Zaragoza HIST.
Categoria:
Historia
II. HISTORIA. 1. Ciudad. El- primer antecedente histórico de la actual Z. es una pequeña ciudad ibérica, cuyo nombre, Salduie, latinizó Plinio convirtiéndolo en Salduba y que ocupaba seguramente la débil elevación donde actualmente se asienta la iglesia de S. Juan de los Panetes, en el extremo occidental de la plaza del Pilar. De ella sabemos que en la primera mitad del s. I a. C. acuñaba moneda, regía una extensa comarca y daba su nombre a una tropa de soldados indígenas al servicio de Cneo Pompeyo Estrabón, padre del triunviro.La ciudad romana. El a. 25 a. C., pacificada la Península después de las guerras cántabras (v. CÁNTABROS) y advertida la situación estratégica de Salduba, fueron establecidos en ésta los veteranos de las Legiones romanas IV, VI y X (Macedonica, Victrix y Gemina) y se le dio el nombre del propio Emperador, Caesaraugus ta. De ella diría Pomponio Mela que "aventajaba a las poblaciones más florecientes del interior". Era una ciudad también fortificada, de unas 50 Ha. y planta rectangular con los ángulos recortados, cuyo perímetro coincidiría sensiblemente con el viejo casco de la actual Zaragoza. El 2 en. 40 d. C. se registra, según venerable y constante tradición, la aparición de la S. Virgen en carne mortal (v. PILAR, SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DEL), sobre un pilar de ,piedra, al apóstol Santiago y a sus primeros discípulos, a orillas del Ebro.En la conmoción que sufre la Tarraconense (v.) el a. 256, las principales ciudades de la Península vuelven a fortificarse a toda prisa: del s. uI son las murallas de que quedan vestigios en Zaragoza. En ellas, en los extremos de los dos ejes de la ciudad, se abrían cuatro puertas, totalmente desaparecidas. Tampoco queda nada del puente o puentes, aunque, sin duda, el actual de Piedra sobre el Ebro está rehecho numerosas veces sobre una primitiva base romana. De los templos, monumentos, etc. sólo son recuerdo las monedas. A finales del s. Iv, el gran poeta lírico Aurelio Prudencio Clemente (v.), nacido en Z. o Calahorra, canta en su Peristephanon las glorias de Engracia, Lamberto y demás cristianos que, víctimas de la alevosa matanza maquinada por Publio Daciano, dan a Z. el nombre de Ciudad de los Innumerables Mártires (v. ZARAGOZA, MÁRTIRES DE). Sus reliquias se conservan, junto con dos sarcófagos constantinianos, en la catacumba zaragozana, actual cripta de la iglesia parroquial del S. Engracia.Zaragoza goda. El a. 452, en el ocaso del Imperio romano, toman la ciudad los suevos al mando de Requiario. No obstante, en la primavera del 460, todavía visita Z. el último emperador de auténtica grandeza, Julio Valerio Mayoriano. En el 466, el conde godo Gauterico, que ya había tomado Pamplona, conquista Z. y otras ciudades próximas. Durante la invasión de los francos, Z. sufre en el 541 su primer sitio, de 49 días, de Childeberto y Clotario, si bien no es devastada. En los tres siglos que dominan los godos la ciudad, apenas hay breves periodos de paz; no obstante, el s. vii es de gran florecimiento, descollando en 61 las grandes figuras de sus obispos Braulio y Tajón. En esta época Z., en la que aparece un importante foco de judaísmo, tiene unos 30.000 hab. y el trigo, la vid, el olivo y los frutales son ya sus productos típicos. S. Isidoro escribe: "Esta ciudad supera a todas las ciudades de España por la amenidad del lugar donde está situada y es más ilustre que ninguna por las sepulturas de sus santos mártires" (Etym. XV,1,66).Zaragoza musulmana. En la primavera del 714 los árabes y beréberes norteafricanos que habían invadido la Península llegan hasta las murallas de Caesaraugusta que, tras breve resistencia, se rinde a las fuerzás de Mñsá ibn Nusayr y cambia su nombre por Sarakosta. En el 778 Carlomagno, llamado por los intrigantes príncipes árabes de Z., llega hasta las murallas de la ciudad que le ha