Valle-inclán, Ramón María Del
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Biografía GER
Datos biográficos. Ramón María del Valle y Peña, que adoptó el nombre de Valle-lnclán, n. el 29. oct. 1866 en Villanueva de Arosa (Pontevedra), perteneciente a una familia de ricos hacendados. Pronto da vivas muestras de precocidad, disponiendo de una sensibilidad poco común. No demasiado buen estudiante, abandona la carrera de Derecho iniciada en Santiago. Emigra a México, en donde vive dos años escasos (1892-93). Su viaje no le compensa con ningún resultado positivo, y tiene que volver, en la más absoluta miseria, gracias a la caridad del cónsul español. Femeninas (1895) es el primer libro que publica, todavía en Pontevedra. Marcha a vivir a Madrid, en donde trabaja en una simple oficina. Se rodea de una aureola inconfundible de extravagancia, fruto de su increíble facilidad verbal. En 1899 acontece un incidente que va a marcar su extraña fisonomía. En una disputa con el también escritor Manuel Bueno, éste le propinó un bastonazo que ocasionó la amputación del brazo izquierdo.En 1902 publica su primer éxito: Sonata de Otoño. Siguen las de Invierno (1903), Primavera (1904) y Estío (1905). En 1907 se casa con la actriz Josefina Blanco. Valle-Inclán cuenta ya 40 años. El matrimonio le lleva a un estrecho contacto con el teatro, fruto del cual se convierte en director artístico de la compañía de María Guerrero. Con la farándula, vuelve a América en 1910. Al terna su primera vocación poética con el teatro, dando paso a las grandes novelas de los años 20, Tirano Banderas (1926) y las de El ruedo ibérico (1927). De su oficio de novelista es de lo que más orgulloso se sentirá. Antes de escribir sus producciones más maduras, Luces de bohemia (1920) o Los cuernos de don Friolera (1921), es nombrado catedrático de estética de la Escuela de Bellas Artes, aunque por muy poco tiempo. Después de un nuevo viaje a México, alterna su domicilio madrileño con largas temporadas en Galicia. El autor atraviesa una señalada etapa de crisis, de la que puede ser principal responsable la separación de su esposa. La virulencia de sus últimas obras, en pleno derrocamiento moral y social del autor, le lleva a una enemistad total con Primo de Rivera. Padece encarcelamiento en 1929. La separación definitiva de su esposa tiene lugar en 1932. En tiempo de la Segunda República es nombrado director de la Escuela de Bellas Artes de España én Roma. Valle-Inclán tiene ya muy quebrantada su salud y decide volver a su Galicia natal en 1934. El 5 en. 1936 muere, de cáncer, en Santiago de Compostela.
Evolución estética y literaria. Valle-Inclán es uno de los ejemplos más curiosos de evolución disciplinada y sistemática en la literatura española. Profundo admirador de la musa modernista (amigo íntimo de Rubén Darío), su obra es un singular camino desde, una estética sublimadora de lo bello a otra de signo contrario. Se trata de una evolución rigurosa, ya que su modernismo, deja paso con absoluta coherencia al llamado esperpentismo. No cabe hablar, pues, de un Valle-Inclán modernista y otro esperpéntico como si se tratara de dos autores distintos. Se pueden apreciar elementos rubenianos en sus últimas producciones, como también gérmenes de una estética deformadora en sus primeras obras. Como todo autor, deja sentir una etapa de influencias que le animan a conseguir un estilo propio. Las procedentes de un Eya de Queiroz o un D’ Annunzio, cristalizan en obras tan singulares como Luces de bohemia. Como diría Dámaso Alonso, Valle-Inclán pasa "del haz al envés de una misma visión del mundo". Estamos ante un autor de profunda inspiración plástica, y que estuvo sometido a un mismo proceso deformador: hacia lo bello en una primera etapa, degradador y negativo en la segunda.
Su llegada a la literatura se hace a través dé la poesía y la novela. Como poeta tiene tres libros publicados, re. cogidos en un solo volumen: Claves líricas (1930). Desde Aromas de leyenda (1907) hasta La pipa de Kit (1919) la evolución de Valle-Inclán se advierte de forma radical. Aquél, inmerso en el gusto modernista, sufre el proceso de de. formación grotesca en los versos de La pipa .de Kit, en donde las similitudes con sus Esperpentos son inmediatas. El pasajero (1920), sin embargo, vuelve a su primi. tivo esteticismo. Es posible, pues, que su redacción fuera mucho anterior a la publicación.
