Zarzuela ARTE
Categoria:
Arte
Género teatral netamente español. El Diccionario de la Real Academia Española lo define como: "Obra dramática y musical en que alternativamente se declama y se canta". Ofrece algunas similitudes con el opéra comique francés, la bailad opera inglesa y el Singspiel alemán. Durante su existencia, tres veces centenaria, ofreció varias y trascendentales modificaciones en lo estilístico y lo morfológico, as¡ como fases de florecimiento y decadencia, una etapa de olvido y otra de resurrección. De lo que había sido primitivamente dio idea el Diccionario de Autoridades (t. VI, Madrid 1739) cuando expuso textualmente: "Representación dramática, a modo de comedia española, sólo en dos jornadas. Llámase así por haberse hecho la primera en el Real Sitio que llaman de la Zarzuela. Etimológicamente corresponde este vocablo a la Botánica. En aquel lugar campestre del Pardo abundaban las zarzas. Erigióse allí el edificio que se denominaba palacio de la Zarzuela. En 61 pernoctaba el infante y futuro gobernador de los Países Bajos D. Fernando cuando había de continuar la caza al día siguiente. Una vez 61 en Flandes, el rey Felipe IV utilizó aquel palacete con igual fin; y si el mal tiempo impedía proseguir el deporte cinegético, iban allá las compañías de los dos teatros madrileños de la Cruz y el Príncipe para recrear a él y a su comitiva".Erróneamente se dice que la z. tuvo sus antecedentes en las Églogas de Juan del Encina, y falsamente se repite que fue Lope de Vega su creador, porque llevaba éste ya bastantes años en la tumba cuando Calderón de la Barca produjo la primera obra teatral de ese género, es decir, en dos actos y abundante música cantable. Se titula El jardín de Falerina y no se estrenó en 1629, contra lo que venía repitiéndose, sino en 1648. ¡Cosa curiosa: La primera producción denominada zarzuela El golfo de las Sirenas- tiene tan sólo una jornada o acto, y la escribió Calderón en 1657. Aquel mismo año escribió El laurel de Apolo, y desde entonces 61 y sus continuadores producían, bajo aquella denominación, obras cantables en dos jornadas. Fue norma constante presentar en la escena personajes encopetadísimos: dioses, semidioses, emperadores, monarcas y héroes insignes, tomados de la mitología o de la Historia. Los argumentos mostraban gestas gloriosas, situaciones trágicas o acontecimientos luctuosos. Imitaron el ejemplo de Calderón, durante cerca de un siglo, notables ingenios, especialmente Antonio Solís, Juan Bautista Diamante, Agustín de Salazar y Torres, el conde de Clavijo, Antonio de Zamora y José de Cañizares, llegando a cerca de un centenar el número de libretos impresos a la sazón. No corrieron igual fortuna los textos musicales; permanecían manuscritos y, en los más de los casos, se han perdido para siempre. Sin embargo, se conocen gran parte de sus autores, algunos bien insignes. Eran, entre otros, el arpista de la Real Capilla Juan Hidalgo, el violón de la misma Capilla Antonio Líteres -ensalzadísimo por el P. Feijoo-, los maestros de la misma Capilla Carlos Patiño y Sebastián Duron, José Marín, Juan Navas, y, avanzado el s. xviii, el vicemaestro de dicha Capilla José de Nebra. Y las z. más gustadas pasaron del ambiente palatino al ambiente popular de los teatros madrileños.A veces, la música no era sólo cantada, pues había números instrumentales descriptivos de cantos ornitológicos, de fragorosas tempestades, etc. La denominación zarzuela no tardaría en dejar de ser la única, pues recibió alteraciones y sustituciones, p. ej., fiesta de zarzuela, zarcicomedia, drama músico, drama armónico, ópera y algunas más. Durante algún tiempo, los títulos de las obras presentaban la forma de pareados: "De su amante se corona quien sabe amar y perdona". En esa fase histórica los autores no se renuevan y la z. decae.En la segunda mitad del s. XVIII se representan convertidas en z. algunas óperas italianas, siendo su principal adaptador D. Ramón de la Cruz (v.). Entonces el recitativo se convierte en declamado; para aumentar el interés se modifican a veces los argumentos y se alteran los lugares de la acción. El mismo sainetero escribe