Vallejo, César
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Biografía GER
Poeta peruano, una de las grandes voces líricas de Hispanoamérica en el s. xx. N. en 1892, en Santiago de Chuco, provincia del norte peruano. Fue el menor de 11 hijos, mestizo de galaico y de chimú, condición ésta en la que muchos han visto una clave de su obra, pues tanto su vida como su poesía prolongan el encuentro secular de dos razas, con toda su carga conflictiva, que lanza a V. a una dramática búsqueda de la propia identidad. En 1909, V. es contable en una hacienda azucarera. Tres años después viaja a Lima con el proyecto de estudiar Medicina, intento del que desiste pronto. Al año siguiente se dirige a Trujillo, donde estudia Filosofía y Letras al mismo tiempo que enseña en una escue. la primaria y se entrega a una vida bohemia desordenada, que lo marcará ya hasta el final de sus días.Su primera juventud en Lima. En 1918 publica en Lima Los heraldos negros. En esta obra se aprecia bien el punto de partida literario de V ., y el ligero aire de época que lo relaciona con el sector más experimental del modernismo: Darío, Lugones, Herrera y Reissig, y también con el intimismo provinciano de López Velarde. Pero desde los primeros versos se percibe ya el originalísimo acento personal: "Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé! / Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, / la resaca de todo lo sufrido / se empozara en el alma... Yo no sé! ". En este acento personal se oye (en versi6n religiosa) el eco del mestizaje conflictivo: el tono blasfemo y dramático de raigambre española (golpes como del odio de Dios" ) junto al fatalismo indígbpa ( "tan fuertes... Yo no sé! " ), que se concilian luego en )a conmovedora afirmación: "Son las caídas hondas de los Cristos del alma, / de alguna fe adorable que el Destino blasfema. / Esos golpes sangrientos son las crepitaciones / de algún pan que en la puerta del horno se nos quema". El aire de época, pues, no es sino el revestimiento superficial de una fuerza hondísima (una enorme, impúdica, desgarradora ternura) que comienza ya por empujar al idioma hacia nuevas contorsiones y rupturas, presagio de la poesía verdaderamente nueva y distinta que germina en este primer libro.
La crítica oficial, en Lima, ignora o desprecia esta poesía rebelde y áspera. v. vive en la capital una vida huraña, con rasgos de poeta maldito, ignorado de los medios burgueses y de la cultura académica, fieramente orgulloso de su rebeldía anárquica y de sus experiencias que la sociedad proscribe: alcohol, drogas, el opio del barrio chino... "O Conciencia, / pienso, sí, en el bruto libre / que goza donde quiere, donde puede. / Oh, escándalo de miel de los crepúsculos. / Oh estruendo mudo. / Odumodneurtse! ".
Retorno a la tierra natal. Pero en 1920 el poeta está de regreso en Santiago de Chuco. Este retorno tiene algo de arrepentimiento, de reconciliaci6n con el mundo de la infancia, que será recordado conmovedoramente desde la soledad en su siguiente obra: "He almorzado solo ahora, y no he tenido / madre, ni súplica, ni sírvete, ni agua, / ni padre que en el facundo ofertorio / de los choclos, pregunte para su tardanza / de imagen, por los broches mayores del sonido". Esta experiencia provinciana, rural, melanc6lica, se imprimirá profundamente en sus mejores poemas de Trilce, extrañamente aliada a un afán experimental que quiebra las convenciones del lenguaje y aun se prodiga en la continua invenci6n de nuevas palabras: "Tahon~ estuosa de aquellos mis bizcochos / pura yema infantil innumerable, madre. / Oh tus cuatro gorgas, asombrosamente / mal plañidas, madre: tus mendigos" .