Valle-Inclán, novelista. No dudó nunca en señalarse como novelista, ante todo. El rotundo éxito de sus Sanatas pareció inclinarle principalmente a la narración. Las cuatro están imaginadas como memorias del Marqués de Bradomín, ficticio personaje, propio de una nobleza venida a menos, definido por la conocida frase de "feo, católico y sentimental". El propio Valle-Inclán confesó la inspiración que sufrió de la lectura de las Memorias de Casanova. En efecto, Bradomín es un don Juan decimonónico, cargado de sensualidad y escepticismo, y con cierto trasunto autobiográfico, ya que el propio autor desea transparentarse a lo largo de estas páginas. Los cambios de escenario (Roma, México, Galicia), así como los emocionales que se derivan de las cuatro estaciones, cuatro ciclos afectivos del hombre, confieren a las Sonatas un atractivo aire de novelas de aventuras eróticas. Las colecciones de cuentos, leyendas o estampas, fueron muy aptas para el tratamiento modernista de Valle-Inclán por su visión melancólica y refinada. Jardín umbrío (1903), sobre todo, destaca por poder ser considerada precedente de determinados motivos dramáticos. Una especie de leyenda o estampa amplificada es Flor de santidad (Historia mile. naria) (1904).
De nuevo el Marqués de Bradomín surgirá en una serie de novelas, aunque presentado desde un punto de vista distinto. La trilogía de La Guerra Car!ista se inicia con Los cruzados de la causa (1908), desgarrador cuadro histórico en donde el autor da su parecer sobre aquella guerra civil. En su estilo van apareciendo con enorme vigor personajes que irán conformando el mundo dramático del autor. Completan la trilogía El resplandor de la ha. guera (1909) y Geritaltes de antaño (1909). Coincide en este momento la evolución de V .-1. con una nueva tri. logía, las Comedias Bárbaras, cuya clasificación genérica es mucho más compleja. Dado que en los últimos años han sido estrenadas como obras dramáticas, preferimos hacer su referencia dentro del teatro. Con todo, quede patente que no se concibieron para la escena, pese a su forma dialogada. Podemos decir que nos encontramos con ese género híbrido que participa de las característi. cas de la novela y el teatro. Las Comedias Bárbaras son dignas continuadoras de la tradición que arranca desde La Celestina.
Hasta 1926, en que publica Tirano Banderas, Valle-Inclán no escribe una novela que rompa; en su género, con las aportaciones ofrecidas en el terreno modernista. Queda de entonces la fuerza del vocabulario, la riqueza de ambientes y el sentido de estilización. Pero esta vez, todo va encaminado hacia unos fines que la sitúan próxima a un "esperpento". En la misma línea está la colección de El ruedo ibérico, que quedó incompleta por la muerte del autor. De las tres series de que iba a constar, sólo acabó la primera. Los amees de un reinado, compuesta por La corte de los milagros (1927), Viva mi dueño (1928) y Baza de espadas, publicada en fragmentos, en vida del autor, y completa en 1958. La estética de Valle-Inclán alcanzaba su expresión más intensa, profunda y crítica. La teoría del esperpentismo había cobrado carta de naturaleza, y era la historia, la historia española, la que iba a sufrir el proceso deformador desde el reinado de Isabel II hasta el desastre nacional del 98.
Concepto de "esperpento". Conviene precisar el término esperpento antes de tratar el teatro, género que sitúa a Valle-Inclán en el punto más alto de la dramaturgia española del s. XX. Al hablar de lo esperpéntico hay que ser conscientes de! nivel artístico que significa. No es ni un género ni un estilo: se trata de una categoría que alcanzan ciertas formas del arte estilizadas negativamente. Para que se produzca ese proceso la obra está sometida a una serie de circunstancias: existir un evidente propósito de crítica, coincidir con cierta concepción pictórica y ser propia de una tradición española de estilo: rasgos intensos, negros. La obra de Valle-Inclán cumple estos requisitos pero, además, la teoría alcanza su forma más insólita bautizando a cuatro de sus piezas como esperpentos. Estamos ante un debate terminológico, fácilmente comprensible si se distinguen los lindes de esperpento y esperpéntico. Tirano Banderas y Farsa y licencia de la reina castiza (1920), que no fueron llamados por el autor como esperpentos, son, sin duda, esperpénticos. Es éste un interesante matiz a considerar en el autor que creó el esperpento y definió la más interesante y actual teoría sobre lo esperpéntico, zona suficientemente conocida a través de Quevedo, Torres Villarroel, Goya o Solana.