la z. del Antiguo Régimen La Briseida, en 1766. Dos años después inaugurará una nueva fase, como audaz innovador, al estrenar la z. jocosa Las segadoras de Vallecas, tras la cual estrenaría otra de igual género con el título Las labradoras de Murcia. El maestro de capilla, Antonio Rodríguez de Hita, compuso la música de esas tres obras, y con las dos últimas instauró una modalidad gustadísima. Impuesto así el costumbrismo, también proporcionó D. Ramón libretos a varios compositores: Antonio Palomino, Fabián García Pacheco, Ventura Galbán, Antonio Rosales -cuya z. El Licenciado Farfulla se mantuvo en el repertorio durante muchísimo tiempoy los extranjeros establecidos en Madrid, Luigi Boccherini y Gaetano Brunetti. Con la denominación de z. adoptaron este ropaje diversas óperas de Amendola, Fabrizzi, Galuppi, Scolare, Duni y otros más. Pero la z., tanto en su forma primitiva como en esta otra, se olvidó por completo tras la muerte de D. Ramón de la Cruz.Entonces surgió la opereta (v.) en un acto o en dos; se cantaba en castellano desde principios del s. xix, por quedar prohibidas las representaciones en idioma extranjero. Ahora, en vez de óperas italianas, como en los anteriores lustros, se cantan óperas cómicas francesas con traducciones acomodadas a la música. El más perseverante cultivador de este género en Madrid fue el operetista Manuel García, eximio tenor y con posterioridad autor de óperas con libretos franceses e italianos, cuyo nombre sigue ligado a sendos polos de sus operetas El poeta calculista y El criado fingido. La opereta cayó pronto en el olvido para reflorecer la ópera italiana en Madrid, mientras García triunfaba en el extranjero, bajo sus dobles actividades artísticas. Entre las poquísimas obras supervivientes resaltó El califa de Bagdad con música de Boieldieu.No sólo se olvidaron durante varios decenios las z. antiguas, sino que nadie se acordaba de ese nombre genérico. Por esta causa fue recibida con estupor una obra de tal especie -Los enredos de un curioso con letra de Félix Enciso Castrillón, al representársela con música de Ramón Camicer, Baltasar Saldoni y Pedro Albéniz, calificándola como melodrama. Dos meses después se estrenó otra z. -El rapto con letra del famoso Fígaro y música de Tomás Genovés, denominándosela ópera. Todo ello acaeció en 1832. Transcurridos siete años renovó el propósito Manuel Bretón de los Herreros con La novia y el concierto, a la cual puso música Basilio Basili, siendo calificada esta obra como comedia zarzuela. Tras estos episódicos albores, durante el siguiente decenio aparecieron más z. en un acto, logrando un éxito sin precedente feroma la Castañera, con música de Mariano Soriano Fuentes, calificándosela erróneamente como tonadilla. Un año antes se había denominado z. nueva El ventorrillo de Crespo, con música de Basili, introduciéndose allí piezas de Manuel García y de Sebastián Iradier para asegurar el éxito. Privan los contrasentidos, pues poco después se anunció como z. una famosa tonadilla del siglo anterior titulada La vuelta del soldado. Siguen representándose esporádicamente las z. en un acto. Unas explotan el andalucismo, otras acogen exclusivamente piezas operísticas bajo el epígrafe zarzuela parodia. Produjo expectación, por tener dos actos, Colegialas y soldados de Rafael Hernando, quien con igual fortuna repitió el intento al punto con El duende. También tuvo esa longitud La mensajera, de Gaztambide. Fue grandísima la complacencia del público ante la sorprendente longitud.Prepara así el terreno una gran novedad amplificadora de lo que se denominaría z. grande, por acoger obras en tres o cuatro actos. Inicia esta nueva fase fugar con fuego, en donde colaboraron el libretista Ventura de la Vega y el compositor Francisco Asenjo Barbieri. Ello acaeció el 6 oct. 1851, cuatro días antes de que inaugurase el Teatro Real de Madrid su segunda temporada con el estreno donizettiano I Martiri. Ante el creciente interés del público por la z. grande, se propuso cambiar esa denominación por la de ópera cómica, sin que fructificara el intento. Acrecentaron ese caudal bellas obras de Barbieri (v.), Gaztambide, Oudrid