Saduceos HIST.
Categoria:
Historia
Nombre. El origen del nombre saduceo resulta incierto. En el N. T. y en los escritos de Josefo Flavio son llamados saddukaioi, y en el Talmud, Saddugim. Ciertos escritores eclesiásticos antiguos, como S. Epifanio (Haer. 14: PG 41,239 s.) y S. Jerónimo (Comm. in Matth. 22, 23: PL 26,170), derivan la palabra del hebreo saddq, "justo", como si quisieran designarse a sí mismos los "justos" por excelencia. No obstante, es improbable este origen, porque entonces tendría que ser Saddgim y no Saddug¡m; resultaría, en efecto, difícil explicar el cambio de la sílaba "diq" en "duq". Lo más probable parece ser que derive del nombre propio Sadoc, el antepasado de la familia de los sumos sacerdotes desde los tiempos de Salomón hasta Antíoco Epífanes (cfr. 1 Reg 4,2; 1 Par 6,9-15; Ez 40,46). De la familia de Sadoc procedían todos los sumos sacerdotes israelitas, una vez que Salomón depuso a Abiatar y constituyó sumo sacerdote en su lugar a Sadoc (1 Reg 2,35). Y de hecho parece ser que en la época de Cristo, los sumos sacerdotes procedían también de entre los s. y contaban con numerosos partidarios entre la aristocracia sacerdotal (cfr. Act 5,17). En la literatura rabínica, los s. son llamados a veces boethuseos, de Boethos, antepasado de una de las familias sacerdotales.Historia. Los s. entran en la Historia como partido organizado o secta religiosa solamente en la época de los Macabeos (v.), cuando Jonatán fue nombrado sumo sacerdote por el rey Demetrio (1 Mach 11,27), uniendo así la dignidad religiosa con la política. Este hecho produjo en los descendientes de Sadoc gran descontento y les llevó a pasar a la oposición de los Macabeos. Juan Hircano (130-120 a. C.), que había sido discípulo y partidario de los fariseos (v.), al ser en cierta ocasión escarnecido por un fariseo, apoyado ocultamente por los de su partido, se pasó al partido de los s. (Flavio Josefo, Ant. Jud. 13,10,5). Los demás Asmoneos (v.), descendientes de los Macabeos, también favorecieron a los s., especialmente Alejandro Janneo (103-76 a. C.); solamente la reina Alejandra favoreció de modo especial a los fariseos (Ant. Jud. 13,16,1-2). Por el hecho de que los s. apoyaron a Aristóbulo II, el rey Herodes el Grande (v.) los trató muy duramente (Ant. Jud. 15,1,2 ss.). Aunque los s., lo mismo que los fariseos, fueron contrarios a la dominación extranjera de los romanos, supieron acomodarse a ella e incluso a servirse de ella para sus fines dominadores. Por eso, desde que la Judea fue anexionada a la provincia romana de Siria, los s. comenzaron a practicar una política conciliadora con las autoridades romanas. Esto explica el hecho que desde el año 6 hasta el 70 d. C., todos los sumos sacerdotes fueron del partido saduceo. Y sabemos que en tiempo de Cristo los s. dominaban entre las grandes familias sacerdotales judías. Los s. desaparecen de la Historia con la destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén, el a. 70.Doctrinas. Los s. reconocían la S. E. como la única fuente de la revelación y rechazaban "las tradiciones de los padres", a las que los fariseos atribuían una importancia especial. Orígenes (Contra Celsum 1,49: PG 11, 753 s.) y S. Jerónimo (PL 23,787; 26,171) afirman que los s. admitían como única regla de fe la Torált (la Ley), y que rechazaban los libros de los profetas. Sin embargo, hoy día hay muchos autores que piensan que los s., en este punto, seguían el sentir común de la Teología israelita de su tiempo.En cuestiones dogmáticas eran muy restrictivos, y, por eso, disentían en muchas cosas de los fariseos, que eran