sido prometida; pero la promesa no es cumplida y como, por otra parte, los acontecimientos de su propio reino le reclaman, Carlomagno emprende el regreso y sufre en Roncesvalles (V. RONCESVALLES, BATALLA DE) una célebre derrota. Entre 1049 y 1081 Abu Chafar al-Moctadir (V. TAIFAS, REINOS DE), primer monarca de la poderosa familia de los Banñ Hud, emprende, al iniciar la taifa zaragozana, la construcción de uno de los más hermosos e importantes palacios árabes de la Península, la Aljafería.Zaragoza cristiana. En 1118 Alfonso I el Batallador, que había conquistado ya Ejea, Tarazona, Borja, Calatayud y Daroca, pone fin al imperio árabe en Z., que se convierte en capital del reino, y consagra como catedral de la Seo la mezquita mayor, mientras el capellán del rey, Pedro de Librana, restaura la línea de los obispos zaragozanos. En 1137, el matrimonio de Da Petronila, hija de Ramiro II el Monje, hermano del Batallador, con el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV (v.) da origen a la poderosa confederación catalanoaragonesa y, abriendo a Aragón el camino del mar y la ruta de prósperas empresas, prepara el camino también para la unidad política de la Península.En la catedral zaragozana de la Seo contraerían nupcias en 1276 Pedro III el Grande y Constanza de Suabia. La confabulación de los nobles contra el rey logra arrancar el Privilegio General en las Cortes de Ejea y Tarazona terminadas en Zaragoza. Pedro IV termina en 1348 can la anarquía nobiliaria en la batalla de Épila, donde la Unión es derrotada y abolidos sus privilegios. Muerto en Barcelona, en 1410, sin sucesión, Martín I el Humano, Aragón reúne en Caspe a santos, sabios y juristas, que en 1312 eligen nuevo rey a Fernando I de Antequera.En 1452 nace, en el Palacio de Sada, de la villa zaragozana de Sos, el excepcional político Fernando II el Católico, que sentaría los cimientos de la unidad de España mediante su matrimonio con Isabel I de Castilla. Z. conoce una época de prosperidad: se termina la catedral de la Seo, el palacio cristiano de la Aljafería y la Lonja de Mercaderes. En 1522, el papa electo Adriano VI visita Z. y hasta oficia una Semana Santa en S. Engracia.La ejecución del justicia de Aragón Juan de Lanuza, en 1591, a causa de la acogida y fuga de Antonio Pérez (v.) y la oposición a las tropas de Felipe II son el golpe de gracia para la pérdida del espíritu medieval aragonés y de sus más queridas instituciones. Un año después comienzan las obras del canal Imperial de Aragón que, terminado en 1786 por D. Ramón de Pignatelli, aseguraría el abastecimiento de agua de Z. y multiplicaría la fecundidad de una amplia comarca suya. En 1707 Felipe V, como castigo por haber abrazado Z. la causa del archiduque de Austria en la guerra de Sucesión, deroga los fueros aragoneses y desaparecen el Justiciazgo, las Cortes, el Virrey y el Consejo de Aragón (el Justiciazgo tiene su monumento en la plaza de Aragón desde 1904). En 1782 fray Lamberto de Z. dice que la ciudad cuenta con 50.000 almas y que la agricultura y el comercio son florecientes.Desde junio a agosto de 1808 y desde diciembre de este año a febrero del siguiente, Z. asombra al mundo con su heroísmo frente a las tropas de Napoleón. El general Palafox (v.) y la catalana Agustina de Zaragoza y Domenech (Agustina de Aragón) son nombres señeros de la epopeya. Al final de sus gloriosos Sitios, Z. es un montón de ruinas. Cerrado este singular capítulo de su historia, Z. concentra sus energías en su propio resurgimiento, el cual recibe gran impulso en 1908, con la conmemoración del I Centenario de aquella gesta. Es asimismo altamente beneficioso para Z. y Aragón el periodo del Gobierno del general Primo de Rivera (v.) con la creación de la Confederación Hidrográfica del Ebro y la reactivación de la política hidráulica, la fundación de la Academia General Militar (de la que es primer director el general D. Francisco