y Arrieta (v.). Recuérdense, en efecto, Los diamantes de la Corona, Los Magyares, El molinero de Subiza y El dominó azul, de esos respectivos autores, que no habrían de ser los únicos entonces, aunque sí más afortunados que otros de Madrid o Barcelona. Llegada rápidamente a su madurez la z. grande, la sociedad constituida para esas representaciones, en la cual entraba también el libretista Olona, hijo, decidió abandonar el teatro del Cirso, donde venía dándose y edificar un coliseo destinado a ese fin, el teatro madrileño de la Z. que aún subsiste, reformado, y en el cual se dan a veces representaciones operísticas-, verificándose la solemne inauguración el 10 oct. 1856. Y aparecerían otros zarzuelistas inspiradísimos: Manuel Fernández Caballero, Miguel Marqués y Ruperto Chapí, autores respectivos de EL salto del Pasiego, El anillo de hierro y La tempestad.Ofreció una fase transitoria, en 1866, el Teatro de los Bufos, siendo su empresario el cantante Francisco Arderius. Se inauguró con El joven Telémaco, del libretista Eusebio Blasco y el compositor José Rogel. La obra alcanzó un éxito fabuloso, pero tal moda fue muy fugaz, sin dejar huella de su esplendente vitalidad. En cambio tuvo permanente duración el género chico, compartiendo con el género grande los mayores triunfos. Su instauración no constituía una novedad, pues ya los más eminentes zarzuelistas habían escrito piezas en un acta, que era lo propio de la nueva modalidad. Llegado 1885, en el veraniego teatro Felipe, estrenó La Gran Vía el madrileñísimo compositor Federico Chueca. Él fue el más consecuente y uno de los más felices cultivadores de esas obras menores, en las cuales alcanzarían después grandiosos triunfos varios autores de z. grandes, como Caballero, (La viejecita) y Chapí (La Revoltosa). También otros brillaron luego en esa especialidad, como Jerónimo Giménez (El baile de Luis Alonso), Manuel Nieto (Cuadros disolventes), Tomás Bretón (v.) (La verbena de la Palvma), además de triunfar como opexista con La Dolores; Apolinar Brull (La buena sombra) y Tomás López Torregrosa (El Santo de la Isidra) . Durante aquel decenio hay en Madrid 11 teatros que explotan con exclusividad el género chico. Pero también estrenan z. grandes Enrique Granados (v.) y Amadeo Vives, y otros.En el primer decenio del siglo actual aquello da muchos frutos, contando con nuevos autores, entre ellos José Serrano (Alma de Dios), Rafael Calleja (El iluso Cañizares) y Quinito Valverde (El pobre Valbuena). Los libretistas cultivan lo geográfico, lo amoroso, lo sentimental, lo satírico y lo picaresco. Los compositores producen melodías de mayor o menor elevación y con frecuencia sé inspiran en cantos y ritmos folklóricos.Imitando ejemplos provenientes de otros países, crean operetas Vicente Lleó (La corte de Faraón), Pablo Luna (Molinos de viento) y Pablo Sorozábal (Katiuska), aunque también prodigan obras de otros géneros. Entre tanto, la z. grande mantiene su lozanía. Coñ ella triunfan Amadeo Vives, Francisco Alonso, Jacinto Guerrero, Pascual Millán, Reveriano Soutullo, Juan Vert, Jesús Guridi, Federico Moreno Torroba, etc. Nos limitamos a ofrecer esta exposición nominal, por tratarse de materia bien conocida, dado nuestro propósito de conceder preferente atención a numerosos aspectos históricos merecedores de ser divulgados. Porque a través de tres siglos largos, la evolución zarzuelística presentó diversos e insospechados panoramas, todos ellos reveladores del espíritu nacional y de las costumbres imperantes en las diferentes capas de la sociedad española.JOSÉ SUBIRÁ.
BIBL.: A. PEÑA Y Gota, La ópera Española y la Música dramática en España en el siglo XIX, Madrid 1881; 1;. COTARBLOS Y MORI, Historia de la Zarzuela, Madrid 1934; M. ZURITA, Historia del género chico, Madrid 1920; J. DELEITO Y PINUELA, Origen y apogeo del género chico, Madrid 1949; CHISPERO (seudónimo de Vfctor Ruiz Albéniz), Teatro Apoio. Historia..., Madrid 1953; J. SUBIRÁ, Historia de la Música teatral en España, Barcelona 1945; fa, Historia de la Música española e hispanoamericana, Barcelona 1953.
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