Valle-lnclán, dramaturgo. No tuvo un riguroso planteamiento ante el fenómeno teatral. Llegó a él merced a su matrimonio con una actriz. Tampoco el teatro de su tiempo le interesó lo suficiente como para luchar por él. Sus obras tuvieron desigual fortuna, y ese desdén por las formas dramáticas de los años 20 le llevó a escribir bajo una concepción absolutamente fuera de su tiempo. Gracias a eso, Valle-Inclán se adelantó en mucho a toda la falsa tramoya de telones pintados, obras en tres actos y temática menor. Como consecuencia de esto, la mayoría de las veces no escribe para que sus piezas sean representadas. La primera, incluso, lleva el subtítulo de Coloquios románticos. Se trata de El Marqués de Bradomín (1903). Las Comedias Bárbaras, en este sentido, parecen estar mucho más próximas a las Sonatas que a los esperpentos. Aguila de blasón (1907), Romance de lobos (1908) y Cara de plata (1922) son, no obstante, obras de gran fuerza dramática. Les dan un sabor considerable las reminiscencias de su regionalismo. Auténticos coros de mendigos y pobres rodean las tierras del caballero Montenegro, entre cánticos, romerías y la presencia de la Santa Compaña. Idéntico decorado ofrece el Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte (1913), en donde los tonos desgarrados se identifican más plenamente a lo largo de las cinco piezas que lo componen. y ese marco, llevado a sus últimos extremos, dará un intenso aguafuerte: Divinas palabras ( 1920). Todavía cabe citar piezas como Cuento de abril (1910) o Voces de gesta (1912), en donde la estilización de lo bello predomina dentro de una temática decadente y cargada de afectación. En La marquesa Rosalinda (1912) cohabitan con aquellos rasgos los elementos deformadores que irá potenciando en obras siguientes. Ya el subtítulo es harto significativo: farsa sentimental y grotesca. En la misma línea surge Farsa infantil de la cabeza del drag6n (1914). J?sta, en unión de Farsa italiana de la enamorada del rey (1920) y Farsa y licencia de la reina castiza ( 1920) las publica Valle-Inclán con el título de Tablado de marionetas (para educaci6n de príncipes) .En esta trilogía, el autor alcanza su mejor tono esperpéntico. Sobre todo en la última obra, donde la situación política planteada va a dar una singular circunstancia al esperpento.
Esta crítica llegará a su cenit con Luces de bohemia (1920, primera redacción). Si en La reina castiza Valle-Inclán había conseguido el punto de deshumanizació.n más manifiesto de su arte, los trágicos muñecos se convierten ahora en héroes clásicos que van a pasearse al Callejón del Gato. Con estas palabras, el autor hace una bella metáfora para explicar con sus protagonistas la teoría del esperpento. Utiliza esta técnica perspectivista para señalar que en su obra los seres se ven con una deformación peculiar, la de los espejos cóncavos, que posibilita su análisis con una mayor profundidad. Luces de bohemia es un paseo por el Madrid nocturno de Maura e Iglesias, un trágico y amargo paseo de sus protagonistas, Max Estrella y Latino de Hispalis, en donde se van destacando los elementos del degradado paisaje político de la época. La obra es la primera que titularía Valle-Inclán como esperpento. Sólo otras tres, reunidas bajo el nombre de Martes de Carnaval, reciben idéntica denominación: Las galas del difunto, Los cuernos de don Friolera y La hija del capitán, publicadas en 1930. Queda patente de nuevo el sentido plástico de la obra de Valle-Inclán. Lo carnavalesco, cargado de colores subidos, va a ser negro escenario por donde desfilen sus más claros esperpentos: el último don Juan que viaja a Ultramar (Juanillo Ventolera) o un Otelo de vía estrecha (don Friolera). Valle-Inclán. habló al hombre de su tiempo, pero, he ahí su importancia, sigue comunicando vivencias próximas a las actuales. el teatro le debe no sólo una lúcida aportación a la tradir ción española sino un gran adelanto a las más modernas formas teatrales.
C. OLIVA OLIVARES.
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