Sacro, Arte ARTE
Categoria:
Arte
Se entiende por a. s. toda producción artística calificada y destinada para el culto sagrado (v. CULTO; SAGRADO Y PROFANO). La posibilidad y existencia del a. s. es un hecho, que se manifiesta en las palabras sencillas y profundas del papa Gregorio II (715-731): "Si el Señor no se encarnó, que no se represente su imagen. Si no nació en Belén de la Virgen, si los magos no le dieron sus dones, si no fue llevado como un Niño en brazos de su Madre, que no se le represente. Pero si todas esas cosas han ocurrido, que se narren esos hechos con palabras, con letras y con pinturas" (PL 13,91).El a. s. tiene su razón de ser en la misma estructura del hombre, alma y cuerpo unidos sustancialmente, que se eleva de lo sensible a lo espiritual, de las cosas creadas al Creador, de lo bello a la Belleza, y en la misma pedagogía divina: la Humanidad de Cristo es instrumento de revelación, porque "en Cristo habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente" (Col 2,9); lo humano de Cristo conduce a su divinidad, y de modo análogo todo lo humano puede llevar a Dios. El a. s. está así vinculado a la "ley de la encarnación", que se puede resumir diciendo que "lo divino toma, por decirlo así, cuerpo en lo humano, para elevar lo humano a un modo de ser y de obrar divinos" (C. Vagaggini, El sentido teológico de la liturgia, 2 ed. Madrid 1965, 285).Dentro de la tarea de conducir las cosas creadas a Dios (y por ellas llegar a Dios) y de santificar todo lo bueno y bello del mundo se encuadra "la noble misión del artista, que ayuda a los más insensibles a ver y a gustar la belleza natural de las cosas más humildes y, a través de ella, la belleza de Dios, y pisando la tierra les hace levantar la frente y los ojos hacia el cielo, hacia Dios" (Pío XII, Discurso a los artistas, 19 mayo 1948) Si el arte en sí mismo tiene esa misión que resalta Pío XII, aún cobra mayor dignidad cuando se refiere directamente a Dios o se relaciona con el culto divino; por eso dice el Conc. Vaticano II que "entre las actividades más nobles del ingenio humano se cuentan con razón las bellas artes, principalmente el arte religioso y su cumbre, que es el arte sacro" (Const. Sacrosanctum Concilium, 122).Arte religioso y arte sacro. Interesa poner de relieve la distinción entre arte religioso y a. s., fundada, no tanto en los caracteres intrínsecos de ambos y en la inspiración de cada uno, sino en el destino de la obra artística. Hay obras de una profunda inspiración religiosa y que, sin embargo, no pueden ser destinadas para el culto y, por tanto, no pueden ser juzgadas propiamente como a. s.En términos genéricos puede decirse que es arte religioso aquel que refleja la vida religiosa del artista. La virtud de la religión tiende a producir en el hombre una actitud sustancialmente interna, de sumisión, adoración, de fe y esperanza, y, sobre todo, de amor a Dios. Por tanto, el arte religioso debe tener esta misma finalidad y para que se dé es necesario que el arte -conservando lo intrínseco de su naturaleza- se subordine al fin de la religión. Pero ese sometimiento ha de ser efectivo y propio, no añadido o aceptado de un modo superficial (Y. ARTE Y MORAL).Indudablemente, lo difícil será mantener la relación exacta entre la objetividad de la religión y el subjetivismo que siempre lleva consigo el arte, pero eso lo único que supone es que -como dice Maritain- "el cristianismo no facilita el arte. Le quita muchos medios fáciles, obstaculiza su curso en más de un punto, pero es para elevar su nivel. Al mismo tiempo que le crea dificultades saludables, le sobreeleva por dentro, le hace conocer una belleza escondida que es más deliciosa que la luz, le da aquello que más necesita el artista: la simplicidad, la paz del temor y del amor, la inocencia que hace a la materia dócil y fraternal a los hombres" (o. c. en bibl., 91).El arte sacro es aquel arte religioso que tiene un destino litúrgico, esto es, aquel que se ordena a fomentar la vida litúrgica en los fieles y que por eso no sólo debe conducir a una actitud religiosa genérica, sino que ha de ser apto para producir la actitud religiosa exigida por la Liturgia, es decir, por el culto divino.Condiciones del arte sacro. El a. s. lleva consigo una serie de características que es necesario conocer y comprender profundamente. Así, p. ej., un cuadro puede provocar un sentimiento religioso, pero quizá no sea adecuado para que se celebre la Santa Misa ante él. Si los elementos que componen la obra artística, aun estando dominados por un sentimiento religioso, no están espiritualizados en grado suficiente, centran demasiado la atención en el elemento sensible, puramente estético, sin elevarse a un plano espiritual, que ayude al hombre a colocarse delante de Dios. No es suficiente que la subordinación sea sólo ante el tema, porque, p. ej., el Nacimiento del Señor puede considerarse atrayente en parte bajo su aspecto de sencillez, ternura, etc., pero su representación no será arte religioso y mucho menos a. s. si no intenta reflejar el misterio divino que allí se manifiesta, y si no eleva el espíritu de aquellos que lo contemplan.El a. s., en suma, no sólo debe servir a la Liturgia y respetar los fines específicamente litúrgicos -aun manteniéndose fiel a sus exigencias naturales como arte-, sino que