más abiertos. Negaban la inmortalidad personal, la resurrección de los muertos, la retribución en la vida futura y la existencia de los ángeles (Act 23,8). La razón hay que buscarla en el hecho que los s. decían no encontrar estas creencias en los libros más antiguos del A. T., que eran los que ellos admitían. Los Evangelios parecen confirmar que, efectivamente, los s. negaban la resurrección (cfr. Me 12,18; Le 20,27;_ Mt 22,23). Y lo mismo afirman los escritos rabínicos (cfr. Tanchuma, 3,1; Midrash Rabba 32,13) y Flavio Josefo (cfr. De bello Jud. 2,8,14; Ant. Jud. 18,1,4).Los s. despreciaban la casuística farisea. Sin embargo, como eran los que detentaban el sacerdocio, se veían obligados en muchas circunstancias a observar ciertos preceptos rituales, como las abluciones, la observancia del sábado, etc., por temor al pueblo, que seguía en esto a los fariseos. En Derecho criminal, en cambio, eran más estrictos que los fariseos; aplicaban con toda severidad la letra de la Ley (cfr. Flavio Josefo, De bello Jud. 2,8, 14; Ant. Jud. 20,9,1). En política, como constituían las familias más poderosas, sabían acomodarse a la situación con el fin de conservar su situación privilegiada. Como se sentían satisfechos de sus riquezas e influencia, eran de tendencia materialista y se preocupaban poco de la venida del Reino de Dios.Jesucristo y los saduceos. Los s. aparecen relativamente poco en los Evangelios. En Me y Le una sola vez (Me 12,18; Le 20,27); en Mt, más veces: Juan Bautista los increpa duramente (Mi 3,7), jesús mismo habla varias veces del "fermento de los fariseos y de los saduceos" (Mt 16,1.6.11.12). En el Evangelio de S. Juan no son mencionados expresamente. Sin embargo, cuando habla de la resurrección de Lázaro (lo 11,47-50) dice que los sumos sacerdotes, que pertenecían al partido de los s., se irritaron sobremanera y determinaron dar muerte a Jesús. El motivo no fue propiamente de orden doctrinal, sino más bien de tipo político; temían que Jesús les pudiera desbancar de su alta posición social y política con el apoyo de la turba, y que los romanos intervinieran, quitándoles parte de sus muchos privilegios. Ésta fue la razón de que se aliaran con los fariseos para perder a Jesús, y comenzaran a urdir contra él asechanzas de todo género (cfr. Mi 16,1). Jesús responde descubriendo ante la multitud la malicia y la mala conducta de los fariseos y s. (Mt 16,6.11 s.; 23,13-36). Éstos entonces se vengan condenando a muerte al Señor en el Sanedrín, cuyos miembros pertenecían en su gran mayoría al partido de los s. (Mt 26,65 s.; Me 14,63 s.), y no quedan satisfechos de su venganza hasta que lo ven expirar sobre la cruz (Mt 27,31 s.). Después de su muerte todavía continuarán persiguiendo ferozmente a los Apóstoles y a los primeros cristianos (cfr. Act 4,1-3; 5,12.17 s. 34), mientras que los fariseos parece que quedaron satisfechos de su venganza y ya no volvieron a perseguir a unos ni a otros (cfr. Act 5,34 ss.; 15,5).V. t.: SANEDRÍN; FARISEOS.J. SALGUERO GARCÍA,
BIBL.: H. LESÉTRE, Sadducéens, en DB 5,1337-1345; J. M. VosTI, De sectas Iudaeorum tempore Christi, Roma 1929, 11-28; M. J. LAGRANGE, Le Judaisme avant Jésus Christ, París 1931, 301306; U. HOLZMEISTER, Historia aetatis Novi Testamenti, Roma 1938, 223-243; A. MARMORSTEIN, Studies in Jewish Theology, Londres 1950; A. TRICOT, El mundo judío, en Introducción a la Biblia, de ROBERT-FEUILLET, II, Barcelona 1967, 73-75; J. SALGUERO, Las sectas religiosas judías, en Introducción a la Biblia, de DE TUrASALGUERO, II, Madrid 1967, 550-552.
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