Sabeos REL. NO CRIST.
Categoria:
Religión No Cristiana
Divinidades. En la religión sabea o himyarí (es decir, de los pueblos antiguos, aunque altamente civilizados, de la Arabia del Sur: Saba, Qatabán, Ma’in y Hadramawt) las divinidades astrales tuvieron un papel preponderante (V. ASTROLATRIA).Sin embargo, no se ha probado que la tríade Sol (v.), Luna (v.) y Venus (v.) constituyera la base exclusiva de tal religión, sobre todo en su fase más primitiva. Los documentos epigráficos (casi los únicos sobre los cuales podemos fundamentar nuestro conocimiento) atestiguan una legión de dioses, cuya relación entre ellos o subordinación, faltos de mayores datos, se nos escapa. En algunos casos es muy posible que tal multiplicidad corresponda a aspectos o facetas de ciertas divinidades fundamentales. Debemos tener en cuenta aquí, como en toda religión semita, la ley de la dilatación o contaminación de lo divino.El dios preponderante de la Arabia del Sur fue, durante la larga fase politeísta, el dios semítico Attar (acadio Istar, hebreo Astart/Astoret), que en hadramáutico y en etiópico adopta la forma Astar (v. ASTARTÉ). Se trata del dios estelar Venus, relacionado acaso, como puede deducirse de su etimología (’IR, "ser rico", "regar") con la irrigación y la fecundidad. Algunos de su epítetos indican igualmente su conexión con Venus: Súriqan "oriental", Dú-Yahriq "el (astro) que se pone" (mineo). En algunos casos, ciertos epítetos primitivos parecen haber dado lugar a nuevas divinidades, particularmente en sabeo, en donde Hagar "piedra", Sami’ "el que exalza" y Sahar "crepúsculo matutino", se han convertido en divinidades individualizadas.Frente a este dios, en el panteón estrictamente sabeo tenemos el importante dios lunar Almaqah, cuya etimología, debatida, parece tener que relacionarse con la raíz QWH "ser fuerte" (árabe gtih "poder, rango elevado e influencia"). Uno de sus principales templos estaba en Márib (templo de Awwám), excavado recientemente. Sus epítetos lo relacionan con el toro, el rebezo y el oráculo. Acaso también estuviera relacionado con otra divinidad sabea: Dit-Samawz, cuya naturaleza, aunque un tanto discutible aún, tendría algo que ver con "cielo" (árabe samú’). Tanto Almaqah como Dit-SamEtwi parecen haber jugado un papel importante en la cristalización definitiva, a través de un catalizador exterior, del monoteísmo sudarábigo, en una época bastante reciente (s. Iv).Frente a Almaqah sabeo, los mineos adoraban a la divinidad lunar Wadd (árabe wudd "amor"), adoptada igualmente, bajo el sentido de "padre", por los pueblos vecinos. En Qatabán, el dios lunar era `Amm o `Ammán (árabe `amm "tío paterno"). En Hadramawt era Sin, relacionado con el dios lunar acadio del mismo nombre.Completaba la tríade estelar la divinidad femenina Dat Himyam "la incandescente" (árabe hamin "calor abrasante del estío") en sabeo, conocida también con el nombre de Dat Ba’dán "la alejada", tal vez el sol de verano frente al sol de invierno En hadramáutico y qatabánico, la divinidad solar era iams "sol".En cuanto a la divinidad protosemítica ’El o 71, divinidad común a todos los pueblos semitas (v.), no presenta en sudarábigo ninguna caracterización específica. Como sustantivo, "divinidad", lleva a veces el epíteto ta’alay "que sea exaltado", que aparece también en el Corán. Contrasta su poca importancia en el panteón sudarábigo con la abundancia de antropónimos a base de un elemento ’7l, lo que presupondría su gradual decadencia.Aparte de las ya citadas, existían en el panteón sudarábigo numerosas divinidades locales, tutelares de un lugar, de una tribu o de un clan o familia, que llevaban a menudo el título de saym, "patrón". La más famosa era Ta’alab "rebezo", patrón de la tribu sabea de Hamdán, con su santuario famoso en Riyám. Los ba’al, también eran frecuentes como divinidades protectoras de la casa o familia (V. BAAL). Debido a la cantidad de dioses principales, secundarios y tutelares, rigió en la Arabia del Sur cierto sincretismo. En una inscripción minea tenemos una fórmula final harto interesante: "todas las