Franco Bahamonde) y la inauguración del túnel transpirenaico de Somport y del ferrocarril internacional de Canfranc.En 1936 se incorpora inmediatamente al Movimiento Nacional y es uno de sus apoyos clave. Del heroísmo de Z. y su provincia durante la contienda son nombres estelares la posición San Simón de la Sierra de Alcubierre y la villa de Belchite (v. 2).2. Provincia. Edad Antigua. El territorio de la actual provincia estuvo habitado en su mayor parte, en la Antigüedad, por los celtíberos (v.) de los que proporcionan abundantes datos, en el s. i, Plinio, Estrabón, Apiano Alejandrino, Marcial (n. en Bilbilis), etc. Desde el s. iii a. C. pueden considerarse ya diferenciados estos pueblos, pero el poblamiento de la provincia es muy anterior, y corresponde a las invasiones de celtas (v.) e iberos (v.), datables en los s. VIII y v a. C., respectivamente. Hecateo de Mileto, en el s. iv a. C., se refiere a los ilergetes (v.), pueblo ibero que se extendía por la orilla izquierda del Ebro, sobrepasando con mucho los límites de la provincia zaragozana. Igualmente eran iberos los sedetanos, que se asentaban en torno a la actual capital, y de los que posiblemente procedan los edetanos (v.), antes de su expansión en el s. III a. C. hacia Valencia (v. VALENCIA II). Pero los pueblos que dan personalidad a esta provincia aragonesa son los celtíberos, de los que hay restos de una necrópolis en Alagón, en la zona central de la provincia.La provincia de Z. formaba parte de la Celtiberia citerior, que los romanos incluyen primero en la Hispania citerior, en el s. ii a. C., y luego en la Tarraconense (v.), en el s. i a. C. Al SO habitaban los titos, en Ariza y Attacum (Ateca). Próximos a ellos, pero más hacia el interior, se encontraban los lusones, repartidos por Bilbilis (restos del asentamiento celtibérico, en el cerro de Bámbola, a 3 Km. de Calatayud), Nertobriga (Calatorao o Ricla, en el camino de Emerita a Caesaraugusta), Mundobriga (Munébrega), y con capital en Contrebia (probablemente cerca de Daroca), al S de la provincia. Segeda (Belmonte de Calatayud) era población de los helos, según Schulten, y que Estrabón atribuye a los arévacos, cuyo núcleo de poblamiento se extendía hacia el O, en la provincia de Soria. Otras poblaciones celtíberas, al N del Moncayo eran: Turiaso (Tarazona), Bursada (Borja) y Balsio (Mallén). Este denso poblamiento desde el O hacia el centro de la provincia es el que se ha mantenido hasta nuestros días, y es explicable por tratarse de una zona bien regada por los ríos jalón y Jiloca, entre otros, pertenecientes a la cuenca del Ebro. Los romanos aprovecharon también las minas de hierro al norte del Moncayo.Estos pueblos celtíberos, hasta la llegada de los romanos (s. ii a. C.) se dedicaban a la caza y a la ganadería. Se reunían en asambleas y eran gobernados por jefes militares. Dada su costumbre de quemar los cadáveres, no se les conoce antropológicamente, pero se describe su hospitalidad, su valor, su altivez y su lealtad, virtudes que ha heredado el pueblo zaragozano de todos los tiempos, pues aunque la virtud se conquista, también se hereda la capacidad de adquirirla. Avezados los celtíberos a la guerrilla y a rendir voluntades, difícilmente admiten el dominio romano. La construcción de una muralla en Segeda es el motivo de la primera guerra celtíbera (153151), que termina con la sumisión a Roma. El cónsul Marco Claudio Marcelo conquista Nertobriga (152 a. C.), pero el fuerte sentido de la independencia de estos pueblos provoca nuevos levantamientos. En el 142 a. C., el procónsul Quinto Cecilio Metelo somete Contrebia. La confluencia del jalón con el Jiloca es también escenario de las luchas entre Sertorio y Metelo el Pío. Con la muerte de Sertorio (72 a. C.), la pax romana es ya un hecho en la provincia, encuadrada en el convento jurídico de Caesaraugusta, con capital en la actual ciudad de Z. (v. 1).
