Tammuz HIST.
Categoria:
Historia
Nombre con que los acadios (v.) designaron al dios sumerio Dumuzi, del cual es simple acomodación fonética, apareciendo en los documentos con entrambos nombres (v. SUMERIA III). Dumuzi significa "el hijo verdadero", y es abreviación del nombre completo Dumuziabzu ("el Verdadero Hijo del Apsu"). Era considerado hijo de Enki (acadio Ea), señor del Apsu (las aguas), y de la diosa Sirdu (la Serpiente, v.), que parece una hipóstasis de la diosa Tierra (v.), personificando Dumuzi la vegetación que sale de la tierra al ser regada por las aguas. Su hermana es Geshtinanna (la viña celeste), esposa de Ningishzida, dios tan semejante a Dumuzi que quizá sea un doble de él.A la vez que dios de la vegetación, que muere y renace, Dumuzi es un héroe divinizado. En la lista sumeria de reyes prediluvianos aparece "el dios Dumuzi, un pastor, que reinó treinta y seis mil años", como tercer rey de Badtibira y quinto rey prediluviano. Y en las listas posdiluvianas encontramos también a "el dios Dumuzi, pescador -su ciudad nativa fue Ku’ara-, que reinó cien años", como rey de Uruk, sucesor del "dios Lugalbanda, un pastor", que reinó mil doscientos años, y predecesor inmediato del "divino Gilgamesh", que reinó 126 años. El mito de Dumuzi funde ambos personajes, aunque parece que el doble concepto de pescador y pastor se debe a los diferentes lugares donde se formó o transmitió paralelamente su culto: ya en la región pantanosa del Sumer costero, ya en las estepas de pastores seminómadas de la Mesopotamia superior occidental.Los sumerios le llamaron Dumuzi; los semitas T.; y con este nombre se le conoce también en el libro de Ezequiel (8,14). Se le da con frecuencia el nombre de "Señor", lo que hace pensar que el culto posterior del Adonis (señor) fenicio no es más que una copia del de Dumuzi; la sospecha se acentúa por el culto que según Ezequiel recibía en Jerusalén, que probablemente debía inspirarse más en modelo fenicio-cananeo que no en mesopotámico (v. CANAÁN II). De Siria y Fenicia, parece que el mito de T. y de sus relaciones con la diosa Ishtar o Astarté, pasó en todo o en parte a Grecia y a Roma (mito de Adonis y Afrodita: v. VENUS).Dado lo fragmentario de los textos que hablan de él, la reconstrucción de los mitos y creencias sobre DumuziTammuz tiene muchas lagunas.Enamorada Inanna-Ishtar (v. ASTARTÉ) de él, acaban casándose; el mito de Dumuzi y Enkimdu (ANET, o. c. en bibl., 41-42) parece describir el modo como llegó a realizarse esa unión. Pero a la boda sigue la muerte de Dumuzi. Quizá el dios agricultor Enkimdu, que aparece celoso de él, lo matase, pero el mito en los fragmentos conservados más bien indica que hubo una reconciliación. En el Poema de Gilgamesh (v.) parece hacerse en algún modo responsable de la muerte a la misma Ishtar, aunque luego ordene lamentaciones anuales por su muerte: "en cuanto a Tammuz, el amante de tu juventud, ordenaste lamentaciones por él, año tras año". Se pensaba que Ishtar había bajado a los infiernos para liberarlo; pero fragmentos nuevamente descubiertos parecen indicar que fue T. el que habría debido bajar al infierno como compensación a la liberación de Ishtar. De todos modos, T. muere y baja al infierno, donde es honrado sobremanera por Ereshkigal, mientras las cortesanas de Ishtar hacen lamentación de él sobre la tierra (ANET, 109). En otros textos, aparece T. como juez y rey en los infiernos.No sabemos cuánto tiempo se consideraba que permaneció allí; pero lo cierto es que se le consideraba salido de los infiernos y convertida en un dios celeste. El poema del Descenso de Ishtar a los infiernos, tras describir la exaltación de T., acaba con estas palabras: "que se levanten los muertos y huelan el incienso", lo que parece aludir a una cierta esperanza de resurrección y divinización de todos los muertos. Ello ha hecho pensar que debían existir en Mesopotamia una especie de cultos mistéricos (V. MISTERIOS) de T. que prometerían alguna resurrección o inmortalidad a los iniciados o devotos; pero no se ha hallado ningún texto respecto a esos posibles cultos de misterios.En todo caso, la residencia final y definitiva de T.es el cielo de Anu. Los relatos mitológicos cuentan que el padre de T., Enki, aconseja de Adapa que vaya vestido de luto para atraer su intercesión, cuando es llamado al juicio de Anu. A la puerta del palacio celeste encuentra a Dumuzi y Ningishzida, que le preguntan por qué va vestido de luto, y él responde que es por los dioses que han desaparecido de la tierra (que han muerto); complacidos por esta atención y recuerdo al héroe, hablan en favor de él ante Anu, quien no sólo perdona a Adepa, sino que le obsequia egregiamente, y hasta le ofrece la inmortalidad, que por desconfiado había perdido. Así, T. se presenta como residente permanente en el cielo, después de haber muerto y permanecido en los infiernos, lo que le relaciona con la vegetación, que muere y renace.Por todo ello, T. es un dios de la vegetación, un tipo mítico de "salvador" que trae a los hombres los beneficios de la agricultura, y quizá la esperanza en alguna especie de resurrección, cosa que si tuvo cultos mistéricos se inculcaría probablemente a los iniciados, en lo que coincidiría con el mito de Osiris y los de otros dioses mistéricos, telúricos y de la fertilidad (v.). El 2 de junio, o sea en el cuarto mes llamado precisamente T., se celebraba una fiesta dedicada a la muerte del héroe, cuando el espíritu de la vegetación parecía muerto después de la siega. A T. le estaba dedicada la constelación Orión, y se le da el epíteto de Sirdu (serpiente), y la serpiente es su animal emblemático. Esto y el ser hijo del Apsu lo asimila al dios babilonio Marduk, que asumió parte de sus caracteres (entre ellos su emblema, el dragón), y cuya muerte e inmortalidad se conmemoraba también en una fiesta, la del Akitu o Año Nuevo babilónico (V. BABILONIA III).A fines del s. XIX y comienzos del XX, algunos intentaron relacionar el mito de T., y más concretamente el semejante de Adonis, con el "Siervo de Yahwéh" (v.) de que habla Isaías y con la muerte voluntaria y redentora de Jesucristo y su resurrección; inútil y pintoresco intento, que no tuvo eco, puesto que la pasión (v.), muerte y resurrección (v.) de Jesucristo, además de ser hechos históricos, son también de contenido, circunstancias y significados bien distintos de esos u otros mitos (cfr. J. S. van der Ploeg, Les chants du serve de fahweh, París 1946, 123, 138, 168-173; L. de Grandmaison, fésus Christ, 3 ed. París 1931, 520-524, 531 ss.).A. PACIOS LÓPEZ.
BIBL.: J. PRITCHARD, Ancient Near Eastern Texts (ANET), Princeton Univ. 19’55, y el Suplemento a esta obra de 1969; C. VIROLLEAUD, Légendes de Babylone et de Canaan, París 1940, 104-120.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.