divinidades de Ma’in y de Yatil, todas las divinidades nacionales y de los aliados, y de todas las divinidades de la tierra y del mar, del Oriente y del Occidente".En el s. IV, en plena unidad política de Arabia del Sur, bajo la tutela y hegemonía sabea, tuvo lugar la introducción y el triunfo oficial del monoteísmo de carácter judaico primero y cristiano luego, preparado e introducido con cierta cautela y algunos toques de sincretismo. En un principio, la divinidad monoteísta recibió el nombre de MR’ SMY (recordemos el Dit-Samáwi sabeo) y luego los nombres de Ilán e ’Ilahán. Posteriormente, preponderó el nombre de Rahmanán "el misericordioso", que se presenta en el Corán como epíteto de Alláh. En las inscripciones cristianas, con cierto predominio del nombre Rahmanán, encontramos la fórmula trinitaria "Rahmanán y su Mesías y el Espíritu Santo" o la fórmula de Cristo triunfante "Rahmanán y su hijo Kristos, el victorioso".Templos y prácticas religiosas. En la época politeísta, los templos dedicados a los dioses ocupaban un lugar importante en la ciudad, como indiscutible resonancia del carácter teocrático de las dinastías sudarábigas. Constaban, como indica el templo de Dat Ba’dán en Huqqa, no lejos de San’á, de un atrio rectangular rodeado de galerías cubiertas y, en el fondo, una escalera que conducía a la nave. Cada templo tenía sus sacerdotes (rshw y shw’), encargados de administrar los bienes del templo, ya que el dios o los dioses poseían ganado propio y tierras. Además de los sacerdotes, cada templo tenía sus hieródulas (v.), que se ofrecían a la divinidad y se consagraban a sus servicios. Finalmente, se ofrecían a la divinidad esclavos masculinos que se encargaban del trabajo y cuidado del templo.La práctica de los sacrificios sangrientos o por fuego era frecuente. Se inmolaban toros, corderos y, a veces, gacelas y leopardos. Los sacrificios eran ofrecidos por los mismos oferentes y se llevaban a cabo en el atrio del templo, donde había el altar o ma_dbah (árabe dabaha "sacrificar"). Frente a los animales de sacrificio, había otros que se consideraban sagrados: el rebezo, el águilay el caballo. No tenemos testimonio de sacrificios humanos, aunque, en una inscripción, un oferente vota a la divinidad "una pierna y dos pies" si vuelve indemne, tal vez de una razzia, con su tribu.
También se conocían las peregrinaciones. Durante ellas, estaban prohibidas las relaciones sexuales y el uso de las armas. Ciertas alusiones, aunque no directas, parecen indicar la existencia de actos rituales de circunlación, como en la Arabia central (v. ARABIA IV).Gran cantidad de inscripciones son votivas, ofreciéndose toda clase de objetos, pero principalmente estatuillas y estelas que llevan el nombre del oferente y el de la divinidad. Durante la época monoteísta, este. tipo de inscripciones desaparece completamente; pero se continúa pidiendo a la divinidad única que otorgue ciertos beneficios. En cambio, no parece que con el monoteísmo desaparecieran del todo la magia (v.) y la brujería, abundante en la época politeísta y corriente en todas las religiones semíticas, ya que ciertos símbolos mágicos continúan apareciendo, así como el nombre del dios Wadd, nombre, como hemos visto, de la divinidad lunar minea, que, en sabeo, se convirtió en algo parecido a un símbolo mágico.V. t.: ARABIA IV.J. M. SOLÁ SOLÉ.
BIBL.: G. RYCKMANs, Rites et croyances préislamiques, "Le Muséonn LV (1942) 165-176; ín, Les religions arabes préislamiques, en Histoire Genérale des Religions, por A. QUILLET, IV, 3 ed. París 1960, 200-228 y 593-605; A. JAMME, Le Panthéon sud-arabe préislamique d’aprés les sources épigraphiques, "Le Muséonn LX (1947) 57-147; ío, La religion sud-arabe préislamique, en Histoire des Religions, por M. BRILLANT, IV, París 1956, 239-307; W. CAsREL, Die alten semitischen Gottheiten in Arabien, en S. MOSCATI, Le antiche divinitá semitiche, Roma 1958, 95-117; J. M. SOLÁ-SOLÉ, La inscripción GI. 389 y los comienzos del monoteísmo en Sudarabia, "Le Muséon" LXXII (1959) 197-206.
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