Edad Media. Del dominio romano se pasa el visigodo (s. vi), poco relevante para el acontecer histórico de la provincia, que vuelve a adquirir relieve desde la invasión musulmana (s. vili). Musá ibn Nusayr conquista el valle del Ebro (714), que constituye la zona superior de al-Andalus (v.), sumisa a Córdoba, hasta que la familia de los Banu Qasi (v.) se hace con el poder a fines del s. viii. No obstante, ese poder es disputado por diversos caudillos yemeníes, árabes y beréberes, sobre todo a la muerte (907) del último miembro cualificado de la estirpe: Lope b. Muhammad. Desde fines del s. ix, la familia de los Tuyibíes, de origen árabe, domina en Calatayud y Daroca, y se apodera de otras plazas, reconociendo sólo formalmente la autoridad de Córdoba (v. CÓRDOBA, EMIRATO Y CALIFATO DE). Los Tuyibíes son desplazados del valle del Ebro por la familia, también árabe, de los Banñ Hñd (1039), que gobierna la taifa de Z. (v. TAIFAS, REINOS DE), con ayuda del Cid (v.) y de tropas mercenarias cristianas, hasta que cae en poder de los almorávides (v.), en 1110. Parte de la provincia es conquistada paulatinamente por los monarcas de Aragón desde los primeros años de la formación del reino (v. ARAGÓN II). Ya Ramiro I, el primer soberano de Aragón, que actúa "en servicio de Dios, casi como rey, en bailía de Dios y sus santos", incorpora la zona de Sos (ca. 1040), al norte de la provincia.La conquista de ésta hubiera sido más rápida de no contar los musulmanes con la ayuda de los navarros unas veces, o de los castellanos otras. Es Alfonso I de Aragón (v.) quien prácticamente incorpora la provincia de Z. a su reino. Conquista Ejea de los Caballeros (1106), la capital (1118), Alagón (1119), Épila, Calatayud y Daroca en 1120, Mequinenza (1133) y otras plazas, y repuebla gran parte de la provincia con francos y mozárabes andaluces. A su muerte se despuebla Daroca (1134) y parte del sur de la provincia, que vuelve a repoblar (en 1144) Ramón Berenguer IV (v.), aplicando el fuero de Sepúlveda, el cual perdona los delitos a los que se establecen en zonas fronterizas. La reconquista (v.) y repoblación (v.) de estas tierras no supone la marcha de la población musulmana. Por el contrario, los monarcas respetan tanto las juderías como las morerías (v. MUDÉJARES). A esta poblacióñ se añaden los mozárabes de Andalucía y otras regiones, catalanes, gascones, bearneses, aragoneses de otras zonas, etc. Por ello, frente al tópico de una posible raza (el término raza no tiene aquí sentido) pura aragonesa, se alza la realidad de una población zaragozana que sobre un sustrato celtíbero es resultado de múltiples convivencias y entronques, aun cuando se mantuviera una legal separación entre cristianos, musulmanes y judíos. Esta variedad étnica, mantenida hasta principios del s. XVII, ha configurado en parte al aragonés de Z., tan abierto al cambio de la historia como apegado a sus tradiciones.Durante la Baja Edad Media, el protagonismo histórico de la provincia se diluye entre las poblaciones de Alagón, Calatayud, Caspe, Daroca, Ejea de los Caballeros, Épila, Mallén, Sos y Tarazona. En Alagón se reúnen Cortes durante los reinados de Alfonso III (1285-91) y Jaime II (1291-1327). Daroca tenía voto en Cortes, que celebran en ella sesiones en 1196, de 1222 a 1243, en 1311 y en 338. En las Cortes de Tarazona de 1283 se constituye la Unión aragonesa de nobles, los cuales obligan a Alfonso III a firmar el Privilegio de la Unión (1288), que reconoce los derechos feudales de la nobleza. Esta situación termina con Pedro IV de Aragón (v.), que derrota a los unionistas en Epila (1343). Daroca, que había seguido la causa realista frente a los nobles de la Unión, recibe de Pedro IV el título de ciudad (1366). Durante el reinado de este monarca se produce un retroceso demográfico en la provincia de Z., a causa de la peste negra (v.). También afectan a la provincia las luchas contra Pedro I de Castilla (v.), el cual conquista Calatayud (1362). No obstante, por la resistencia de la población bilbilitana a las tropas castellanas, Calatayud es recompensada con el título de ciudad por Pedro IV. Ejea de los Caballeros participa en las luchas civiles antes del compromiso de Caspe (v.), y en esta población se reúnen los compromisarios que eligen a Fernando de Antequera (V. FERNANDO I