Zéjel (zagal) LIT.
Categoria:
Literatura
Es la hispanización de la palabra árabe zagal, con la que se designa un género poético, de carácter popular, que nació en la España musulmana, tuvo su máximo cultivador en Ibn Quzmán y se difundió ampliamente también por Oriente, llevado a sus países de origen por los viajeros que, procedentes de aquellas regiones, visitaban al-Andalus. Curiosamente, fueron orientales losautores de las dos famosas preceptivas escritas sobre el z.: Safi aldin Hilli, autor de al-`AC1 al-hWz (cfr. W. Hoenerbách, La teoría del zt<>jel según Hillz, "Al-Andalus", XV, 1950, 297-334), e Ibn HiSya Hamaw1, que lo fue del Bulttg al-amal. El z. ejerció notable influencia en la literatura española e incluso en la europea. Alfonso X (v.) el Sabio en sus Cantigas, el Arcipreste de Hita (v.) y muchos de los poetas cuyos nombres figuran en los diferentes Cancioneros (de Baena, de Stúñiga, etc.) acusan notablemente la influencia de este género poético andaluz.
El origen del z. parece hallarse en la moaxaja (v.), pero apenas nacido evolucionó rapidísimamente y fue apartándose de la moaxaja, acentuando cada vez más su carácter popular no sólo en el lenguaje sino en su estructura y temática. Moaxaja y z. son las dos manifestaciones de la poesía estrófica hispanomusulmana, pero a diferencia de la moaxaja, que utiliza en su redacción la lengua árabe clásica, excepto en la jarcha (v.), el z. se caracteriza fundamentalmente por ir escrito todo 61 en árabe vulgar o coloquial. Otras diferencias le separan, además, de la moaxaja, como son las de contar con un número de estrofas ilimitado, frente a las cinco o seis, a veces siete, que son corrientes en aquélla, y la de que el z., aunque puede tener jarcha -parte esencial de la moaxaja-, no es imprescindible que la posea.Existen distintas variedades de zéjeles. E. García Gómez, que ha estudiado exhaustivamente y con profundidad la producción de Ibn Quzmán, señala que todos tienen el mismo origen: el z. que llama simple o fundamental, el cual subyace, a veces enmascarado, en todas las formas de zéjeles. Lleva normalmente un preludio (en árabe, matla’), que suele constar, en Ibn Quzmán, de dos versos, generalmente con la misma rima, aunque puede tenerla diferente. El preludio viene a representar en el z. lo que la jarcha en la moaxaja: es el indicador del ritmo. También la moaxaja puede tener preludio, pero puede carecer de él, y, de tenerlo, en su estructura es igual a la jarcha. A continuación del preludio vienen las mudanzas. Son tres versos, cuatro a lo sumo, generalmente monorrimos y constituyen la primera parte de la estrofa, variando de rima en cada una de éstas. A las mudanzas les sigue la vuelta, que completa la estrofa y que suele constar de un solo verso, aunque en bastantes casos lleve dos, coincidiendo entonces, en cuanto al número de versos, con el preludio. Mudanzas y vuelta son los dos componentes de la estrofa. (Para la terminología de las diferentes partes del poema zejelesco y las variedades que en el mismo se dan, puede consultarse el glosario de términos de la obra del prof. García Gómez, Todo Ben Quzmán, III, apéndice 11, 309-313). A modo de ejemplo, insertamos un fragmento de uno de los z. de Ibn Quzmán, según la transcripción y traducción del prof. García Gómez. Es el n° 124 (1. c. II, 624):Preludio:
al-gurba wa-1-wahda wa-1-`isq as-sadid má halla fi: ¡Ana- l-garib al-farid! Mudanzas:
¿Ilá kam fi dá 1-gurba dahri nagta`? Li-’ ahbábi qad `azamtu ’an narga’, wa-nastaf- min ligá’i man wadda`, Vuelta:
wa-nantasaf min wisál man kán bú`id
Traducción:
Amor con destierro sufrí y soledad. Soy el desterrado que no tiene par. ¿Iré en el destierro la vida a perder? Por ver mis amigos volver resolví
sanar viendo aquellos que un día dejé y parte en su amor, hoy lejano, tomar.
