitativo al acervo de logros biotecnológicos. La objeción contra la expansión de la ingeniería genética también se asocia a las reivindicaciones de los pueblos y las comunidades campesinas e indígenas respecto a la conservación de su patrimonio genético y la defensa de la soberanía sobre los recursos genéticos, pues la invasión agrobiotecnológica de sus campos lleva a la suplantación de sus variedades y a la perpetuación de la dependencia agrotecnológica de las transnacionales. Hoy en día se celebran enconadas controversias en torno a si los productos no convencionales como los transgénicos y los orgánicos deben etiquetarse, en correspondencia con la expectativa ética de que los consumidores puedan tomar decisiones libremente. Debido a que determinadas agrotecnologías, como el uso de agroquímicos y de plantas y animales transgénicos entrañan riesgos, muchos de los cuales son difíciles de detectar, pero que de manifestarse podrían ser irremediables o irreversibles, se han concertado, firmado, ratificado y han entrado en vigor acuerdos internacionales que contemplan principios ético-jurídicos que regulan la gestión y las relaciones de los países respecto a los productos agrotecnológicos. Merece destacarse, en tal sentido, el Convenio de Biodiversidad (1982) y el Protocolo de Cartagena (2000) referente a la biotecnología y los movimientos transfronterizos de OGM, así como el Protocolo de Montreal (1987) y los Convenios de Basilea (1989), Sudáfrica (1989), Rotterdam (2000), Estocolmo (2004), relativos a la prohibición y eliminación total de sustancias químicas que conforman la lista de COP. Entre estos principios se destacan: el principio de quien contamina paga, el de la evaluación del impacto o de riesgo, el del consentimiento informado previo, el de la participación ciudadana o fiscalización pública, el de la solidaridad o la colaboración internacional y, sobre todo, el principio precautorio.
La situación de América Latina. La reflexión y el debate bioético sobre las agrotecnologías adquieren especial connotación en América Latina. En nuestro contexto se implementaron agrotecnologías de Revolución Verde cuyos efectos adversos
se están haciendo sentir, atajando el bienestar de las familias campesinas, las comunidades indígenas y las poblaciones rurales, así como la calidad ambiental. Con la colonización europeo-occidental, América Latina comenzó a sufrir la invasión de agrotecnologías foráneas, cuyos promotores y patrocinadores se ocuparon además de estigmatizar y marginar el saber agrícola tradicional. Así fue como se impusieron las agrotecnologías modernas, no porque fueran mejores que las locales ni porque se esgrimieran mejores argumentos, sino, como dijera Paul Feyerabend, por las presiones políticas, institucionales e incluso militares de los colonizadores y los neocolonizadores. Actualmente América Latina está amenazada por el accionar de las transnacionales agroalimentarias que, con base en las políticas de ajuste neoliberal, quieren imponer y perpetuar su monopolio productivo y comercial. Afortunadamente en la región opera un conjunto importante de actores sociales como las ONG que realizan campañas contra las agrotecnologías insostenibles. Tal es el caso del Consorcio Latinoamericano de Agroecología y Desarrollo (Clades), la Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas (Rapal) y las redes contra transgénicos, que, interpelando a la globalización neoliberal y las transnacionales agroalimentarias, proponen agrotecnologías más compatibles con el medio ambiente y los valores culturales de la región, y que verdaderamente contribuyan a la erradicación del hambre, las enfermedades y la contaminación ambiental, así como al rescate y conservación del saber agrícola tradicional, del patrimonio agrogenético y la soberanía agroalimentaria de nuestros pueblos. Frente a esta realidad, y como alternativa, se trata de gestionar, para el bienestar y la calidad de vida de nuestros pueblos, el desarrollo de una agrotecnología ante todo precautoria que nos salvaguarde de los peligros que entraña; una agrotecnología democrática donde la toma de decisiones respecto a sus avances y aplicaciones sea verdaderamente participativa; una agrotecnología soberana que responda a los valores ancestrales de nuestras culturas y nos libre del flagelo de la dependencia colonial, neocolonial y transnacional globalizada.
Referencias Van Rensselaer Potter. Bioethics, Bridge to the Future, Princeton N. J., Englewood Cliffs, Prentice Hall, 1971. - Van Rensselaer Potter. “Deep and global Bioethics for a livable third millennium”, The Scientist, Jan. 05, 1998. - Rachel Carson. Silent Spring, Boston MA, Houghton Mifflin, 1962. - T. Colborn, J. P. Myers, D. Dumanosky. Nuestro futuro robado, Madrid, Editorial Ecoespaña, 2001. - FAO. Cuestiones éticas en los sectores de la alimentación y la agricultura, Roma, 2000. - Science, enero, 1998. - The Lancet, mayo, 1998. - Nature, abril, 1999. – “Noelle Lenoir responde a las preguntas de Bahgat Elnadi y Adel Rifaat”.
Correo de la Unesco, N° 9, 1994. - VV. AA. “The Monsanto Files. Can we survive genetic engineering?”, The Ecologist, Vol. 28 Nº 5, sept./oct. 1998. - H. T. Engelhardt. Los fundamentos de la bioética, Buenos Aires, Paidós, 1995.
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