Por esta época se sitúa un episodio que marcará en él una huella indeleble: su experiencia de la cárcel; una condena absurda a raíz de una especie de motín popular. "Procesado por incendio, asalto, homicidio frustrado, robo y asonada" , dirá después con ir6nica desmesura a prop6sito de ese oscuro suceso. La experiencia interior de aquellos meses fue profunda; en la cárcel, v. ahondó en esa comuni6n con todos los desamparados del mundo, en ese descubrimiento de la grandeza de los pobres y aun de la bondad de los delincuentes, en esa ternura uni. versal por la condici6n humana, que tantas veces acudirá a sus poemas: "Amadas sean las orejas Sánchez, / amadas las personas que se sientan, / amado el desconocido y su señora, / el prójimo con mangas, cuello y ojos! / Amado sea aquel que tiene chinches, / el que lleva zapato roto bajo la lluvia, / el que vela el cadáver de un pan con dos cerillas...". Este libro, Trilce, aparece en 1922; fue modestamente impreso en los talleres de la propia cárcel, y es una de las obras más revolucionarias de la poesía que V. tiene, más que dependencia, una espontánea (y simultánea) afinidad. Pero las formas vanguardistas son, en su caso, el cauce de una enorme fuerza subterránea de humanidad y ternura, que hace saltar las estructuras del idioma, sobrepasa la sintaxis y aun la ortografía usual, y se desborda en la invención de neologismos. Más honda que el experimento formal, su veta profunda es la inmediatez de la emoción, que desde sí misma crea un estilo y una manera novísima de decir. En su caso, la distorsión hipnótica del lenguaje no será un ensayo estético, sino mera consecuencia de su balbuceo vital, de la ironía y la ternura que se crean sus propias rebeldes expresiones.
Estancia en París. En 1923 parte V. a París (ya no volverá a su tierra); publica allí con Juan Larrea una revista de telegráfico nombre, "Favorables París Poemas", y alterna con los pioneros de las incipientes vanguardias. Su sentido de la realidad poética le inmuniza, sin embargo, de lo efímero y más sofisticado o artificioso de las proclamas de entonces. He aquí, p. ej., una de sus típicas observaciones teóricas: "Poesía nueva ha dado en llamarse a los versos cuyo léxico está formado de las palabras ’cinema, motor, caballos de fuerza, avión, radio, jazzband, telegrafía sin hilos’, y, en general, de todas las voces de las ciencias e industrias contemporáneas, no importa que el léxico corresponda olino a una sensibilidad auténticamente nueva. Lo importante son las palabras. Pero no hay que olvidarse que esto no es poesía nueva ni antigua, ni nada. Los materiales artísticos que ofrece la vida moderna, han de ser asimilados por el espíritu y convertidos en sensibilidad. El telégrafo sin hilos, p. ej., está destinado, más que a hacernos decir ’telégrafo sin hilos’, a despertar nuevos temples nerviosos, profundas perspicacias sentimentales, ampliando videncias y comprensiones y densificando el amor: la inquietud entonces crece y se exaspera y el soplo de la vida se aviva...". Textos como éste muestran la seriedad de la conciencia poética en Vallejo.
Viaje a España. En 1930 el poeta va a España, donde aparece una nueva edición de Trilce. En su prólogo, José Bergamín le atribuye "un logro profético", y describe así esta poesía: "es seca, ardorosa, como retorcida duramente por un sufrimiento animal que se deshace en un grito alegre o dolorido, casi salvaje. Esto la aproxima y la aparta, a su vez, del poeta americano Neruda, también oscuramente dolorido y hosco, pero con distinta sensualidad: la poesía de Neruda es más jugosa, más blanda, más densa y, acaso, más rica de tonalidades, pero más monótona en conjunto, menos inventiva, menos flexible, menos ágil". El paralelismo entre ambos poetas viene a ser ya un tópico de las letras hispanoamericanas. Mientras en Neruda prima el tono de himno o cántico y la fuerza deslumbrante de lo telúrico, la nota máxima de V. es siempre la humanidad, el sabor de la infancia, la compasión y la ternura universal, y en este aspecto se acerca más a la poesía de Gabriela Mistral, a su doliente aspereza, a su aire bíblico y su lenguaje descarnado. Ha escrito con acierto Fernández Retamar: "Si la familia de Vallejo puede señalarse en la literatura -p. ej., dentro del idioma, Martí, Unamuno, Machado, la Mistral-, esta poesía de lo tíerno y lo grotesco, que tuerce un sombrero entre las manos y sale agarrándose los pantalones, que hace reír y llorar, y reparte palmadas en las espaldas porque al cabo a todos nos ha pasado esto de estar vivos; esta poesía nos recuerda mucho (y más que a otro poeta) a un artísta a quien Vallejo admiró sin reservas: Chaplin".