además expresa y favorece a su manera esos fines, enderezando a esa finalidad el placer estético que, por su naturaleza, al mismo arte le toca producir. Por eso, si el artista, además de serlo auténticamente, no está vitalmente penetrado de la religiosidad general y al mismo tiempo de la religiosidad litúrgica, no podrá producir una obra auténtica de arte sacro.De ahí pueden deducirse una serie de consecuencias. El a. s. es necesario que sea comprensible, es decir, que sirva de enseñanza, porque es una "teología en imágenes". Debe representar las verdades de la fe, no de un modo arbitrario, sino de exposición del dogma cristiano con la mayor fidelidad posible y con sentimientos auténticamente piadosos. Así un Decreto del 11 sept. 1670 prohibió representar la Humanidad del Señor en la Cruz "con unos rasgos tan deformados por el dolor que provoquen más repugnancia que piedad". A su vez debe tener una dignidad -como todo aquello que se destina al culto divino-, que requiere no solamente la perfección de la obra artística -que debe ser algo "terminado", cuidado en los detalles-, como algo bueno que se ofrecerá a Dios, sino que afecta a la misma calidad de los materiales empleados, teniendo en cuenta las palabras del Señor ante el aparente derroche de aquel costoso ungüento derramado sobre su cabeza: "Una obra buena es lo que ha hecho conmigo" (cfr. Mt 26,9). En los momentos actuales es particularmente importante evitar los peligros tanto de un funcionalismo "frío", que no ayuda a la piedad de los fieles (sobre todo se ha introducido en arquitectura) como de la tendencia antropocéntrica de desacralizar el a. s., considerando al hombre, de alguna manera, como elemento central del "culto".Normas eclesiásticas. La actividad artística es connatural al hombre y la Iglesia desde sus comienzos acogió en su seno las manifestaciones artísticas. A su vez, al ser destinadas al culto litúrgico (v. CULTO III), interviene la Iglesia para dignificarlas y evitar los abusos y elementos profanos que no se adecuaban al fin del arte sacro. "La Iglesia se consideró siempre, con razón, como árbitro de las mismas, discerniendo entre las obras de los artistasaquellas que estaban de acuerdo con la fe, la piedad y las leyes religiosas tradicionales y que eran consideradas aptas para el uso sagrado" (Conc. Vaticano II, Const.. Sacrosanctum Concilium, 122). Así toma posiciones tanto respecto a la música (V. GREGORIANA, MÚSICA; CANTO 111), como a los artes figurativos (v. ICONOCLASTAS; IMÁGENES). El Conc. de Trento (sess. XXV) emanó un Decreto -saliendo al paso de la herejía iconoclasta de los calvinistas- estableciendo una vez más el sentido tradicional que tienen para el culto la representación de las imágenes de Cristo, de la Virgen, Madre de Dios, y de los otros santos, y también recalcó el valor de la instrucción catequética que suponen las historias de los misterios de nuestra redención, representadas en pinturas u otras reproducciones, a la vez que condenaba los abusos, para "que no se exponga imagen alguna de falso dogma" (Denz.Sch. 1821-1825).
Sucesivamente ha intervenido la Jerarquía eclesiástica en la dignificación del a. s., dando no sólo prohibiciones (p. ej., la decretada por la S. Congr. de Ritos, 11 jun. 1623, que prohibió la representación del Cristo crucificado con los brazos en alto) sino orientaciones concretas sobre diferentes manifestaciones del arte sacro. En esta línea está, p. ej., el Motu proprio De musita sacra de S. Pío X (22 nov. 1903). Por otro lado el CIC recogió diferentes disposiciones sobre la construcción de Iglesias (cán. 485, 1.162, 1.164), sobre las imágenes (cán. 1.2791.280, 1.385,3°), sobre los utensilios litúrgicos (can. 1.296, 3), sobre el sagrario (cán. 1.268, 1.269), sobre la música (can 1.264), sobre la custodia y vigilancia del patrimonio artístico (cán. 1.497, 1.522, 1.523), etc.La Enc. Mediator Dei da preciosas indicaciones sobre la música sagrada y sobre las artes en general en el culto litúrgico: "Las imágenes y formas modernas... no se deben despreciar ni prohibirse en general por meros prejuicios, sino que es del todo necesario que, adoptando un equilibrado término medio entre un servil realismo y un exagerado simbolismo, con la mira puesta más en el provecho de la comunidad cristiana que en el gusto y criterios personales de los artistas, tenga libre campo el arte moderno, para que también él sirva, dentro de la reverencia y decoros debidos a los sitios y actos litúrgicos... Por otra parte... nos sentimos precisados a tener que reprobar y condenar ciertas imágenes y formas últimamente introducidas por algunos que a su extravagancia y degeneración estética unen el ofender claramente más de una vez al decoro y a la piedad y modestia cristiana, y ofenden al mismo sentimiento religioso; todo eso debe alejarse y desterrarse en absoluto de nuestras iglesias y, en general, todo lo que desdice de la santidad del lugar" (Pío XII, Enc. Mediator Deí, 20 nov. 1947, 193-194).Posteriormente muchos otros documentos pontificios se refieren de una forma u otra al a. s., principalmente a la música (cfr. Pío XII, Instrucción del Santo Oficio sobre el arte sacro, 30 jun. 1952; íd, Enc. Musita sacrae disciplinae, 25 dic. 1955; íd, Instrucción de la S. Conc.de Ritos sobre la Música y Liturgia sagradas, 3 sept. 1958, etc.).’