DE ARAGÓN) como monarca de Aragón (1412).De la Edad Moderna a nuestros días. La agitada Edad Media en la provincia de Z. tiene su contrapeso en una decadente Edad Moderna, en la que decrece la actividad agrícola, como consecuencia de la expulsión de los moriscos (v.) en 1609-10. Se cree que la mayoría de los 61.000 moriscos aragoneses expulsados pertenecían a la provincia de Zaragoza. También había disminuido la actividad mercantil, a causa de la expulsión de los judíos (V. HEBREOS II, 3) por los Reyes Católicos. Todo ello se une al declive económico general que padece España desde el reinado de Felipe II (v.; 1556-98). Este monarca priva a Aragón de algunos de sus fueros y modifica otros en las Cortes de Tarazona (1592). En el movimiento fuerista que había precedido a estas Cortes y que se relaciona con la estancia en Z. de Antonio Pérez (v.), la provincia no secunda a la capital. Como en otras partes de España, el acontecer histórico desde los tiempos modernos gravita en las cabezas de provincia. Solamente acontecimientos extraordinarios hacen participar a las demás poblaciones en el acontecer histórico. Así ocurre en la guerra de Sucesión española (v.), en la que la provincia zaragozana sigue la causa del archiduque Carlos de Austria, excepto Sos (llamada Sos del Rey Católico por haber nacido en ella Fernando el -Católico), villa a la que Felipe V, en reconocimiento a su lealtad, hace capital de las Cinco Villas de Aragón y. la titula "muy leal y vencedora villa". Igualmente en la guerra de la Independencia (v.) la provincia se alza en armas contra los franceses, y sufren las consecuencias de su paso, en especial la capital (v. 1). Daroca es conquistada por Manuel Carnicer en la primera guerra carlista (v.; 183335).La prefectura de Z., constituida en 1809, pasa a ser provincia en 1833. El aumento demográfico en ese siglo es escaso. De unos 400.000 hab. en 1885 se pasa a 421.834 en 1900. Con la construcción de la carretera MadridBarcelona y la inauguración del ferrocarril entre ambas ciudades se benefician algunas poblaciones de la provincia, como Ariza, Alhama de Aragón, Ateca, Terrer, Calatayud, La Almunia de Doña Godina, Alfajarín, Villafranca de Ebro, etc. Calatayud, la cuarta ciudad aragonesa, es la que más partido ha sacado de su privilegiada situación, pues comunica el valle medio del Ebro con la cuenca alta del Tajo, y el valle del Duero con el litoral levantino.En oposición a la capital, que desde el primer momento secunda el Movimiento Nacional, la provincia, queda en manos de los republicanos, exceptuados también algunos lugares como Belchite, cuya resistencia del 26 ag. al 6 sept. 1937 permite a los nacionales ganar tiempo y concentrar tropas en el Ebro, al tiempo que se impide el acceso del ejército republicano a la capital de la provincia. Del 8 al 22 mar. 1938 los nacionales reconquistan Belchite y otras poblaciones al S del Ebro, entre ellas Caspe. En ese mismo año, la provincia de Z. queda prácticamente en manos de los nacionales. La reconstrucción por los daños de la guerra ha sido cuantiosa, y los movimientos internos de población han perjudicado seriamente el poblamiento, escaso en el Norte, Este y Sur de la provincia. La capital y Madrid, Barcelona y Valencia absorben gran parte de los emigrantes rurales de Zaragoza.V. t.: ARAGÓN, CONDADO DE; ARAGÓN, REINO DE; ARAGÓN, CORONA DE.CARLOS R. EGUÍA, R. SALANOVA MAVILLA.
BIBL.: L. PERICUT, La España primitiva, Barcelona 1950; P. BOSCH GIMPERA, La formación de los pueblos de España, México 1945; J. GALIAY, La dominación romana en Aragón, Zaragoza 1946; A. GIMÉNEZ SOLER, La Edad Media en la Corona de Aragón, Madrid 1950; J. M. CASAS TORRES, J. M. LACARRA y F. ESTAPÉ, Aragón, Cuatro ensayos, Zaragoza 1960; T. XIMÉNEZ, Descripción histórica de la antigua Zaragoza y de sus términos municipales, Zaragoza 1901; R. DEL ARCO, Efemérides zaragozanas, Huesca 1941; M. RUBIO, Calatayud. Historia, arte, costumbres, Zaragoza 1952; J. BELTRÁN, Historia de Daroca, Zaragoza 1954; E. FUEMBUENA, Belchite-Quinto-Teruel: guerra en Aragón, Zaragoza 1938. R. DEL Arco, Aragón, Huesca 1931; A. BELTRÁN MARTtNEZ, Zaragoza, Zaragoza 1966; J. BLASCO IIAZO, Aquí... Zaragoza, Zaragoza 1950’ J. ORLANDIS, Zaragoza visigótica, Zaragoza 1968.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.