Lo americano y lo español en Vallejo. El lenguaje de V. mantiene evidentes aunque subterráneos lazos con la más pura tradición española; nos hace pensar en lo que García Lorca decía de Neruda, y que sin duda se aplica mejor aún al poeta peruano: "el tono descarado del gran idioma español de los americanos, tan ligado con las fuentes de nuestros clásicos... pero que no tiene vergüenza de romper moldes y se pone a llorar de pronto en mitad de la calle" .Pocas veces la lírica castellana había asumido, como en V ., un carácter tan conversacional, una incorporación tan poética del prosaísmo, una ruptura de la trabazón lógica o la seriedad o la grandilocuencia en aras de la fluidez emotiva, de la amargura bondadosa, de la cotidianeidad: "Considerando en frío, imparcialmente, / que el hombre es triste, tose, y, sin embargo, / se complace en su pecho colorado; / que lo único que hace es componerse de días...". v. ha asimilado maravillosamente a su poesía el decir de la infancia, el lenguaje del niño, su expresión primordial e incorrecta, su hechizo visual y sonoro, su virginidad histórica, su inocencia: "Mentira. Si lo hacía de engaños, / y nada más. Ya está. De otro modo, / también tú vas a ver / cuánto va a dolerme el haber sido así. / Mentira. Calla. / Ya está bien". Lo mismo cabría decir del peruanismo de su lenguaje, que responde también a una profunda necesidad expresiva. No en vano acusará v. de "incurable descastamiento histórico" a muchos americanos de su generación, que "practican una literatura prestada, que les va trágicamente mal" ; la autoctonía de v. es una profunda fidelidad a su ser americano, que pesa en su escritura lo mismo cuando vive en Trujillo que en París, Madrid o Moscú.
Aspecto político de su vida y obra. Desde Europa, tres veces viajó V. a Rusia: el 28, el 29 y el 31. Experimentó una gran simpatía por la experiencia socialista, si bien (como se ha hecho notar muchas veces) de esta adhesión estuvo ausente el poeta, y sus escritos sobre la revolución comunista son fríos, documentales, estadísticos, conceptuales. V. ha escrito lúcidamente sobre el caso de Maiakovski (v .) y su crisis moral y poética; .es probable que él no haya querido comprometer su poesía en una experiencia semejante. En 1937 está en España, y por primera vez aborda en sus poemas un asunto enteramente político; España, aparta de mí este cáliz aparece en forma póstuma en 1940; un año antes, también en forma póstuma, se publican sus Poemas humanos. A pesar de la desgarrador del asunto, sus poemas políticos no alcanzan la densidad poética de su obra anterior, de Trilce, por ej. V. muere en París, junto a su compañera Georgette, el 15 abr. 1938. Con voz de niño castigado había predicho, en profético impulso, su propia muerte: "Me moriré en París con aguacero, / un día del cual tengo ya el recuerdo. / Me moriré en París -y no me corro- / tal vez un jueves, como es hoy, de otoño. / César Vallejo ha muerto, le pegaban / todos sin que él les haga nada; / le daban duro con un palo y duro / también con una soga...". Días antes de morir, escribió: "Cualquiera que sea la causa que tenga que defender ante Dios, más allá de la muerte, tengo un defensor: Dios".
I. M. IBÁÑEZ LANGLOLS.
BIBL. : Poesías completas, Buenos Aires 1953; Poesías completas, La Habana 1965; I. M. V ALYERDE, Estudios sobre la palabra poética, Madrid 1952, 19-94; F. IZQUIERDO, Vallejo y su tierra, Lima 1950; E. VILLANUEYA, La poesía de César Vallejo, Lima 1951; G. RENt PtREZ, Cinco rostros de la poesía, Quito 1959; oRey. Iberoamericana) 71 (1970), número monográfico.
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