Quién fuera el creador de este género poético es cuestión no precisada con exactitud. García Gómez, basado en un texto de al-Tifási, sugirió la teoría de que pudiera atribuirse su paternidad al célebre filósofo Ibn Báyya, conocido en Occidente por Avempace (v.)., el cual lo habría inventado a fines del s. xi o comienzos del XII. (Cfr. Una extraordinaria página de Ufász y una hipótesis sobre el inventor del zéjel, "Études d’Orientalisme dédiées á la memoire de Lévi-Provengal", 11, París 1952, 517-523). El dato cronológico contenido en esta hipótesis coincide con la opinión generalizada entre los tratadistas de situar la aparición del z. como muy posterior a la de la moaxaja, a la vez que muy poco anterior a su más famoso cultivador, el cordobés Ibn Quzmán. Algunos autores orientales han identificado precisamente a este poeta con el creador del género, pero si bien es cierto que lo elevó a la más alta cumbre- y de ello se alaba el propio Ibn Quzmán en el prólogo de su Cancionero- parece poco probable que pueda tenérsele por su inventor. Él mismo hace referencia en el citado prólogo a otros predecesores suyos a los que critica, librándose únicamente de su juicio adverso Ajtal b. Numára, poeta casi desconocido hoy que, sin embargo, mereció los cálidos elogios de Ibn Quzmán, quien le llama maestro y príncipe en el arte del zéjel. (E. García Gómez, Todo Ben Quzmán, II, apéndice 1, 877 ss.). Completan la lista de zejeleros tenidos como posibles inventores de esta modalidad poética los nombres de Yajlaf b. Rásid, Ibn Gurla y Madgalis, citados por Hilli en su preceptiva.Otros puntos oscuros quedan aún por esclarecer en torno al z. y son motivo de encontradas opiniones por parte de los especialistas. Queda sin precisar, p. ej., la cuestión de si este tipo de composiciones populares llevaban anejo un manuscrito musical creado al propio tiempo que el texto literario. En otras palabras, si los z. se cantaban o no con música nacida al tiempo que la letra. La musicalidad intrínseca que llevan los z. de un Ibn Quzmán, ponemos por caso, es evidente. "Su métrica es música", afirma el prof. García Gómez. Pero la cuestión radica en saber si fueron escritos para ser cantados con acompañamiento musical escrito al tiempo de la composición poética. No parece probable una contestación afirmativa, pues las opiniones son dispares a este respecto, y no basta para solucionar el problema el que se conozca con toda certeza la existencia de z. que fueron cantados e incluso se disponga de la música de los mismos, ya que ésta nació, en dichos casos, con posterioridad al texto literario. Tal ocurre con los z. de las Cantigas de Alfonso el Sabio, cuya letra fue escrita sin pensar en la música, compuesta luego (Todo Ben Quzmán, 111,193).Cuestión debatida también en extremo, y que suscita desde hace muchos años una ardiente polémica entre los autores, es la que se refiere a la métrica del zéjel. Dos son las tesis fundamentales y opuestas mantenidas sobre este punto por los estudiosos del tema: la teoría silábica acentual, mantenida principalmente por Adolfo Federico de Schak (Poesía y arte de los árabes en España y Sicilia, trad. J. Valera, 3 ed. Sevilla 1881, t. 111, 185), Julián Ribera (El Cancionero de Abencuzman, en Disertaciones y Opúsculos, Madrid 1928, t. 11, 42 ss.) y el prof. García Gómez (Todo Ben Quzmán, 111, 16 ss. y 186), que proclama el predominio del acento sobre las leyes de la cantidad en las sílabas, y la invalidez de las reglas tradicionales de la métrica árabe clásica para ser aplicadas a la medida de los versos del zéjel. Y la teoría cuantitativa clásica, sostenida por autores árabes modernos y por algunos europeos como C. A. Nallino y G. S. Colin, que proclama el fundamento de la cantidad de las sílabas y la pervivencia de los metros clásicos en el zéjel. Además de estas dos teorías extremas, otros tratadistas han esbozado opiniones intermedias y no faltan tampoco los que, como el prof. Al-Ahwáni, han preferido omitir en sus estudios sobre el z. la tan debatida cuestión de la métrica, pasando por alto este punto espinoso y de fricción.R. CASTILLO MÁRQUEZ.
BIBL.: E. GARCÍA GÓMEZ, Todo Ben Quzmán, Madrid 1972; y las referencias citadas en esa obra, entre las que cabe destacar el estudio del prof. AL-AHWANÍ, Al-Zayal fi-1-Andalus, El Cairo 1957.
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