Zoilo de Córdoba, San
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Biografía GER
El primero de una veintena de mártires cordobeses que perecieron en los albores del s. IV bajo la persecución de Diocleciano. Constituido el Imperio Romano como una tetrarquía, España quedó dentro de la región gobernada por el césar Constancio, quien atenuó en las zonas de su mando las persecuciones a los cristianos, que tuvieron como instigador en el resto del Imperio al césar Galerio. Dada esta circunstancia, es de suponer que el martirio colectivo de Z. y sus compañeros no sucediese antes del a. 303, en el que aparecieron los tres primeros edictos, y que tuviera lugar en el 304, en el que un nuevo edicto imperial condenaba a los cristianos indiscriminadamente.La noticia más antigua que tenemos de Z. es de la segunda mitad del s. IV y nos la da el español Prudencio en el Himno IV del Peristephanon, en el que hace una relación de cerca de 30 mártires poco anteriores a él y en su mayor parte españoles; aparte de los nombres, poca materia histórica podemos extraer de este elenco (casi una letanía), en el que se dice "Corduba Acisclum dabit, et Zoellum", pues es indistinta la nomenclatura Zoelo, Zoilo o Zoyl. En el Martyrologio ;eronim,iano se incluye a Z. y compañeros mártires ep el 27 jun., lo que coincide con la mayoría de los martirologios históricos’ excepto algunos de los más antiguos que citan a Crescente en primer lugar, pero ello se debe, según cree Hensquenio, a que fue anterior la invención del cuerpo de éste. Wadelberto usó la voz antistes para significar que Z. fue el primero entre sus compañeros (no para conferirle la dignidad de obispo, de la que no hay vestigio alguno), lo que, unido a la cita exclusiva de Prudencio, a que sólo existe acta martirial de Z. ya la ratificación operada por el culto en España, autoriza a considerar a Z. como el principal de los martirizados con él.
En el a. 613, reinando Sisebuto, el obispo de Córdoba Agapito II tuvo la revelación del nombre del mártir y del sitio donde yacía su cuerpo. Acompañado de clérigos y fieles descubre los restos que hace trasladar a la iglesia de S. Justo, la cual, para dignificar la memoria del mártir, es ampliada., conmutando desde entonces su título por el de S. Zoilo. De esta iglesia de S. Z. fue clérigo, ya en el s. IX, S. Eulogio, quien sitúa el templo en el centro de la ciudad. El monje Usuardo, que estuvo en Córdoba el a. 858, incluye a Z. en su Martirologio haciendo expresa memoria de la aparición a Agapito 11, y de este dato Hensquenio deduce que el Acta del martirio fue también revelada al obispo Agapito o Agapio. Posteriormente el Cerratense recoge este relato en el s. XIII y el P. Flórez lo incluye en España Sagrada, pero impugna la teoría de que el acta de Z. sea tardía.
De la mencionada Acta, al menos literariamente posterior, resulta la legendaria caracterización de Z. y su martirio siguiente: Z. era un joven de familia ilustre que manifestaba públicamente su celo cristiano. Denunciado ante el juez, éste le consideró como el más cualificado entre otros detenidos, por lo que trató de hacerle apostatar para que su ejemplo arrastrase a los demás. Entre juez y juzgado se establece un diálogo (que a nuestros días llega plagado de piadosas ingenuidades) en el que Z. rehúsa sobornos, afirma su fe y pretende evangelizar a su juzgador. El juez le manda azotar SIn que la tortura surta efectos y entonces a un verdugo se le ocurre sacarle a Z. los riñones por la espalda, sin que tampoco éste muera por el nuevo suplicio. Desesperado el juez, desenvaina su propia espada y le corta la cabeza. Seguidamente manda degollar ¡1 los restantes arrestados y ordena que todos sean sepultados entre los paganos para que los demás cristianos no encontrasen sus cuerpos. Sobre el número y la identidad de estos otros mártires se han suscitado dudas, pues compulsados los martirologios históricos resultan ser 20 ó 21, y entre los nombres citados existen coincidencias con los atribuidos a los hijos de S. Sinforosa. El P. Flórez recoge 20 nombres, que son: Crescente, Julián, Nemesio, Fratria, Primitivo, Justino, Statheo, Novaciano, Clemente, Marcelino, Zedino, Félix, Venusto, Marcelo, Itálica, Lello, Capitón, Tinno, Timarco o Tusco y Silvano.
En el s. XI, el conde Fernán Gómez trasladó los restos del mártir desde Córdoba hasta el monasterio benedictino de S. Juan Bautista en Carrión de los Condes, que ya se llamó de S. Zoilo. El Cerratense enumera los prodigios de la traslacióQ y los milagros conocidos de Z., lo que ha sido transcrito por Flórez. El Breviario Mozárabe conserva un himno gótico que, glorificando a Z., dice: "Martyrum nulli remanente vita, I Contigit terris habitare nostris; I Solus tu morti propriae superstes I Vivis in Orbe".
L. ORTIZ MUÑOZ.
BIBL. : Z. GARCÍA VILLADA, Historia Eclesiástica de España, I, Madrid 1937: Flórez, X; T. MORAL, Zoilo, en Bibl. Sanct, 12, 1487-1489.
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