El Conc. Vaticano II ha dado también un impulso y unas indicaciones concretas al a. s.: "La Iglesia procuró con especial interés que los objetos sagrados sirvieran al esplendor del culto con dignidad y belleza, aceptando los cambios de materia, forma y ornato que el progreso de la técnica introdujo con el correr del tiempo. En consecuencia, los padres decidieron determinar acerca de este punto lo siguiente: La Iglesia nunca consideró como propio ningún estilo artístico, sino que, acomodándose al carácter y las condiciones de los pueblos y a las necesidades de los diversos ritos, aceptó las formas de cada tiempo, creando en el curso de los siglos un tesoro artístico digno de ser conservado cuidadosamente. También el arte de nuestro tiempo y el de todos los pueblos y regiones ha de ejercerse libremente en la Iglesia con tal que sirva a los edificios y ritos sagrados con el debido honor y reverencia, para que pueda juntar su voz a aquel admirable concierto que los grandes hombres entonaron a la fe católica en los siglos pasados. Los Ordinarios, al promover y favorecer un arte auténticamente sacro, busquen más una noble belleza que la mera suntuosidad. Esto se ha de aplicar también a las vestiduras y ornamentación sagrada. Procuren cuidadosamente los Obispos que sean excluidas de los templos y demás lugares sagrados aquellas obras artísticas que repugnan a la fe, a las costumbres y a la piedad cristiana y ofendan el sentido auténticamente religioso, ya sea por la insuficiencia, la mediocridad o la falsedad del arte. Al edificar los templos, procúrese con diligencia que sean aptos para la celebración de las acciones litúrgicas y para conseguir la participación activa de los fieles. Manténgase fir,,Icmente la práctica de exponer imágenes sagradas a la veneración de los fieles; con todo, que sean pocas en número y guarden entre ellas el debido orden, a fin de que no causen extrañeza al pueblo cristiano ni favorezcan una devoción menos ortodoxa" (Const. Sacrosanctum Concilium, 123-125).
El arte sacro en la historia. El a. s. ha existido desde siempre y en un sentido amplísimo puede abarcar desde la retórica empleada en la predicación (v.) sagrada, hasta la misma ejecución de todas las ceremonias litúrgicas, que implican un valor estético (v. RúBRICAS). Sin embargo, el concepto de a. s. en su sentido propio engloba desde la pintura a la música, la escultura y la arquitectura, hasta los mismos utensilios litúrgicos. No se trata aquí de hacer una exposición detallada de todos los aspectos de a. s., o bien de hacer un resumen histórico de los diferentes estilos que a lo largo de la historia se han desarrollado y cuya técnica se ha aplicada en mayor o menor proporción al arte sacro. Para esto último pueden consultarse las voces BARROCO V; BIZANCIO IV; GÓTICO, ARTE; MODERNA, EDAD V; PALEOCRISTIANO, ARTE; RENACIMIENTO V; ROMÁNICO, ARTE; etC.V. t.: ARTE; SIMBOLISMO III; SACRA, MÚSICA; CANTO 111; GREGORIANA, MÚSICA; ICONOS; IMÁGENES; TEMPLO; ALTAR; BAPTISTERIO; CAMPANA Y CAMPANARIO; PRESBITERIO; SAGRARIO; VASOS SAGRADOS; CUSTODIA; UTENSILIOS LITÚRGICOS; VESTIDURAS SAGRADAS; CRUZ; MARFILES; MINIATURAS; ORFEBRERÍA; etc.J. FERRER SERRATE.
BIBL.: G. MARIANI, La legisla=ione eclesiastica in materia d’arte sacra, Roma 1945; M. GENGARO, Lo sagrado en la Arquitectura, Barcelona 1965; M. PALACIOS y J. ORTEGA, Directorio de Arte sacro, Burgos 1965; 1. MARITAIN, Arte y escolástica, Buenos Aires 1958; A. LEROY, Origen del arte cristiano, Seo de Urgel 1958; 1. HERWEGEN, iglesia, arte y misterio, Madrid 1960; J. PLAZAOLA, El arte sacro actual, Madrid 1965; C. VAGAGGINI, El sentido teológico de la Liturgia, 2 ed. Madrid 1965. FEDERICO DELCLAUX
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